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por Christian Cirilli
12 Octubre 2026
del Sitio Web
ChCirilli
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Christian Cirilli
analista político
argentino, nacido el 20 de junio de 1972 en Buenos
Aires. Licenciado en Administración (UBA), manifestó su
interés en asuntos internacionales, economía,
geopolítica y globalización, expresando sus opiniones en
su “bitácora” personal: LA VISIÓN.
Colabora con medios como KontraInfo y ha participado en
programas de radio como Otras Voces (FM Crisol) y Radio
Gráfica, además de numerosos canales de YouTube. Sus
artículos son replicados por muchos portales y
periódicos del mundo, y suelen ser utilizados en la
Licenciatura en Relaciones Internacionales de la
Universidad del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNICEN). |

Lo anticipé sin ambigüedades en mi artículo del 9 de julio,
"No más
paciencia tras Starobelsk".
Allí señalé la trascendencia de un acontecimiento que, a mi juicio,
marcaba un punto de inflexión en la dinámica política rusa:
la
convergencia entre el creciente malestar de sectores de la población
y las demandas de figuras relevantes de la intelectualidad nacional
- entre los que se contaba, por ejemplo, Serguéi Karaganov,
destacado politólogo y cofundador del Club Valdái - que comenzaban a
cuestionar abiertamente la política de contención y los reiterados
miramientos de Putin frente al conflicto ucraniano.
Starobelsk representaba, en esta interpretación, algo más que un
episodio coyuntural: constituía la expresión de una presión interna
que reclamaba un cambio de orientación estratégica, el abandono de
las expectativas de una solución negociada y la adopción de una
respuesta contundente frente a Kiev y sus patrocinadores
occidentales.
La cuestión ya no era solamente cómo conducir la
guerra, sino hasta qué punto la prudencia del Kremlin seguía siendo
percibida como una virtud o comenzaba a interpretarse, dentro de
determinados círculos rusos, como una fuente de vulnerabilidad.
Todos aquellos mensajes - incluido el empleo del misil balístico
hipersónico Oréshnik, o el
cambio de la doctrina militar nuclear, o
los múltiples ejercicios - que Moscú procuró presentar como una
demostración inequívoca de sus capacidades militares y de su
disposición a emplearlas, no solo fueron interpretados de manera
distinta a la que presumiblemente pretendía el Kremlin, sino que,
desde determinados sectores occidentales y ucranianos, parecieron
leerse como señales de autocontención antes que como advertencias de
una escalada potencial.
Por lejos, en lugar de inducir una reconsideración de los riesgos y
de los límites de la confrontación con Rusia, esas demostraciones
fueron percibidas por sus adversarios como indicios de una
moderación que llegó a confundirse con debilidad e incluso con
cobardía.
Así, lo que Moscú concebía como una señal de
disuasión, como puertas que se iban abriendo paulatinamente y, a la
vez, como llamados desesperados a evitar una guerra regional, Kiev y
sus adláteres entendía que Rusia ya no tenía ganas de
combatir y que debía ser presionada para que tirara la toalla.
Hubo, a mi juicio, dos grandes hechos reveladores, además, por
supuesto, del citado evento simbólico de Starobelsk.
En primer lugar, el precedente defensivo iraní.
Durante años, Teherán procuró administrar la confrontación con
Estados Unidos e Israel mediante una combinación de disuasión
estratégica, represalias calibradas y advertencias destinadas a
evitar una guerra abierta.
Sin embargo, esa política de contención no
consiguió producir el efecto disuasorio esperado.
Por el contrario, terminó ofreciendo a los
adversarios un margen creciente para intensificar la presión,
ampliar el alcance de sus operaciones militares y poner a prueba los
límites de la resistencia iraní.
Lo que Teherán concebía como una estrategia de
prudencia y control de la escalada fue interpretado por Washington y
Tel Aviv como una señal de vulnerabilidad y una oportunidad para
avanzar hacia objetivos cada vez más ambiciosos.
La ausencia de represalias consideradas suficientemente costosas,
sumada a una postura predominantemente defensiva, alimentó así una
dinámica de presión progresiva, acompañada de una retórica cada vez
más radical y de objetivos militares que amenazaban la propia
supervivencia del sistema teocrático iraní.
El cálculo de la contención, con Occidente,
fracasa:
en lugar de disuadir nuevas agresiones,
genera la percepción de que los riesgos son asumibles.
