por Christian Cirilli

22 Marzo 2026

del Sitio Web ChCirilli

 

 

 

 

 



El conflicto bélico iniciado el 28 de febrero (2026) por una coalición israelo-estadounidense contra la República Islámica de Irán, concebido en sus orígenes como una operación breve y quirúrgica, no solo no muestra signos de estabilización o distensión, sino que, por el contrario, deriva hacia una dinámica de escalada progresiva cuyas consecuencias resultan cada vez más inciertas.

Posiblemente empantanados en una guerra de desgaste, Washington y Tel Aviv han intensificado una campaña sostenida de bombardeos masivos contra la infraestructura iraní, degradando tanto capacidades como entornos urbanos.

 

Se estima que más de 40.000 edificaciones de diversa índole han sido reducidas a escombros, configurando en algunas zonas paisajes de devastación comparables a los observados en Gaza.

 

Ahora se entiende perfectamente por qué Trump se negó a enviar misiles de crucero Tomahawk a Ucrania (Ver "Del Tomahawk a la sanción")

Sin embargo, la vasta extensión territorial de Irán dificulta la concentración efectiva del fuego, obligando a dispersar esfuerzos en múltiples frentes.

 

Aun así, el volumen extraordinario de munición empleado por la coalición remite, por su escala e intensidad, a campañas históricas de bombardeo masivo como la infausta Operación Rolling Thunder sobre Vietnam. 1

No obstante, Irán conserva una significativa iniciativa operativa, evidenciada en su capacidad de aplicar respuestas mediante oleadas dosificadas de misiles y drones, dirigidas tanto contra territorio israelí como hacia objetivos estratégicos ubicados en las monarquías del Golfo, alineadas subrepticiamente con la coalición.

Esto es posible gracias a la extensa red de instalaciones subterráneas desarrolladas a lo largo de los años, que resguarda prácticamente la totalidad del arsenal de vectores lanzables frente a las previsibles campañas aéreas de demolición.

 

Al mismo tiempo, estas estructuras ocultan al adversario las verdaderas capacidades retaliativas, sometiéndolo a un grado persistente de incertidumbre que dificulta evaluaciones y planificaciones más precisas.

Esta opacidad es lo que está impidiendo, por ahora, una intervención terrestre en Irán: aunque los objetivos en superficie puedan aparecer degradados o neutralizados, persiste un alto grado de desconocimiento sobre lo que se encuentra a decenas de metros bajo tierra.
 

 

 

A pesar de las afirmaciones reiteradas de Washington y Tel Aviv acerca de la neutralización de los misiles iraníes, los lanzamientos continúan a un ritmo sostenido.

La explicación radica en una red de transportadores-erectores-lanzadores (TEL) diseñada para garantizar despliegue y supervivencia.

En la filmación, los TEL equipados con misiles Zolfaqar emergen desde instalaciones subterráneas altamente endurecidas para ejecutar sus disparos.

Las unidades abandonan los túneles, se desplazan hacia posiciones previamente seleccionadas, efectúan el lanzamiento y se repliegan en lapsos inferiores a diez minutos.



Las denominadas "ciudades subterráneas" no solo albergan misiles y drones en sus lanzadores, sino reservas de combustible y alimentos, y hasta se han verificado, en filmaciones liberadas ex profeso, hangares y corredores hacia pistas aéreas capaces de operar aeronaves de gran porte y complejidad, como los F-4E Phantom II.

 

Todo ello refuerza una lógica de dispersión, ocultamiento y resiliencia operativa.
 

 

 

Aeronaves McDonnell Douglas F-4E Phantom II iraníes operando desde la base con hangares subterráneos "Eagle 44". Esta base, ubicada en Hajiabad, provincia de Hormozgan, cerca del Estrecho de Ormuz, fue recientemente atacada con bombas antibúnker GBU-72 de 5000 libras.

Video también AQUÍ.


 

En este entramado se sustenta, en buena medida, la continuidad de las capacidades de represalia de las Fuerzas Armadas iraníes.

Ahora bien, tampoco conviene sobredimensionar la situación ni entrar en terrenos de excitación: que Irán conserve una capacidad de contraataque significativa, muy meritoria, no alcanza para disimular el grado de devastación extrema que las fuerzas coalicionadas están infligiendo a lo largo de todo el territorio persa.

La estrategia de frontalidad adoptada por Teherán está acarreando costos muy elevados en términos de bajas, aun cuando ello parece haber sido contemplado dentro del cálculo prospectivo de sus planificadores militares.

 

En cierta medida, este enfoque remite a las experiencias de la Guerra Irán-Irak (1980-1988), durante la cual las desventajas cualitativas en material y fuentes de inteligencia eran compensadas mediante una elevada frecuencia de ofensivas caracterizadas por altos niveles de pérdidas.

 

En ese contexto, los recursos humanos eran asumidos como instrumentales en la medida en que contribuyeran a la consecución del mayor objetivo estratégico: la preservación de la Revolución Islámica y la defensa territorial.

Por supuesto, la comparación entre ambos conflictos presenta diferencias sustantivas, especialmente en lo que respecta a los medios tecnológicos disponibles en cada caso, cuya evolución ha alterado de manera decisiva las modalidades de combate, la letalidad de los sistemas empleados y la propia dinámica del campo de batalla.

No obstante, en la mentalidad estratégica persa parecen persistir objetivos de larga data:

en un plano mínimo, la supervivencia de la República Islámica y de su sistema teocrático de gobierno; en un plano máximo, la expulsión de las fuerzas atacantes mediante una escalada de carácter asimétrico.

