SEGUNDA PARTE

 


Lo que nuestro amigo me narrara

No soy un científico especializado en los temas que se aborda en estas páginas. No pretendo hacer poses de astrónomo, de físico ni de profeta. Me limito, solamente, a transcribir los apuntes que tomara en mis largas conversaciones con Pepe, en aquello. días Inolvidables que precedieron a su extraordinaria partida de este mundo.


No deseo publicidad personal ni convertirme en "vedette" de la prensa... Todo lo contrario: anhelo hallar la paz y el silencio que requieren las instrucciones recibidas de mi amigo, para el rápido desenvolvimiento Individual, mío y de los míos...


Pero debo cumplir la promesa empeñada. Anunciar lo que se acerca y procurar que la Luz se haga en la mente de quienes estén ya preparados a recibirla, en estos momentos tan críticos para toda nuestra humanidad...


YOSIP IBRAHIM

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CAPITULO IV
Quiénes son los hombres de Ganímedes


Hace muchos siglos, muchos miles de años, en nuestro sistema solar existía otro planeta que giraba en tomo al Sol entre las órbitas que siguen Marte y Júpiter. Hoy en día, ese espacio está ocupado por el Cinturón de Asteroides, como se conoce entre los astronomos a la ancha estela de meteoros y meteoritos que se encuentra en aquella zona, girando constantemente en la misma órbita.


Nuestros hombres de ciencia conocen bien su existencia, y saben que está formada por cuerpos siderales de todo tamaño, desde simple polvo cósmico hasta masas como la del asteroide Ceres, cuyo diámetro alcanza a 780 kilómetros. Si tenemos en cuenta que el susodicho "cinturón" llega a extenderse, en la múltiple suma de las órbitas de todos sus incontables planetoides, hasta la respetable cifra de cerca de 250 millones de kilómetros de ancho, podemos imaginarnos la magnitud de cuerpos, o masas dispersas, que lo forman.

 

Ya los astrónomos suponen que puedan ser los restos de aquel planeta desaparecido... y aquí comienza, en verdad, el re. lato que me hicieran de tan maravillosa historia. Hace miles, muchos miles de años, repito, aquel planeta, al que llamaremos "Planeta Amarillo" por la clase de luz que despedía, era el hogar de una raza muy antigua, que en su larga evolución de milenios había alcanzado niveles de cultura semejantes, o quizá superiores a los que estamos llegando los hombres en la Tierra.

 

En esos remotos tiempos, nuestro planeta aún no era habitado por seres humanos. En cambio, los hombres del Planeta Amarillo volaban, ya por el espacio... Su ciencia y su técnica les permitía, entonces, iniciar las primeras expediciones a los otros mundos de nuestro sistema solar, y en esa forma, a través de muchos siglos, fueron conociendo la existencia y las características propias de todos y cada uno de los diferentes planetas.


Lo que hoy se proponen los hombres de la Tierra, lo habían logrado ellos cuando en la Tierra no había hombres... En tales condiciones de adelanto llegaron a visitar otros astros, como hoy lo estamos haciendo con la Luna. Y su sabiduría les permitió descubrir a tiempo, los síntomas precursores de la destrucción de su mundo. Cuando el terrible cataclismo cósmico redujo ese planeta a los restos que hoy forman el "Cinturón de Asteroides" muchos de ellos habían ya logrado establecerse en uno de los satélites mayores de los doce que posee Júpiter, bautizado por nuestro sabio Galileo con el nombre de Ganímedes.


Y en ese nuevo mundo, en esa nueva esfera, adaptada poco a poco, siguió progresando y desarrollándose la vida y la cultura de aquella civilización de superhombres. Pero no todos volaron a Ganímedes. Parece que algunos, quizás los más reacios a dejar su mundo o tal vez los postreros fugitivos del desastre, llegaron hasta la Tierra... Ya, por entonces comenzaba a florecer la humanidad en estos lares. Los hombres bajados del cielo fueron recibidos como dioses por las primitivas tribus de esas épocas, y su presencia explica el misterio de tantos seres mitológicos en la multitud de leyendas aborígenes en los más remotos pueblos de este mundo.


Pero no solamente hay leyendas al respecto. Recientes des. cubrimientos arqueológicos vienen a respaldar este aserto. Uno de los más asombrosos es, a no dudarlo, el realizado en México por el arqueólogo Alberto Ruiz Luillier, el año de 1952, en la Pirámide de Palenque, en el Estado de Chiapas, que ha merecido ser divulgado ampliamente, en todo el mundo, por la prensa, la radio y la televisión, conmoviendo profundamente a todos los círculos científicos especializados. Es el caso que muchos han denominado "enigma del Hombre de la Máscara de Jade".


En la mencionada Pirámide de Palenque, fue descubierto el sarcófago con los restos momificados de un ser a quien los Mayas habían adorado como el dios Kulkulkan. Estaba rodeado por todos los atributos de la divinidad en el culto milenario de esa raza, llevando el rostro cubierto por una fina máscara de jade y oro. Pero lo más notable del hallazgo lo constituye la piedra sepulcral que tapaba esa tumba: es una losa monolítica de 3.80 metros do largo por 220 metros de ancho, con un espesor promedio de 25 centímetros y un peso de seis toneladas, en la que se encuentra esculpida nítidamente la figura de un hombre sentado en el interior de una máquina que guarda extraordinario parecido con las cápsulas espaciales empleadas, actualmente, por nuestros cosmonautas.

 

La escultura maya muestra a ese hombre en actitud de manejar dicho artefacto; tiene ambas manos en las palancas de comando, claramente representadas, y el pie derecho pisando un pedal. Lleva la cabeza con un extraño casco y un vástago del mismo, a manera de tubo o manguera, está aplicado a la nariz. El diseño de todo el conjunto comprueba la evidente intención de reproducir los complicados mecanismos de una nave espacial, con sorprendente similitud a las que hoy usamos en la Tierra, pues se ha cuidado hasta el detalle de la expulsión de gases, o fuego, por la parte posterior del artefacto.


Por todo el mundo han circulado las fotografías y dibujos de tan extraordinario descubrimiento. Está demás decir que tanto la momia, como el sarcófago y los objetos encontrados en la tumba, fueron sometidos a todas las pruebas con que nuestra ciencia actual puede determinar la autenticidad y antigüedad de los mismos, y los resultados de esas pruebas, incluso las del carbono 14, rindieron un veredicto irrefutable y desconcertante: El Hombre de la Máscara de Jade y la piedra esculpida con tan extrañas figuras datan de hace 10 mil años...


Además, de las investigaciones realizadas se desprendió, también, que el personaje enterrado bajo aquella enigmática losa no era de raza maya. Su morfología y la estatura de la momia eran notablemente distintas a las de los mayas. El "Dios Kulkulkan" —como lo denominaban— tuvo una talla de 1.72 aproximadamente, y caracteres raciales marcadamente distintos a los de los antiguos pobladores de lo que, después, fue México y la América Central.
 

Pero no es el de la Pirámide de Palenque el único caso que nos prueba la visita a la Tierra, desde hace milenios, de seres de una raza y con una civilización muy superiores. Durante siglos, nuestra humanidad se creyó la única habitante del universo. Las distancias y los primitivos medios de comunicación en tiempos remotos de nuestro planeta, favorecieron la ignorancia de muchos núcleos, y el lento desarrollo de los pueblos, hasta hoy día, ha sido la base de conceptos erróneos y del olvido, para millones de seres humanos, de la existencia de otros hombres y de otras civilizaciones en diferentes mundos repartidos en el Cosmos.


Sin embargo, en distintas ¿pocas y en varios lugares han quedado las huellas irrefutables de esas visitas de seres y máquinas ex trate tres tres. Los arqueólogos y los eruditos en la materia poseen, ya, un copioso archivo de datos al respecto. Muchos se han rendido a la evidencia de pruebas irrefutables como la del Hombre de la Máscara de Jade.

 

Otros, aún dudan... Pero ¿cómo podrán explicar hechos y conocimientos de pueblos remotos cuyas pruebas se han mantenido a través del tiempo?


Otro de los casos maravillosos en los albores de la civilización terrena, es el de la famosa pirámide de Keops, en el antiguo Egipto, Ha sido estudiada por legiones de sabios en el curso de varios siglos, y el resultado de todos esos estudios llega a la conclusión de que tuvo que ser dirigida, en su construcción, por hombres que poseían una ciencia que, en materia de matemáticas, astronomía y metafísica, en ingeniería y arquitectura, igualan o superan todavía a las actuales. Los cálculos astronómicos evidenciados en la pirámide egipcia demuestran que, hace seis mil años, en el Egipto hubieron sabios conocedores de los secretos de nuestro sistema solar, de las constelaciones que nos rodean, de las estrechas relaciones entre los demás astros y la Tierra, de las fuerzas naturales y de las leyes cósmicas hasta el grado de permitirles predecir el futuro de nuestra humanidad y de su civilización en todo un ciclo de seis mil años, sin equivocarse...


Los viejos papiros egipcios contienen abundantes alusiones al respecto, y un papiro de la época del faraón Tutmosis III, escrito mil quinientos años antes del nacimiento de Cristo, relata los detalles de la visita de un "platillo volante" y describe al aparato en los pintorescos términos que el asombrado autor pudo expresar.


Las mitologías de Asiria, Babilonia, Persia, la India y el Tibet, además de los mayas y de los egipcios, abundan en referencias de este tipo. Todas ellas coinciden en mencionar las visitas de "dioses que bajan de las estrellas, en cairos o naves de fuego, que instruyen a los humanos y luego regresan al cielo, rodeados por grandes resplandores".

 

Los antiquísimos libros de la India, Samarangana Sutradara, el Mahabarata y el Ramayana, escritos ha. ce miles de años, contienen precisas descripciones de viajes realizados por "platillos volantes", denominados en sánscrito "Vimanas", conduciendo a dioses que bajaron a la Tierra.


