por Carlos Sánchez
25 Marzo 2026
del Sitio Web BrownstoneEsp




 

 

 

Emulando

a sus predecesores darwinistas

en sus métodos y ambiciones,

Epstein encontró en la academia

un terreno fértil en el que

comprar voluntades

e impulsar sus delirios

transhumanos y eugenésicos.
 


 

Una de las mayores complicaciones con las que me he encontrado a la hora de escribir esta serie de artículos es precisamente elegir la estructura de los mismos.

 

Las cuestiones que preocupaban y ocupaban tanto a Epstein como a sus acólitos están absolutamente conectadas y forman, como ya he dicho en reiteradas ocasiones, una unidad de propósito, de modo que la biología, la tecnología, la sociología, la psicología social o incluso la medicina componían un terreno de juego único en el que Epstein dejaba fluir sus ambiciones de control como uno más del ecosistema de la élite.

 

En coherencia con la agenda arcana ya descrita en el anterior artículo, Epstein desplegó toda su capacidad de influencia seduciendo a científicos en todas las áreas enumeradas, comprando sus voluntades, financiando sus actividades y, sobre todo, condicionando el sentido de las mismas.

 

En las próximas entregas de esta serie, me centraré precisamente en una serie de científicos prominentes y prestigiosas instituciones que formaron parte del universo transhumano y deliberadamente eugenésico de Epstein et al.

 

A efectos de mayor inteligibilidad, he decidido dividir la narración en dos partes fundamentales:

esta primera, dedicada fundamentalmente a los científicos que en el ámbito de la biología, la genética y la biomedicina, colaboraron y se lucraron a cuenta de las parafilias y los delirios de corte eugenésico que caracterizan a las élites transhumanas de las que Epstein era ejemplo paradigmático.

 

En la segunda parte trataremos sobre el desarrollo de la cárcel digital, esa sociedad de la vigilancia conformada en un panóptico como el propuesto por Jeremy Bentham allá por finales del siglo XVII, adaptado por Michel Foucault a la cosmogonía del progreso perpetuo.

Pero arrancamos este artículo parafraseando al genial Quino, pues las veleidades eugenésicas y transhumanistas de Epstein a las que dedicaremos este artículo, no son, como diría Mafalda, el acabose, sino más bien el continuose del empezose darwinista.

 

 

 

 

El Edge Club: el X club del siglo XXI

"Esta élite del poder emplea directamente a varios millones de trabajadores del país en sus fábricas, oficinas y tiendas, controla a muchos millones más prestándoles el dinero para comprar sus productos y, a través de su propiedad de los medios de comunicación de masas, influye en los pensamientos, los sentimientos y las acciones de prácticamente todo el mundo.
 
Parodiando las palabras de W. Churchill, nunca tantos han sido tan manipulados por tan pocos."
Aldous Huxley
"Complete Essays: 1956-1963, and supplement,
1920-1948"

El famoso Edge Club es una entidad elitista que se presenta a sí misma como un faro de ideas vanguardistas, émulo del X Club victoriano de Darwin y Thomas Huxley al que hemos hecho referencia en la primera parte de esta serie, con un giro transhumanista adaptado a las cambiantes ambiciones del globalismo.

 

Si el X Club, fundado en 1864 por Thomas Huxley (apodado el "bulldog de Darwin") y un puñado de naturalistas como John Tyndall y Herbert Spencer, era un cónclave privado que impulsaba la ciencia evolutiva contra el dogmatismo religioso, defendiendo un materialismo darwiniano que redefinía al ser humano como un eslabón en la cadena de la evolución, el Edge Club, fundado por John Brockman y el propio Epstein en 1996 como una extensión digital del Reality Club, replica fundamentalmente esta misma estructura:

un "club" intelectual cerrado, con cenas anuales de "billonarios" y master classes exclusivas, donde científicos, tecnólogos y filósofos discuten ideas provocativas dando forma a la tecnocracia que hoy conocemos, pero con un evidente aroma a transhumanismo que se todo lo embriaga.

El transhumanismo se percibe en cada una de las actividades en el Edge Club:

desde debates sobre inteligencia artificial y la fusión de la mente con las máquinas, hasta la edición genética para "mejorar" la especie, preconizando una evolución dirigida no ya por la selección natural darwiniana, ciertamente ideologizada per se, sino por los ingenieros sociales de Silicon Valley.

Si el X Club usaba el concepto de la evolución para desmitificar al hombre, Edge la usa para "posthumanizarlo", asemejándolo a un demiurgo benevolente que fantasea con la inmortalidad y la inteligencia ubicua.

 

En síntesis,

el Edge Club promete una evolución a la carta, previo pago de la correspondiente cuota premium, un darwinismo social tecnológico donde sólo los "elegidos" están llamados a trascender, a formar esa raza de súper-humanos de la que nos hablaba Yuval Noah Harari en Homo Deus (2022); unos planteamientos, en definitiva, que redefinen la humanidad no como un fin en sí misma, sino como un proyecto de ingeniería al servicio de una nobleza tecnológica y financiera.

A finales de los 50, el novelista Charles Percy Snow publicó un ensayo llamado The Two Cultures and the Scientific Revolution (1959) en el que planteaba como un problema para la evolución de la cultura humana la tradicional división del conocimiento entre ciencias y humanidades, creando dos subculturas tendentes a repelerse entre sí.

 

Décadas después, en el contexto del Edge Club surge el concepto "Third Culture", una invención de Brockman que pretendidamente superaría esa dicotomía, pero que en la práctica sentaría las bases de la dominación tecnológica que hoy padecemos.

 

Bajo estas premisas tan sugerentes, las funciones de Jeffrey Epstein y John Brockman revelan la podredumbre subyacente bajo la chispeante fachada intelectualoide con que se presenta ante el mundo.

 

Brockman, un carismático agente literario, fundó Edge como una suerte de club de caballeros online y offline en el que se buscaba dar respuestas a "preguntas peligrosas", y actuó como el gran facilitador del mismo, organizando cenas exclusivas y master classes para la élite en las que los pensadores más rutilantes del momento respondían a cuestiones como,

"¿Qué piensas de las máquinas que piensan?"...

Brockman supo atraer a a una élite de participantes que incluían a científicos y pensadores como Steven Pinker, Daniel Kahneman, Richard Dawkins, Marvin Minsky, George Church o economistas como Richard Thaler, el creador del nudging (del que hablaremos más adelante).

 

En la estructura de la Edge Foundation, Epstein no era un simple donante más sino su principal mecenas.

 

Desde finales de los 90 hasta 2015, inyectó cientos de miles de dólares (al menos 638.000 dólares documentados) para financiar eventos como las "Billionaires Dinners" (cenas para multimillonarios), donde se codeaba con magnates incipientes como,

  • Jeff Bezos

  • Elon Musk

  • Sergey Brin

  • Larry Page

  • Peter Thiel,

...Epstein no sólo pagaba los fastos, sino que participaba activamente, asistiendo a las cenas incluso después de su condena en 2008, usando Edge para acceder a círculos académicos del MIT, Harvard o Yale, y promover sus ideas eugenésicas de "altruismo genético" (interesante eufemismo para hablar de mejorar el ADN humano, o crear una raza superior).

 

Brockman presentaba a Epstein como un benefactor, un filántropo, y lo integró en la Third Culture, este club donde Epstein legitimaba sus obsesiones y ambiciones transhumanas ante una audiencia complaciente, todos ellos futuros beneficiarios de sus fondos y de su pericia financiera, perpetuando hasta nuestros días un ecosistema donde el dinero sucio compra influencia intelectual y moldea, bajo el manto de una ciencia presunta, las estructuras del poder tecnocrático.

 

Para ilustrar esta agenda, fijémonos en alguna de las reuniones en concreto, como por ejemplo esta master class de 2008, año del estallido de la burbuja subprime en la que el banco de Epstein, Bear Sterns, sería de los primeros en caer.

 

En esta conferencia, bajo el título "Un Curso Breve de Economía Conductual", los economistas Richard Thaler y Sendhil Mullainathan promovían entre las élites asistentes el uso de herramientas de control sutil, disfrazadas convenientemente de ciencia del comportamiento.

 

En "Nudge: Improving Decisions About Health, Wealth, and Happiness" ("Empujón: mejorando las decisiones sobre salud, riqueza y felicidad"), Thaler, a la sazón premio Nobel de Economía, exponía su teoría de los "empujones", un modelo de intervenciones paternalistas diseñadas para que un estado benefactor, o el poder invisible de Bernays, manipulase la capacidad volitiva humana ocultando su naturaleza coactiva detrás de aparentes buenas intenciones y melifluas palabras.