La metodología, en esencia, no difiere sustancialmente. Irán viene absorbiendo golpes de enorme magnitud, procurando sostener - al menos por el momento - su cohesión estatal y la moral de combate, a la vez que responde con estocadas de alto costo para el adversario.

Estas, lejos de desalentar, tienden a intensificar el esfuerzo del enemigo, que por potencia y proporciones produce muchísimo más daño... pero también contribuyen a un desgaste progresivo por erosión.

 

Simultáneamente, Irán impone costos económicos adicionales mediante la presión sobre el Estrecho de Ormuz, afectando al mercado energético global.

Irán no necesita lograr un magnífico éxito militar, como hundir tres portaaviones. Solamente necesita mantenerse en pie.

 

Además, lejos de la mesura de años anteriores, cuando mostró tener prudencia y paciencia, ahora necesita mantener nerviosos a los socios regionales, los mercados y la opinión pública estadounidense.

Apelando a una metáfora deliberadamente simple, Irán parece apostar por la lógica del maratonista:

un avance sostenido, a ritmo contenido, priorizando la resistencia y la permanencia en el tiempo.

Así cree que llegará a la meta.

 

En contraste, Israel y Estados Unidos encarnan la figura del velocista, capaz de concentrar potencia y visibilidad en lapsos breves, en intervenciones que brillan por su espectacularidad, aunque con mayores exigencias de intensidad y desgaste en el corto plazo. Si la pista se alarga, la meta estará fuera de alcance.

Quizás por no tener del todo claro el fundamento estratégico de su involucramiento, Estados Unidos está exhibiendo ciertos indicios de buscar una salida temprana del conflicto, procurando enmarcarla bajo la proclamación de una victoria contundente.

La posición del ejecutivo americano resulta, en este sentido, difícil de interpretar, en la medida en que - a lo largo de las primeras dos semanas - se han sucedido justificaciones diversas y, en ocasiones, contradictorias.

Más allá del discurso inicial burdamente propagandístico de Donald Trump, se han esgrimido argumentos,

que van desde la prevención de un eventual ataque iraní y la neutralización de su capacidad misilística, hasta la supuesta necesidad de impedir el desarrollo de armamento nuclear.

A ello se suman otras motivaciones más controvertidas, como la alusión a la captura de recursos naturales - en palabras del repugnante Lindsey Graham - la anticipación de posibles represalias iraníes frente a un previsible primer ataque israelí - según el rústico intelectual Marco Rubio - y, por supuesto, la recurrente apelación a un eventual "cambio de régimen".

Todo ello, por supuesto, sin considerar otras posibles motivaciones inconfesables, como eventuales mecanismos de extorsión política - entre ellos, las alusiones a los denominados "Archivos Epstein" - o la impronta de ciertos sectores cristiano-sionistas, con mucha representación en el gobierno actual, que inscriben el conflicto en una narrativa de corte escatológico y esotérico, acorde a ciertas profecías apocalípticas.
 

 

Muchos presidentes estadounidenses han aludido a la "protección de Dios" y al "destino manifiesto" de su nación. Ello es producto del puritanismo inaugural de las colonias inglesas en América.

Sin embargo, esta es la primera vez que se observa de manera reiterada ceremonias de imposición de manos sobre un mandatario en ejercicio. En la foto, Donald Trump es bendecido por la oración por parte de sectores del cristianismo evangélico de corte ultra-sionista.

Estos grupos lo presentan como The Chosen One ("El Elegido"), destinado guiarlos hacia el Apocalipsis que traerá The Second Coming ("La Segunda Llegada") de Jesucristo.

En este contexto, el propio Trump afirmó: "Si no tienes religión, tienes que creer en nosotros y en lo que estamos haciendo. Yo me estoy comportando bien, la gente ve lo que nuestro gobierno hace y está empezando a volver a ir a la iglesia".


 

 

Muchos iraníes interpretan el conflicto como una lucha contra la encarnación del Mal. En los días previos a los bombardeos, en Teherán, se registró la quema de una estatua asociada a deidades semíticas como Moloch o Baal, tradicionalmente vinculadas a sacrificios de niños como ofrenda para obtener prosperidad.

Según estas lecturas, tales figuras serían deidades a las que rinden tributo las dirigencias de Israel y Estados Unidos.

En ese marco narrativo, algunos sectores establecen paralelismos entre esos símbolos antiguos y episodios inaugurales de la guerra, como el asesinato de 104 niñas escolares.

Asimismo, se suele trazar una conexión entre estos íconos y la figura de Baphomet, un ídolo transexual, antropomórfico y antropófago con amplia presencia en producciones culturales y estéticas contemporáneas occidentales, así como en los tatuajes de los miembros del Regimiento Azov ucraniano. 2



A estas dimensiones se suman consideraciones estrictamente geopolíticas, tales como la búsqueda de una égida israelo-estadounidense consolidada en el Medio Oriente, con dominio sobre la energía y sus corredores, y la neutralización de los grandes proyectos de expansión estratégica impulsados por China - en los que Rusia y Irán ocupan un lugar central - en el marco de su Iniciativa de Gobernanza Global. (Ver "La nueva arquitectura global y sus detractores")

Estas ambigüedades, a diferencia de Israel - que parece tener objetivos más nítidos 3 - contribuyen a que Estados Unidos proyecte una visión errática del conflicto.

 

Por un lado, acelera hacia escenarios de máxima implicación - como la eventualidad de un desembarco terrestre sobre la franja costera iraní - mientras sostiene una campaña de bombardeos intensivos y de amplio espectro; por otro, deja entrever señales de contención e incluso de repliegue discursivo, intentando acotar los objetivos de la operación o redefinirlos sobre la marcha.