Y en las legendarias tradiciones del pueblo chino, también, encontramos la explicación de su origen atribuido a la venida de seres divinos, bajados del cielo para enseñar a los hombres. Recordemos que los antiguos emperadores de China fueron llamados siempre, "Hijos del Cielo..." Y ¿qué explicación tendrían las pinturas encontradas por el explorador Henri Lothe en las cavernas de Tassili, en pleno desierto del Sahara?

 

Este descubrimiento tuvo lugar el año 1956 y aquellas figuras, que representan a seres muy parecidos a nuestros astronautas, tienen, igualmente, una antigüedad de más de diez mil años...
 

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CAPITULO V
Cómo son las Máquinas que llaman O.V.N.I.S.


En esos quince días en que estuve todo el tiempo con Pepe, preparando su partida definitiva de la Tierra, me narró muchas cosas que. a veces, no podía escribir, pues conversábamos constantemente. a todas horas, y muchas de sus explicaciones tuve que retenerlas en la memoria, por haber sido detalles que me daba en público, en el diario transitar en demanda de los arreglos necesarios para su partida.


Esto aclara que, en algunos pasajes de esta obra puedan deslizarse, tal vez, errores de concepto o de interpretación debidos a mi desconocimiento técnico o científico relativos a ciertos temas tratados con mayor autoridad por él, pero que sólo pude retener mediante rápidos y no siempre detallados apuntes. Hago esta salvedad porque deseo que mi versión logre ser sincera, aun cuando en ciertos aspectos de orden científico, no llegara a interpretar correctamente en todas sus partes, las sorprendentes explicaciones de mi amigo.


Ya he manifestado en la primera parte, la impresión que yo tuve al contemplar, junto con los míos, la enorme maquina que descendiera en el jardín de su casa la noche en que Pepe abandonó, para siempre, este planeta...


Era como una gigantesca lenteja metálica, de mas o menos quince a veinte metros de diámetro, con una cúpula central que podía tener hasta tres metros de altura, contando desde la base del aparato. En todo el contorno exterior, o filo de aquella "lenteja" que rodeaba la cúpula, se veía una hilera de huecos pequeños, como toberas de escape.

 

A ambos lados de la mencionada cúpula pude apreciar ventanas angostas y alargadas, algo así como los parabrisas de automóvil, sin lograr ver el interior por la distancia a que nos encontrábamos esa noche, pues ya expliqué cómo fue nuestra despedida: mi familia y yo, profundamente impresionados, permanecimos en la puerta de la casa que da al Jardín, sin acercamos al "platillo", cuando Pepe, después de abrazarnos, ingresó a la máquina.

 

Para hacerlo, subió por una escalerilla de metal que había descendido de la base de una puerta, o mamparo, que se abriera en la cúpula, frente a nosotros, en el centro de los dos ventanales ya descritos, abertura en que lo esperaron dos personas de estatura como la nuestra, que vestían escafandras, a mi entender, iguales o parecidas a las de nuestros astronautas.


Cuando el OVNI, se elevó, brotaron chorros de fuego de los huecos circundantes en toda la circunferencia exterior de la "lenteja", y me pareció que el metal de la estructura del platón, —no así la cúpula—, cambiaba de color con una brillante iridiscencia. También me llamó la atención que toda la maniobra se efectuara sin mayor estruendo, pues sólo escuchamos un leve zumbí. do, que se perdió rápidamente a medida que la nave se alejaba en el espacio.


Hasta aquí, lo que yo viera. Pepe me había explicado cómo fueron los dos viajes, de ida y vuelta, a Ganímedes, y su paso, las dos veces, por la base espacial, a que me he referido, en la primera parte de este libro. Me dijo, entonces, que había viajado en dos modelos de astronave diferentes en tamaño y poder, aunque similares en sus características esenciales: que de la Tierra a la base espacial y viceversa, emplearon un tipo más pequeño, con capacidad para seis personas; pero que de la base hasta Ganímedes usaron máquinas mucho más grandes y poderosas, en las que cómodamente podrían viajar más de veinte tripulantes.

 

Las características principales de esas naves se diferenciaban enormemente de las que estamos empleando en la Tierra, tanto en estructuras cuanto en energía, maniobras y velocidades.


Los dos modelos descritos por mi amigo estaban formados, estructural mente, por dos cuerpos concéntricos: la cabina de comando y la cámara de máquinas. La cabina de mandos ubicada en la cúpula central, era algo así como el cerebro electrónico de todo el conjunto, desde el que los tripulantes podían controlar y dirigir el funcionamiento de los complicados mecanismos productores de energía c impulsores de la nave espacial, repartidos, a su vez, en todo el espacio interior del otro cuerpo, o cámara de máquinas, llenando la circunferencia de forma lenticular que rodea al cuerpo central.


Los hombres de Ganímedes han llegado a producir y controlar, de manera absoluta, la energía atómica y la termonuclear. Poseen, también, el secreto de neutralizar a voluntad los efectos dañinos de las radiaciones y su conversión automática en nuevas formas de energía, que unidas, al aprovechamiento de energía proveniente de los rayos solares, de los rayos cósmicos y de las vibraciones lumínicas y sonoras, cuyo dominio llega en ellos a lo que en la Tierra nos parecería milagroso; es así como sus máquinas del espacio han podido alcanzar metas que aun nos falta mucho por lograr.


En primer lugar, cuentan con materiales completamente desconocidos en la Tierra. Han desarrollado aleaciones de metales que resisten a todas las fuerzas de la naturaleza, por poderosas que éstas sean y por adversas que fueran las circunstancias en que actúen. Tienen, también, productos moldeables o plásticos de propiedades tan maravillosas que nuestros químicos y físicos actuales se resistirían a aceptar.

 

Esto fue evidenciado por Pepe al comprobar las asombrosas velocidades que esas máquinas pueden alcanzar. Ya se ha dicho en la primera parte, del desconcertante asombro con que viera alejarse nuestro mundo en cuestión de minutos, y cómo, al calcular la posible velocidad con referencia al vertiginoso alejamiento de nuestro planeta, estuvo a punto de sufrir un síncope al darse cuenta de los resultados de su cálculo. El trayecto desde la Tierra hasta la base construida por ellos en el espacio. que, según le informaran, dista poco más de diez millones de kilómetros de nosotros, tardó sólo ¡una hora y minutos...!


Un simple cálculo basta para llegar a una cifra que, en la actualidad, nos produce escalofrío: ¡3.000 Km. por segundo! ¡Sólo cien veces menos que la velocidad de la luz! Cuando tratamos de esto, Pepe me manifestó que su primera reacción había sido de incredulidad. Pero sus acompañantes en el OVNI, leyendo su pensamiento, le dijeron que esperara a llegar a Ganímedes, con lo cual comprobaría aquello y mucho más.


No necesito repetir lo expuesto en la primera parte acerca de la segunda etapa del viaje. La distancia de 760 millones de kilómetros que nos separa de Ganímedes fue cubierta, entre las dos etapas, en un total de ¡tres días y cuatro horas, aproximadamente!... Esto corroboró, de nuevo, los primeros cálculos efectuados y el promedio de vuelo a una velocidad media de diez millones, ochenta mil kilómetros por hora...!


Todo ello resulta increíble, y así opiné, en ese entonces. Por que, además de los problemas directamente relacionados con 1A fuerza impulsora necesaria para alcanzar una supuesta velocidad de ese tipo, había que tener en cuenta los diferentes problemas derivados de la resistencia de materiales, gravitación, inercia, problemas de orden térmico, biológico y funcional sobre los organismos vivientes. Todo ese cúmulo de barreras que nuestra ciencia y nuestra técnica calculan hoy ante posibilidades de tal envergadura.

 

Pero, a todas mis objeciones, Pepe se limitó a decir:

"Si hace, únicamente, dos siglos, a nuestros antepasados les hubiéramos hablado de la televisión, de los viajes a la luna, del control remoto de máquinas en el espacio y de los adelantos de la electrónica y de la energía nuclear, nos habrían tomado por locos..."

Y después me explicó lo que lograra conocer sobre esas naves espaciales prodigiosas. Me advirtió, sin embargo, que sus tripulantes no quisieron proporcionarle detalles minuciosos acerca de los mecanismos ni de ciertas particularidades sobre propulsión, fuentes de energía, aplicación de fuerzas y conversión o neutralización de las mismas, y que lo obtenido era sólo fruto de sus observaciones personales, a la luz de lo aprendido por él en la Tierra y de la comparación de sus conocimientos con los nuevos fenómenos comprobados en el viaje.


Ya se ha dicho que las estructuras y todas las piezas de que están formadas esas máquinas, son de materiales completamente desconocidos en la Tierra. Por tanto sus resistencias y reacciones a las fuerzas y leyes de la naturaleza por nosotros conocidas, son diferentes. Parece que su fuerza impulsora es el resultado de un complejo sistema en el que intervienen: energía termonuclear do minada y controlada en absoluto, el desarrollo de poderosos campos magnéticos y el auxilio y aprovechamiento simultáneo de nuevas fuentes de energía cósmica y lumínica hasta ahora desconocidas por nosotros.

 

Si un rayo de luz viaja en el espacio a 300.000 Km. por segundo, y si las microscópicas partículas que forman los rayos lumínicos pueden ser susceptibles de concentrarse y de dirigirse como, por ejemplo en los Láser, ¿quién se atreverla a negar que. dentro de condiciones especiales, a través de mecanismos todavía no imaginados por nuestra humanidad, y en el amplio campo de las onda) electromagnéticas y de los rayos cósmicos, otra humanidad haya alcanzado a encadenar la fuerza de esas partículas, obligándolas a proporcionar una parte de su energía cinética en provecho de todo el conjunto...