 

Thaler lo presentaba como una arquitectura magnánima de control de la elección, cuando en realidad se trataba de una receta para la manipulación masiva que, años después, fue adoptada por gobiernos y corporaciones para moldear a las masas hacia comportamientos deseados, como consumir menos energía o ahorrar más, sin que notasen el control.

 

Estas técnicas de manipulación de masas alcanzaron su zénit durante la mal llamada pandemia, gracias a la estructura global público-privada creada en torno a las nudge units.

 

Mullainathan, por su lado, profundizaba en "la psicología de la escasez" y en "la ironía de la pobreza", argumentando que la escasez, ya sea de dinero, de tiempo o de atención, crea un "túnel mental que roba ancho de banda cognitivo", llevando a los individuos a decisiones impulsivas y cortoplacistas.

 

Los pobres, según le contaba Mullainathan a los billonarios que asistían a esa edificante charla,

pagan una suerte de "impuesto" psicológico que les impide planificar, perpetuando así los ciclos de pobreza.

La ironía radicaría es que, mientras los pobres necesitan decisiones de alta calidad, fruto de la meditación y de planteamientos a largo plazo, la escasez sólo sirve para empeorar las decisiones y estrechar el marco de comprensión de la realidad.

 

La conclusión resulta de perogrullo, pero la pregunta se antoja obvia:

¿por qué un grupo de multimillonarios mostraría semejante interés en cuestiones como la psicología de la escasez pocas semanas antes de la explosión de la crisis financiera de 2008?

La respuesta se antoja más obvia si cabe:

evidentemente, estas charlas no eran inocuas, sino que suponían el acicate intelectual que impulsaría un modelo de tecnocracia donde la escasez artificial fabricada por políticas neoliberales y sus algoritmos, se usó como palanca de control, manteniendo a poblaciones diezmadas para predecir sus impulsos, aprovechar su obediencia y estratificar aún más las sociedades, acabando con las fantasías redistributivas de la socialdemocracia posmoderna y con cualquier atisbo de ascensor social.

Entender la psicología de la escasez permite intervenir en la psicología de las masas vulnerables y gestionarla en el beneficio de las mismas élites que provocan la escasez.

 

De puro sencillo resulta incluso retorcido.

 

 

 

 

Un despacho con vistas a Harvard

 

La relación de Epstein con las universidades de élite de Estados Unidos ha supuesto un escándalo mayúsculo, del que se han hecho eco muchos medios de comunicación, levantando suspicacias legítimas y comprensibles entre sus alumnos.

 

Sin embargo, no deja de resultar muy llamativo que semejante polvareda mediática no haya traído consigo una cascada de retractaciones de artículos académicos cuya factura corría a cargo de los cheques del magnate pedófilo.

 

Ya sean,

  • Harvard

  • Yale

  • el MIT

  • la UCLA,

...todas estas instituciones aceptan con estoicismo el chorreo de noticias infamantes a su buen nombre y, sin embargo, no se aprecia ninguna crítica al sentido último de las investigaciones que se financiaban.

 

Haber formado parte del círculo de Epstein, haber intercambiado mensajes con él o haber recibido su dinero resulta vergonzoso per se, por el mero hecho de que fuese un pedófilo convicto y, sin embargo, su obra permanece intacta, lejos de cualquier necesario escrutinio público.

 

Por ello, este artículo va dedicado fundamentalmente a eso,

a desmontar y desentrañar los aspectos más oscuros de la labor de Epstein, quien no se limitaba a financiar proyectos en función de sus gustos o preferencias, sino que presionaba a los científicos a los que pagaba para condicionar el sentido de sus investigaciones.

Quien paga manda, y por tanto, esos estudios, aunque no los firmase él, llevan su sello y, por ello, deberían ser revisados y, en su caso, retractados.

 

En este sentido, uno de los centros universitarios que mayor relación y más estrecha mantuvo con el pedófilo fue Harvard.

 

Antes de entrar en el meollo de la obra de Epstein en esta prestigiosa universidad, es preciso entender que Epstein no sólo cooptaba las voluntades de ciertos científicos para materializar sus delirios, sino que su influencia se ejercía desde la misma cúspide de la organización.

 

Tal es el caso de la relación de más de 14 años que mantuvo con Larry Summers, quien además de haber ostentado el cargo de Secretario del Tesoro durante la Administración Clinton y de Director del National Economic Council con Obama, fue Presidente de Harvard entre 2001 y 2006, los años de mayor expansión de la influencia de Epstein entre las élites, manteniendo cargos honoríficos hasta hace pocos días.

 

Como es natural en estos casos, al ser preguntado por su relación con el magnate pedófilo, Summers minimizó dicha relación reduciéndola a un mero contacto.

Sin embargo, los 739 documentos del Departamento de Justicia (DOJ) dicen otra cosa.

 

La relación entre ambos era fluida, habitual y en sus comunicaciones despachaban toda clase de cosas, desde chascarrillos sobre chicas hasta información confidencial.

No pretendo aburrir a los lectores con exhaustivas listas de emails, por lo que pondré algunos ejemplos paradigmáticos con objeto de sustanciar de manera sucinta mi análisis.

 

En primer lugar, es conveniente recalcar que la relación de Epstein y Summers se prolongó hasta poco antes de la detención definitiva del primero en 2019, como prueba este email, en el que Summers bromeaba con Epstein sobre "masajes".

 

No sabemos con certeza a qué clase de masajes se refería Summers en su email, pero sí que sabemos por una víctima de la red de Epstein que declaraba ante el FBI sobre los viajes del Lolita Express, que la entrañable parejita de amigos era "fucking disgusting" (jodidamente desagradable), de lo que deducimos que Summers, además de avión, compartía la afición a los masajes de su siniestro dueño.

 

Su amistad era tan profunda que el bueno de Summers visitó la isla de Epstein en varias ocasiones, y según parece parte de su luna de miel la pasó allí.

Tal era su cercanía, que en este email Epstein asesoraba a Summers sobre qué lencería comprar...

Como podrán imaginar los lectores, la cercanía entre ambos no quedaba en el ámbito del afecto y de los vicios compartidos.

 

Lo esencial es que Epstein, que como dicta la tradición del Mossad, tenía una contrastada habilidad para traer y llevar favores, se aseguraba muy bien de cuidar de su amigo.

 

En este email afirma haberse tomado la libertad de ofrecer sus servicios de asesoría al Banco Central de Turquía y de negociar unos honorarios por valor de 250.000 dólares en su nombre.

 

Summers, agradecido, filtraba a Epstein información gubernamental sobre el posible Presidente de la Comisión de Bolsa y Valores (SEC), lo que podría ser constitutivo de delito según la legislación estadounidense, agravado si cabe dada la condición de agente del Mossad que, según apuntan todos los indicios, ostentaba Epstein.

 

Tal era la confianza que Epstein profesaba por Summers, que decidió incluirlo en su testamento como sucesor ejecutivo de una herencia de 577 millones de dólares, un honor que Summers, por aquello del qué dirán, decidió estratégicamente declinar.

 

En definitiva, Summers, como todos los nombres que van a desfilar por este artículo, intentó vanamente desvincularse de Epstein, minimizando su relación.

 

En las últimas semanas, hemos conocido su renuncia al puesto honorífico que ostentaba en Harvard, tras destaparse la verdadera naturaleza de su vínculo con el magnate.

 

Pese al escándalo y las dimisiones, no cabe esperar que ni uno solo de los papers que financió Epstein vayan a retractarse.

 

La purga de nombres propios terminará, pero la obra eugenésica del espía pedófilo permanece incólume.

 

 

 

 

Martín Nowak y la eusocialidad

 

Si bien Larry Summers era el contacto de la curia de Harvard de más alto nivel, para ejecutar sus planes eugenésicos y de control social Epstein precisaba de una vía de entrada en el ámbito estrictamente científico de la academia, un papel que en el caso de Harvard desempeñó el biomatemático Martin Nowak, quien pese al escándalo mayúsculo en el que anda involucrado es todavía profesor de matemáticas y biología en Harvard.

 

Su ámbito de investigación lo desarrolló en dinámicas evolutivas, lo que comprende un amplio marco basado en el desarrollo de modelos matemáticos de evolución, cooperación, lenguaje y de transmisión de enfermedades (o de ideas).

 

Su conexión principal con Jeffrey Epstein ocurre al calor de las participaciones de Nowak en el Edge Club, y fue precisamente él quien introdujo a Epstein en el círculo científico.

