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por KontraInfo
04 Junio 2026
del Sitio Web
KontraInfo

Ivanka Trump, hija del presidente de los EE.UU. y su esposo,
Jared Kushner, han adquirido la
isla de Sazan, en la costa
adriática de
Albania, un antiguo enclave militar comunista de 567
hectáreas que cuenta con más de 3.500 búnkeres de estilo soviético,
kilómetros de túneles subterráneos y refugios antibombas construidos
durante la Guerra Fría.
La pareja, a través de su firma
Affinity Partners, invierte
alrededor de 1.400 millones de dólares en
convertir este "arreglo" -
como lo describió Ivanka - en un resort de lujo exclusivo,
preservando algunos de estos refugios como elementos del proyecto
turístico.
La isla, que fue zona militar restringida,
aún contiene municiones sin detonar que requieren limpieza
exhaustiva antes de recibir visitantes.
Este desarrollo no se limita a Sazan:
incluye también una franja costera protegida
en
Zvërnec, dentro de una reserva
natural y parque marítimo con alta biodiversidad, lo que ha
generado fuertes protestas de ambientalistas y locales.
Excavadoras ya han comenzado a despejar terreno
en zonas sensibles para flamingos, tortugas y otros especies
migratorias, desatando críticas por el impacto ecológico
irreversible y cuestionamientos sobre la transparencia del acuerdo
multimillonario.
El gobierno albanés defiende la inversión como un
impulso al turismo de élite y su aspiración europea, pese a
investigaciones de agencias anticorrupción.
La red de búnkeres de la familia
Trump en Sazan encaja en una
tendencia creciente entre multimillonarios que buscan refugios
aislados ante posibles crisis bélicas globales...

La isla, con sus instalaciones militares
preexistentes, ofrece una base natural para un complejo
autosuficiente, similar a otros proyectos de la élite.
Kushner e Ivanka descubrieron el lugar
durante un paseo en barco y una caminata descalza, quedando
"cautivados" por su potencial como paraíso privado.
Otros magnates siguen patrones parecidos.
Mark Zuckerberg construye
un enorme complejo en Kauai, Hawái, con un búnker subterráneo de
1500 metros cuadrados, suministros independientes y puertas a
prueba de explosiones, valorado en cientos de millones.
Peter Thiel exploró
opciones en Nueva Zelanda y
Argentina, mientras que figuras
como
Bill Gates y Jeff Bezos
poseen propiedades fortificadas o islas privadas.
Empresas especializadas venden lujosos búnkeres
con piscinas, cines y granjas hidropónicas, reflejando una
preparación ante colapsos sociales o geopolíticos.
Esta ola de "preparacionismo de élite" - islas
remotas, búnkeres de lujo y enclaves autosuficientes - plantea
preguntas sobre visión del futuro...
Mientras la familia Trump transforma Sazan
en su versión de paraíso fortificado, críticos ven en estos
refugios no solo protección personal, sino un síntoma de
desconexión:
los más ricos blindándose en fortalezas
mientras el resto enfrenta los desafíos globales sin tales redes
de escape.
El proyecto albanés, rodeado de
controversia, ilustra cómo la riqueza extrema se traduce en
búnkers literales y simbólicos...
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