De las observaciones efectuadas, pudo deducir que los dos cuerpos concéntricos a que se ha hecho mención: la cúpula central o cabina de mandos, y la plataforma circular externa o cámara de máquinas, no obstante estar sólidamente unidos, quedaban aislados, automáticamente, por la inserción de materiales que, sin disminuir la solidez del conjunto, garantizaba la independencia y seguridad de la cabina interior, neutralizando fuerzas y posibles radiaciones. Aún cuando los tripulantes pudieran cometer algún error o descuido fortuito, el sistema de control electrónico del aparato los ponía, constantemente, a salvo de los riesgos propios de tan extraordinarios viajes.

 

Tal sistema abarcaba la solución total de los problemas que para nuestros físicos presentan los viajes espaciales, y muchos otros aún desconocidos en la Tierra. Uno de los más serios obstáculos que tienen que vencer nuestros coterráneos es el conjunto de fenómenos derivados de la ley de gravedad. Los astronautas de Ganímedes se ríen de esto: ellos han resuelto, hace mucho tiempo, todos los problemas relacionados con lo que nosotros llamamos "gravedad" según la definición de Newton. Sus máquinas pueden neutralizar, a voluntad, toda forma de atracción de masas, liberándose así, cuando conviene, de la influencia en tal sentido de cualquier cuerpo celeste o astro.

 

Esto les permite realizar las maniobras que han desconcertado a muchos técnicos que, alguna vez, llegaron a ver un OVNI. Explica el por qué pueden elevarse con toda suavidad y lentitud y alejarse del suelo a cualquier tipo de velocidad. Sabemos que nuestras naves espaciales deben iniciar su vuelo con determinada velocidad, según su tamaño y peso, para lograr la fuerza de "arranque" o sea la velocidad inicial que, contrarrestando a la fuerza de gravedad, permita a la máquina alejarse de la Tierra, sin la cual no podría continuar su trayectoria y caería de nuevo al suelo.


En cambio, los Ovnis suben y bajan con toda suavidad, pueden detenerse en el espacio a cualquier altura y permanecer inmóviles todo el tiempo que sus tripulantes deseen, y realizar toda clase de virajes en ángulos inverosímiles para nuestros aviadores, sin que la máquina o sus ocupantes sufran en lo más mínimo. Poderosos campos magnéticos y la combinación de fuerzas a que ya se ha aludido más arriba, logran esto, aparte de la calidad especial de los materiales mencionados.

 

En cuanto al organismo y funciones biológicas de sus tripulantes, sucede lo mismo: en los momentos críticos de ciertas maniobras, como ascensos y descensos, o en los cambios bruscos de velocidad o virajes violentos, toda la estructura y muy particularmente la cabina central son rodeadas por una fuerza cuya magnitud está en relación directa con las fuerzas naturales que ha de vencer, manteniendo así a la nave dentro de lo que podíamos llamar un "campo gravitacional propio".

 

En esta forma quedan anuladas todas las reacciones por gravedad o inercia, y han vencido todos los efectos desagradables y peligrosos provenientes de los cambios de presión, desgravación o pérdida de peso en el espacio exterior, y los consiguientes efectos fisiológicos y psíquicos para sus ocupantes.


Otro problema, que hasta ahora resulta una valla insalvable para nuestros sabios: el recalentamiento por la fricción de los cuerpos, que puede tener resultados terroríficos al atravesar las zonas de atmósfera, de la Tierra o de otros astros, ha sido, también, re. suelto por ellos.

 

Un sistema automático protector absorbe la energía térmica a medida que ésta se va generando en toda la cubierta exterior de la astronave, transformándola en refrigeración controlada y en fuerza propulsora; de tal suerte la capacidad del vuelo permite alcanzar velocidades muy superiores, dentro de la atmósfera, a todo lo calculado por nuestros científicos, aún cuando, en verdad, dentro de esas zonas no se llegue nunca a los límites asombrosos que más arriba se ha indicado.

 

Recordemos que, en la primera parte, nuestro amigo explicó cómo habla notado un apreciable cambio de velocidad entre el tiempo que permaneció ran en la atmósfera terrestre y cuando alcanzaron el espacio interestelar.


Otra de las características especiales observadas por él fue la referente al sistema de detección a distancia. Nosotros hemos desarrollado el radar Lo que ellos poseen al respecto reúne las condiciones de servicio, combinadas, del radar, la televisión y la telemetría telescópica. Una experiencia interesante fue presenciada por Pepe cuando atravesaban la zona conocida como Cinturón de Asteroides, ya mencionada anteriormente. En la respectiva pantalla de la cabina de mandos apareció de pronto la imagen de un meteorito que se aproximaba velozmente en la misma trayectoria seguida por la nave.

 

Por las ventanas del aparato no se distinguía nada. Los tripulantes le llamaron la atención y le dijeron, telepáticamente, que iban a eliminar ese obstáculo. Nuestro amigo seguía sin ver nada a través del ventanal. En la pantalla de control el asteroide continuaba acercándose y era visible en todos sus detalles. Uno de los astronautas reguló una llavecita y oprimió un botón. En la pantalla se vio estallar, en formidable explosión, al meteoro y, al mismo tiempo, nuestro amigo pudo ver por las ventanas, en la misma dirección en que viajaban pero a una distancia enorme, un destello fugaz que desapareció...

 

Al mirar de nuevo, inquisitivamente a sus acompañantes, la respuesta fue:

"Rayos cósmicos... y de Luz...".

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CAPITULO VI
Las Bases en el Espacio


Se ha dicho, en la primera parte, que en ambos viajes —a la ida y a la vuelta de Ganímedes— hablan hecho escala en una base espacial. La primitiva posición de esa base, a juzgar por los datos obtenidos por mi amigo, se encontraba a poco más de diez millones de kilómetros de la Tierra; pero en la segunda visita, los cálculos por él efectuados, a partir del tiempo que emplearon en el regreso, arrojaban casi el doble de aquella distancia.

 

Esto, y las observaciones más cuidadosas que pudo efectuar en esa nueva oportunidad, lo convencieron de que la mencionada base no mantenía una posición fija, sino que variaba de lugar.
 

Ampliando sus observaciones con los datos que pudo obtener de los mismos tripulantes de las astronaves, había llegado a la conclusión de que aquel artefacto espacial no sólo cambiaba de posición, sino que, para ello poseía los medios necesarios, la fuerza y las fuentes de energía suficientes para mantenerse en el espacio indefinidamente, cambiando de lugar a voluntad de sus ocupantes, dentro de un plan establecido y coordinado con el funcionamiento de otras bases similares, repartidas en diferentes puntos de nuestro sistema planetario.

 

No se le dijo cuántas eran esas bases; pero no le negaron su existencia. Aún más. le informaron que obedecían a un sistema y que integraban una organización de servicio permanentes, que permitía a los habitantes de "Su Reino" conocer y mantener información constante acerca del desenvolvimiento evolutivo de toda la familia de astros integrantes de lo que nosotros llamamos nuestro sistema solar.

 

También se le manifestó que todo el conjunto formado por esas bases, aparte de facilitarles su comunicación con los diferentes mundos que lo integran. eran estaciones de control, de regulación y de abastecimiento, que permitían almacenar transitoriamente determinadas substancias, obtenidas de la naturaleza de algunos de los planetas de esta familia sideral.


Todo esto fue comprobado, más tarde, por Pepe. Recordaba en efecto, que en el viaje de ida, efectuado, como se dijo, en una máquina mucho más grande, vio introducir buen número de bultos, algo así como cilindros de metal bruñido y parecido al acero inoxidable, en un Amplio compartimiento, o depósito de carga, bajo la cabina central de la nave. Se ha dicho, ya, que entre las bases y el mundo ocupado por ellos, se emplea tipos de astronaves mucho mayores de las usadas para lo que podíamos llamar los viajes cortos. Mi amigo vio máquinas con capacidad para conducir más de 40 o 50 personas, y además apreciable cantidad de carga en compartimientos especiales.

 

En informaciones posteriores a su partida, me proporcionó mayores detalles al respecto.


Las bases espaciales de esa raza de superhombres tenían dimensiones suficientes para contener todo un completo equipo de maquinarías capaz de proporcionar formas de fuerza y energía requeridas por el mantenimiento, permanente, en el espacio, de un grupo de personas que pasaba en ellas determinados períodos de tiempo. Generalmente eran turnos renovables cada lapso comparable con nuestros meses (porque las medidas de tiempo en Ganímedes son diferentes a las nuestras, como ya se explicará más adelante). Durante esos turnos las distintas tripulaciones disfrutan de todas las comodidades iguales a las que tienen en sus propios hogares, pues viven en edificios acondicionados como se explicó en la primera parte, en los que dentro de espacios, en verdad más reducidos, poseen todo el confort necesario para no hacer tediosa la misión en tales sitios.


Casi todo el trabajo allá es en recintos interiores. Sólo cuando se trata de efectuar o recibir viajes, requieren de sus escafandras para actuar al exterior. Y la labor desarrollada por ellos, en su mayor parte, es de control y supervisión de los equipos y maquinarias. Todo funciona automáticamente, y las fuerzas empleadas en todo el complejo conjunto de aquellos mecanismos, proviene de fuentes de energía termonuclear, combinadas con otras, como ya se dijo, en la que intervienen el dominio y aprovechamiento de los rayos gamma, cósmicos, fotones o corpúsculos de luz, iones, vibraciones sonoras y radiantes de varios tipos y todo un sistema mucho más avanzado que el nuestro para el aprovechamiento integral de protones, neutrones y electrones, además de nuevos corpúsculos atómicos desconocidos por nosotros...


Pepe me advirtió que muchos de estos aspectos científicos no pudo conocerlos en detalle, porque en esa primera etapa de contacto con la civilización de Ganímedes no se le dieron sino informaciones muy escuetas. Comprendía que deseaban mantener en reserva muchos de los secretos de sus conquistas y de su adelanto, hasta que él se estableciera, definitivamente, entre ellos; pero que le habían prometido enseñarle todo, una vez que estuviese formando parte de su mundo...