 

Con los años, su relación se extendió ampliamente al ámbito de una relación personal prolongada en el tiempo, incluso después de la condena de Epstein en 2008, incluyendo visitas asiduas a la famosa isla y al infausto Zorro Ranch de Santa Fe (como demuestra este email), la mansión en la que Epstein presuntamente desarrollaba sus delirios eugenésicos y donde las autoridades buscan en estos días posibles restos de cadáveres.

 

Nowak vuelve a ser noticia, mal que le pese, al trascender la enorme cantidad de mensajes que se cruzaba con Epstein (más de 4.000 entradas en el repositorio de archivos de Epstein del Departamento de Justicia), entre ellos este mensaje tan desasosegante en que el bueno de Martin escribía a Epstein :

"nuestra espía fue capturada tras completar su misión", a lo que Epstein respondió: "¿La has torturado?"

Al margen de lo escatológico y potencialmente delictivo de su relación de amistad, la relación que pretendo ilustrar hoy es sobre todo financiera y científica, centrada en el Program for Evolutionary Dynamics (PED) de Harvard.

 

En 2003, Epstein donó 6,5 millones de dólares a Harvard para crear el PED, dirigido por Nowak. Esto permitió alquilar un edificio de investigación separado en Harvard Square.

 

Aunque se comprometieron inicialmente 30 millones, según parece sólo se materializaron los 6,5 millones mencionados.

 

Sin embargo, Epstein donó en total unos 9,1 millones de dólares a Harvard entre 1998 y 2007, gran parte después de su arresto en 2006, lo que deja bastante señalada a la institución y a muchos de los científicos que colaboraban con Nowak, cuya enumeración resultaría farragosa en exceso.

 

Epstein además canalizó a a otros donantes hacia el PED que aportaron unos 7,5 millones adicionales al trabajo de Nowak, principalmente Leon y Debra Black.

 

Era tal la implicación de Epstein en el programa, que llegó incluso a disponer de una oficina propia en el edificio del PED con acceso ilimitado.

 

Según los registros, constan más de 40 visitas al PED entre 2010 y 2018, algunas de ellas incluso durante los fines de semana, donde Nowak organizaba de manera recurrente reuniones con otros académicos.

 

Finalmente, y a la luz del escándalo, Harvard cerró el PED permanentemente en 2021 y sancionó a Nowak, suspendiéndole la supervisión de estudiantes durante dos años e impidiéndole acceder a nuevas subvenciones, una restricción que expiró en 2023.

 

Pese a la apariencia, el Program for Evolutionary Dynamics (PED) de Harvard, no era un inocente laboratorio de biología en una universidad de élite sino el caballo de Troya perfecto para el desarrollo de las elucubraciones transhumanistas de Epstein, incrustado en pleno corazón de la academia y disfrazado de ciencia neutral y honorable.

 

En él se perfilaba una peculiar idea de cooperación evolutiva, a priori respetable, aunque no inspirada en la legítima aspiración científica de entender la vida, sino para manipularla, allanando así el camino para planteamientos eugenésicos donde la evolución se acelera artificialmente y los "defectors" (los pobres, los marginados, los parásitos que no "cooperan") son descartados como errores genéticos.

 

El corazón del trabajo del PED era el marco de Nowak sobre la "evolución de la cooperación", que culmina en su paper de 2006 publicado en la revista Science: "Five Rules for the Evolution of Cooperation".

 

Leído superficialmente, parece un paper inofensivo, una mera explicación matemática de cómo surge la cooperación en sistemas evolutivos, pero analizándolo con una lente algo más crítica, y conociendo el ecosistema perverso en que se genera,

estas cinco reglas representan todo un modelo para el desarrollo de la ingeniería social transhumanista, donde la evolución se puede hackear para perpetuar las desigualdades ya preexistentes y crear otras nuevas.

Veamos pues en qué consisten estas reglas:

  • Primera: selección por parentesco.

     

    Según esta primera regla, la biología favorece la ayuda entre quienes comparten genes, lo que a priori resulta bastante intuitivo.

     

    Sin embargo, para un sujeto como Epstein, esta regla permite legitimar su delirio de inseminar docenas de mujeres con su esperma propagando un linaje "superior".

     

    Sin ir más lejos, su amigo Thiel, con su obsesión documentada por la longevidad y la edición genética (tal y como contaba en un artículo anterior), financiaba proyectos similares, del mismo modo que la mayoría de los "billonarios" del Edge Club.

     

    Según este marco epistémico, sólo los multimillonarios accederán a bebés editados genéticamente mediante la técnica CRISPR sin enfermedades raras, con coeficientes intelectuales inflados artificialmente y cuerpos optimizados.

     

    Esta regla en manos de los transoligarcas es la justificación matemática para la creación de castas biológicas, una suerte de aristocracia genética que mira desde arriba a los "pobres parásitos", condenados a envejecer y morir.

     

     

  • Segunda: reciprocidad directa.

     

    Según esta regla, en interacciones repetidas, los humanos cooperan si esperan una devolución.

     

    Transponiendo esta regla al contexto de las plataformas de redes sociales surgidas de las entrañas del DARPA, Thiel y los tecnooligarcas convierten esto en una verdadera jaula algorítmica.

     

    Los likes y contenidos compartidos que se ajustan a las narrativas que favorece el algoritmo premian la anuencia, mientras que la disidencia o el escepticismo depaupera el impacto social, te invisibiliza o te etiqueta como elemento subversivo.

     

    En este contexto, esta norma no explica la cooperación humana, sino que resulta en un condicionamiento pavloviano.

O bien cooperas con el sistema o desapareces del debate público...

 

  • Tercera: reciprocidad indirecta, o la regla del prestigio social.

     

    Según esta regla, si la probabilidad de conocer la reputación de alguien es alta, los individuos tienden a cooperar para ganar estatus social.

     

    Nowak argumentaba que este mecanismo reputacional es clave para el desarrollo de la inteligencia social humana y tuvo gran importancia en el origen del lenguaje.

     

    A priori, resulta un argumento de perogrullo, pero en manos de Thiel et al. esta regla resulta una palanca de control masivo, base del futuro sistema de crédito social.

     

    Las herramientas en redes sociales actuales que puntúan la reputación en tiempo real, las potenciales "mejoras" implicadas en la digitalización de la moneda y la centralización digital de nuestros datos, abre la posibilidad de excluir a los defectores (llamémoslos disidentes) de áreas crecientes del desarrollo civil normal.

De hecho, Epstein lo ensayó a pequeña escala financiando su lavado de imagen tras su paso por la cárcel...

Sin conjeturar demasiado, en un futuro transhumanista no muy lejano, tu reputación podrían transmitirse desde implantes cerebrales al estilo Neuralink que midan tu "confiabilidad" al segundo.

 

  • Cuarta: reciprocidad en redes.

     

    Según la norma, los cooperadores tienden a formar densas redes que tienden al auto-refuerzo, y mientras, la cooperación entre ellos se expande y prevalece sobre otras redes en función de su capacidad de mantener la conectividad.

     

    Un ejemplo bien ilustrativo de su posible uso a modo de herramienta de control de masas es el escándalo de Cambridge Analytica (al que dedicaremos su merecida atención en el próximo capítulo de esta serie), una estructura financiada por Peter Thiel y la tapadera que mapeó las redes de Facebook con el propósito de viralizar narrativas, haciéndose con los datos de 83 millones de usuarios de la red social de Zuckerberg (entendemos que con su connivencia previa), con el único objetivo de fragmentar para favorecer el pastoreo digital.

     

    Otro proyecto epitómico en este sentido es Neuralink, la empresa del aliado de Thiel en la Pay Pal Mafia, Elon Musk, que bajo el paraguas del bien común y de mejorar las expectativas vitales de personas con parálisis cerebral, aventura la creación de "humanos mejorados", cerebros enlazados que piensan más rápido y comparten datos en tiempo real, de modo que los no-conectados, los disidentes, quedarán fuera, como reliquias analógicas en un mundo dominado por los privilegiados por el devenir posthumano.

     

     

  • Quinta: selección de grupo.

     

    En virtud de esta regla, los grupos cooperativos vencerían a los egoístas y disidentes.

     

    Desde el prisma de los profetas de la Ilustración Oscura, esta regla propone un viaje hacia una suerte de neofeudalismo en el que las élites privilegiadas del forman supergrupos tecnológicos que se imponen a los caducos y anárquicos planteamientos de las democracias liberales.

