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por Thomas Harrington
30 Enero 2026
del Sitio Web
BrownstoneEsp
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Thomas Harrington
es catedrático
emérito de Estudios Hispánicos en Trinity College en
Hartford, Connecticut en los EE.UU., así como Senior
Brownstone Scholar, Brownstone Fellow y co-fundador de
Brownstone España.
Su investigaciones
académicas se centran en los movimientos ibéricos de
identidad nacional, las relaciones culturales intra-ibéricas
y las emigraciones ibéricas hacia las Américas.
Sus escritos sobre
la política y la cultura han aparecido con frecuencia en
la prensa estadounidense, así como en varios medios de
comunicación en España. Es autor de cinco libros, siendo
el último de ellos The Treason of the Experts: Covid and
the Credentialed Class (2023).
Varios de sus
artículos de prensa y una muestra de su fotografía se
encuentran en Words in The Pursuit of Light.
Se puede acceder a
una selección de sus trabajos académicos en
https://trincoll.academia.edu/tharrington |

Contra el Bien
General
La
creación de "estados de excepción"
en los que
los procesos deliberativos normales
de la
sociedad se suspenden,
se ha
convertido en un procedimiento estándar
en muchas
"democracias" occidentales...
Cuando la mayoría de mis compatriotas escucha los términos,
...probablemente piense - si es que piensa
en ello - en los primeros momentos de la destrucción premeditada de
Irak por parte de Estados Unidos y en la sonrisa siempre petulante
de
Donald Rumsfeld.
Recordarán que fue Rumsfeld quien supuestamente dedicó los primeros
meses de su mandato como Secretario de Defensa a replantear por
completo los mecanismos de la guerra estadounidense.
En el centro de su nueva doctrina de defensa se
encontraban los dos enfoques mencionados anteriormente.
El primero (denominado, recordemos,
"conmoción y pavor") se refiere a la práctica de atacar al
enemigo con tanta fuerza, rapidez, y desde tantos ángulos, que
este reconocerá de inmediato la inutilidad de montar una defensa
y abandonará rápidamente la lucha.
La segunda táctica ("dominio de espectro completo"), la cual se
integra en la primera, se refiere, entre otras cosas, a la
práctica de inundar, tanto los entornos informativos del enemigo
como la audiencia estadounidense y los posibles aliados de EE.UU.
con narrativas pro-estadounidenses que no dejen espacio ni
tiempo para formular preguntas escépticas ni discursos
coherentes de disenso.
En resumen, el objetivo general de la nueva
doctrina de defensa de Rumsfeld era (para usar un término muy
querido por James Mitchell y Bruce Jessen, quienes
ganaron millones después del '11
de Septiembre' por diseñar los programas de tortura
utilizados en la Bahía de Guantánamo y otros centros clandestinos de
detención estadounidenses en todo el mundo) inducir la "indefensión
aprendida" en tantos segmentos de la población mundial como fuera
técnicamente posible.
Para muchos, creo, la idea de que los gobiernos puedan tener la
capacidad y el deseo de atacar a sus propias poblaciones con
campañas de guerra de información bien organizadas y persistentes,
parece bastante descabellada.
Y para otros, sospecho, hablar de una inducción
generalizada de "trauma" en este contexto podría evocar
comparaciones con algunas de las peores formas de protesta quejica y
exagerada en los campus universitarios americanos.
Pero después de todo lo que hemos visto en las últimas décadas de la
historia mundial,
¿es realmente tan difícil de reconocer la
idea de que los gobiernos podrían tener motivaciones
estratégicas y erigirse en abusadores en serie de sus
propias poblaciones?
Sabemos, como ya he mencionado,
que cuando el gobierno italiano, respaldado por
Estados Unidos, se enfrentó a la creciente posibilidad de tener que
compartir el poder con el Partido Comunista de ese país en las
décadas de 1970 y 1980, elementos del propio gobierno o afines a él
dieron luz verde a una serie de atentados de
falsa bandera
contra la policía italiana y la población en general, siendo los más
notables el
atentado de Peteano de 1972 y
la
masacre de la estación de tren de Bolonia
de 1980.
El objetivo de los atentados, como explicó posteriormente uno de los
autores de estos,
Vicenzo Vinciguerra (protegido
por el gobierno), era generar pánico social que empujara a quienes
estaban descontentos con la realidad social y económica del país de
vuelta a los brazos del partido Demócrata Cristiano, cada vez
más desacreditado, pero detentor de la aprobación de Estados Unidos.
