por Jordi Pigem
08 Enero 2026
del Sitio Web BrownstoneEsp









Hoy en día se producen

cerca de 350.000 sustancias químicas

que forman parte de los plásticos

y de todo tipo de objetos de consumo.

 

En su mayoría, son sustancias ajenas

al metabolismo de la biosfera...




Nuevas entidades (novel entities) es el nombre de una grave amenaza para la vida de la Tierra en un reciente informe científico, la actualización del análisis que el prestigioso Stockholm Resilience Centre hace de los "límites planetarios" (planetary boundaries), es decir, los umbrales por encima de los que la biosfera puede iniciar diversas formas de colapso ecológico:

cambios dramáticos e irreversibles, lejos de la estabilidad de la que hemos disfrutado en los últimos 10.000 años.

Tales umbrales tienen que ver, por ejemplo, con la diversidad de especies animales y vegetales, los ciclos de nutrientes esenciales para la vida y la emisión de contaminantes.

En un primer informe, en 2009, como principales amenazas a la estabilidad de la biosfera se señalaron la extinción de especies y la alteración del ciclo del nitrógeno.

 

En la actualización del 2023 hay sobre todo tres umbrales que estamos sobrepasando (el cambio climático aparece en cuarto lugar, muy por debajo de estos tres).

Dos de ellos, conocidos desde hace tiempo, son,

  • la pérdida de integridad de la biosfera (que incluye la extinción de especies)

     

  • la alteración de los ciclos del fósforo y el nitrógeno

     

  • el otro, que hasta ahora nunca había podido cuantificarse (y por eso no entraba en los gráficos), son estas "nuevas entidades"

Hoy en día se producen cerca de 350.000 sustancias químicas que forman parte de los plásticos y de todo tipo de objetos de consumo.

En su inmensa mayoría, son sustancias ajenas al metabolismo de la biosfera.

Cada vez sabemos más sobre cómo los microplásticos, los disruptores endocrinos y los contaminantes orgánicos persistentes tienen efectos adversos en los organismos (incluido, naturalmente, el cuerpo humano).

 

Además del impacto específico que cada sustancia tóxica causa en un ser vivo, puede haber también interacciones imprevisibles entre estas sustancias.

La tecnocracia no habla mucho de contaminación química, pero en cambio impulsa tecnologías digitales, vehículos eléctricos y "emisiones cero" de CO2 (puro marketing, porque, por ejemplo, hay enormes emisiones en los procesos de fabricación de los vehículos eléctricos y de los trenes de alta velocidad).

 

El caso es que la fabricación y mantenimiento de los vehículos eléctricos y las tecnologías digitales generan todo tipo de productos tóxicos.

 

En los últimos años, la Unión Europea se ha negado repetidamente a poner límites a la contaminación química, pese a que el 98% de los europeos respiramos un volumen de partículas tóxicas PM2.5 (inferiores a un diámetro de 2,5 micrómetros) muy superior al recomendado por la Organización Mundial de la Salud.

 

El CO2 del que tanto se habla es un gas de efecto invernadero,

pero no es de ninguna forma "contaminación química"...

De hecho, el CO2 es esencial para la vida vegetal y forma parte del metabolismo de la biosfera desde el primer día.

 

La mayor parte de las partículas tóxicas que emiten los vehículos no salen del tubo de escape, sino del desgaste de los neumáticos (que en el caso de los coches eléctricos, que pesan más, es peor).

Los mismos poderes que promulgan medidas para,

reducir las emisiones de CO2 promulgan a la vez medidas que multiplican la contaminación química (y electromagnética y otras)...

La sostenibilidad de la que hablan no está orientada a proteger los ecosistemas y la integridad de la vida de la Tierra:

está orientada a proteger los intereses de la tecnocracia...

De hecho, es imposible proteger la integridad de la vida de la Tierra desde la mente algorítmica.

Cuando preguntaron a la gran bióloga marina Rachel Carson por su estilo poético, respondió:

"Si hay poesía en mi libro acerca del mar, no es porque la haya puesto allí a propósito, sino porque nadie podría escribir verdaderamente acerca del mar dejándose la poesía."

A la ciencia con la que hoy intentamos entender los procesos biosféricos le falta poesía.

 

Se centra en enfoques algorítmicos, que dan resultados precisos pero a menudo faltos de visión de conjunto...

 

Rachel no puede entender un hecho esencial que ha sido de sentido común para los pueblos indígenas, para la mayoría de las culturas humanas y para algunos de los mayores pensadores de Occidente, de Platón y Plotino a Schelling y Alexander von Humboldt:

el hecho de que la biosfera no es una simple suma de seres vivos, sino una realidad viva en sí misma.

Humboldt (de experiencia geográfica y conocimientos científicos más amplios que los de Darwin, en quien influyó) lo explica así en una carta a la escritora Caroline von Wolzogen:

En las selvas del Amazonas y en las altas cordilleras de los Andes vi cómo, de un polo al otro polo, hay una única vida, animada por un único aliento, que se despliega en piedras, plantas y animales y en el pecho henchido del ser humano.

En el primer volumen de su obra principal, Kosmos (un best seller de la época, publicado en 1845 y en pocos años traducido a varias lenguas), Humboldt afirma, como había hecho antes su amigo Goethe, que para entender la naturaleza, hay que superar la razón conceptual y alcanzar,

"un punto de vista más alto", desde el que vemos todos los fenómenos como elementos de un "conjunto natural animado" por un impulso interno.

Porque la naturaleza es, continúa Humboldt, citando a Schelling, no un agregado de partes inertes, sino,

"la fuerza elemental del mundo, sagrada y eternamente creadora".