     

    Una de las principales preocupaciones de Epstein, tal y como se planteaba en el conocido "Simposio del Sentido Común" que se llevó a cabo en su famosa isla, era el fenómeno del "darwinismo inverso", por el cual la democratización de la tecnología permitiría sobrevivir a los débiles, diluyendo así la fortaleza genética de las generaciones.

     

    Para evitarlo, la apuesta de Epstein era tan sencilla como sobrecogedora:

la selección artificial masiva y la fusión de los "cooperadores" con máquinas dotadas de "sentido común", siempre a golpe de cheque.

En su libro SuperCooperators (2011) Nowak et al. nos venden una bonita fábula matemática basada en las cinco reglas del modelo PED, a modo de best seller de divulgación científica basado en una idea fuerza fundamental: la cooperación mejora la evolución darwinista.

 

Suena inofensiva, casi poética, pero leída sin el tamiz académico revela el manual de instrucciones de los mecanismos de control social contemporáneo, basado no en la cooperación sino en,

  • la competencia salvaje entre grupos desiguales

  • el castigo selectivo de los "disidentes"

  • los sistemas de incentivos dopamínicos en redes sociales que fomentan la obediencia

La llamada tokenización de la reputación se convierte en moneda de cambio en un modelo que fomenta la cultura de la cancelación y el linchamiento civil llegado el caso.

 

El pretendido altruismo glorificado en los modelos de Nowak, se traduce en,

  • vigilancia masiva

  • multas y castigos automatizados

  • estigmatización pública

  • exclusión laboral

  • o más distópicamente todavía, en el desarrollo de la aberración jurídica que representa la idea en ciernes del pre-crimen...

Estos modelos, aplicados a las redes sociales, significan en la práctica una simulación acelerada sobre cómo se imponen los usos y costumbres, las normas, las modas o la propaganda a velocidad viral.

 

La teoría de juegos evolutiva de Nowak se usa hoy día sin disimulo en la llamada "economía del comportamiento" y en el "nudging" gubernamental preconizados por Thaler en aquellas "cenas de multimillonarios" del Edge Club, mediante algoritmos de inteligencia artificial que predicen los comportamientos colectivos.

 

Sus efectos nocivos los hemos padecido intensamente y con recurrencia creciente en los últimos tiempos, desde los draconianos encierros pandémicos hasta la pura y dura manipulación electoral, pasando por campañas salvajes de cancelación dirigidas contra individuos o colectivos.

 

En el nuevo modelo de cooperación darwinista que la tecnocracia dispone para nosotros no son necesarias ni porras ni antidisturbios.

 

Basta con diseñar un sistema de incentivos para que las masas "cooperen" voluntariamente, es decir,

que obedezcan sin rechistar...

Si aún cabe alguna duda del modelo de cooperación que nos proponen desde Silicon Valley, atiendan a estas declaraciones de Larry Elison, cofundador y presidente de Oracle, en las que defendía abiertamente un futuro de vigilancia masiva impulsada por inteligencia artificial, donde la constante grabación y supervisión garantizaría que los ciudadanos se comportasen,

"de la mejor manera posible"...

En septiembre de 2024, durante una sesión de preguntas y respuestas en la reunión de analistas financieros de Oracle, afirmó asertivo:

"Vamos a tener supervisión.

 

Cada oficial de policía va a estar supervisado en todo momento, y si hay un problema, la IA lo reportará y lo notificará a la persona adecuada.

 

Los ciudadanos tendrán su mejor comportamiento porque estaremos grabando y reportando constantemente todo lo que ocurre".

Hablaremos de ello con mayor profundidad en el próximo artículo, pero convendrán conmigo que el mensaje resulta escalofriante.

 

Toda esta pretendida explicación científica de por qué cooperamos es, en manos de la tecno-oligarquía de la Ilustración Oscura, la llave maestra para fabricar niveles ignotos de obediencia a escala global.

 

Podría inferir el lector (no sin cierta razón) que los planteamientos de Nowak no son explícitamente eugenésicos, o que quizás la cuestión pudiese estar sujeta a una cierta interpretación.

 

Sin embargo, el concepto "eusocialidad", desarrollado en este paper "The Evolution of Eusociality" (Nowak, Tarnita y Wilson, 2010) es la expresión más directa en lo que respecta a su acercamiento a las jerarquías de control relacionadas con la evolución, y por tanto para el control de masas.

 

El modelo de eusocialidad expuesto en el artículo de Nature, es la piedra angular para justificar matemáticamente el control genético de las masas bajo un barniz evolutivo y, por tanto, el sueño húmedo de Curtis Yarvin, que tiene a su disposición un modelo biomatemático que legitima la necesidad de potenciar un modelo plutocrático basado en la genética.

 

Simplemente cambien la palabra "genética" por la palabra "raza" y quizás juzguen el planteamiento de manera aún más dura.

 

Nowak define la eusocialidad como un sistema donde ciertos individuos renuncian a su potencial reproductivo con objeto de criar prole ajena, forjando así una sociedad de castas de "superorganismos" y masas estériles, en los que domina una élite reproductiva (la reina), mientras que las masas estériles o trabajadoras se sacrifican por el conjunto.

 

Pese a que los humanos, en opinión de Nowak, somos "eusociales laxos", resultamos dominantes ecológicamente gracias a la estructura jerárquica.

 

Los trabajadores son descritos sin tapujos como meros robots construidos por la reina, como parte de su estrategia reproductiva.

 

Como decía, las implicaciones en relación al control social resultan muy siniestras, ya que legitima el desarrollo de sociedades hiperjerárquicas donde la "masa" renuncia a su autonomía y a su capacidad reproductiva en beneficio de una minoría poderosa y fecunda.

 

Una idea que evoca Un Mundo Feliz, la archiconocida obra de Aldous Huxley, esta sociedad de castas hiperdesarrollada surge "naturalmente" por selección grupal y mediante el diseño de especímenes, sin necesidad de conspiraciones ni fricciones inanes, aceptada general y uniformemente por todos los estratos sociales.

 

 

 

 

George Church y CRISPR - La usurpación del Código Humano

 

Uno de los científicos más prominentes a los que Epstein consiguió acceder gracias a Nowak y a John Brockman fue George Church, el genetista de Harvard que convirtió la biología sintética en el sueño húmedo de todo eugenista.

 

George Church es considerado uno de los padres de la biología sintética y el método CRISPR de edición genética, una técnica que permitiría,

resucitar mamuts, editar embriones humanos o revertir el envejecimiento para que vivamos 130 años en un cuerpo de 22...

George Church es profesor en el Harvard Medical School y el Wyss Institute, y su laboratorio es un vivero mundial de ingeniería genética.

 

Al contrario de lo que declaró, su conexión con Jeffrey Epstein fue profunda, duradera y mutuamente beneficiosa.

 

Epstein vio en Church la herramienta perfecta para materializar su obsesión transhumanista y eugenésica, y Church vio en Epstein (y su red) el dinero y una red de contactos que le permitiría alcanzar su ambición de "mejorar" la humanidad como si de un código de software se tratase.

 

Antes de su primera detención, entre 2005 y 2007, la fundación de Epstein en las Islas Vírgenes aportó cantidades muy significativas de dinero al laboratorio de Church.

 

Después de 2008, Harvard cortó oficialmente los lazos, pero Epstein siguió canalizando fondos indirectos, introduciendo donantes como Leon Black (quien merecería un capítulo aparte) que aportaron cerca de 2 millones de dólares al trabajo de Church.

 

Tras la condena definitiva del financiero, Church admitió en 2019 seis llamadas y reuniones sólo hasta 2014, incluyendo almuerzos en el instituto de Martin Nowak.

 

Por lo que se desprende de los emails, se veían varias veces al año. Epstein usaba la oficina de Nowak en Harvard como base para reunirse con Church.

 

En 2014, la relación económica entre ambos se fortaleció notablemente:

ese mismo año fundaron una empresa conjuntamente llamada Georgarage, según se desprende de esta revelación bomba de los archivos DOJ .

Para facilitar el flujo de capital, Epstein y Church fundaron una compañía de inversión, registrada en Delaware por el abogado de Epstein.

 

Además, Epstein canalizó inversiones por valor de 10 millones de dólares en empresas como eGenesis o Androcyte.

 

Valga este email, uno entre las decenas que he podido leer, de ejemplo ilustrativo de la intensa relación empresarial entre el magnate y el genetista.