Fue su testimonio acerca de estos acontecimientos
como activista antisistema lo que impulsó al filósofo
Giorgio Agamben a escribir sus
influyentes estudios sobre las arquitecturas de control social
utilizadas por los gobiernos occidentales contemporáneos.
Estudios que sugieren, entre otras cosas, que la
generación de "estados de excepción" en los que los procesos
deliberativos normales de la sociedad se suspenden o se ven
gravemente restringidos, se ha convertido en un procedimiento
operativo estándar en muchas "democracias" occidentales.
Creo que pocos discutirían ahora que, independientemente del origen
de los Atentados del 11 de Septiembre, la sensación
generalizada de trauma inducido en la población
estadounidense por la retransmisión repetida de las horribles
imágenes de ese día,
facilitó el proyecto gubernamental de
redefinir radicalmente las nociones de libertad civil de larga
data, y logró la adhesión ciudadana a sus múltiples
guerras de agresión en Oriente Medio.
Todo lo cual nos lleva al
COVID-19.
¿Puede alguien que haya leído el
imprescindible Un Estado de Miedo de Laura Doddsworth,
o el llamado "Documento del Pánico" del gobierno alemán, dudar
realmente del deseo consciente y cínico de los gobiernos, que
supuestamente sirven al bienestar del pueblo, de infligir
traumas a la población general de esos países?
¿Acaso un hipotético gobierno alemán, que no esté interesado en
aumentar las tensiones ni en aprovecharlas para lograr un mayor
cumplimiento de los edictos oficiales entre la población,
propone en un documento de planificación que sus funcionarios,
-
pongan el foco únicamente en los
peores escenarios imaginables del COVID-19
-
eviten explícitamente la necesidad de
modelar los efectos económicos de las estrategias de
mitigación propuestas
-
minimicen el hecho de que la
enfermedad mata principalmente a personas muy mayores
-
se esfuercen por producir el "efecto
de choque deseado" en situar la culpa en los niños,
...por la posibilidad de ser el catalizador
de la muerte de sus familiares mayores?
Sí, ciudadanos de todo el mundo occidental y más
allá fueron traumatizadas deliberadamente por las mismas personas
que nunca dejaron de repetirles que su única preocupación verdadera
era "mantenerlos a salvo".
En este sentido, no me hace falta ser psicólogo para saber que los
efectos enormemente desorientadores y cognitivamente debilitantes
del trauma se alimentan, más que nada, del mantenimiento de una
postura fundamentalmente reactiva en relación con el mundo que nos
rodea.
El trauma se reduce de manera significativa
cuando,
nos detenemos, respiramos y, en la medida de nuestras
posibilidades, catalogamos sin miedo las heridas que hemos sufrido,
nos preguntamos quién las causó y, si es relevante, qué nos llevó a
tantos de nosotros a consentir estos ataques a nuestra dignidad y
bienestar.
Las personas en los niveles más altos de,
...son
plenamente conscientes de lo que acabo de decir y, por lo tanto,
harán todo lo posible para mantenernos descentrados y enganchados a
la información siempre cambiante y, en su mayoría, trivial que nos
envían constantemente.
Mientras que para nosotros la calma y la catarsis son los primeros
pasos para recuperar nuestra integridad, para ellos son su
kriptonita.
Hasta ahora, parece que estos grandes centros de poder están ganando
la batalla.
Tanto en Estados Unidos, como en los países
europeos que he visitado recientemente, la mayoría de los ciudadanos
parecen haberse conformado (como suelen hacer quienes sufren abusos
recurrentes) con el cese temporal de los ataques contra su dignidad
y sus derechos sociales básicos.
Pocos, al parecer, están dispuestos a mirar al
pasado reciente con una pasión y vigor constantes.
Ojalá supiera qué podría ayudar a algunas de estas personas a
reconocer el estado de indefensión aprendida en el que han caído y
cómo impulsar su proceso de reconstrucción espiritual y cívica,
tanto en sí mismas como en los demás.
Sin embargo, no lo sé...
Y quizás sea arrogante por mi parte pensar que debería tener esta
capacidad desde el principio.
Una vez me dijeron que cuando dudase o
pareciese no encontrar salida, el primer paso era buscar a
aquellos cuya luz interior parece brillar con más intensidad y
caminar junto a ellos en la búsqueda de un espacio de esperanza.
Ahora mismo, quizás sea eso lo mejor que podamos
hacer...
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