Cuando Trump proclama con fanfarronería que ya "ha destruido bastante" y amaga con un diálogo (aunque se niegue a un alto el fuego) lo hace en función a los costos que esta guerra le está generando, tanto en el aspecto económico (léase, "el surtidor de la gasolinera") como en el político (léase, la baja popularidad y la rispidez con sus aliados).

 

Como detalle, nótese que primero dice "no queremos" un alto el fuego y luego corrige con un "yo no quiero".

 

 

El presidente que, tras participar en la tercera ronda de negociaciones, rompió el diálogo al unirse a una coalición con Israel para un ataque traicionero y devastador... ahora busca retomar la conversación



Sin embargo, cada señal orientada a una eventual apertura del diálogo parece encontrar su correlato en una intensificación de las acciones por parte de Israel, para hacer aún más crítico al conflicto.

 

De esta manera, Israel estaría actuando como Ucrania, saboteando todo proceso de normalización mediante acciones belicistas o terroristas (como los magnicidios).

La semana en cuestión estuvo marcada por dos episodios de alto impacto, ampliamente atribuidos al gobierno de Benjamin Netanyahu.

 

Por un lado, el martes 17 fue asesinado en Teherán Ali Larijani, jefe del Consejo de Seguridad Nacional de Irán, una figura de peso político e intelectual que bien podría haber funcionado como canal de interlocución en eventuales negociaciones o en la formulación de una tregua.

 

Ese mismo día liquidó al ministro de Inteligencia, Ismail Jatib, quien había recabado información sobre el programa nuclear israelí y lo había denunciado ante la OIEA y la ONU.

La muerte de funcionarios clave de la República Islámica evidencia el elevado grado de infiltración y capacidad de inteligencia del Mossad, que aún persiste y no ha sido completamente desarticulado.

Apenas un día después de este magnicidio, la Heyl Ha' Avir llevó a cabo un bombardeo indiscriminado sobre el yacimiento gasífero de South Pars, profundizando así la escalada tanto en el plano militar como en el económico.
 

 


El jefe del Consejo de Seguridad Nacional,

Alí Larijani, asesinado el 18 de marzo.
 

 


El ministro de Inteligencia iraní, Ismail Jatib,

asesinado también el 18 de marzo.


 


Cazabombarderos F-15I Ra'am de la Fuerza Aérea Israelí

en formación, armados con bombas.

Estas aeronaves, por su gran autonomía, suelen ser empleadas

en incursiones de largo alcance sobre Teherán.



Washington intentó desmarcarse de ambos acontecimientos, atribuyendo la responsabilidad a Israel, 4 como si se tratara de un niño travieso que se guía por un juguetón espíritu de transgresión.

 

En tal sentido, aseguró que no habría nuevas escaladas, creyendo ser el "papito" disciplinador (dixit Mark Rutte). (Véase "Impasse en Medio Oriente")

Sin embargo, Irán no solo desconfía profundamente de cualquier declaración proveniente de Trump, sino que tampoco le reconoce autoridad alguna como factor de contención o disciplinamiento de Israel. En consecuencia, y tal como había advertido, respondió de inmediato atacando Ras Laffan, en Qatar, el principal centro mundial de gas natural licuado.

 

El mensaje de Trump del 19 de marzo en Truth Social se desmarca de la acción israelí y pronostica que "no permitirá" 5 más ataques de esta naturaleza.

Cínicamente, dice que el contraataque iraní es injusto e injustificado.



Por supuesto, también puede identificarse un cierto trasfondo de satisfacción - no explicitado - en el ataque iraní contra los recursos gasíferos qataríes.

 

El emirato ha sido históricamente señalado por su cercanía con la cofradía Hermanos Musulmanes y por ser nexo entre Washington y los grupos takfiris de Medio Oriente.

 

Qatar respaldó siempre a los diversos grupos "rebeldes" durante la mal llamada "Guerra Civil Siria", conflicto que, tras más de una década de enfrentamientos, terminó derivando en la caída del presidente Bashar al-Assad, aliado estratégico de Teherán.

 

El complejo gasífero South Pars / North Dome es el mayor yacimiento de gas natural del planeta.

Se trata de un reservorio compartido entre Irán y Qatar en el Golfo Pérsico, lo que lo convierte no solo en un activo energético clave, sino también en un espacio de enorme sensibilidad geopolítica.

South Pars es la porción iraní. North Dome es la qatarí.

El 18 de marzo, Israel bombardeó las plataformas de extracción iraníes. En respuesta, Irán contraatacó sobre la ciudad-industrial Ras Laffan, construida específicamente por Doha para procesar, licuar y exportar el gas proveniente del yacimiento North Dome.

Nótese la cercanía del yacimiento al Estrecho de Ormuz, al puerto de Bandar Abbas, a la ciudad de Doha y Abu Dabi, y a la central nuclear iraní de Bushehr.

 


El complejo industrial gasífero Ras Laffan habría sufrido daños de tal magnitud que su recuperación plena podría extenderse durante al menos cinco años, según declaró oficialmente Qatar Energy.

Esta situación tuvo un correlato inmediato en el mercado europeo de GNL, sometido a nuevas tensiones de precios y abastecimiento.

 

En este contexto, las decisiones adoptadas desde 2022 en materia de desvinculación energética con Rusia adquieren renovada relevancia, al haber incrementado la exposición del continente a shocks externos y a la volatilidad del suministro global.
 