 

La simbiosis entre ambos era perfecta:

Epstein controlaba y canalizaba el dinero, lo que le permitía decidir hasta cierto punto la dirección de su inversión, mientras que Church proponía a su mecenas proyectos de edición genética para crear órganos de cerdo, elefantes resistentes al frío, resucitar mamuts o alcanzar una longevidad extrema.

Otra de las relaciones llamativas de Epstein con Church fue a través del llamado Personal Genome Project (PGP).

 

En 2013, a través de Church, Epstein donó muestras de piel y sangre al PGP, creándose líneas celulares del magnate para su estudio que todavía permanecen en las neveras del laboratorio de Church.

 

En este email de 2014 dirigido por Joseph Thakuria, uno de los científicos del PGP de 2014, se percibe la cercanía de Epstein con el proyecto y el evidente trato preferencial y de total pleitesía hacia el magnate.

Quien paga, manda...

No tenemos constancia de si Epstein también mandaba en este otro proyecto de Church, si me apuran el más controvertido de todos los que alumbró el prolífico genetista.

 

Este proyecto, que habría hecho babear de puro regocijo a Spencer y Darwin, consistía en una aplicación online de citas, cuyo objetivo declarado era emparejar a perfiles genéticos afines, por aquello de evitar incompatibilidades genéticas y mejorar la raza.

 

Como es natural, George Church negó categóricamente que su proyecto tuviese connotaciones eugenésicas, a sabiendas de la mala prensa de que goza el concepto y, sin embargo, resulta evidente para cualquiera que se acerque a su etimología.

 

La aplicación, llamada digiD8, no llegó a materializarse, pero el concepto quedó encima de la mesa, y ya habrá quien haga uso de él.

 

Desde mi visión, que como los lectores habrán podido colegir del sentido de mis artículos, es de frontal rechazo por la ingeniería humana y de defensa abierta de la dignidad natural y de la aceptación de los límites biológicos, proyectos como digiD8 no son preventivos, sino,

el primer paso hacia una selección genética de mercado, el sueño tórrido de Epstein y de otros psicópatas homólogos.

La reducción de la reproducción humana a una mera compatibilidad de código genético, trata a los seres humanos personas como si de un software editable se tratase, del modo descrito por Harari en Homo Deus (2016), creando tácitamente una sociedad de castas en función de su capacidad adquisitiva.

 

La eugenesia con bata blanca de Church no se esconde.

 

En su libro Regenesis (2012) el genetista defendía que el transhumanismo no es un futuro distópico sino una realidad fehaciente.

Según Church, ya somos transhumanistas porque la tecnología nos ha cambiado irreconociblemente.

Su catálogo de mejoras deseables parece sacada de una película de superhéroes.

 

La edición de embriones para "mejorar" rasgos genéticos incluiría inmunidad a virus, huesos irrompibles, músculos ultraeficientes, una memoria superior o una longevidad rayana en la eternidad.

 

Uno de los conceptos más descacharrantes de su libro es el de la "vida espejo", una forma de transhumanismo radical donde se invertiría la quiralidad de las moléculas humanas para hacernos inmunes a todos los virus actuales.

 

Church advierte que este modelo tendría un precio elevado, ya que la vida espejo no podría digerir comida normal, obligando a crear todo un ecosistema de alimentos artificiales, además de los riesgos impredecibles de estas nuevas moléculas en el cuerpo.

 

En su libro, Church pretende desmarcarse de la eugenesia, no rechazándola de plano, sino reinterpretándola, criticando la eugenesia clásica por su búsqueda de un "espécimen óptimo", argumentando que la baja diversidad es una receta para la extinción segura.

 

En su lugar, propone una diversidad genómica máxima, una suerte de concepto de mestizaje de laboratorio despojado de su aleatoriedad natural que abre la puerta a una evolución acelerada y dirigida por humanos concretos que amenaza con salirse de control.

Para Church, los padres deben poder elegir "mejoras", como quien elige someterse a una cirugía estética o hacerse un tatuaje.

Pese a tratar de alejarse del estigma de la eugenesia, sus planteamientos plantean descarnadamente una eugenesia de mercado, el llamado pronatalismo de Silicon Valley, al que sólo los ricos muy ricos podrán acceder.

 

Emulando al slogan de una conocida marca de champú, hay que reescribir la naturaleza humana porque "podemos".

 

En este sentido,

la coincidencia epistémica con Epstein es total...

A fin de cuentas, eso era lo que el magnate pedófilo pagaba con sus cheques: inmortalidad para la élite y "sembrar" un ADN superior (el suyo) mediante edición genética.

 

El producto final es, como cualquiera en su sano juicio podrá colegir, la deshumanización total...

 

Como vemos, Church y Epstein no son anomalías aberrantes, sino la consecuencia lógica e inevitable de un credo consistente en rechazar de plano la condición humana tal como es y, por ende, sus límites biológicos.

 

A mi modo de entender, la verdadera ciencia ha de respetar la vida, no hackearla para consumo ocioso de unas élites inmorales con complejo de Dios.

 

 

 

 

Epstein y el Transgenerismo - Robert Trivers

 

Ciertamente, la ubicuidad de Epstein era una de sus más notables cualidades.

Allí donde se cocinaba la receta del camino a poshumanismo, estaba Epstein, siempre bien acompañado.

También en el impulso de la agenda transgénero, como es natural.

 

Sin pretender alejarme en exceso de la narración de los hechos, sí que me gustaría señalar de nuevo la hipocresía de la izquierda posmoprogresista, que en estos días anda afanada en tratar de convencer a sus correligionarios de que Epstein era poco menos que un agente de la extrema derecha internacional, por sus vínculos con Steve Bannon o Donald Trump.

 

Si bien esos vínculos son ciertos (algunos de ellos los hemos señalado en este artículo), poco o nada dicen sobre el protagonismo de Epstein en la cuestión del transgenerismo, un asunto que se ha materializado en una vergonzosa que ya rige en este país.

 

Dicho esto, y siguiendo con el don de la ubicuidad de Epstein, lo cierto es que una vez que se dispone sobre la mesa la colección completa de científicos que durante años cultivó el interfecto, nos encontramos con recurrencia a lo sospechosos habituales, conocidos de otras narraciones anteriores, lo que hace pensar que, quizás la élite globalista no sea tan amplia, al fin y al cabo.

 

Según hemos conocido por los nuevos archivos liberados, existían vínculos financieros e institucionales persistentes entre Jeffrey Epstein y las figuras clave en el desarrollo de la medicina de afirmación de género, particularmente en intervenciones quirúrgicas y hormonales dirigidas a menores y adultos, así como en el entramado científico que servía de sustento argumental a toda esta industria del transgenerismo...

 

Epstein no sólo mantuvo contactos prolongados con eminentes profesionales en este área médica emergente, sino que influyó activamente en su consolidación mediante financiación, promoción y difusión en sus redes de élite entre 2013 y 2019, precisamente durante el máximo periodo de expansión institucional de clínicas y programas de género en Estados Unidos.

 

Como venimos demostrando a lo largo de esta serie, estas conexiones forman parte de un patrón más amplio de injerencia de Epstein en la intersección entre biología, identidad de género y prácticas médicas irreversibles que, por fortuna, empiezan a decaer en prácticamente todos los países occidentales salvo España, que sigue vergonzosamente aferrada a la agenda transgénero de Epstein.

 

La conexión principal de la red poshumanista de Epstein con este truculento mundo de las cirugías de afirmación de género era el Dr. Jess Ting, cirujano plástico del Mount Sinai Health System en Nueva York.

 

Según muestran los archivos, en marzo de 2013, Ting aceptó una invitación para visitar la isla del magnate, una propuesta que le llegó a través de un asistente y que se hizo extensiva a una amiga y sus tres hijos menores de ocho años.

Un correo posterior confirmó la visita...

En 2016, Ting asumió su cargo como director quirúrgico del Centro de Medicina y Cirugía Transgénero del Mount Sinai, presentado como el primer programa académico integral en Estados Unidos.

 

En julio de 2017, Ting informó a Epstein, quién sabe si buscando aprobación o más financiación, que había abandonado la cirugía plástica convencional para dedicarse exclusivamente a la cirugía transgénero, describiéndola como "lo más gratificante, valioso y fascinante" de su carrera.

 

Si bien, a diferencia de otros científicos como Martin Nowak o Joichi Ito, la relación entre ambos no trascendió al ámbito de la amistad, sí que incluyó solicitudes de financiación y de apoyo:

en mayo de 2018, Ting compartió detalles sobre el documental Born to Be (estrenado en 2019 y nominado a premios Emmy), pidiendo apoyo directo a Epstein para este proyecto cinematográfico que promovía su trabajo en el Mount Sinai.