Sin embargo, con lo observado en ese lapso, hay abundante material de estudio y de comparación para los sabios de nuestra Tierra.


Por ejemplo, se ha dicho ya que, en lo referente a las energías de tipo atómico y termonuclear, en la fisión o fusión de los átomos, han alcanzado niveles tan superiores a los nuestros que las fuerzas emanadas de ambas fuentes son utilizadas amplia y permanentemente en todas las actividades de la vida diaria de ese mundo, y en todos los centros pertenecientes a esa raza, como en sus astronaves y bases espaciales. Han logrado dominar y controlar a voluntad cuanto se relaciona con esas fuerzas, tanto en sus aspectos positivos cuanto negativos.

 

Los problemas de su producción, control y aprovechamiento fueron resueltos desde los tiempos remotos a que se refieren las más antiguas alusiones que la historia de nuestra humanidad conserva sobre ellos. En el correr de los siglos perfeccionaron métodos y sistemas que les permitieron encadenar bajo sus manos aquella fuente universal de energía, convirtiendo la gigantesca fuerza de las estrellas en un dócil y obediente esclavo de su civilización, como si hubieran querido imitar, en la realidad, el fantástico y simbólico cuento de "Las Mil y Una Noches" que nos habla del Genio encerrado en la lámpara de Aladino...


Ya se ha dicho que la radioactividad ha sido controlada y aprovechada por ellos en variadas formas. Poseen un material, metal, aleación, o lo que sea, que no sólo impide el paso de las radiaciones, sino que las anula por completo. Delgadas láminas de dicho material bastan para neutralizarlas, y de tal suerte están protegidos todos los núcleos productores de fuerza y cuanto artefacto, mecanismo o ambiente sea menester aislar. Además, el mencionado material es relativamente liviano y muy versátil. Abunda en todas las instalaciones y aún en los accesorios o implementos de trabajo exterior, entra en la confección de los sistemas protectores, cuando éstos, en alguna forma, puedan estar expuestos a recibir la más mínima proporción radiactiva.


Si a todo esto añadimos que, en los miles de años durante los cuales aprovechan estas fuerzas, llegaron a descubrir medios y métodos aún no imaginados en la Tierra, no nos extrañaría saber que, también obtienen los mismos resultados y mejores en toda la línea de producción, con materia prima diferente. Ellos no necesitan ya de los primitivos sistemas a base de uranio o del plutonio. Utilizan varios elementos mucho más comentes y tan abundantes en la corteza de la mayoría de los astros que nos rodean, que se puede decir qui. son inagotables y baratísimos.

 

Tal vez los cargamentos como los que viera Pepe trasladar en la astronave que lo condujo a Ganímedes, tengan algo que ver con ésto... Y si tenemos en cuenta, igualmente, que han llegado a dominar todas las limitaciones térmicas, y a reducir al mínimo los espacios requeridos para la producción y transformación de esos tipos de energía, podremos comprender mejor los prodigiosos coeficientes alcanzados por sus naves interplanetarias y sus bases espaciales. Recordemos, en pequeño, el gran adelanto que entre nosotros ha representado, en electrónica, el descubrimiento y utilización de los transistores, en reemplazo de los anticuados y morosos tubos de vacío.


Otro de los detalles que llamó poderosamente la atención de Pepe, en la base, en los vehículos y, después, en la ciudad que conociera, fue el del sistema de iluminación. Ya dijimos en la primera parte cómo se sorprendió al no descubrir, en lugar alguno. interior o exterior, nada que pudiese parecerse a determinada forma de alumbrado, como nosotros lo entendemos o utilizamos.

 

Cuando se acercaba, en el viaje de ida, a la estación espacial, de lejos había tenido la impresión de ver una estructura metálica esferoidal brillando fuertemente en medio de la tiniebla sideral. Sin embargo, cuando llegaron, pudo comprobar que se trataba de una gigantesca plataforma, de varios pisos, en la que estaban distribuidos equilibradamente los diversos compartimentos a que antes nos hemos referido. Lo que daba la sensación de esfera eran unos arcos ligeros vibrátiles, de material o substancia que no pudo precisar. aparentemente no sólidos; pero que limitaban en todo el contorno de la base, o mejor dicho, en todo su perímetro, una zona de luz azulada, suave a la retina pero lo suficientemente intensa como para mantener perfectamente iluminados los más apartados rincones de tan gigantesco artefacto espacial. Y la misma luz estaba presente en todos los recintos interiores.


Cuando inquirió al respecto, la información que le dieron fue parca y condicionada a una posterior enseñanza en su futura permanencia en "el Reino". No obstante, pudo comprender lo siguiente: El espacio interplanetario no está absolutamente vacío, la nada no existe en el Universo.

 

Aún los ilimitados espacios que separan las constelaciones, las galaxias, las nebulosas; todos esos millones de millones de millones de kilómetros que median entre unas y otras, aparentemente vacíos, contienen, aparte de polvo cósmico imperceptible, aparte de los distintos rayos invisibles que parten de los incontables mundos que los pueblan, en medio de todo ese páramo solitario de distancias astronómicas, una substancia tan sutil, tan imponderable, que no ha podido ser ni calculada por nuestros astrónomos: Llamémosla "substancia matriz universal" o "materia primigenia".

 

Si tal "substancia" es también, susceptible de estar formada por partículas tan infinitamente microscópicas que no puedan evidenciarse por ningún instrumento, pero que, no obstante, sirvan de medio comunicante para todas las formas ondulatorias o vibrátiles de la Vida o la Energía, el fenómeno de un tipo de iluminación como el que nos ocupa, sólo se reduce a encontrar los elementos y los medios para poder ionizar con energía fotónica las susodichas partículas...


Antes de terminar esta reseña sobre la red de bases mantenidas en el espacio por esa raza de superhombres, conviene referimos a otro aspecto interesante: el método de construcción y traslado de las mismas. En la Tierra se estudia, ya, la posibilidad de establecer estaciones o bases espaciales. Todavía no se calcula que puedan ser tan grandes como para servir de asiento a una tripulación permanente y numerosa, y para asegurar perfectas condiciones de servicio autoabastecido en largos períodos de tiempo, con garantía de permanencia indefinida y potencialidad suficiente para recorrer todos los espacios interplanetarios a voluntad de sus tripulantes. No creo que se haya imaginado todavía planes de tal magnitud.

A juzgar por los ensayos y estudios actuales, esas posibles bases serían reducidas a los alcances de nuestra técnica espacial actual, y dentro de sistemas conocidos de propulsión y mantenimiento, similares a los empleados en los viajes lunares. Además, tendrían que ser construidas en el espacio, mediante el acoplamiento de estructuras parciales, conducidas por los mismos medios de que hoy nos valemos para enviar a la Luna los módulos y equipos transportados, que no pueden sobrepasar determinados límites en tamaño y peso, porque seguimos siendo frenados por los problemas ya enunciados antes.


En cambio, los de Ganímedes pueden construir, tranquilamente sus gigantescas bases espaciales en los mismos talleres, o usinas, sobre la superficie de su astro, a suelo firme, con todo el tiempo y seguridad necesarios para garantizar el acabado perfecto de todas sus partes. Luego. por sus propios medios de propulsión y conducidas directamente por sus propias tripulaciones, son sometidas a ensayos previos de ascenso, maniobra y descenso, antes de enviarlas, definitivamente, al lugar de su destino.

 

Debemos tener en cuenta que, por lo ya explicado con respecto a materia-les, potencialidad, fuerzas propulsoras y demás detalles anotados anteriormente, se encuentran en situación sumamente ventajosa para poder superar, con creces, la velocidad de escape de su astro que, siendo la mitad de masa que la Tierra, es enormemente inferior a los 11,2 kilómetros por segundo que, en nuestro mundo tenemos que vencer para poder alejarnos de la gravedad del planeta ...
 

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CAPITULO VII
Cómo es Ganímedes


Para comprender mejor el ambiente que rodea a esa humanidad, es necesario conocer las condiciones reinantes en la familia de astros que forman el grupo joviano, como se denomina en astronomía al conjunto planetario integrado por Júpiter y sus doce satélites. Ya se dijo, anteriormente, que ese gigantesco planeta representaba, hasta cierto punto, un sistema planetario menor, dentro de la familia de astros que integral, nuestro sistema solar.

 

Y las enormes dimensiones jupiterianas, así como la gran distancia que lo separa del Sol, dan lugar a características especiales que diferencian, bastante, a ese grupo de mundos, si lo comparamos con la Tierra y los otros tres planetas interiores que conforman la serie llamada, también de "planetas terrestres", o sea a los cuatro cuerpos celestes más cercanos al Sol que giran en órbitas interiores con respecto a la zona de los asteroides, y que son: Mercurio, Venus, Tierra y Marte, además de sus respectivos satélites.


Júpiter recorre su órbita en torno al Sol en un lapso de casi doce años de los nuestro.. La distancia que lo separa del astro rey de nuestro sistema solar es de 778 millones de kilómetros y su diámetro se calcula en 143,000 kilómetros, lo que hace que tan gigantesco planeta sea más de ciento veinte veces mayor que la superficie de la Tierra.

 

Está rodeado por una espesa capa de nubes, de muchos miles de kilómetros de espesor, con temperaturas promedias de 110° centígrados bajo cero, que ofrecen el aspecto de franjas paralelas, claras y obscuras, que constituyen la característica más notable del astro, entre las cuales se ha venido observando en el último siglo una extensa mancha roja de unos 40,000 kilómetros de largo que parece desplazarse en torno al planeta y cuyo origen es todavía desconocido por nosotros.


Recientes observaciones han llegado a establecer que tras de esa compacta masa de nubes existe una superficie sólida que acusa altas temperaturas, hasta 330° centígrados, lo cual hace pensar en una intensa actividad volcánica y en la imposibilidad de la existencia de un tipo de vida orgánica y biológicamente considerada como la nuestra.