 

Los eurolemmings que se alinearon con la estrategia occidental de sanciones contra Rusia desde 2022, acompañando sucesivos paquetes restrictivos y asumiendo la interrupción del suministro de gas ruso - agravada tras permitir los sabotajes a los gasoductos Nord Stream - enfrentan ahora un fuerte incremento en los precios del GNL.

Este escenario no solo tensiona sus economías, sino que profundiza su dependencia de Estados Unidos, más aún en un contexto en el que Qatar ve comprometida su capacidad de abastecimiento inmediato al mercado europeo.



 


El "díscolo" primer ministro húngaro Viktor Orbán

siempre tuvo razón:

sin el petróleo y el gas ruso, Europa no tiene futuro.
 


Lo cierto es que Israel anticipó una posible intención de Estados Unidos de dar por concluida la actual aventura militar, y en ese contexto, intensificó su presión con el objetivo de ampliar la escala regional del conflicto.

Pero ahora lo hace de manera multivectorial.

No solo recurre a sus mecanismos tradicionales de presión sobre Donald Trump - Archivos Epstein, grupos sionistas-straussianos, la "parábola de El Elegido" - sino que apuesta a forzar una reacción del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG).

Consciente de que un ataque contra las plataformas offshore iraníes en el campo South Pars difícilmente quedaría sin respuesta - de hecho, Teherán había advertido explícitamente que cualquier acción de esa naturaleza desencadenaría represalias - Israel atacó igual, quizás "desobedeciendo" a Washington, para volcar a todo el mundo árabe de su lado.

Y parece estar dando algún resultado…

Desvergonzadamente, Doha alzó sus protestas ante la CCG, como si su posición, y las de las otras monarquías cómplices, fuese neutral y no beligerante.

Riad convocó entonces una reunión ministerial que reunió a naciones árabes y musulmanas, incluidos todos los reinos del Golfo, Egipto, Jordania, Líbano, Siria, Azerbaiyán, Turquía y Pakistán.

 

Tras deliberaciones, sacaron una declaración conjunta que es un giro hacia la legitimación de posibles respuestas militares contra Irán, al tiempo que mantenían un compromiso formal con la desescalada.

 

Los ministros de Asuntos Exteriores de Azerbaiyán, Baréin, Egipto, Jordania, Kuwait, Líbano, Pakistán, Qatar, Arabia Saudí, Siria, Turquía y Emiratos Árabes Unidos celebraron el miércoles 18 de marzo de 2026 en Riad una reunión ministerial consultiva para abordar los ataques iraníes.



En el cónclave, afirmaron que los ataques persas no pueden justificarse bajo ninguna circunstancia y reiteraron el derecho a defenderse de conformidad con el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas.

 

En tal sentido, instaron a Teherán a cesar de inmediato sus ataques, respetar el derecho internacional y adherirse a los principios de buena vecindad.

 

También le pidieron que se abstenga de acciones que puedan obstaculizar la navegación internacional en el estrecho de Ormuz o amenazar la seguridad marítima en Bab el Mandeb.

Resta por ver si estos actores del "mundo musulmán" optan por alinearse, directa o indirectamente, con los intereses israelíes, o si continúan privilegiando una "inmovilidad estratégica" a la espera de una resolución técnico-militar del conflicto.

 

En el caso de los Estados del Golfo, su margen de acción aparece condicionado por una combinación de factores: su inserción en los circuitos financieros y de seguridad con Estados Unidos, su alta exposición a eventuales represalias regionales, y la necesidad de preservar la estabilidad interna dentro de sus sistemas políticos monárquicos.

 

En ese contexto, más que una adhesión automática, lo que se observa es una conducta predominantemente cautelosa, orientada a minimizar riesgos antes que a protagonizar una escalada abierta.

De todas maneras, Netanyahu percibe una predisposición de los Estados árabes a incorporarse, en algún momento, a una confrontación con Irán o, en su defecto, a alinearse bajo un esquema de influencia israelí en caso de un resultado favorable para esa coalición, algo que advertí en mis basamentos de "La guerra de inflexión".
 

 

 

El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu ya vislumbra rutas alternativas para evitar un eventual estrangulamiento del Estrecho de Ormuz y de Bab el-Mandeb, mediante la posible implementación de ductos que conecten la península arábiga con Israel, en realidad, un viejo sueño israelí.

Asimismo, sostiene que la relación con Estados Unidos es de carácter plenamente asociativo ("somos verdaderos socios"), lo que sugiere un alto grado de coordinación en la toma de decisiones.



La pretensión israelí de tender gasoductos y oleoductos desde el Golfo hacia los puertos mediterráneos de Israel, con el objetivo de consolidarse como un hub energético de escala regional, ya era previa al estallido del conflicto.

El 22 de septiembre de 2023, Netanyahu presentó este proyecto ante la Asamblea General de la ONU, confiando entonces en su viabilidad a través de un acuerdo político sustentado en los Acuerdos de Abraham y el Corredor IMEEC.

Sin embargo, pocos días después, el 7 de octubre - con la Operación Inundación de Al-Aqsa montada por Hamás - ese enfoque dio paso a una reformulación del "Nuevo Oriente Medio" en clave predominantemente militar, iniciada en Gaza y proyectada finalmente hacia Irán.
 

 

El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu el 22 de septiembre de 2023 en la ONU, cuando proyectaba un "Nuevo Medio Oriente" asociando los reinos del Golfo con Israel.

El escollo era la presencia iraní y sus revolucionarios afines (Siria, Hezbolá, Ansarallá, Hamás, las facciones iraquíes).