El apoyo financiero al film no se ha podido confirmar, pero sí que consta que Epstein reenvió la información a su colaborador Stephen Hanson con el asunto "proyecto de película".

 

Además, Epstein otorgó a Ting una beca nominativa de investigación de 50.000 dólares.

 

Además, en 2015, Ting coordinó una reunión con asistentes de Epstein una ronda de respuestas a periodísticas sobre la actividad filantrópica de Epstein.

 

Pero la injerencia del magnate pedófilo no se quedaba en la práctica clínica.

Era fundamental poder manipular la ciencia que amparaba semejante aumento de clínicas de afirmación.

Por ello, el vínculo clave de Epstein con este mundo involucra al biólogo evolutivo Robert Trivers, conocido por sus controvertidas teorías sobre el altruismo recíproco y el autoengaño.

 

Según la evidencia disponible, Epstein habría financiado varias veces a Trivers desde 2009, con pagos directos de cuantías de 40.000 dólares, viajes y alojamientos.

 

Trivers, a diferencia de otros científicos de esta lista, no escondía su amistad con Epstein y llegó a defender públicamente a Epstein en 2015, minimizando sus abusos a menores.

 

En febrero de 2016, Epstein lo nombró asesor de su fundación y le encomendó escribir sobre "lo transgénero en el mundo bio", condicionando su apoyo futuro a este tema.

Trivers aceptó y reportó avances en "la 'transexualidad'."

En 2019, tras una interrupción de fondos, Trivers solicitó más dinero.

 

Epstein contestó a la petición, rechazando tácitamente otro proyecto (también de corte marcadamente transhumanista) sobre la genética superior de los sprinters jamaicanos de élite, sugiriendo centrarse en temas en "biología transgénero", que consideraba de mayor interés público.

 

Por si fuese poco significativa esta conexión, los escritos de Trivers revelan un desprecio profundo y un trato degradante hacia los transexuales.

Describía a los hombres trans como "organismos" sexuales para hombres homosexuales con cuerpos "suaves y sin pelo como una mujer" pero genitales masculinos.

 

A las llamadas mujeres trans las catalogaba de "hombres con chocho".

Trivers evaluaba los cuerpos transfemeninos en términos de "economía sexual" , relacionando la oportunidad de cambiarse de sexo y de hormonarse en función de las potenciales ganancias por prostitución.

 

Al margen de los chascarrillos más o menos afortunados, lo relevante es el sentido de su investigación:

en su paper más controvertido, titulado "Digit Ratio (2D:4D), Transgendered Belief, and Transsexual Drug Therapy in the BBC Internet Study" y financiado por Epstein, abogaba por intervenciones hormonales tempranas en menores de tres años.

En él, señalaba que una proporción 2D:4D baja ( tener el dedo índice más corto que el anular) se asociaba con una alta exposición a la testosterona prenatal y baja exposición a estrógenos.

 

Por el contrario, una proporción 2D:4D alta (índice similar o más largo que el anular) se asociaba con niveles más altos de estrógeno, siendo más común en mujeres.

 

Esta cuestión de la proporción de los dedos la consideraba como una suerte de marcador prenatal que se establece alrededor de la semana 12 del desarrollo fetal y permanece constante a lo largo de la vida, no viéndose afectada por los niveles hormonales en la edad adulta.

 

Pese a las críticas recibidas que catalogaban el paper de pseudociencia, esta teoría sirvió para justificar la agenda trans. De la lectura de los asiduos mensajes entre ambos, se percibía una perversa fascinación por la creación "fenotipos novedosos" mediante manipulaciones hormonales lo que, a mi juicio, representa el uso del poder científico para alimentar sus parafilias.

 

De hecho, y discúlpenme por la repugnante referencia, por lo que se desprende del testimonio contenido en este documento, Epstein reclutaba a niñas y niños pequeños (entre 10 u 11 años) a quienes obligaba a travestirse, quién sabe si como pura depravación o por aquello de inducirlos a confusión.

 

Estos niños, según recoge el testimonio, fueron llevados a un yate donde una niña declaró que entre los ancianos estaba Alan Dershowitz, el abogado de Epstein y de buena parte de los poderosos miembros del llamado Mega Club sionista.

 

Precisamente, en estos días, el Departamento de Justicia de Nuevo México investiga la pista de los posibles enterramientos de cuerpos de muchachas violadas y asesinadas en las inmediaciones del famoso Zorro Ranch de Epstein en Santa Fe.

 

También se sigue la pista de un correo que habría sido enviado a Epstein por un antiguo trabajador de Zorro Ranch, en el que exigía un pago en bitcoins a cambio de vídeos que mostraban al financiero manteniendo relaciones sexuales con menores.

 

Sea como fuere, la obsesión de Epstein por el trangenerismo lo llevaba a promocionarlo de manera muy activa entre todas las figuras influyentes que potencialmente pudieran jugar algún papel en el desarrollo exitoso de la agenda.

 

El ejemplo más paradigmático quizás sea Kathy Ruemmler, ex-asesora de Obama en la Casa Blanca, pero no tan revelador como éste ocurrido en 2017, en el apogeo de su red de contactos post-condena, cuando Epstein intercambió correos con nuestro "amigo japonés", Joi Ito, por aquel entonces director del prestigioso MIT Media Lab.

 

En uno de esos mensajes, Epstein instaba a Ito a incluir el tema de la "biología transgénero" en las presentaciones y discusiones que Ito tendría con Bill Gates.

 

Epstein veía en ese campo un potencial enorme, pero astutamente le sugirió a Ito que lo enmarcara de manera más atractiva para llamar la atención de Gates, y que en lugar de hablar directamente de "transgénero" hablase de "transciencia", un término que él consideraba más elevado, interdisciplinario y financieramente más prometedor.

 

Le escribió algo similar a:

"Yo de ser tú le diría a Gates que esa ciencia es la más apasionante. Nada de transgénero; es transciencia".

Con la reformulación, Epstein intentaba desviar la atención de lo cultural o identitario hacia lo que presentaba como una frontera científica disruptiva, alineada con potenciales intereses en biotecnología y biomedicina que pudieran atraer inversiones masivas.

 

Este modo de actuar muestra a Epstein directamente implicado en la infraestructura quirúrgica, la justificación científica y la difusión de estas ideas poshumanas entre la élite con la que se codeaba.

 

 

 

 

Epstein, Gates y la fábrica de pandemias de DARPA

 

Sin lugar a dudas, una de las relaciones más prolíficas del magnate pederasta ha sido la mantenida durante más de una década con el profeta del apocalipsis permanente, Bill Gates.

 

En un artículo anterior dejé algunas claves sobre la estructura financiera off shore que, contando con la pericia del banco JP Morgan y de Jes Staley, había creado la singular parejita para mayor gloria del imperio vacunal de Gates.

 

Hoy abundaremos en esta cuestión y describiremos más profundamente el plan financiero, llamado Proyecto Molecule, sus tentáculos institucionales y, sobre todo, la estrecha relación del pederasta convicto con la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa (DARPA).

 

Allí donde hay posibilidad de propiciar ecosistemas de control, está DARPA, siempre omnipresente y, por lo que he podido demostrar, también Epstein.

 

Si me paro a analizarlo, prácticamente podría decirse que todos mis artículos versan sobre las actividades de esta siniestra e hiperactiva agencia de Defensa:

el DARPA fue actor principal en la crisis del Ántrax, tal y como narré en este artículo; la principal vía de financiación e inspiración, junto con el NIAID de Anthony Fauci, de toda la arquitectura de los proyectos de Ganancia de Función (GOF), que han dado lugar a todas las pandemias y crisis agroalimentarias de las tres últimas décadas; todo ello sin olvidar la inefable labor de la agencia en cada uno de los hitos en la edificación del panóptico digital al que me he referido en esta serie.

Antes de entrar a describir la arquitectura del Proyecto Molecule, considero preciso abordar la persistente campaña que Jeffrey Epstein llevó a cabo entre 2009 y 2017, con la ambición de obtener acceso a la sección biotecnológica de DARPA, y cómo Epstein utilizó canales indirectos (principalmente el círculo íntimo de Bill Gates) para posicionarse en los márgenes de los programas de biotecnológicos de doble uso (civil y militar) que DARPA desarrollaba en paralelo.

 

Los esfuerzos de Epstein se hicieron sentir en todos los resquicios del entramado pandémico:

desde los programas de desarrollo de tecnologías de ácidos nucleicos (como el ARN mensajero), pasando por los programas de detección rápida de patógenos, hasta las diversas plataformas de respuesta a pandemias.

