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Marga Ferré observa una de las pintadas por el artista callejero británico Banksy en la ciudad de Belén, en Cisjordania. REUTERS
Yo sé que lo hacemos porque
el capitalismo no
plantea futuros y hay que agarrarse a algo en tiempos en los que la
incertidumbre se vende como la única certeza, pero es que es un
marco equivocado.
Él, uno de los historiadores de la modernidad más influyentes, denominó el siglo XX como "El Siglo Corto", acotándolo desde 1914, (la Primera Guerra Mundial) hasta su fin en 1991, con la caída de la Unión Soviética.
Entre esas dos fechas, se desarrollan los marcos y los consensos del poderoso siglo XX (Historia del Siglo XX), su concepto de modernidad, guerra fría, fordismo y al final, el neoliberalismo y el fin de la historia.
Pero es que hace ya mucho de eso.
Y a mí, esa apelación como inevitable me parece
bastante estúpida, la verdad.
En estos tiempos de guerras, lo encuentro a mares.
El pesimista de
Byung-Chul Han también lo
recoge; tacha las narrativas contemporáneas de "estupidez activa":
no falta de inteligencia, sino negarse a lo complejo, preferir lo
simple, lo inmediato, lo "likable".
Uff… que pereza de pensamiento estúpido...
De hecho, no hacerlo me parece no solo acomodaticio, sino
cómplice con los bárbaros.
Si no nos ensordeciera el ruido de las bombas, lo veríamos con más claridad.
Pero, claro, los marcos de pensamiento en Occidente están restringidos por un imaginario propio del siglo XX y la tesis ilusoria del "fin de la historia" de Fukuyama.
Vivimos tiempos en los que la capacidad de proponer soluciones racionales se sustituye por la hipérbole constante, el ruido, los bramidos y los golpes de pecho como si fuéramos gorilas.
Es algo que aprendí saliendo de Europa y especialmente en China:
Ampliar la mirada y cambiar las palabras son acciones inseparables y necesarias porque en tiempos de narrativas apocalípticas, la primera tarea política es, paradójicamente, lingüística:
Frente a la fragmentación del pensamiento debemos
unir la línea de puntos que va desde la política del rearme europeo
hasta la necesidad de más petróleo para la industria de guerra.
Y sí se puede, de hecho, se hace, fuera de la "Europa Fortaleza" e incluso dentro de ella, pero fuera de sus palacios,
Contamos con la inteligencia y con la capacidad para proponer cosas mejores, empezando por nuestro modelo de desarrollo.
Podemos plantear ya, con el conocimiento disponible, una industrialización al modo del siglo XXI - tecnología y ecología más derechos y servicios.
Ahí está buena parte de la solución, claro que para ello hay que acabar con la austeridad que mató el desarrollo en Europa.
Me niego a no tener una conversación sobre cómo invertir en nuestro futuro y en cuestiones fundamentales como:
¡Se puede hacer...!
Abrir más el "horizonte de expectativas", que diría Koselleck, para trabajar por un siglo XXI que cambie,
Y es perfectamente posible.
...y les vamos a plantar cara.
Con los pies en el siglo XXI y la mirada ancha del Sur Global, ya lo estamos haciendo.
Y no tengo ninguna duda de que les vamos a ganar,
¿saben por qué?
¡Y les vencimos...!!!
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