Lo que en principio era posible a través de un gran acuerdo político luego se frustró y dio lugar al instrumento militar, tras el extraño episodio del ataque del 7 de octubre de 2023.



Lo cierto es que Irán enfrenta un dilema:

tolerar que los beligerantes reinos del Golfo otorguen facilidades de tránsito y apoyo logístico a la coalición israelo-estadounidense sin responder, o bien escalar el conflicto hacia una dimensión regional, con el consiguiente impacto - potencialmente devastador - sobre el mercado petrolero y gasífero, aun a riesgo de atraer una intensificación de los ataques en su contra.

Por el momento, Teherán parece optar por una dinámica de represalia limitada, escalando únicamente cuando son alcanzadas sus infraestructuras energéticas críticas, en una lógica de acción–reacción.

En tal sentido, la respuesta inmediata de Irán al ataque israelí contra South Pars ha sido lanzar misiles contra las refinerías hebreas en Haifa (BAZAN) y advertir anticipadamente que evacúen cinco instalaciones energéticas en sus países vecinos del Golfo Pérsico a los que consideraba "objetivos legítimos" y atacó poco después:

  1. La refinería saudí de SAMREF,
     

  2. El campo de gas emiratí Al Hosn,
     

  3. El complejo petroquímico saudí de Jubail,
     

  4. El complejo petroquímico qatarí Mesaieed & Mesaieed Holding (afiliado a Chevron) y
     

  5. La ciudad industrial qatarí Ras Laffan, la que peores daños ha infringido.

Mientras tanto, los precios del petróleo siguen subiendo sin parar:

el 20 de marzo el Brent llegó a USD 112.19.- y a este paso, de durar unas semanas más, el techo de USD 120 seguramente será quebrado.
 

El precio del barril Brent ya ha llegado a 112,19 dólares,

lo que significa una trepada de 56,93% en el mes.

 

 

No obstante el espeluznante grado de destrucción, la manipulación israelo-estadounidense de las pusilánimes naciones árabes, el rol carroñero de Turquía y, en general, la desestabilización del mercado energético global, Irán aún conserva su "as de espadas" 6 al controlar el Estrecho de Ormuz, lo cual se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza para la planificación de los agresores.

Esto no solo ha llevado a Donald Trump a plantear un eventual desembarco de tropas en la costa iraní para asegurar el control del Estrecho de Ormuz - para lo cual ha movilizado buques anfibios y efectivos del United States Marine Corps 7 - sino también a solicitar con urgencia a los miembros de la OTAN que intervengan en su favor.

Incluso ha apelado al interés de Japón, Corea del Sur y ¡hasta China! para que se sumen a una eventual acción conjunta, como si la decisión del 28 de febrero - de carácter marcadamente personalista y adoptada en conjunción con su aliado israelí - hubiese sido en algún momento consensuada o siquiera comunicada.
 

 

 

Donald Trump sostiene que la guerra evoluciona favorablemente y que el bloqueo del Estrecho de Ormuz no afecta sustancialmente a Estados Unidos, sino principalmente a Europa, Corea del Sur, Japón, China y "muchos otros".

En consecuencia, argumenta que son esas naciones las que deberían asumir el mayor esfuerzo para restablecer la libre circulación en la zona.


 

 

 

Donald Trump insiste en que la merma de GNL afecta fundamentalmente a Japón y China y que esos países deben involucrarse activamente en el conflicto.



Mientras Trump exigía públicamente que un conglomerado de naciones - incluida China - se sumara a una gran flota para garantizar el libre tránsito en el Estrecho de Ormuz, cancelaba simultáneamente la cumbre prevista en Beijing - programada del 31 de marzo al 2 de abril - con el presidente chino Xi Jinping.

No obstante, en la sede de la OCDE (París), tuvo lugar la sexta ronda de negociaciones económicas y comerciales entre Estados Unidos y China, encabezadas por el viceprimer ministro He Lifeng y el secretario del Tesoro Scott Bessent, sin avances significativos.

 

Quien no advierta que la guerra desatada en Irán se inscribe en la confrontación estratégica principal entre China y Estados Unidos, difícilmente comprenda la naturaleza del conflicto.
 

 


El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent,

y el viceprimer ministro chino, He Lifeng,

se dan la mano previo a la ronda de negociación

en Paris, el 16 de marzo.



Beijing rechaza cualquier propuesta estadounidense de intervenir en Ormuz, considerándola totalmente inapropiada.

 

De hecho, un editorial del Global Times - el órgano informativo informal del Partido Comunista Chino - se pregunta si realmente se trata de "compartir la responsabilidad" de la seguridad energética... o de compartir "el riesgo" de una guerra que Washington inició y no sabe cómo terminar.

 

Como un aditamento no menor, recuerda que la guerra se inició,

"sin la autorización de la ONU" y que "Estados Unidos e Israel atacaron a Irán en el proceso de negociaciones en curso entre Estados Unidos e Irán, lo que claramente viola el derecho internacional".

¡Vamos...!

¡Esto no es combustión espontánea!

 

¡Alguien prendió este fuego y deberá responsabilizarse!

Seguidamente, Beijing señala que su prioridad es diversificar sus fuentes de suministro y variar sus fuentes de provisión.

Resulta llamativo que Estados Unidos se presente públicamente como el actor menos afectado por el bloqueo del Estrecho de Ormuz, pero insista al mismo tiempo en conformar una amplia coalición internacional para "compartir riesgos" y desplegar su habitual lógica de acción colectiva (los "ataques-piraña"). 8

A propósito de ello, los principales miembros europeos de la OTAN se negaron a sumarse a una gran Armada para enfrentarse a Irán:

Alemania, increíblemente, subrayó que no había sido consultado en la previa y que, en consecuencia, no correspondía a la OTAN intervenir.