Estas iniciativas sentaron las bases, entre otros prodigios técnicos, para los inóculos contra la COVID-19.

 

Otra cuestión sobre la que conviene reflexionar someramente antes de entrar en la cronología, es que, como resultado de todos los movimientos que a continuación relatamos, la arquitectura global del sistema de salud se ha visto seriamente trastocada por esto, hasta construir una suerte de estado de cohecho de facto, con la connivencia de los organismos globalistas, singularmente la Organización Mundial de la Salud (OMS), cuya pretendida labor de Ministerio de Salud Global ha sido paulatinamente cooptada por esta organización que no puede ser catalogada de otra manera que criminal.

 

No quiero extenderme en cuestiones que he tratado ampliamente en otros artículos anteriores, pero simplemente a título de recordatorio, es importante señalar que, contrariamente a la creencia popular, la OMS es fundamentalmente una organización privada, ya que casi el 90% de sus fondos no provienen directamente de los Estados Miembros sino de este entramado de fundaciones.

 

El sistema de donaciones "voluntarias", tiene por objeto que los donantes tengan la capacidad de decidir en qué se gasta el dinero donado sin necesidad de ser validado por la Asamblea General.

 

Esta cuestión es vital para entender el modelo malversador.

 

A priori, uno podría pensar que este modelo es hasta cierto punto razonable, un ejemplo paradigmático de las bonanzas de la colaboración público-privada ya que, al fin y al cabo, los filántropos están gastando su propio dinero por aquello del bien común.

 

Sin embargo, el dinero que las fundaciones de Gates, ya sea la Bill y Melinda Gates o la Alianza GAVI, del mismo modo que otras, como el Wellcome Trust (a la que dedicaremos la atención pertinente un poco más adelante) o la misma Open Society de George Soros, dedican a su actividad "filantrópica", proviene de recaudar fondos públicos (siempre por "el bien común", claro, de modo que, con la intermediación de la OMS, que dota a este evidente desvío de fondos de una pátina de institucionalidad, nuestro dinero acaba invertido en los chiringuitos filantrópicos de Gates, el entramado One Health o los proyectos del Wellcome Trust).

 

Sirva de ejemplo este aumento de 130 millones de euros, procedentes del sufrido erario público español en concepto de donación de España a la Alianza GAVI anunciado hace escasos 8 meses.

 

Por dimensionar esta cifra y entender la magnitud de la malversación, el dinero que el Gobierno de España ha comprometido recientemente con la OMS, y cuyo destino sí pasaría por la Asamblea General y por tanto, estaría dotado de una cierta legitimidad democrática, es de 60 millones de euros, la mitad del dinero donado a GAVI.

 

Así se comprende que Bill Gates esté tan contento con Pedro Sánchez como para darle este premio,

"por su contribución al desarrollo sostenible".

Como veremos, el entramado de Bill Gates y Epstein no sólo estaba implicado en los mecanismos para sacar rendimiento de las catástrofes pandémicas, sino también en su génesis, en su creación a través de la industria de la fabricación de patógenos (GOF), un asunto sobre el que vengo persistentemente escribiendo en los últimos años.

 

Epstein, y por tanto Gates, buscaron acceso sostenido en DARPA a través del mismo ecosistema que ambos habían diseñado para la financiación de pandemias.

 

El ecosistema en cuestión, al que ya me referí en mi anterior artículo, tenía el nombre interno de Project Molecule.

 

En esta propuesta canalizada a través de JP Morgan de 14 páginas con fecha del 31 de agosto de 2011, se revela una estructura vehicular de carácter transnacional y off shore de inversión "caritativa" llamado "The Gates & J.P. Morgan Charitable Giving Fund", que vinculaba a la Fundación Bill & Melinda Gates con potenciales donantes globales de enorme poder adquisitivo, fondos asesorados por donantes (DAF), que planteaba intervenciones biológicas concretas, lo que no deja de resultar llamativo tratándose de un banco como JP Morgan.

 

Si acaso el hecho de montar una red off shore resulte en sí mismo un absoluto escándalo, no lo es menos su pretensión de perpetuidad.

 

Los objetivos declarados de la presentación Molecule incluyen la "operación perpetua y la sucesión de la gobernanza", de modo que se pudiese asegurar que la estructura de expolio a los estados en la que ha derivado todo este turbio asunto pudiese sobrevivir a sus fundadores, eternizando así sus efectos, lo que permite entender mejor por qué el famoso Acuerdo de Pandemias recién aprobado y ratificado planteaba dos tipos de periodos de vigencia del Tratado:

periodo pandémico e interpandémico.

La gobernanza del contubernio vacunal era privada, y contaba con cinco niveles de comités, con funciones diversas repartidas entre su junta directiva, la gestión de las inversiones o la distribución de subvenciones.

 

Esta lista no exhaustiva de nombre les resultará sin duda familiar a los lectores:

  • Warren Buffett

  • el filántropo y financiero George Kaiser

  • Mary Erdoes por parte de JP Morgan y el World Economic Forum

  • Melinda Gates haciendo las veces de presidenta

  • la embajadora de EE.UU. en la ONU Susan Rice

  • Seth Berkley de GAVI

  • Jeffrey Sachs

  • la Reina Rania de Jordania

Como vemos, se trataba de un órgano de gobernanza de carácter absolutamente privado, sin deberes ni obligaciones con ninguno de los estados a los que pretendía expoliar, que sólo respondía ante sí mismo.

 

En el proyecto, se asignaban partidas a intervenciones biológicas específicas, pero de todas ellas la que más llama la atención es esta de 20 millones de dólares para "financiar la red de vigilancia en Pakistán", un programa de vacunación de la polio, que implicaba la digitalización de los datos, y que muchos investigadores consideramos como precursor del panóptico pandémico y del proyecto de identificación digital de Bill Gates, Microsoft y Accentur, en colaboración con GAVI, el llamado ID2020.

 

En el experimento pakistaní, se utilizaron tecnología para mapear áreas y asegurarse de que ningún niño quedase sin vacunar.

 

Como es natural, las lecciones aprendidas de la red de la polio pakistaní de Gates se aplicaron para la vigilancia durante la Operación COVID-19, no sin antes realizar este proyecto piloto en Bangladesh que conjugaba el control biométrico, la identidad digital y la cobertura vacunal.

 

No pretendo incidir en cuestiones que ya traté convenientemente en mi último artículo: allí podrán conocer más detalles sobre la frustración que sentía el pobre Bill al ver que la arquitectura vacunal no se construía al ritmo que le gustaría, o sobre cómo entre Boris Nikolic, Melania Walker, Jes Staley y Mary Erdoes organizaban simulacros de pandemias y mostraban interés por el uso de la neurotecnología en el ámbito de la seguridad y la intelgencia nacional.

 

Retomaré pues la narración desde ese punto concreto, porque para poder simular pandemias y sacar el debido rendimiento a las sofisticadas telarañas financieras off shore era preciso crear sinergias con la omnipresente DARPA, cosa que se logró a través de la misma la misma arquitectura financiera construida en torno a Bill Gates.

 

En el sentido de esclarecer esa sinergia, el trabajo más completo que he podido encontrar lo ha realizado el periodista estadounidense y compañero de Brownstone Institute, Sayer Ji, quien ha publicado un exhaustivo artículo en el que abarca todo el proceso de infiltración de DARPA desde 2009 hasta 2017 a través de los más más de 34 documentos y referencias recientemente desclasificadas.

 

Según se desprende de la evidencia presentada en citado artículo, Epstein mantuvo una persistente campaña sostenida en el tiempo a través de todos los canales a su disposición para acceder al área biotecnológica de DARPA que, como ya hemos comentando, es el brazo de investigación insignia del Pentágono.

 

Si bien en el área de DARPA dedicada a la tecnología, Epstein ya tenía acceso a través del MIT, como hemos demostrado en el apartado correspondiente, la estructura biotecnológica era harina de otro costal.

 

Para lograr su objetivo, contaba con la inestimable ayuda del principal asesor científico de Bill Gates y hombre de ciencia fundamental en el organigrama del World Economic Forum (WEF), el científico Boris Nikolic, y de multimillonarios como Tom Pritzker o Jes Staley que realizaban necesarias labores de intermediación.

 

Así fue como Epstein fue ampliando su colección de científicos en el área de la investigación biomédica de defensa.

