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por
Lluís Uría
19 Abril 2026
del Sitio Web
LaVanguardia
Articulo también
AQUÍ y
AQUÍ...

Donald Trump,
este jueves tras
aterrizar
en el aeropuerto de
Las Vegas
(JIM WATSON / AFP)
El 11 de febrero
Donald Trump cerró
definitivamente la trampa sobre sí mismo.
Ese día recibió en la Casa Blanca al primer
ministro israelí,
Benyamin Netanyahu, y se dejó
convencer de que era el momento propicio para
atacar a Irán y forzar la caída del
régimen de los ayatolás.
El presidente de Estados Unidos, cuyo ego
desbordaba a raíz de la exitosa
operación militar en Venezuela
contra Nicolás Maduro, se dejó tentar por la idea de una
nueva hazaña bélica y desoyó las reticencias expresadas por buena
parte de los suyos.
La trampa, sin embargo, había
empezado a tenderse mucho antes, en 2018, cuando en su primer
mandato Trump - empujado por el mismo Netanyahu - rompió el acuerdo
nuclear de 2015 con Teherán.
"La mejor victoria es vencer sin combatir",
escribió en el siglo V a.C. el estratega chino Sun Tzu en
su célebre
El Arte de la Guerra.
EE.UU. se privó de esta posibilidad hace ocho
años...
El diario The New York Times ha desvelado algunos detalles
del encuentro del 11 de febrero y de los debates que en los días
siguientes mantuvo Trump con sus más estrechos colaboradores:
el director de la CIA, John Ratcliffe, y el
jefe del Estado Mayor Conjunto, general Dan Caine, pusieron en
duda la viabilidad de los planes presentados por Israel, así
como el secretario de Estado, Marco Rubio, y el vicepresidente,
J.D. Vance., el más contrario a la guerra.
Solo el secretario de Defensa (oportunamente
rebautizado ‘de Guerra'), Pete Hegseth, estaba a favor.
Trump se ve ahora
forzado
a buscar un acuerdo con Irán
como el que rompió
irreflexivamente
en 2018...
Pero todas las reservas de unos y de otros fueron desoídas por Trump,
totalmente alineado con Netanyahu.
El resultado es conocido:
el 28 de febrero EE.UU. e Israel lanzaron una
campaña de bombardeos masivos contra Irán que no ha alcanzado -
pese a la propaganda en sentido contrario - ninguno de sus
objetivos (salvo el de asesinar al líder Supremo, Ali Jamenei,
y gran parte de la cúpula iraní).
"El presidente Donald J. Trump
estableció unos objetivos claros en la operación
Furia Épica y, en tan solo 38 días, la mayor
fuerza de combate que el mundo haya conocido jamás ha
cumplido dichos objetivos con una fuerza abrumadora y una
precisión letal.
Irán ha aceptado ahora un alto el fuego y
la reapertura del estrecho de Ormuz mientras la
Administración Trump negocia un acuerdo de paz más amplio,
lo que demuestra una vez más el éxito de la política de ‘paz
por medio de la fuerza".
El día 8 la Casa Blanca celebró de este modo, con
un triunfalismo totalmente desplazado, la precaria y frágil tregua
alcanzada con Teherán.
El comunicado se inscribe plenamente en lo que
una de las consejeras de Trump en su primer mandato, Kellyanne
Conway, bautizó en su día como "hechos alternativos".
Porque la realidad es que, siete semanas después
de empezadas las hostilidades, Irán está debilitado pero no ha sido
vencido,
-
el régimen islamista sigue en pie - ahora
en manos de los sectores más radicales, encabezados por la
Guardia Revolucionaria
-
el uranio enriquecido con el que Teherán
podría algún día retomar su programa para fabricar la bomba
atómica - más de 400 kilos - sigue en paradero desconocido
-
las consecuencias del bloqueo del
estrecho de Ormuz - que parece acabado, por el momento -
están perjudicando ya a la economía mundial, incluida
la de EE.UU. (con la inflación descontrolada a siete
meses de las cruciales elecciones mid-term ).
La destrucción total de la capacidad militar
iraní también está lejos de haberse producido:
según fuentes de los servicios de
inteligencia estadounidenses citados por la cadena CNN, Irán aún
dispondría de la mitad de sus lanzadores de misiles, así como de
miles de drones:
"Siguen estando en gran medida en
posición de causar un caos absoluto en toda la región".
La medida de las dificultades de Trump la da el
hecho de que la navegación por el estrecho de Ormuz - a través del
que se canaliza una quinta parte de las exportaciones mundiales de
petróleo y gas - sigue controlada por Irán, que hasta el viernes no
decidió reabrirla, bajo sus condiciones y siempre que el alto el
fuego temporal pactado entre Israel y Líbano se respete.
El presidente norteamericano está purgando ahora el pecado
original de haber roto en mayo del 2018 el acuerdo nuclear con Irán
firmado tres años antes por EE.UU. - siendo Barack Obama presidente
- el Reino Unido, Alemania, Francia, la UE, China y Rusia, por el
cual Teherán aceptó el control internacional de su programa nuclear.
También entonces Trump se dejó llevar por
Netanyahu, quien - contradiciendo los informes del Organismo
Internacional de Energía Atómica (OIEA), según el cual Irán cumplía
lo pactado - aseguró tener pruebas de que el régimen mantenía un
programa nuclear secreto.
Una semana después, Trump rompió unilateralmente
el acuerdo, calificándolo de "horrible" y despreciándolo como "el
peor acuerdo de la Historia".
En un artículo en Foreign Affairs , la ex Alta representante
para la Política Exterior de la UE Federica Mogherini, quien
participó en las negociaciones del acuerdo de 2015, subrayaba que la
única salida a la crisis - hoy como ayer - vuelve a ser el
diálogo.
"La búsqueda de la vía diplomática con Irán
nunca fue un favor a Teherán - recordaba.
Fue un acto de interés propio por parte de
actores internacionales que querían evitar la alternativa. Su
razonamiento se ha visto justificado por esta terrible guerra".
Y apuntaba que ahora, para conseguir un acuerdo,
EE.UU. deberá abandonar la mera coerción y ofrecer también
"incentivos" a la otra parte, además de fijar mecanismos que
garanticen que el pacto perdurará por encima de los cambios
políticos en Washington.
Vistas las limitaciones de la opción bélica, Trump se ve
ahora confrontado,
al reto de tratar de arreglar
lo que rompió en 2018 y buscar un nuevo acuerdo.
No será más fácil que entonces.
Y está por ver que el resultado sea mejor que
hace ocho años...
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