 

Reino Unido, el "aliado indispensable" también se excusó (aunque con ellos nunca se sabe).

 

Francia planteó solo posibles misiones limitadas de escolta, pero no un combate directo contra Irán. E Italia y España defendieron la desescalada diplomática.

Finalmente, la Unión Europea, en su conjunto, decidió no ampliar al Golfo Pérsico sus misiones navales existentes, evidenciando la falta de consenso y el escaso apetito por una intervención.

Este es el vuelto europeo por tantas humillaciones vertidas por Trump.
 

 

Visiblemente molesto por la negativa europea, Trump escribió en Truth Social: "¡Sin EE.UU., la OTAN es un tigre de papel!

No quisieron unirse a la lucha para detener a un Irán con armas nucleares.

Ahora que la lucha está militarmente ganada, con muy poco peligro para ellos, se quejan de los altos precios del petróleo que se ven obligados a pagar, pero no quieren ayudar a abrir el estrecho de Ormuz, una simple maniobra militar que es la única razón de los altos precios del petróleo.

Tan fácil de hacer para ellos, con tan poco riesgo.

¡COBARDES, lo recordaremos!"



El que sí parece dispuesto a sumarse alegremente a una guerra del lado israelo-estadounidense, en una decisión tan insólita como obsecuente, es el perturbado presidente argentino Javier Milei.

Pero Argentina no solo carece de estatus como potencia militar, sino que su estructura defensiva presenta graves deficiencias doctrinales, infraestructurales, materiales y morales. Modernizar el aparato militar requeriría una década de esfuerzos sostenidos y enormes inversiones financieras.

 

Sin embargo, Milei se declara,

"el más sionista entre los sionistas" y afirma que "Irán es enemigo de Argentina",

...proyectando un mesianismo desquiciado que choca con la realidad empobrecida del país - y con la idiosincrasia pacífica de su pueblo, que no entiende por qué Irán sería un enemigo - aunque coincide con alguna forma de apoyo al Estado de Israel, como podría ser el ofrecer territorio para facilitar una emigración masiva en caso de catástrofe nuclear o desastre similar. (Véase "Netanyahu y el ocaso de la legalidad internacional")
 

 

 

Javier Milei se considera un mesías o libertador del pueblo judío.

En su megalomanía, arrastra a toda la nación argentina, cuya religión oficial es la católica.


 

En oposición al fanatizado Milei, el (católico) ex director de Contraterrorismo de la Administración Trump, Joe Kent, renunció y denunció al "régimen" (estadounidense) de guiarse por informes adulterados israelíes.
 

 

 

Joe Kent explica a Tucker Carlson cómo los israelíes pasaron por encima de los informes clasificados de la Inteligencia estadounidense que NO inculpaban a Irán de estar en los albores de la fabricación de armamento nuclear.



Por otro lado, si Estados Unidos no se vieran realmente afectado por el bloqueo del Estrecho de Ormuz, no mostraría tal grado de urgencia por restablecer el tránsito, ya sea por la vía militar o mediante cualquier otra "solución creativa".

De hecho, Irán está estableciendo en Ormuz un corredor marítimo "seguro" a través de la isla Larak dejando pasar aquellos barcos de naciones amigas o neutrales, cobrando en el ínterin una tasa de tránsito.

 

Varios gobiernos, entre ellos,

India, Pakistán, Irak, Bangladesh, Malasia y China,

...están discutiendo planes de tránsito de buques directamente con Teherán, donde funcionarios del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica han establecido un sistema de registro de buques "aprobados" para acordar un paso seguro.

El sistema ahora funciona así:

  1. Si tu carga se comercializa en yuanes, podrías obtener pasaje gratuito.
     

  2. Sino, debes pagar el peaje.
     

  3. Solo entonces eres libre de irte, navegando por aguas territoriales iraníes y no cruzando el centro del estrecho.

El canciller Araghchi agregó:

Cuando termine la guerra, diseñaremos nuevos mecanismos para el Estrecho de Ormuz. No permitiremos que nuestros enemigos usen esta vía fluvial.

 

Pase lo que pase, el Estrecho de Ormuz tendrá un puesto de herramientas permanente, controlado por Irán.

Sotto voce, mientras bombardean y aseguran que pondrán de rodillas a Irán, Estados Unidos acaba de "permitirles" exportar petróleo por vía marítima para proporcionar más oferta a los mercados globales y así "estabilizar" los precios.

 

Así lo anunció el secretario del Tesoro, Scott Bessent:

En los próximos días, podríamos levantar las sanciones al petróleo iraní que se encuentra en tránsito.

 

Son unos 140 millones de barriles, lo que, según cómo se calcule, equivale a entre 10 días y dos semanas de suministro que los iraníes habían estado exportando y que, de otro modo, habría ido a parar a China.

 

En esencia, usaríamos el petróleo iraní contra Irán para mantener el precio bajo durante los próximos 10 o 14 días, mientras continuamos con esta campaña. Así que tenemos muchas herramientas a nuestra disposición.

Cabe señalar que Estados Unidos no estaba dispuesto a levantar ninguna sanción contra Irán durante las "conversaciones de paz", con anterioridad a su ataque artero e ilegal.

Resulta paradójico que dicha política se presente como "contraria a los intereses iraníes" cuando en los hechos la escalada bélica ha contribuido a una fuerte suba del precio del petróleo - que ya supera los 100 dólares - , permitiendo a Irán colocar su producción en condiciones mucho más favorables que antes del conflicto.