Ya hemos dicho que Júpiter posee un sistema de doce satélites, de los cuales ocho no tienen mayor importancia, por ser tan pequeños que podría considerárseles como simples asteroides. Pero los otros cuatro, entre los que figura Ganímedes, y que fueran descubiertos y clasificados por Galileo desde 1610, son ya de dimensiones apreciables. El orden en que giran en tomo al gigantesco planeta es: lo el más cercano, con un diámetro de 3735 kilómetros; Europa, con 3.150 Km. de diámetro; Ganímedes, con 5.150 Km. de diámetro; y Calisto, con 5.180 Km. de diámetro. Se ve, por tanto, que Ganímedes es notablemente más grande que el planeta Mercurio.


Ganímedes se encuentra a diez millones 70,000 Km. de distancia de Júpiter, girando en una órbita circular en torno a éste equivalente a 7 días, 3 horas, 42 minutos y 32 segundos de los nuestros, por cuanto las medidas del tiempo allá difieren mucho de las nuestras por razones obvias. Además, en aquel satélite joviano, cuya rotación sobre sí mismo se efectúa en un eje perpendicular a su órbita, presentando siempre la misma cara al planeta, no existe el día y la noche como en la Tierra.

 

Esto se debe a que recibe luz de dos fuentes: por un lado la recibe del Sol, que aún cuan. do sea en menor intensidad que nosotros por la mayor distancia, llega todavía con suficiente volumen de luz y calor, energías vitales que son acrecentadas por sus sabios habitantes como lo veremos más adelante. Y por el otro lado recibe la luz reflejada por Júpiter, como si fuera un gigantesco espejo, que desde Ganímedes se ve cual una monstruosa pelota luminosa, achatada y con franjas.

 

De tal manera, lo que nosotros conocemos como "día" dura allá casi cuatro de los días nuestros; y lo que llamamos "noche", que en ese astro es el tiempo empleado en recorrer el cono de sombra proyectada por Júpiter, o sea la parte posterior del planeta con respecto al Sol, es el saldo del período en que realiza su revolución completa según lo indicado más arriba.

 

Este lapso de obscuridad, de casi tres días y medio de los nuestros, transcurre dentro de un régimen de iluminación artificial de todas las zonas pobladas, como veremos según vayamos avanzando.


Por todo lo que acabamos de exponer, vemos que Ganímedes es, realmente, un mundo de contrastes muy marcados; hasta cierto punto, un mundo paradójico, en el cual se encuentra condiciones ambientales tan opuestas, fenómenos naturales tan antagónicos, en medio de una naturaleza tan agreste, que bien cabría decir que se trata de un mundo cuya naturaleza, violenta y explosiva, fue dominada por la inteligencia del hombre, al transformar lo negativo en positivo, lo absurdo en lógico, lo violento en dócil... Un mundo que nos prueba cómo es posible utilizar hasta las más adversas condiciones de existencia, cuando se cuenta con la sabiduría y el poder necesarios para ello.


En la primera parte se dijo que mi amigo había encontrado "un mundo de extraña belleza". Ahora trataremos de explicar el alcance y profundidad de esa expresión. Una visión panorámica del astro, que nos permitiese abarcarlo de cerca en todos sus detalles, nos mostraría el mapa de una superficie profundamente accidentada. Una topografía bastante parecida a la que nos mostraran algunas regiones montañosas de la Tierra tales como las imponentes moles de la Cordillera de los Himalayas.

 

La superficie de Ganímedes está formada por una serie ininterrumpida de grandes cordilleras que se entrelazan, en todas direcciones, elevando a considerables alturas sus majestuosos picos eternamente cubiertos por espesos mantos de nieve y hielo. Ese blanco y helado ropaje se extiende por doquier, a través de la abrupta maraña de aquel mosaico orogénico formado por la tremenda actividad volcánica del astro.

 

Pero, en medio de ese gélido conjunto de montañas, con su extenso sistema de glaciares y ventisqueros, notamos, ya, la abigarrada presencia de numerosos y profundos valles en los que la policromía del paisaje va desde los diferentes matices del verde, con azules y anaranjados tonos, producto de la vegetación y de fa actividad vital de sus pobladores, hasta los rutilantes destellos que las concentraciones urbanas, todas de aspecto metálico, proyectan hacia la altura, como si fueran las múltiples facetas de un formidable joyero de gigantescos diamantes.


La vida en Ganímedes se extiende a través de ese mosaico de profundos valles, enclavado entre las redes de aquel enjambre de sólidas montañas, entre muchas de cuyas nevadas cumbres se distinguen los penachos vaporosos de múltiples volcanes. Para los hombres de la Tierra, un mundo con tal proliferación volcánica resultaría catastrófico o, por lo menos,. terrorífico.

 

En cambio, para .los habitantes de ese gran satélite de Júpiter, es una bendición. Esa raza de superhombres ha sabido aprovechar al máximo todos los recursos naturales, y ha dominado de tal manera las fuerzas y energías enceradas en su astro, que la asombrosa cantidad de volcanes diseminada sobre toda la superficie ganimediana, representan, en realidad. otras tantas gigantescas centrales de fuerza, en las que se controla, se regula su funcionamiento, y se utiliza en diferentes formas todos los elementos físicos y químicos que en ellas intervienen convirtiendo así cada volcán en un centro productor de cuantiosos beneficios para la comunidad que lo trabaja y lo domina. No extrañará, por tanto, saber que buen número de ellos fueron "construidos" o "fabricados" (valga la expresión) artificialmente desde hace muchos siglos.


Una de las principales y más inmediatas ventajas que reportan a esa humanidad, es el aprovechamiento permanente de agua para las poblaciones. Esto, a primera vista, parece absurdo. Sin embargo, no lo es. Debemos tener en cuenta lo ya explicado con respecto a las bajísimas temperaturas reinantes en su atmósfera. Por tales temperaturas no existen océanos o mares, ni grandes ríos, en Ganímedes.

 

Todas las grandes extensiones de terreno, por lo general montañoso, están cubiertas por el manto de hielo a que nos referimos antes, capa helada que en muchos lugares alcanza varios kilómetros de espesor. Si no fuera por la intensa actividad volcánica manifestada en toda la superficie del astro no hubieran podido subsistir allá los seres que lo pueblan. Desde los tiempos más remotos, cuando colonizaron (permítasenos usar esta palabra) ese cuerpo celeste, en las postrimerías de la vida en su planeta de origen.

 

Su primera preocupación y las primeras labores realizadas fueron las de transformar los volcanes en centrales de fuerza y aprovechar las enorme cantidades de energía térmica fin ellos encerrada, para asegurar temperaturas saludables y agua corriente en el fondo de los profundos valles a que ya nos hemos referido. Por eso. uno de los contrastes más notables que asombran al visitante, es la proliferación de tantas y tantas bocas de fuego en medio de aquel helado conjunto de altísimas montañas, volcanes que no son otra cosa que gigantescas chimeneas de los formidables usinas creadas por esa raza de superhombres, en las entrañas rocosas de su pasmoso mundo...


Con el correr del tiempo, fueron conquistando y dominando toda la naturaleza del astro. Según la tradición narrada a mi amigo, cuando llegó el momento de abandonar, en masa, el "Planeta Amarillo", por la proximidad de su inminente destrucción, ya habían sido transformados muchos valles de Ganímedes en verdaderos lugares habitables. Fue obra de siglos. Pero esa raza formidable pudo conocer, con gran antelación, el cataclismo cósmico que se avecinaba, y trasladar a tiempo a sus habitantes, instalándose en el nuevo mundo que hoy habitan.

 

Tenemos que recordar que tal migración tuvo lugar hace más de diez mil años. En tan largo período de tiempo, continuaron desarrollando y adaptando su nueva morada, hasta alcanzar los maravillosos resultados que ahora comprueba nuestro amigo al llegar, por vez primera, a ese lejano satélite de Júpiter.


Se ha dicho que el agua y la temperatura ambiental en esos valles. donde se concentran los poblados, provienen del trabajo efectuado por cada una de esa. bocas volcánicas. Dentro de nuestro modo de pensar, según lo que conocemos en la Tierra, puede resultar algo difícil de entender. Tenemos que hacer un esfuerzo de imaginación para comprenderlo.

 

Pero si partimos de la premisa de que los hombres de Ganímedes alcanzaron el conocimiento y el poder sobre la naturaleza, desde hace más de diez mil años, no nos será imposible pensar que poseen los medios, los sistemas y los equipos necesarios para llegar a dominar hasta las fuerzas interiores de un planeta, aprovechando esas fuerzas y todos los elementos que las generan, en la diversidad de fines que se propongan conseguir.

 

Por eso es que vemos, al llegar a cualquiera de sus valles, una vegetación lozana y abundante, cultivada con los más avanzados conocimientos de una ciencia y una técnica muy superiores a las nuestras, y regada con un sistema de canales que distribuye las aguas de grande reservorios, verdaderos lagos artificiales, mantenidos por las cristalinas vertientes que bajan por las laderas de cada volcán. Estos arroyos y pequeños torrentes son el fruto del deshielo constante producido por las altas temperaturas generadas en el fondo subterráneo y en las masas ígneas de cada uno, gran parte de cuya energía térmica es aplicada a través de una red de túneles, a la parte inferior de las espejas costras de hielo que envuelven las cumbres.

 

Es un proceso permanente de producción y recuperación del líquido elemento. Proceso que, como todo en Ganímedes, es regulado y controlado electrónicamente. Los niveles de los grandes reservorios no pueden pasar de ciertos límites, y su multiplicación con respecto a la multitud de valles, asegura la amplitud de superficies de evaporación necesarias para la recuperación, lo que se mantiene dentro de límites perfectamente calculados, que aseguran el constante abastecimiento de agua pura en todo ese mundo.


