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por Marcos Paulo Candeloro
20 Mayo 2026
del Sitio Web
TheElegantRuin
traducción de InfoPosta
09 Junio 2026
del Sitio Web
InfoPosta
Versión original en ingles

Sobre el lento desenmascaramiento
del orden
liberal
y el
descubrimiento,
bastante
incómodo,
de que el
emperador
lo sabía
desde el principio...
Hay algo casi infantil en la fascinación que parte de Occidente ha
desarrollado por el lema de la alianza de naciones europeas.
Sin embargo, la realidad revela que se trata más
bien de un consorcio militar-financiero que intenta preservar una
hegemonía que ya empieza a escapársele de las manos.
La
guerra de Ucrania, en términos
generales, no hizo sino acelerar un proceso que llevaba décadas en
marcha.
Europa se percató, algo tarde, de que el
monopolio político, económico y cultural construido después
de 1945 comenzaba a mostrar fisuras irreversibles.
China, Rusia, India, Irán
e incluso las potencias medianas comprendieron algo que
Bruselas y
Davos nunca han llegado a admitir
del todo:
que el orden internacional liberal nunca fue
universal...
Se trataba, más bien, de la universalización
forzada de los intereses de Washington, disfrazada con el
sentimental lenguaje del humanitarismo.
Aquí reside la ironía central de nuestra época.
Los mismos países que pasaron décadas predicando
la soberanía relativa, la gobernanza global y la responsabilidad
internacional ahora redescubren frenéticamente,
el valor de las fronteras, del patriotismo
industrial y de la autonomía estratégica.
La globalización cumplió su
propósito mientras consolidó su supremacía.
En el momento en que comenzó a beneficiar a
rivales civilizacionales, se convirtió en una amenaza existencial, y
he aquí que el viejo instinto territorial resurgió
rápidamente, ese mismo instinto que durante años se había tratado
como un síntoma de atraso provinciano y, en casos más graves, como
evidencia de algún tipo de psicopatología colectiva.
El conflicto actual, por consiguiente, trasciende con creces la
dimensión militar y se adentra en el terreno antropológico, ese
terreno sobre el que la hoja de cálculo del "consultor"
de Davos no explica absolutamente nada.
Por un lado, Occidente posmoderno se
transformó en una máquina burocrática de disolución cultural, un
bloque político incapaz de defender su propia memoria histórica
y, sin embargo, deseoso de exportar compulsivamente la política
de identidad al resto del planeta.
Por otro lado, los países que han comprendido
algo bastante elemental que Aristóteles ya había descrito
siglos antes de que existieran los consultores de ESG, (Environmental,
Social and Governance - Ambiental, Social y Gobernanza evalúan
el desempeño ambiental, social y de gobernanza de una empresa,
determinando su sostenibilidad y capacidad de generar valor a
largo plazo) a saber, que los pueblos sobreviven gracias a la
preservación de la identidad, la continuidad histórica y la
cohesión simbólica.
Rusia lo comprendió pronto,
China aún antes, y ambas
percibieron que el liberalismo occidental había dejado de funcionar
como modelo económico para convertirse en una especie de religión
negativa, fundada en la deconstrucción permanente de los lazos
orgánicos.
La familia se convierte en opresión, la nación en
prejuicio, la religión en atraso, la masculinidad en peligro, la
frontera en violencia moral, en una lista cada vez más extensa de
aquello que debe ser pulverizado en nombre de un progreso que
nadie es capaz de definir con precisión.
No es casualidad que Occidente contemporáneo
produzca,
riqueza material y depresión espiritual con
igual eficiencia industrial...

Y, sin embargo, lo más curioso de todo es observar,
cómo
la prensa internacional insiste
en narrarlo todo a través de la vieja lente moral de la Guerra
Fría.
Democracia contra autoritarismo, libertad contra
tiranía, civilización contra barbarie:
he aquí la caricatura que ya no convence ni
siquiera al ciudadano europeo o estadounidense medio, a ese
ciudadano común que mira Londres, París o Los Ángeles y se da
cuenta, sin necesidad de un diploma de Harvard, de que quizás el
colapso viene desde dentro.
La crisis migratoria europea es solo el
síntoma visible, amigos.
El verdadero problema es mucho más profundo y,
además, resulta considerablemente más embarazoso, pues Europa se ha
cansado de sí misma, ha perdido el instinto civilizatorio básico de
la supervivencia, ha transformado la culpa histórica en política de
Estado, ha sustituido la identidad por la administración
tecnocrática y ha cambiado la
pertenencia por el consumo.
Mientras tanto, el establishment occidental responde de la
única manera que conoce:
con censura, vigilancia y propaganda
moralizante:
...y los regímenes supuestamente liberales han llegado
a depender abiertamente de mecanismos antiliberales para su
supervivencia política, en un espectáculo que avergonzaría incluso a
Carl Schmitt.
La máscara,
-
se cayó durante
la 'pandemia'
-
se cayó de nuevo con
la guerra
-
se cayó definitivamente en medio de
la creciente desesperación de
las élites globalistas enfrentadas
al surgimiento de cualquier fuerza mínimamente soberanista...
El ciudadano medio, el de a pie, por
consiguiente, ha comenzado a considerar una hipótesis bastante
herética:
que la mayor amenaza a la libertad
contemporánea quizás no provenga de Moscú ni de Pekín, sino
del
propio aparato burocrático-financiero que gobierna Occidente en
nombre de la democracia, neutralizando elecciones, censurando
opiniones y redefiniendo los conceptos básicos de la realidad
mediante una ingeniería semántica permanente.
El
Nuevo Orden Mundial, por lo tanto,
prescinde del modelo del imperio formal.
Bastará con algo mucho más sofisticado:
un régimen administrado por conglomerados
financieros, plataformas digitales, organismos transnacionales y
estructuras de inteligencia capaces de moldear el comportamiento
humano a escala industrial, preservando al mismo tiempo la
estética de la "libertad"...
Y quizás sea precisamente esto lo que explique el
creciente pánico en Occidente.
Por primera vez en décadas, el resto del mundo ha
comenzado a darse cuenta de que el emperador está desnudo. Lo
más triste de todo, sin embargo, es que el emperador siempre lo
supo.
Simplemente contaba con que nadie lo mirara, y
así no se den cuenta...
***
La metáfora del emperador desnudo
se plasma en un cuento de Hans Christian Andersen,
titulado 'El
traje nuevo del emperador'.
El autor narra cómo un rey vanidoso, al que
le hablan de unos tejedores que fabrican una tela que tenía como
singularidad extraordinaria el ser invisible para cualquier
persona que fuera tonta o incompetente en su cargo, decide
hacerse un traje con ella para descubrir a esos tontos e
incompetentes, que serían quienes le vieran desnudo.
Él, lógicamente no la ve, pero, aun
sorprendiéndose, para preservar su honor, lo oculta sin caer en
lo falsario del tejido de los pícaros tejedores.
Sabedores, sus súbditos y cortesanos, de las propiedades de la
tela, ninguno comenta la desnudez del rey para no descubrir su
idiotez o incompetencia creyendo que el único que no la ve es
él.
Hasta que un niño, dentro de su inocencia,
grita que el rey está desnudo...
En ese momento empiezan a cuchichear y van
descubriendo que todo el mundo lo ve de la misma guisa, quedando
desmontado el engaño que los tejedores hicieron al monarca y su
corte.
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