No obstante ello, la guerra sigue su curso.

El 21 de marzo, Irán redobló sus apuestas lanzando contra la isla Diego García, una base ultramarina estadounidense, de soberanía británica, ubicada en pleno Océano Índico, dos enormes misiles balísticos Jorramshar-4 especialmente adaptados para incrementar su alcance.

 

Esta base es importantísima por cuánto tiene una enorme pista para albergar bombarderos B-52H, B-1B y B-2A. Probablemente la razón del ataque obedezca a esta característica.

Se desconoce la efectividad de la acción, aunque es probable que la propaganda occidental sostenga que fue un fracaso, atribuible a fallos en los sistemas de guiado o a interceptaciones exitosas.
 

 


Dos enormes misiles balísticos Jorramshar-4

son lanzados hacia Diego García.



Esta novedad ha generado alarma en Occidente, aunque no se trata de un fenómeno inesperado.

 

En octubre de 2025, tras la infame "Guerra de los Doce Días", el ayatolá Alí Jameneí levantó la restricción sobre el alcance de los misiles.

 

El Jorramshar‑4, por ejemplo, tiene un alcance estándar de 2.000 kilómetros, pero puede ser fácilmente readaptado reduciendo su ojiva a unos 500 kg de alto explosivo, lo que extendería su alcance hasta 4.000 kilómetros, suficiente para alcanzar la isla.

 

Nótese cómo cada paso hostil de Occidente finalmente viene logrando todo aquello que intentó impedir.

A propósito de la eficaz propaganda de guerra estadounidense, es muy revelador el tuit del senador nigeriano Shehu Sani:

 

 

El tuit dice "He aprendido dos cosas en la guerra actual.

La primera es que un incendio en el baño puede inmovilizar al todopoderoso portaaviones y, en segundo lugar, que el THAAD, que no puede autodefenderse en Jordania, puede venderse a los Emiratos Árabes Unidos por 4.500 millones de dólares".

 

 

Peor aún, y muchísimo más preocupante, han sido los ataques israelíes contra la planta de enriquecimiento de uranio de Natanz - se habló también de la central nuclear de Bushehr, aunque esto no ha sido confirmado 9 - a los que Irán respondió con misiles balísticos que impactaron en áreas cercanas a la ciudad de Dimona, conocida por su centro de investigación nuclear.

 

Claramente Irán mandó "el mensaje" de que, de proponérselo, puede contaminar con radiación todo Israel en caso que los hebreos quieran jugar a ese juego.

En el día de hoy, 22 de marzo, Trump advirtió que atacará las centrales eléctricas y las plantas desalinizadoras iraníes si el país no reabre el estrecho de Ormuz en un plazo de 48 horas.

 

¿Pero... no era que no le afectaba? ¿No era que Irán estaba absolutamente derrotado?

 

Aunque naturalicemos estas amenazas, se trata de un funcionario electo que supuestamente debería seguir las generales de la ley internacional en lugar de comportarse como un conquistador del 500 a.C.

En el mensaje, Trump dice: "Si Irán no libera el paso seguro, total y sin amenazas por el Estrecho de Ormuz en las próximas 48 horas a partir de ahora, Estados Unidos atacará y destruirá varias de sus plantas de energía, empezando por la más grande de todas".

 

 

El portavoz del Cuartel General Central respondió a las amenazas de Trump contra las centrales eléctricas iraníes de esta manera:

Si la infraestructura energética de Irán es atacada, atacaremos toda la infraestructura energética, los sistemas de tecnología de la información y las instalaciones de desalinización pertenecientes a los Estados Unidos e Israel en la región.

En pocas palabras, esto significa que todos los países del Golfo perderían sus plantas desalinizadoras - de las cuales dependen mucho más que Irán, quedando sometidos a severas restricciones de agua - y sus plantas energéticas, dejando a toda la región del Golfo prácticamente sin electricidad.

 

Además, quedarán incomunicados, sin Internet.

 

Nadie se salvará (probablemente tampoco Azerbaiyán, que viene jugando en silencio) y ello significará un desastre en la oferta energética global - una crisis permanente - con una economía industrial al borde del colapso.

 

Irán cumplirá su palabra:

si yo caigo, todos caen conmigo.

Al fin de cuentas... el conflicto israelo-estadounidense contra Irán ha dejado de ser definitivamente una operación quirúrgica para convertirse en una escalada de consecuencias inciertas y de alcance regional, con un horizonte nuclear en puerta...

A pesar de la devastación sobre su infraestructura, Irán mantiene capacidad de represalia y control estratégico del Estrecho de Ormuz, imponiendo costos económicos y militares a sus adversarios, que fingen no verse impactados pero que no pueden disimular su frustración haciendo acciones desesperadas.

Mientras Estados Unidos y sus aliados buscan proyectar poder y contener el conflicto, la dinámica de acción–reacción demuestra que la resistencia iraní, sostenida e implacable, prolongará la guerra, complicando cualquier intento de resolución rápida.

La exposición de los países del Golfo a ataques indirectos, la vulnerabilidad de sus recursos energéticos y el riesgo global en los mercados de petróleo y gas ilustran cómo una guerra localizada puede convertirse en un fenómeno de impacto mundial, con gravísimas escaseces de fuentes energéticas y enormes cambios sociales y en los esquemas de seguridad.

No me equivoqué al llamar a este acontecimiento histórico "La Guerra de Inflexión".