Otro de los aspectos curiosos y de marcada diferencia con la Tierra, es la ausencia absoluta de fauna en Ganímedes. Allá no hay animales... Sólo existen los reinos mineral, vegetal y humano, o superhumano. Esto fue explicado a nuestro amigo atribuyéndolo a las primitivas condiciones ambientales de ese astro, que no permitieron la vida animal antes de la llegada a él de sus actuales habitantes. Y estos no consideraron necesario ni prudente, llevar con. sigo animales, calculando las posibilidades de existencia de las primeras "colonias" en ese nuevo mundo que estaban adaptando a sus propias exigencias de vida.

 

La flora, o reino vegetal, fue trasplantada, conduciendo desde su planeta de origen, todas las especies que estimaron conveniente aclimatar y propagar en la nueva morada en que habrían de quedarse. Tal proceder, también, influyó posteriormente en una serie de modificaciones y diferencias con la vida en la Tierra. Entre nosotros, acá, parecería imposible nuestra existencia, sin las numerosas especies zoológicas, muchas de las cuales forman parte de nuestro diario programa de vida. Los animales constituyen, para la humanidad terrestre, eslabones vitales en infinidad de aspectos.

 

Pero los hombres de Ganímedes, desde hace milenios, han sabido acomodarse para que no les hicieran falta, en forma alguna. Y en este aspecto han llegado a tales extremos, o mejor dicho adelantos, como la supresión absoluta de los microorganismos generadores de la mayor parte de nuestras enfermedades. Esta interesantísima faceta de su civilización, o sea la conservación de la salud, y también el secreto de la longevidad, lo trataremos de manera especial en el próximo capitulo.

Muchos pensarán que en un mundo con tal cantidad de volcanes, la atmósfera estaría envenenada por los gases; que las continuas emanaciones deletéreas la harían irrespirable. Esto sería lógico y posible en nuestro planeta con su actual humanidad. Pero en Ganímedes es otro problema resucito satisfactoriamente desde antaño. Se ha dicho, y se repite ahora, que el dominio de la actividad volcánica y el aprovechamiento de todas las fuerzas y de todos los elementos que en ella intervienen, son absolutos en esa civilización.

 

Los productos gaseosos de tal actividad, que entre nosotros escapan libremente a nuestra atmósfera, son absorbidos por un amplio y poderoso sistema, que, cual enmarañada red subterránea de ventilación y drenaje, va retirando, a diferentes niveles, en el corazón de la montaña, los productos sólidos, como lavas y cenizas, de los gaseosos; estos son tratados por medios mecánicos y químicos en grandes instalaciones, también subterráneas, en las cuales se aprovecha, íntegramente, todas las substancias, sean éstas sólidas, líquidas o gaseosas. De tal suerte, lo único que escapa de los cráteres es vapor de agua que al condensarse por las bajas temperaturas reinantes en las cumbres, cae sobre éstas en forma de copos de nieve.


Y en cuanto a las materias primas que así se obtienen, son transformadas en innumerables subproductos que aprovechan, después, las industrias manufactureras, junto con los derivados obtenidos en la conversión de los gases, dentro del mismo proceso químico.


En cuanto a las fuerzas telúricas y sísmicas generadas por una actividad volcánica de tal magnitud, en el próximo capítulo veremos cómo han sido dominadas, igualmente, por aquella asombrosa raza de supersabios.
 

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CAPITULO VIII
Cómo es la vida en ese Mundo


En el capitulo anterior, al comenzar, nos referimos a una de las características más notables presentadas al examen telescópico de Ganímedes por nuestros astrónomos: desde los tiempos de Galileo, este satélite de Júpiter ha sido conocido como el más brillante de los cuatro que forman el grupo de "las grandes lunas interiores jovianas" que ya sabemos llevan los nombres de lo, Europa, Ganímedes y Calisto.

 

Este fenómeno celeste llamó siempre la atención de quienes lo han observado, sin llegar, hasta hoy. a comprender su verdadera causa, pues según los cálculos y la lógica. la magnitud y por tanto el brillo de Calisto debían ser mayores, ya que Calisto posee un tamaño ligeramente más grande y gira en una órbita relativamente más cercana a nosotros. Sin embargo, el brillo demostrado siempre por Ganímedes, aún con los primitivos telescopios de Galileo. fue mucho más notable.


Ahora tenemos la explicación de este fenómeno. Se debe a la abundancia de centros poblados por la humanidad que lo habita. Claro está que tal afirmación requiere ser explicada.

 

Y vamos a hacerlo.

 

Ya hemos dicho que la vida se desarrolla en ese astro en todos y cada uno de los profundos valles ubicados entre las estribaciones de la intrincada red de cordilleras que forma la superficie ganimediana. A la luz natural reflejada desde el planeta primario, Júpiter, se une la que reciben desde el Sol. que no obstante ser menor que la recibida por la Tierra, en razón de la mayor distancia, es bastante apreciable.

 

Y si tenemos en cuenta que cada valle es el centro de una agrupación urbana, o población, cuya área depende del terreno disponible para las edificaciones y que éstas, en su totalidad, están construidas con un material brillante, de aspecto metálico destellante por los reflejos que produce, todo lo cual contribuye a aumentar la luminosidad del conjunto, podemos explicarnos fácilmente la razón, muy sencilla en realidad, de aquel fenómeno que siempre intrigara a nuestros astrónomos.


Las ciudades en Ganímedes no se parecen a las nuestras. Los métodos de construcción y los materiales empleados son distintos. Hubiera sido profundo error de sus habitantes proyectar elevados edificios, de muchos pisos, y emplear sistemas y materiales de construcción deleznables, como los nuestros, en un mundo expuesto, constantemente, a los movimientos sísmicos naturales en un cuerpo celeste de tan tremenda actividad volcánica.

 

Así como nosotros, en nuestras grandes urbes, construimos hacia arriba, ellos construyen hacia abajo... Tienen varios modelos de edificación. Pero en la generalidad, los edificios de varios pisos penetran en el suelo, sobresaliendo en la superficie uno o dos niveles a lo sumo. Además, todas las estructuras están diseñadas en forma cilíndrica empotrándose en el terreno cada bloque o unidad de vivienda, por grande que sea, en directa conexión con sus vecinas, lo cual contribuye a la mayor solidez total del conjunto.


Se pensará que tal sistema es demasiado oneroso. Que los costos y el tiempo resultan antieconómicos. Puede que tengamos razón, desde el punto de vista de la Tierra. Nuestra humanidad se afana y se enloquece por los coeficientes económicos, porque vive y piensa dentro de normas y costumbres diferentes a las que rigen la vida y el pensamiento de esa otra humanidad.

 

Cuando veamos cuáles son las bases fundamentales de aquella civilización, comprenderemos muchas de las profundas diferencias con la nuestra. En cuanto al aspecto que estamos describiendo; prima en ellos el concepto de la seguridad y de la permanencia estable, sobre el de mayor o menor costo. Porque, en primer lugar, ellos son seres que alcanzan un promedio de vida equivalente a varios siglos de los nuestros...

 

En segundo lugar, viven en un mundo en que han tenido que dominar continuamente, a la naturaleza. En un mundo en el que las condiciones económicas, sociales, políticas, religiosas y culturales, son diferentes a las nuestras... En un mundo en que ya no existen comerciantes... En un mundo en el que no se piensa ya en utilidades, sino en garantizar el máximo bienestar de sus habitantes...

 

En un mundo en que el trabajo y la dirección del mismo, alcanzan formas y sistemas enormemente superiores a los que nosotros conocemos. A este respecto, tratándose del tema de la construcción, debe saberse, también, que las máquinas empleadas por ellos para tales fines son tan poderosas y versátiles que la excavación de los terrenos más grandes, puede realizarla un sólo hombre, en poco tiempo, y con sólo controlar un tablero de comandos electrónicos...


De tal suerte, pueden ellos relegar el factor económico a un segundo plano, teniendo en cuenta, además, que toda la economía de ese mundo está dirigida y controlada por el Estado, como veremos más adelante, y por tanto lo que prima en este caso, como en todos, es la máxima garantía de todos y cada uno de los seres que lo habitan, dentro del amplísimo concepto de una perfecta fraternidad y de un régimen de vida que asegura a todos una verdadera felicidad integral...

 

Y antes de terminar lo referente a construcciones, debe decirse que la mayoría de esos conjuntos de viviendas presentan lo que nosotros llamamos "techos" o "azoteas" en forma ligeramente convexa y libre de obstáculos. Ello obedece también, a dos fines útilmente calculados: Primero, representa la proliferación de múltiples áreas para el descenso de máquinas aéreas de diferentes tipos y tamaños, ya que la mayoría de los habitantes puede requerir de ellas en cualquier momento, y en esa forma no se obstaculiza, como entre nosotros, el tránsito urbano, que para las distancias cortas se hace a pie.

 

Para recorridos mayores, cualquiera puede disponer de pequeños equipos individuales que adaptándose a la espalda permiten realizar vuelos personales de considerable alcance. Así, en todas las ciudades, está asegurada la movilidad sin entorpecer, en lo más mínimo, la circulación superficial de los peatones, que pueden discurrir libremente por todas las arterias y avenidas, sin la molestia y riesgos que vemos hoy en casi todas las ciudades de la Tierra.

 

El otro fin al que nos referimos al mencionar la forma superior de los edificios, es el permitir la eliminación inmediata de la lluvia o nieve (lo más común), que por un sistema automático de calefacción es licuada a medida que se va acumulando. Las superficies quedan constantemente limpias, despejadas, sin mayor trabajo para los ocupantes del edificio, y pueden, también, continuar reflejando los rayos luminosos de las dos fuentes siderales ya mencionadas, con lo que se asegura una mejor iluminación general del ambiente urbano.

