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por Jordi Pigem cerca de 350.000 sustancias químicas que forman parte de los plásticos y de todo tipo de objetos de consumo.
En su mayoría, son sustancias ajenas al metabolismo de la biosfera...
Tales umbrales tienen que ver, por ejemplo, con la diversidad de especies animales y vegetales, los ciclos de nutrientes esenciales para la vida y la emisión de contaminantes.
Dos de ellos, conocidos desde hace tiempo, son,
Hoy en día se producen cerca de 350.000 sustancias químicas que forman parte de los plásticos y de todo tipo de objetos de consumo.
Cada vez sabemos más sobre cómo los microplásticos, los disruptores endocrinos y los contaminantes orgánicos persistentes tienen efectos adversos en los organismos (incluido, naturalmente, el cuerpo humano).
Además del impacto específico que cada sustancia
tóxica causa en un ser vivo, puede haber también interacciones
imprevisibles entre estas sustancias.
El caso es que la fabricación y mantenimiento de los vehículos eléctricos y las tecnologías digitales generan todo tipo de productos tóxicos.
En los últimos años, la Unión Europea se ha negado repetidamente a poner límites a la contaminación química, pese a que el 98% de los europeos respiramos un volumen de partículas tóxicas PM2.5 (inferiores a un diámetro de 2,5 micrómetros) muy superior al recomendado por la Organización Mundial de la Salud.
El CO2 del que tanto se habla es un gas de efecto invernadero,
De hecho, el CO2 es esencial para la vida vegetal y forma parte del metabolismo de la biosfera desde el primer día.
La mayor parte de las partículas tóxicas que
emiten los vehículos no salen del tubo de escape, sino del desgaste
de los neumáticos (que en el caso de los coches eléctricos, que
pesan más, es peor).
La sostenibilidad de la que hablan no está orientada a proteger los ecosistemas y la integridad de la vida de la Tierra:
De hecho, es imposible proteger la integridad de la vida de la
Tierra desde la mente algorítmica.
A la ciencia con la que hoy intentamos entender los procesos biosféricos le falta poesía.
Se centra en enfoques algorítmicos, que dan resultados precisos pero a menudo faltos de visión de conjunto...
Rachel no puede entender un hecho esencial que ha sido de sentido común para los pueblos indígenas, para la mayoría de las culturas humanas y para algunos de los mayores pensadores de Occidente, de Platón y Plotino a Schelling y Alexander von Humboldt:
Humboldt (de experiencia geográfica y conocimientos científicos más amplios que los de Darwin, en quien influyó) lo explica así en una carta a la escritora Caroline von Wolzogen:
En el primer volumen de su obra principal, Kosmos (un best seller de la época, publicado en 1845 y en pocos años traducido a varias lenguas), Humboldt afirma, como había hecho antes su amigo Goethe, que para entender la naturaleza, hay que superar la razón conceptual y alcanzar,
Porque la naturaleza es, continúa Humboldt, citando a Schelling, no un agregado de partes inertes, sino,
Desde la visión holística, un ecosistema no es una simple suma de organismos, sino una sinfonía de experiencias.
El manual de Fritjof Capra y Pier Luigi Luisi sobre The Systems View of Life ("La visión sistémica de la vida") reconoce que algún tipo de conciencia es esencial en toda forma de vida:
Barbara McClintock, célebre por su capacidad para intuir lo que sucede en el interior de las células, recibió el Premio Nobel de Medicina o Fisiología en 1983.
En su discurso de aceptación del premio, afirmó que toda célula tiene algún tipo de sensibilidad y conocimiento y que debemos investigar,
Si cada célula es un prodigio que sabe lo que hace, mayor prodigio es el conjunto de la vida de la Tierra.
Como señaló Raimon Panikkar en su obra final,
Dicha visión holística nos muestra que,
Los proyectos de geoingeniería que pretenden "mejorar" de forma artificial la autorregulación de la biosfera solo pueden degradarla.
Hoy existe una disciplina científica llamada en inglés Earth System Science ("Ciencia del Sistema Tierra").
Goethe ya se dio cuenta de que,
La visión holística de la vida de la Tierra no es lo que predomina en las noticias sobre la biosfera que hoy difunden los medios de comunicación.
El más potente de los gases de efecto invernadero es el vapor de agua.
Tras la erupción del volcán Hunga Tonga-Hunga Ha'apai en enero del 2022, la concentración de vapor de agua en la estratósfera ha aumentado un 10%, lo que ha incrementado enormemente el efecto invernadero durante unos años.
Pero los informes oficiales prefieren centrarse en el CO2 porque es más fácil de medir.
Esto es un nuevo ejemplo de cómo la representación (lo que es fácil de poner en gráficos) eclipsa la realidad. Además, el enfoque algorítmico predominante tiende a basarse en proyecciones lineales y a menospreciar las interacciones y efectos de autorregulación.
La autorregulación se produce incluso en simples
sistemas químicos (principio de Le Chatelier) y es una
característica esencial de toda forma de vida.
Me basaba en las oscilaciones climáticas que se denominan acontecimientos de Dansgaard-Oeschger, la última de las cuales tuvo lugar hace alrededor de 12.000 años, cuando un calentamiento progresivo generó, de rebote, un retorno a condiciones glaciales en muchos lugares.
También lo comenté con James Lovelock, creador, junto con Lynn Margulis, de la Teoría de Gaia, que explica,
Lovelock me dijo que era perfectamente posible, a pesar de que su convicción era que la Tierra se dirige a un estado tórrido en que la vida humana solo será posible en latitudes árticas (consideraba, de forma para mí nada convincente, que la biosfera está envejeciendo y perdiendo su capacidad de autorregulación).
Lovelock era un genio de la química, pero tendía hacia visiones extremadamente algorítmicas y con poca sensibilidad por las cuestiones humanas (como en sus especulaciones sobre el "Novaceno").
Pero los seres humanos somos
una parte esencial de la vida de la Tierra en las visiones holísticas, como la mencionada de Humboldt.
Al contrario, crece la evidencia de que se está ralentizando (o deteniendo) la corriente oceánica que ha permitido al norte de Europa disfrutar de temperaturas más tolerables que las de otras regiones de la misma latitud.
Un artículo (Warning of a Forthcoming Collapse of the Atlantic Meridional overturning circulation) publicado en Nature en 2023 estima que el colapso de esta corriente oceánica puede iniciarse en cualquier momento de lo que queda de siglo XXI, probablemente alrededor del 2050.
Eso comportaría, durante siglos, un enfriamiento (no calentamiento) de la temperatura media de gran parte del mundo:
Un artículo publicado en Science en 2024 estima un descenso de más de 1°C por década para una amplia región del noreste de Europa y que la temperatura media de varias ciudades nor-europeas acabará bajando entre 5° y 15°C.
Pero parece evidente que la biosfera está buscando un nuevo equilibrio, y que lo mejor que podemos hacer es no interferir y adaptarnos, respetando su integridad y sus ciclos.
Porque llevamos muchos siglos alterando su integridad... ¡y la nuestra...!
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