 

Así será, y en este conflicto nacerá un nuevo capítulo decisivo en la historia de la Humanidad, con una renovada arquitectura de poder...
 

 

 

 

Referencias

  1. La Operación Rolling Thunder fue una campaña intensiva de bombardeo llevada a cabo entre los años 1965 y 1968 por la USAF con el objetivo de quebrar la voluntad del gobierno y el pueblo vietnamita de continuar la guerra.

    Se lanzaron 864.000 toneladas de bombas, fundamentalmente, desde los poderosos B-52.
     

  2. De una manera absolutamente atípica y sorprendente, el presidente ruso Vladimir Putin, un cristiano ortodoxo confeso, declaró recientemente:

    "Desde hace siglos las élites occidentales están acostumbradas a llenarse el vientre de carne humana y los bolsillos de dinero, pero deben entender que la danza de los vampiros se acaba".

    Llama la atención que los señale como vampiros: la figura del vampirismo está asociada ineludiblemente a la personificación del Mal.

    En el libro "Drácula" de Bram Stoker, el autor los señala proclives a "comer bebés" y a ser "promiscuos sexuales".
     

  3. Desde la perspectiva del gobierno sionista-revisionista de Israel, el único resultado satisfactorio de esta guerra tan ansiada es la destrucción total y definitiva de Irán, único escollo a su proyecto civilizatorio de Gran Israel y proyección de su influencia por todo Medio Oriente. Recordarlo: para Netanyahu, Irán es "La Maldición" y "La Barbarie".
     

  4. Si Israel actuó sin interconsultar, ello deja muy mal posicionada a la dirigencia política y militar de Estados Unidos, incapaz de contener o condicionar a su aliado más estrecho.

    Si, por el contrario, la operación contó con el beneplácito o la cobertura de Washington, la situación resulta igualmente problemática, al evidenciar un intento de desmarcarse de un hecho tan grave como deliberadamente opaco.

    En cualquiera de los casos, resulta altamente improbable que Estados Unidos desconociera una acción de esta naturaleza, considerando que el tráfico aéreo y naval sobre el Golfo es monitoreado de manera constante por sus sistemas y los de sus aliados regionales.

    En este marco, no puede descartarse que el posterior intento de moderación discursiva haya estado orientado a contener la reacción de Qatar tras el contraataque sobre Ras Laffan, cuya afectación compromete seriamente su papel en el abastecimiento internacional de gas y eleva de sobremanera la presión sobre los precios.
     

  5. El mensaje dice textualmente: "Israel, por enojo por lo que ha ocurrido en Medio Oriente, ha atacado violentamente una importante instalación conocida como el yacimiento de gas South Pars en Irán. Una sección relativamente pequeña del total ha sido alcanzada.

    Estados Unidos no sabía nada sobre este ataque en particular, y el país de Qatar no estuvo involucrado de ninguna manera, forma o modo, ni tenía idea de que iba a suceder.
    Desafortunadamente, Irán no sabía esto, ni ninguno de los hechos pertinentes relacionados con el ataque a South Pars, y atacó injustificada e injustamente una parte de la instalación de gas LNG de Qatar.
    NO HABRÁ MÁS ATAQUES por parte de Israel relacionados con este extremadamente importante y valioso campo South Pars, a menos que Irán, imprudentemente, decida atacar a un país muy inocente, en este caso Qatar.

    En ese caso, Estados Unidos de América, con o sin la ayuda o el consentimiento de Israel, hará volar masivamente la totalidad del campo de gas South Pars con una fuerza y un poder que Irán nunca ha visto ni presenciado antes.
    No quiero autorizar este nivel de violencia y destrucción debido a las implicancias a largo plazo que tendría sobre el futuro de Irán, pero si el GNL de Qatar vuelve a ser atacado, no dudaré en hacerlo."
     

  6. En el "truco", un popular juego de naipes argentino, el "as de espadas" en la carta de mayor valor.
     

  7. El 20 de marzo se desplegó el buque anfibio LHD-4 USS Boxer y el resto de Amphibious Ready Group, cargados con elementos de 11th Marine Expeditionary Unit (MEU).

    El Boxer Amphibious Ready Group incluye otros dos buques de guerra anfibia, LPD-27 USS Portland y el LSD-45 USS Comstock.

    La 11.ª MEU cuenta con aproximadamente 2.500 efectivos en total e incluye componentes aéreos y terrestres. El buque LHA-7 USS Tripoli que transporta elementos de la 31ª MEU, también estaría incorporándose al teatro de operaciones.

    El Deep State parece totalmente dispuesto a sacrificar cientos de Marines para la reapertura del Estrecho.
     

  8. Un "ataque piraña" es una metáfora que se usa para describir una táctica en la que muchos actores pequeños atacan simultáneamente a un objetivo más grande, saturándolo y desgastándolo hasta superarlo.

    Proviene del comportamiento del pez piraña, que en grupo puede devorar rápidamente a una presa mediante múltiples mordidas coordinadas.
     

  9. La central nuclear de Bushehr es la primera y única planta nuclear civil operativa de Irán.

    Situada a 17 km de la ciudad de Bushehr, en la costa del Golfo Pérsico, su construcción empezó en 1975 con empresas alemanas, pero se detuvo tras la Revolución Islámica de 1979.

    En 1995, Irán firmó con Rusia un tratado para finalizar y modernizar el proyecto. Cuenta con una capacidad neta eléctrica es de aproximadamente 915 MW, aportando el 2 % de la electricidad total de Irán.

    Por ahora, en ninguno de los combates actuales, la central fue blanco de ataques.