A este respecto debe recordarse lo que se explicó al comienzo del capítulo anterior. Que en Ganímedes el día tiene una duración aproximada de cuatro de nuestros días, y la noche, tres. Mientras este satélite recorre la parte posterior de Júpiter, su paso por la zona denominada "cono de sombra" del planeta dura más o menos tres días y dos a tres horas de nuestro tiempo.

 

En este lapso, todas las zonas habitadas poseen el mismo sistema de luz artificial que mencionáramos al ocupamos de las bases en el espacio. Este sistema de iluminación está presente, siempre, en todos los recintos cerrados, junto con otro sistema automático de control y regulación permanente de la atmósfera interior de todos los recintos y edificios. Algo parecido, pero más perfecto, que nuestros sistemas de aire acondicionado.


Y al hablar de atmósferas ambientales, hemos de explicar, también. que tanto en los lugares abiertos, como las vías de circulación urbana, y en todo tipo de instalaciones industriales, general. mente subterráneas, reina la más absoluta pureza. No hay máquinas ni vehículos que contaminen el ambiente, porque la mayor par. te de las usadas en lo que diríamos el transporte menor, es accionada eléctrica y electrónicamente.

 

Han llegado a desarrollar formas de electricidad nuevas para nosotros, y equipos electromagnéticos de potencia tal que —ya lo hemos visto en el caso de sus naves espaciales— pueden anular y controlar a las fuerzas de gravedad y de inercia. Y en cuanto a todas las máquinas, equipos o instalaciones accionadas por energías atómicas, termonucleares o de otro orden, como dijéramos anteriormente, tienen los medios y elementos más perfectos para garantizar el uso permanente e inocuo de todas ellas.


Antes de terminar con lo referente a la construcción de edificios. a su seguridad y estabilidad permanentes, en vista de las condiciones volcánicas y sísmicas del astro, debe saberse que el material empleado para las estructuras y en general para todo tipo de paredes, suelos y techos, es una substancia plástica de aspecto metálico, liviana y resistente, con resistencia comparable al mejor de nuestros aceros, que no se altera ante ninguna de las reacciones provenientes de la atmósfera o de los distintos tipos de terrenos en que se empotren, y de tal solidez que puede resistir a los más fuertes movimientos sísmicos sin romperse ni perder su forma.

 

Además, el sistema de construcción es por acoplamiento de secciones prefabricadas, que al ser colocadas en su sitio van siendo ensambladas unas con otras en forma tal. mediante un proceso químico especial, que llegan a constituir un sólo bloque, lo mismo que si hubiera salido todo el edificio de un molde. No hay junturas. no hay amarres; después de ser sometidas al indicado proceso. todas las secciones quedan unidas como si hubiesen sido fundidas unas con otras en una gigantesca matriz. Puede imaginarse la solidez total del conjunto.


Pero no es esta la única manera de prevenir lo que, en la Tierra, causa tan catastróficos efectos. Ellos cuentan, además, con un vasto sistema de detección y control de los más imperceptibles movimientos de la corteza de su astro. Tal sistema, ampliamente re. partido en las entrañas mismas del subsuelo, observa y verifica, constantemente, el desarrollo de las fuerzas que pueden generar los movimientos.

 

Y si tenemos en cuenta que esos hombres poseen el sexto sentido, o sea la clarividencia, no nos extrañaremos que puedan conocer con mucha antelación las causas generadoras de toda clase de alteraciones hasta en los más recónditos lugares del interior de su mundo, pudiendo también, aplicar a tiempo, las formidables fuentes de fuerza y de energía por ellos dominadas, en los sitios y momentos que sea menester para detener un proceso, modificar una determinada tensión, o neutralizar en ciertos lugares peligrosos Índices de la continua actividad volcánica de su mundo.

 

 


 


Se ha dicho, anteriormente, que esa raza de superhombres alcanza promedio de vida equivalente a varios siglos de los nuestros.

 

Trataremos de explicar algunos aspectos relacionados con este punto. Tan prolongada longevidad obedece a una serie de factores, muchos de ellos que todavía desconocen la mayor parte de los hombres de la Tierra.

 

Es lógico el que la mayor sabiduría sea la base de todos los demás. La experiencia y el estudio, a través de los miles de siglos de existencia de su civilización, les dan el conocimiento perfecto di las Intimas relaciones entre su cuerpo y la naturaleza toda que los rodea. El funcionamiento de todo su organismo es conocido, al detalle, hasta por los niños. En ello influye, naturalmente, de manera notable aquel sexto sentido al que nos hemos referido varias veces.

 

La clarividencia, al permitir ver los más ocultos planos de la materia y además, los niveles de vida superior a la vida física, o sean los correspondientes a ese plano de la Naturaleza que ya, en la Tierra, empezamos a estudiar y calcular con el nombre de "la cuarta dimensión", los pone en condiciones de ver cómo se desarrollan todos sus procesos vitales, y si en algún sitio de su cuerpo se está generando la causa de un desequilibrio, de una alteración metabólica o de cualquier otro orden.

 

Pueden controlar en todo momento, el funcionamiento de sus aparatos digestivo, circulatorio, respiratorio; de la maravillosa red del sistema nervioso, o de las más pequeñas células de su cerebro. Así pues, aprenden desde la infancia a conocer y controlar personalmente cómo, por qué y para qué, trabajan todas las partes, todos los mecanismos de su cuerpo, y pueden, por tanto, escoger, sabiamente, las substancias más apropiadas que requiera para su conservación.


Pe ello se desprende que lleven un régimen de vida especial, una dieta alimenticia científicamente controlada y la abstención de cualquier elemento peligroso o impropio para el superior desarrollo integral de todo su ser- La mayor parte de sus alimentos provienen del reino vegetal; pero utilizan, también una serie de productos químicos de origen mineral que. en conjunto balanceado, mantienen en perfectas condiciones todos los órganos del cuerpo físico, aumentando su vitalidad y reforzando hasta limites increíbles la energía de su cuerpo etérico-vital, para la máxima captación de las energías provenientes del Cosmos...
 

Así logran, por ejemplo, mantener secularmente limpio todo el sistema vascular, evitando la tan común esclerosis que entre nosotros afecta desastrosamente nuestras venas y arterias y que es, en realidad, la causa principal de la vejez. Para ello, todos los adultos, a partir de una edad equivalente a nuestros cuarenta años, se someten a un tratamiento especial que consiste en la administración de pequeñas dosis de una esencia vegetal proveniente de una planta que Pepe no recuerda haber conocido en la Tierra.

 

Se trata de una especie parecida a algunas cactáceas, de hojas pequeñas y carnosas, de color entre verde y azulino, la cual es cultivada en invernaderos especiales, con muy poca luz y a temperaturas constantes que no deben sobrepasar los 30° centígrados, ni bajar de los 22° centígrados. El líquido esencial extraído de estas hojas después de un delicado proceso químico, es inyectado por vía endovenosa, en dosis mínimas, durante un período de quince días, en los cuales el paciente guarda absoluto reposo en hospitales del Estado, en los que recibe una dieta alimenticia de equilibrio constante con relación a las reacciones que se van observando y que nunca duran más de los mencionados 15 días.

 

Mediante ese tratamiento, que se repite una vez cada año, todo el sistema vascular es "limpiado" íntegramente de impurezas y los tejidos que forman dichos conductos, hasta en los vasos capilares, renuevan su elasticidad y lozanía. La mencionada substancia, además, contribuye igualmente a la depuración renal impidiendo la formación de posibles cálculos.


También se dijo, ya, que en Ganímedes hacía muchos siglos que dejaran de existir las dolencias por origen microbiano. Desde hace algunos milenios, todo tipo de bacteria, virus, o cualquiera otra forma de gérmenes patógenos, había sido eliminada totalmente. Por lo tanto no existen allá ninguna de las enfermedades que entre nosotros son comunes. Y si tenemos en cuenta que la alimentación es sabiamente administrada y controlada, según lo ya explicado, llegamos a comprender cómo la salud estable y perfecta puede alcanzar índices hasta de 95% del total de la población.

 

La mayoría de los casos, dentro del 5% restante, obedecen por lo regular a situaciones de emergencia, accidentes fortuitos de carácter imprevisible que por lo general requieren tratamientos de tipo quirúrgico. Y en este campo, como en el de la medicina general, han llegado a logros verdaderamente milagrosos. Baste decir que pueden reemplazar cualquier órgano del cuerpo, no con substitutos desechados de cadáveres, como se está comenzando a ensayar en la Tierra, sino con órganos nuevos "fabricados" (valga la expresión) a base de una pequeña porción, mínima porción, del mismo órgano que requiera reemplazarse.

 

En otra parte de este libro se dijo que poseían un séptimo sentido: el del "Verbo Creador" y que con el podían actuar sobre todas las formas de materia y, aún, sobre los elementos de la naturaleza... Supongo la expresión de incredulidad que mostrarán muchos al leer esto... Pero no olvidemos que hace dos mil años, en la vieja Galilea, la voz potente y divina de Jesús el Cristo, fue obedecida, varias veces, por los vientos y el mar, por las aguas que se transformaron en vino, o por los ojos y los oídos muertos de muchos enfermos de ese entonces; y aún más, por todos los órganos, ya descompuestos, de su discípulo Lázaro...


Muchos se reirán el leer esto, y la mayoría pensará que es pura imaginación o exceso de misticismo ciego. Porque los que ignoran las grandes verdades cósmicas, proceden lo mismo que lo que hubiera hecho nuestra humanidad del siglo pasado, si les hubiesen hablado de la televisión, de las computadoras electrónicas o de nuestros actuales viajes a la Luna.

 

Para seres acostumbrados a vivir en un mundo con sólo tres dimensiones y cinco sentidos, que únicamente alcanzan a percibir y conocer la vida física dentro de esas tres dimensiones, pasa lo mismo que sucedería a un ser que, supuestamente, siendo inteligente y pudiendo razonar, viviese, por ejemplo, una clase de vida igual a la existencia de los peces.

