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por
Ociel Alí López
05 Marzo 2026
del Sitio Web
RTEsp

Daños en el Complejo
Residencial
Shahid Boroujerdi, en
Teherán.
05 de marzo de 2026
Fatemeh Bahrami /
Gettyimages.ru
La escalada en Oriente Medio, tras la agresión
de
EE.UU. e
Israel,
contra Irán, puede tener un impacto
en América Latina que está aún por definirse.
Al no ser regiones contiguas, podría suponerse
que se trata de un conflicto distante con escasas consecuencias
locales.
Sin embargo, con el paso de las horas y las
nuevas decisiones de ambos bandos, queda claro que este
enfrentamiento repercutirá en el mundo entero.
Al parecer, no estamos en presencia de una reedición de "La
Guerra de los 12 Días", sino de un trance que podría
prolongarse en el tiempo y tener mayor repercusión a escala global.
Para América Latina, la situación cobra especial relevancia no solo
por las acciones de EE.UU., sino por lo que podría "dejar de hacer"
en nuestro continente, mientras su accionar en Irán se 'empantana',
como parece estar ocurriendo...
Como sabemos, desde el inicio de la Administración del presidente
estadounidense,
Donald Trump, en enero de 2025,
ha existido una persistente presión hacia la región y las mayores
preocupaciones de Washington se han dirigido hacia países
latinoamericanos como:
-
Panamá
-
México
-
Venezuela
-
Colombia
-
Cuba
En un año, el mandatario ha demostrado fuerza,
capacidad de presión e inversión de tiempo y recursos, para producir
eventos que han trasmutado el sentido político de los gobiernos de
la zona geográfica.
Para América Latina, la situación cobra especial relevancia no solo
por las acciones de EE.UU., sino por lo que podría "dejar de hacer"
en nuestro continente, mientras su accionar en Irán se 'empantana',
como parece estar ocurriendo.
Tras la publicación de la Estrategia de Defensa Nacional en
diciembre y de la Seguridad Nacional en febrero, se hizo
evidente que la avanzada de la administración Trump en América
Latina no era un capricho y que las acciones no obedecían a
reacciones azarosas, sino a una definición estratégica con un
marcado trasfondo geopolítico.
Se trataba de una vuelta de EE.UU. a poner el
foco de manera concentrada en la región y retomar la iniciativa
hegemónica que había perdido por los "ciclos progresistas", que
abrieron alianzas políticas y comerciales con países
considerados 'adversarios'...
Bajo este plan estructurado, se enmarcan acciones
como,
el discurso de ofensiva contra los cárteles
en México, el asedio a
Cuba y el cambio de
gobierno en
Venezuela.
Asimismo destacan,
-
la presencia militar en
Perú
-
la activación de puertos en
Argentina
-
las anunciadas sanciones contra
funcionarios
chilenos por haber
adelantado un cable de fibra óptico con China
-
la presión sobre el gobierno panameño
para tomar el control del Canal y deshacerse de las empresas
asiáticas...
El objetivo es claro:
mantener a la región bajo la influencia
estadounidense para confrontar la presencia comercial de
China, la geopolítica de
Rusia y los movimientos
progresistas de izquierda surgidos en las últimas décadas.
Así, EE.UU. daba la impresión de retirarse del
mundo para concentrarse en reocupar su 'patio trasero'...
El Punto de Quiebre
Los pronósticos no eran correctos.
De manera inesperada, EE.UU. ha decidido
intervenir en Irán mediante una
operación militar que busca el cambio de régimen islamista.
Aunque Washington y sus aliados preveían que
el conflicto durara pocos días u horas, hoy parece
proyectarse en el tiempo...
Esto altera la estrategia geopolítica del
Pentágono y permite avizorar consecuencias más profundas y no
contempladas para América Latina.
El primer impacto radica en el cambio de foco:
las preocupaciones de EE.UU. se desplazan de
América Latina y no sabemos por cuanto tiempo.
