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por Mohammad Reza Gilani
En un tono aún más agresivo, afirmó que Estados Unidos ya había "borrado a Irán del mapa" y descartó cualquier interés en negociar.
Sin embargo, la respuesta iraní introdujo un elemento clave que alteró el cálculo:
Teherán dejó claro que cualquier ataque contra su infraestructura energética sería respondido simétricamente, incluyendo objetivos estratégicos en los territorios ocupados por Israel.
Y el derribo del F-35 que hizo caer el mito
de superioridad del Ejército de EE.UU. fue el colmo que dio a
conocer que no tomar en serio las advertencias de Irán es tirarle de
la cola al león.
El mensaje es simple:
La escalada retórica y militar provocó un aumento
inmediato en los precios del petróleo, que superaron los 112 dólares
por barril. En un contexto global frágil, esta subida encendió
alarmas en los mercados internacionales.
Entre tanto, desde Irán se negó categóricamente que tales negociaciones hubieran ocurrido.
Entre otros funcionarios, Mohammad Baqer Qalibaf, el presidente de la Asamblea Consultiva Islámica (el Mayles o Parlamento iraní),
Medios económicos internacionales interpretaron este giro como un intento deliberado de 'estabilizar' los mercados.
De hecho, tras sus declaraciones más conciliadoras, los precios del petróleo registraron caídas significativas:
Según Axios, lo que el presidente estadounidense denominó "negociaciones directas con Irán" para justificar su retirada fue, en realidad, un intercambio rutinario de mensajes mediado por varios países.
El portal Axios informó, citando una fuente estadounidense anónima, que Turquía, Egipto y Pakistán han estado intercambiando mensajes en los últimos dos días como intermediarios entre Estados Unidos e Irán.
Los políticos en Estados Unidos, entre los que se destaca el senador demócrata Chris Murphy, han calificado el repliegue como una,
En este contexto, analistas y académicos sostienen que el conflicto no responde a la cuestión nuclear, sino a intereses geopolíticos más amplios, especialmente el control de los recursos energéticos del Golfo Pérsico.
Incluso dentro del aparato militar
estadounidense, crecen las voces de rechazo a una guerra con Irán,
cuestionando su legitimidad y objetivos.
Esta dualidad sugiere que el cambio no es una
desescalada real, sino una recalibración táctica.
En consecuencia, Teherán ha asegurado mantener su postura de alerta y continuidad en el campo operativo.
La presión del mercado energético, el riesgo de
una respuesta simétrica y la falta de consenso interno han obligado
a Trump a modificar su discurso.
En este contexto, Irán no solo se presenta como
un actor resistente, sino también como un beneficiario indirecto de
una dinámica que ha expuesto la fragilidad de la política
estadounidense no solo en la región sino también en el mundo
entero, contando con la comunidad internacional que cada vez más se
acerca a su doctrina disuasiva.
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Mundo Multipolar...
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