 

Si solamente puede apreciar las formas de vida submarina, sin alcanzar jamás a conocer el mundo terrestre que se extiende más allá de su mundo acuático, es lógico que aquel ser tan sólo pensaría de la vida según las condiciones reinantes en ese mundo acuático por él conocido. Para ese ser imaginario, como para los peces, todo el universo, todas las formas de vida y todas las posibilidades de existencia quedarían reducidas a las de tos seres que habitan en el fondo de los mares...


¿Cómo puede nuestra humanidad opinar certeramente sobre mundos y existencias que trasciendan a la cuarta, la quinta, o superiores dimensiones; sobre condiciones de vida, de conocimiento o de poder, a través de sentidos superiores a los cinco por nosotros conocidos...? ¿No estaríamos procediendo, en verdad, como aquel ser imaginario del mundo submarino?


Y cada mundo, cada plano de la Naturaleza o "dimensión", posee características propias, fuerzas y energías especiales, que se manifiestan y actúan de acuerdo con leyes fijas e inmutables, leyes y fuerzas imposibles de comprender por quienes, desconociéndolas, están impedidos de entenderlas. Debemos saber que aquellas "dimensiones" existen. Que en aquellos Planos de la Naturaleza moran seres diferentes a nosotros, entidades invisibles para el ojo físico e inaudibles por los oídos comunes al hombre de la Tierra.

 

Pero entidades, muchas de ellas tan poderosas, que su acción trasciende los limites de cada plano o dimensión, manifestándose como fuerzas en determinados aspectos del plano de materia física apreciado por los cinco sentidos de nuestra humanidad. En ciertas escuelas esotéricas y en el campo de la metafísica y de la metapsíquica, se enseña algo de esto y se denomina a muchos de tales seres como "Espíritus de la Naturaleza". Para los profanos, todo esto puede parecer absurdo, fantástico o supersticioso...

 

Pero no olvidemos que todas las religiones han reconocido y enseñado, veladamente es cierto, pero lo han tratado, presentando, con distintos nombres la existencia de aquellas entidades superiores, de aquellas formas de vida inteligente mucho más avanzadas y poderosas que nosotros, a quienes el cristianismo agrupa en las diferentes categorías de ángeles, arcángeles, querubines, serafines, tronos y otras tantas que no han podido ser explicadas satisfactoriamente, por la misma falta de medios para ello en un mundo, o pía. no, de existencia y posibilidades inferiores.

 

Pero aún en nuestra Tierra hay algunos que lo saben, que han logrado penetrar, conscientemente, en esa "cuarta dimensión", y que, por tanto, están capacitados no sólo para comprenderla sino para llegar a comunicarse y hasta "trabajar" en contacto con las entidades de ese Plano.


Esto, que es común y normal en la humanidad que habita Ganímedes, da lugar a otra consecuencia directa de la vida en la cuarta dimensión: para los seres que pueden actuar, consciente y regularmente, en ese plano de la Naturaleza, deja de existir la muerte, según el concepto que de ella tenemos en la Tierra. Pero tan trascendental aspecto de la Vida, requiere para su comprensión, un mayor análisis y una explicación más detallada.

 

Trataremos de conseguirlo en el próximo capítulo...
 

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CAPITULO IX
La Cuarta Dimensión


Debo advertir que resulta muy difícil tratar de explicar fenómenos, o hechos, correspondientes a un mundo de cuatro o más dimensiones, con el lenguaje corriente estructurado por un mundo en que sólo se conocen tres. Pero ya que no tenemos otro, sigamos adelante. El genio investigador en algunos sabios modernos, como Albert Einstein entre otros de este siglo, ya han llegado a vislumbrar su existencia.

 

Pero la principal dificultad estriba en que el método y los cálculos matemáticos se basan en leyes y comprobaciones correspondientes a la física de un determinado plano de la Naturaleza: El plano de la materia concreta, de la física en tres dimensiones...

 

Y en los planos superiores al de la materia como la conocemos rigen otras leyes, existen nuevas fuerzas y la misma materia se nos presenta en nuevas formas, que en ciertos ni. veles puede llegar a confundirse con la energía. El concepto de la constitución atómica y molecular de la materia, que rige hasta ahora nuestra ciencia, no es un concepto absoluto, sino relativo, como todo en el Universo. Las teorías clásicas del átomo han tenido que ser modificadas, paulatinamente, a medida que se fue descubriendo la existencia, dentro del mismo, de partículas aún más pequeñas.

 

Ya se vislumbra la presencia, en la materia, de corpúsculos o partículas tan infinitamente microscópicas como para ser menores, aún, que los protones, electrones y neutrones...

 

Esto podrá acercar a nuestros físicos, más o menos pronto, a los linderos de esa cuarta dimensión. Pero no podrá solucionarse el problema hasta que no se encuentre los medios adecuados para su estudio, y se pueda comprender, primero, y trabajar después, en los planos de la Naturaleza que trascienden y dominan al más inferior de ellos, el de la materia física y concreta conocido por una humanidad que sólo cuenta con cinco sentidos en un mundo de tres dimensiones...


Esos otros planos, o dimensiones —pues los nombres importan poco— fueron conocidos, estudiados y comprobados, desde la más remota antigüedad, por determinadas ''escuelas" o centros de enseñanza esotérica, que en diferentes épocas y lugares impartieron su instrucción, dentro de normas y disciplina muy severas, a grupos muy seleccionados, por la índole especial de los conocimientos y la necesidad imperiosa de entregarlos, solamente, a quienes llegaran a capacitarse y probar su idoneidad para ello.

 

Porque el conocimiento de tales verdades, implica el desarrollo de nuevos poderes o facultades que, de estar en manos inexpertas o inmorales, podrían ocasionar verdaderos cataclismos. El dominio absoluto de la Materia y sus relaciones intimas con la Energía, dentro de los infinitos límites del Cosmos, sólo pueden ser obtenidos por quienes, a través de una larga evolución, hayan alcanzado los más altos niveles morales, intelectuales y mentales, para no hacer mal uso, en ninguna parte ni en ninguna forma, de esos mencionados poderes, que van implícitos en cada una de las grandes verdades ocultas que la Vida manifiesta en los diferentes niveles, planos o dimensiones en que se divide el universo físico y su contraparte, o Cosmos integral...


Cualquiera persona, con cierta cultura, tendrá, por lo menos, alguna noción o elemental conocimiento de la existencia de tales escuelas, fraternidades u órdenes, algunas mejor conocidas; otras en verdad tan secretas, que su existencia ha transcurrido, desde siglos, entre los herméticos límites de sus disciplinados miembros.

 

¿Quien no ha oído hablar, por ejemplo, de los Hermanos Esenios, de la época de Cristo; de los Rosacruces, o Fraternidad Rosa-Cruz; de los Magos de Zoroastro, en la antigua Persia; de las Sociedades o Escuelas Teosóficas; de los Misterios de Eleusis, en la antigua Grecia; de los misteriosos Lamasterios del Tibet y de la India; o de la moderna Fraternidad Universal de Hermanos Acuarianos u Orden de Acuarius...

 

Pero ¿habrá muchos qué puedan saber, algo, positivo, acerca de los Hermanos de la Esfinge, del antiguo Egipto, de la hermandad secreta de Antiguos Nazarenos; de los herméticos Caballeros de la Mesa Redonda; o de los invisibles Discípulos de la Gran Logia Blanca de los Himalayas...?

Mucho ha avanzado nuestra cultura en los últimos siglos. Es realmente encomiable el rápido y sorprendente desenvolvimiento de la ciencia y de la técnica, en especial lo que hemos alcanzado en las últimas décadas del presente siglo; pero ¿hemos avanzado, igualmente, en los dominios de la moral, de la ética, de la política regional o internacional, o simplemente en el desarrollo de los campos ilimitados de la mente y del espíritu...?

 

Y es, precisamente, en estos terrenos en los que necesita el hombre de la Tierra cultivarse, conquistar nuevos laureles, subir muchos peldaños en la Escala de la Vida, para poder conseguir la superación integral requerida para su ingreso consciente y voluntario a planos, reinos, dimensiones o mundos superiores al de la materia física...


No es una discriminación caprichosa.

 

En el Universo y en el Cosmos, nada se hace por capricho. Ya lo dijo, también, Einstein, al refutar la teoría del físico alemán Heisenberg sobre el "Principio de la Incertidumbre", que pretendía afirmar que algunos fenómenos ocurridos en los átomos eran fruto del azar.

 

El sapientísimo padre de la teoría de la relatividad manifestó, al respecto:

"No puedo creer que Dios juegue a los dados con el mundo".

Y en efecto, nada es fruto del azar ni de mera coincidencia, en el Cosmos. Fíjese bien que no decimos en el Universo, sino en el Cosmos; porque debemos entender que nos referimos al Cosmos como forma integral del Universo: Universo Físico, material, tangible, visible, audible y computable con los medios y los sentidos conocidos en un tipo de mundos como el nuestro.

 

Y ese otro Universo Suprafisico, etérico, extrasensorial, psíquico, inmaterial para el concepto que nosotros tenemos de la materia, pero material también, desde el punto de vista de las diferentes gradaciones en que se desarrolla la Materia, desde los niveles más bajos y pesa. dos hasta aquellos en que llega a confundirse con la Energía, en esos escalones supremos de la Vida que representan los reinos o Mundos del Espíritu, uno de los cuales es aquel al que se refiriera, varias veces. Cristo, cuando decía: "Mi Reino no es de este mundo".


Y en esos reinos, planos o dimensiones, como prefiramos llamarlos, se generan las causas de muchos efectos que, en planos inferiores tienen lugar, sin, a veces, una causa lógica aparente. Porque la lógica y la razón están subordinadas al conocimiento comprobado de los hechos. Y los hechos, o fenómenos en un mundo determinado han de suceder dentro de los limites de las fuerzas o leyes que rijan en ese mundo, para ser aceptados por la inteligencia o la conciencia común de las gente