Esto podría otorgar un "respiro" a los
gobiernos latinoamericanos que actualmente se encuentran
asediados por Washington.
Por ejemplo, podría quitar presión a Cuba
que parecía sufrir una intervención inminente.
Del mismo modo, el gobierno de Venezuela podría obtener
mayores ingresos petroleros, lo que le brindaría un margen de
maniobra superior para tomar decisiones soberanas.
México vería una pausa en la ofensiva
estadounidense en su contra, y Colombia podría
desarrollar su campaña electoral sin tanta tensión desde EE.UU.
El desenlace en Irán es clave.
Si la guerra se prolonga y EE.UU. no logra
controlar el petróleo de ese país ni derrocar al gobierno de
Teherán, el alivio para los gobiernos latinoamericanos será más
acentuado.
En el escenario actual, no se trata de que la potencia del norte no
pueda 'caminar y masticar chicle al mismo tiempo', sino de que Trump
ha redoblado sus apuestas políticas en Irán.
Por ese motivo, el funcionariado
estadounidense está volcado en responder a la crisis actual
(restando prioridad a América Latina) y, por ahora, abrir otro
flanco parece una apuesta poco conveniente.
Por todo esto, el desenlace en Irán es clave...
Si la guerra se prolonga y EE.UU. no logra
controlar el petróleo de ese país ni derrocar al gobierno de
Teherán, el alivio para los gobiernos latinoamericanos será más
acentuado.
Por el contrario,
si Washington toma el control de los recursos
energéticos en el corto plazo, es probable que vire su agenda
hacia América Latina con mayores ínfulas de poder para concretar
cambios de gobierno en países como Cuba y Venezuela,
o intervenir con más fuerza en las campañas electorales de
Brasil y
Colombia.
Otro de los escenarios posibles es que una
derrota obligue a Trump a buscar victorias radicales en nuevos
escenarios, o incluso, que sea persuadido por las bases
republicanas de poner toda la concentración y esfuerzo en la
política doméstica.
Todo está por verse...
Es la Economía
A esto se suman las variables económicas:
el alza del precio del petróleo beneficiaría
a algunos países, pero generaría inflación y déficit en aquellos
que dependen de combustible barato.
Esta coyuntura podría permitir que Venezuela
recupere su rol como distribuidor petrolero regional. No obstante,
la inflación suele derivar en más inestabilidad interna y crisis
políticas en la región.
Finalmente, las consecuencias en el propio EE.UU. serán
determinantes.
Si la figura de Trump se debilita y el
Partido Republicano pierde fuerza frente a un posible triunfo
demócrata en el Congreso, en las elecciones de medio término
de noviembre, las perspectivas cambiarán
drásticamente tanto para los aliados de Trump en la región como
para sus adversarios.
Esto permitirá a los liderazgos regionales
mantener distintos grados de reacción y beligerancia frente a
Washington.
Lo cierto es que América Latina está avizorando
muy de cerca lo que ocurre Irán, no tanto por las lamentables
secuelas de la guerra, sino por el grado de fortaleza o debilidad
que va a sembrar en el liderazgo estadounidense.
Un Trump disminuido, en medio de una situación de
inestabilidad social en su país, va a obligar a 'tirios y troyanos'
a barajar sus perspectivas sobre el grado de alineación con la Casa
Blanca.
Por el contrario, la fortaleza del inquilino de
la Casa Blanca puede significar mayores ansias de control y
hegemonía...
En el plano diplomático, el panorama es el esperado:
Argentina y Ecuador aparecen
duramente alineados con Washington, mientras que Chile y
Colombia se muestran críticos ante la escalada.
Aunque esto no cambie radicalmente la política
interna a cada país, sí fomentará una mayor confrontación en el
discurso político regional.
Una derrota para Trump hará temblar a
sus aliados.
En cambio, una victoria, repotenciará su
discurso 'altisonante'...
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