 

Primero persiguió a la mujer a la que los documentos llaman "la dama de DARPA", Regina Dugan, quien había sido directora de DARPA desde julio de 2009.

 

En 2010, el mismo año en que Epstein buscó por primera vez acceso a ella, Dugan aprobó un programa llamado ADEPT (Diagnóstico Autónomo para Permitir la Prevención y la Terapéutica) que invertiría 291 millones de dólares durante nueve años en vacunas ARNm, detección rápida de patógenos y contramedidas biológicas.

 

Entre las primeras inversiones de ese programa, se encuentran estos 25 millones de dólares concedidos en 2013 a una pequeña empresa emergente de Cambridge llamada Moderna que, con toda seguridad, resultará familiar a los lectores.

 

Dan Wattendorf, por entonces líder de ADEPT en DARPA, impulsó este programa de ARNm pese al escepticismo de la industria farmacéutica.

 

Dan Wattendorf, el máximo artífice del programa de vacunas de ARNm de DARPA y responsable de otorgar a Moderna sus 25 millones fundacionales, acabó engrosando la nómina de científicos de la Fundación Gates en 2016.

 

Este trasvase de "talento" desde las estructuras del establishment de defensa al área de la filantropía sirve para entender esta subvención de 20 millones de dólares que la Fundación Bill y Melinda Gates otorgaron a Moderna para desarrollar tecnología ARNm.

 

El 1 de abril de 2014, DARPA crea una oficina completamente nueva que relacionaba el ámbito biomédico con la defensa, la llamada Oficina de Tecnologías Biológicas (BTO), dedicada a al estudio de amenazas biológicas para la seguridad nacional, justo una semana después de que se declaren en Guinea los primeros casos de Ébola el 22 de marzo.

 

En agosto de ese mismo año, la OMS declara la Emergencia de Salud Pública de Preocupación Internacional (PHEIC), elevada por la ONU a la categoría de "amenaza a la paz y seguridad" en septiembre.

 

Este contexto, el guion por el cual se establecían las amenazas biológicas como nuevo elemento de seguridad planetaria, se justificaban intervenciones transfronterizas sin pleno consentimiento soberano, y sirvió para acelerar el desarrollo de fondos y estructuras que fueron el preludio de la PHEIC de la OMS en durante la Operación COVID.

 

La crisis del Ébola, resultaba el caldo de cultivo ideal para que nuestros intrépidos filántropos desarrollaran todo su potencial.

 

Como consecuencia, bajo el liderazgo de Bill Gates y del Wellcome Trust, en 2017 el World Economic Forum anunció a bombo y platillo la creación de de CEPI (Coalition for Epidemic Preparedness Innovations), dotado con una inversión inicial de 460 millones de dólares.

 

El liderazgo de Epstein en todo este asunto se cuela por todas las rendijas de esta historia.

 

Según se puede leer en este email de abril de 2015, un miembro del programa BTO cuyo nombre ha sido censurado en el documento (suponemos que se trataba de Geoff Ling), se comunicaba animosamente con Epstein, compartiendo con él una serie de propuestas que tenía pensado presentar al BTO, unas innovaciones cuya autoría intelectual atribuía al propio Epstein, lo que ilustra hasta que punto la influencia del magnate se hacía sentir en el desarrollo de tecnologías de biodefensa.

 

En el email, el científico ignoto mencionaba que las citadas propuestas "podrían traducirse en armas, algunas más agresivas que otras", lo que ilustra la alevosía con la que se ejecutaban planes de investigación de doble uso.

 

Geoff Ling, asesor del Presidente Obama en el ámbito científico, médico de profesión y coronel del ejercito, pese a ser el fundador de la BTO de DARPA" apareció en el plan de trabajo bgC3 de Epstein y Bill Gates.

 

Finalmente, entre finales de enero y finales de marzo de 2017 ocurrió la convergencia entre la investigación en defensa y la financiación para pandemias.

En un período de dos meses, DARPA lanzó su Plataforma de Prevención de Pandemias (P3) y CEPI se presentó en Davos.

La aparición de este detallado plan de trabajo de de la cartera de inversión de Gates (bgC3) enviado el 24 de febrero desde el correo de Jeffrey Epstein bajo el inquietante título "cripto salud", que enumeraba a varios participantes en el plan, entre otros, a Geoff Ling, junto al ya mencionado documento de 3 de marzo en que se planteaba el "ejercicio de simulación de pandemias por cepas" que llegó al escritorio de Epstein, demuestran el protagonismo del magnate pedófilo y de su amigo y Bill Gates en la construcción y el impulso de la fábrica de pandemias.

 

Como vemos, los científicos que construyeron las tecnologías de doble uso se fueron trasladando a la infraestructura filantrópica de Gates donde Epstein estaba integrado, una infraestructura que como, podemos ver, sobrevivió a la presunta muerte del financiero.

 

Según un informe de una fuente confidencial del FBI de 2021, el FBI siguió rastreando las actividades de inversión adyacentes a DARPA de Boris Nikolic, el hombre que inició la cadena, más de dos años después de la muerte de Epstein.

 

Como hemos podido ilustrar,

Boris Nikolic ocupó una posición única en los planes de Bill Gates y Jeffrey Epstein.

Como principal asesor de Gates en ciencia y tecnología, Nikolic tenía acceso institucional a los más altos niveles de investigación en defensa y salud, gracias a su membresía en el World Economic Forum (WEF).

 

Más tarde sería nombrado, para su sorpresa declarada, como albacea suplente en el testamento de Epstein de 2019.

 

En resumen, a la luz de los documentos, se confirman las peores sospechas:

del mismo modo que el 11S otorgó carta de naturaleza a la estructura de vigilancia creada en las mismas entrañas de DARPA, la pandemia fue el acto catalizador que permitió el enriquecimiento desmedido de Bill Gates a cuenta del terror de la población mundial, y Epstein fue su escudero fiel y principal muñidor...

 

 

 

Epílogo

Como podrán imaginar los lectores, la lista de científicos y fechorías descritas hasta ahora no supone en absoluto una lista exhaustiva.

 

La cantidad de académicos e investigadores cuya carrera se ha consagrado a desarrollar las delirantes ambiciones de la Alianza Epstein es absolutamente inabarcable.

 

En mi análisis, por cuestión de pura economía narrativa, he excluido muchos de los asuntos relacionados, y muchos de los científicos en nómina del contubernio posthumano.

 

Podría haber escrito extensamente sobre la relación entre Epstein y Nathan Wolfe, CEO de Metabiota, la empresa del vástago del expresidente Biden, Hunter Biden; una relación, por cierto, inmortalizada en los más de 900 mensajes compartidos entre ambos que se pueden encontrar en el repositorio del Departamento de Justicia.

 

Sin embargo, he decidido no hacerlo, habida cuenta de las toneladas de letras invertidas en esa empresa de infausta memoria, omnipresente en todos los tejemanejes de ganancia de función y en las ominosas plagas zoonóticas que con persistencia bíblica nos amenazan en los últimos tiempos.

 

Pueden refrescar la memoria en varios de mis artículos dedicados a esta cuestión.

 

También podría haberme enfrascado en explicar cómo la extraña pareja formada por Epstein y Gates se hicieron con el control de las publicaciones científicas a través de sus inversiones en Research Gate, condicionando en su esencia el inefable sistema moderno de peer review sobre el que reposa la doctrina del indubitado cientifismo moderno, uno y trino, emulando así a Robert Maxwell, suegro de Epstein e ilustre espía del Mossad, cuya tapadera como magnate de los medios de comunicación le permitió durante años dominar varias de las más prestigiosas publicaciones científicas del planeta.

 

Todos ellos son asuntos ciertamente interesantes, y su conexión con la temática propuesta en este artículo es indudable, y por ello no quería acabar esta larga pieza sin al menos nombrarlos.

 

Sea como fuere, considero suficientemente probada la relación del Universo Epstein con una larga tradición de pensamiento eugenésico, nacida hace ya más de dos siglos en las ideas de escasez y de lucha por la vida de Malthus, así como el contexto moderno en que se desarrolla,

desde el natalismo a la carta para aristócratas posmodernos, hasta la edición genética que usa al conjunto de la Humanidad como cobayas, o el delirio de la inmortalidad...

En el próximo capítulo de esta serie trataremos sobre la otra pata del Golem, fundamental para que la "cooperación" planteada por Nowak se materialice en un control efectivo sobre los individuos:

la sociedad de la vigilancia y la cárcel digital, ese panóptico en que la condición humana ingresa voluntariamente para dejarse diluir en un océano irreal de ceros y unos...