Desde la visión holística, un ecosistema no es una simple suma de organismos, sino una sinfonía de experiencias.

 

El manual de Fritjof Capra y Pier Luigi Luisi sobre The Systems View of Life ("La visión sistémica de la vida") reconoce que algún tipo de conciencia es esencial en toda forma de vida:

"La cognición es el proceso mismo de la vida. La actividad organizativa de los sistemas vivos es, en todos los niveles de la vida, actividad mental."

Barbara McClintock, célebre por su capacidad para intuir lo que sucede en el interior de las células, recibió el Premio Nobel de Medicina o Fisiología en 1983.

 

En su discurso de aceptación del premio, afirmó que toda célula tiene algún tipo de sensibilidad y conocimiento y que debemos investigar,

"cómo usa este conocimiento de forma 'sensata' (how it utilizes this knowledge in a 'thoughtful' manner)".

Si cada célula es un prodigio que sabe lo que hace, mayor prodigio es el conjunto de la vida de la Tierra.

¿Qué sabemos, realmente, de cómo late la vida en el conjunto de la Tierra?

Como señaló Raimon Panikkar en su obra final,

"solo una visión holística de la naturaleza de la realidad" nos podrá orientar a través de la fragmentación del conocimiento contemporáneo.

Dicha visión holística nos muestra que,

"la vida no es un accidente que se adhiere a la materia" y que "la Tierra es un ser vivo; el universo es un ser vivo; todo el cosmos está vivo. […]

 

En una palabra, la realidad está viva."

Los proyectos de geoingeniería que pretenden "mejorar" de forma artificial la autorregulación de la biosfera solo pueden degradarla.

No podemos mejorar lo que está más allá de nuestra comprensión...

Hoy existe una disciplina científica llamada en inglés Earth System Science ("Ciencia del Sistema Tierra").

 

Goethe ya se dio cuenta de que,

un "sistema natural" es una contradicción, porque "la naturaleza carece de sistema: lo que tiene, lo que es, es vida".

La visión holística de la vida de la Tierra no es lo que predomina en las noticias sobre la biosfera que hoy difunden los medios de comunicación.

 

El más potente de los gases de efecto invernadero es el vapor de agua.

 

Tras la erupción del volcán Hunga Tonga-Hunga Ha'apai en enero del 2022, la concentración de vapor de agua en la estratósfera ha aumentado un 10%, lo que ha incrementado enormemente el efecto invernadero durante unos años.

 

Pero los informes oficiales prefieren centrarse en el CO2 porque es más fácil de medir.

 

Esto es un nuevo ejemplo de cómo la representación (lo que es fácil de poner en gráficos) eclipsa la realidad. Además, el enfoque algorítmico predominante tiende a basarse en proyecciones lineales y a menospreciar las interacciones y efectos de autorregulación.

 

La autorregulación se produce incluso en simples sistemas químicos (principio de Le Chatelier) y es una característica esencial de toda forma de vida.

Desde hace más de veinte años, en conversaciones informales con amigos científicos, he defendido la posibilidad de que el progresivo deshielo de Groenlandia y del Ártico produzca, de rebote, un enfriamiento abrupto del clima, sobre todo en el norte de Europa.

 

Me basaba en las oscilaciones climáticas que se denominan acontecimientos de Dansgaard-Oeschger, la última de las cuales tuvo lugar hace alrededor de 12.000 años, cuando un calentamiento progresivo generó, de rebote, un retorno a condiciones glaciales en muchos lugares.

 

También lo comenté con James Lovelock, creador, junto con Lynn Margulis, de la Teoría de Gaia, que explica,

cómo la biosfera autorregula la temperatura y otros muchos parámetros biosféricos a través de la actividad del conjunto de la vida.

Lovelock me dijo que era perfectamente posible, a pesar de que su convicción era que la Tierra se dirige a un estado tórrido en que la vida humana solo será posible en latitudes árticas (consideraba, de forma para mí nada convincente, que la biosfera está envejeciendo y perdiendo su capacidad de autorregulación).

 

Lovelock era un genio de la química, pero tendía hacia visiones extremadamente algorítmicas y con poca sensibilidad por las cuestiones humanas (como en sus especulaciones sobre el "Novaceno").

 

Pero los seres humanos somos una parte esencial de la vida de la Tierra en las visiones holísticas, como la mencionada de Humboldt.

El incremento de las temperaturas medias no tiene por qué continuar necesariamente de manera lineal.

 

Al contrario, crece la evidencia de que se está ralentizando (o deteniendo) la corriente oceánica que ha permitido al norte de Europa disfrutar de temperaturas más tolerables que las de otras regiones de la misma latitud.

 

Un artículo (Warning of a Forthcoming Collapse of the Atlantic Meridional overturning circulation) publicado en Nature en 2023 estima que el colapso de esta corriente oceánica puede iniciarse en cualquier momento de lo que queda de siglo XXI, probablemente alrededor del 2050.

 

Eso comportaría, durante siglos, un enfriamiento (no calentamiento) de la temperatura media de gran parte del mundo:

un enfriamiento que tendría consecuencias devastadoras en el norte de Europa.

Un artículo publicado en Science en 2024 estima un descenso de más de 1°C por década para una amplia región del noreste de Europa y que la temperatura media de varias ciudades nor-europeas acabará bajando entre 5° y 15°C.

Los ritmos de la biosfera no son mecánicos y por tanto no son plenamente predecibles...

Pero parece evidente que la biosfera está buscando un nuevo equilibrio, y que lo mejor que podemos hacer es no interferir y adaptarnos, respetando su integridad y sus ciclos.

 

Porque llevamos muchos siglos alterando su integridad... ¡y la nuestra...!