Sin embargo, frente a la ofensiva israelo-estadounidense
iniciada el 28 de febrero de 2026 - operaciones Epic Fury y
Roaring Lion - Irán desplegó por primera vez una respuesta
absolutamente diferente, que alteró los parámetros de la
confrontación.
No se limitó a resistir los ataques y absorber sus efectos, sino que
extendió sus represalias a las "intocables" instalaciones militares
estadounidenses en distintos puntos del Golfo y lanzó ataques
sistemáticos contra "el sacrosanto" territorio israelí.
De este modo, esa inmunidad estratégica de la que
gozaban las bases norteamericanas, como así también esa pretendida
inviolabilidad y/o invulnerabilidad israelí, ambas construidas sobre
los pilares de una superioridad tecnológica, no los eximía de
afrontar costos directos por sus operaciones.
Así, la respuesta iraní introdujo, por primera vez en el reiterado
patrón de agresiones contra la nación persa, una variable decisiva:
la posibilidad de que un ataque contra Irán desencadenara una
escalada regional de consecuencias imprevisibles que trascendieran
el ámbito estrictamente militar y pusieran en jaque la seguridad del
suministro energético mundial.
Para Moscú, la experiencia iraní impuso una lección que la obligaba
a despabilarse:
la disuasión no depende exclusivamente de la
posesión de sus (significativas) capacidades militares, sino,
fundamentalmente, de la voluntad de emplearlas y de la capacidad
de traducirlas en costos concretos - no meramente retóricos -
para quien decide emprender una agresión.
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El ex presidente y ex primer ministro ruso
Dmitri Medvédev puso de relieve la admiración que suscitan en
Rusia el liderazgo iraní y la resistencia de su pueblo, en el
contexto de las exequias de Alí Jameneí. |
El precedente iraní abrió en Moscú un debate sobre la conducción
excesivamente convencionalista de la guerra:
la necesidad de actuar con mayor contundencia
en Ucrania, ante la evidencia de que la prudencia rusa no había
disuadido a Occidente, sino que en los hechos alimentó un
creciente atrevimiento.
Por supuesto, la escalada militar no garantiza la
victoria, pero sí puede "marcar la cancha" y establecer con mayor
claridad los costos que deberá afrontar quien incurra en
provocaciones o se aventure a cruzar determinadas líneas rojas.
Además, el episodio de Starobelsk fue ampliamente interpretado como
un reflejo de lo ocurrido en la escuela de Minab. La bandera de
resistencia que los iraníes alzaron tras aquel crimen atroz tuvo
entre los rusos una resonancia emocional semejante: el dolor se
transformó en indignación y la indignación, en un clamor de
venganza.
El segundo "hecho revelador" fue la campaña sistemática de
OTAN/UE/Ucrania, con el apoyo "no-beligerante" de Estados Unidos,
sobre las refinerías, depósitos de combustible e infraestructura
energética rusa, en especial, sobre su capacidad exportadora.
Esa
campaña luego también abarcó centros logísticos de todo tipo.
La llamada "campaña de los 40 días" contra Rusia lanzada el 25 de
junio de 2026 - basada en ataques de drones de largo alcance - tuvo
como objetivo declarado elevar los costos económicos de la guerra
para Moscú y obligar al Kremlin a "avanzar hacia una negociación".
Evidentemente, esa campaña fue bastante exitosa en términos
militares, alcanzándose más de 100 objetivos en pleno territorio
ruso, lo que trajo como consecuencia severos problemas de
abastecimiento de combustible.
Asimismo, aquellos ataques contra
instalaciones como Wildberries y Ozon tuvieron un alto impacto en la
actividad cotidiana, creando malestar social, y muertos, porque
siempre hay muertos.
Pero políticamente el impacto fue nulo; Rusia
no accedió a "rendirse" en una mesa de negociaciones.

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El impresionante ataque ucraniano con drones de largo alcance contra
los almacenes de Wildberries en Koledino, Podolsk, región de Moscú,
durante la mañana del 16 de agosto de 2026. |
Por supuesto, los ataques ucroatlantistas tenían también como
objetivo las elecciones legislativas rusas.
Éstas concitaban una
enorme expectativa, pues podían reforzar la autoridad política de
Putin o dejar al descubierto fisuras en su estructura de poder.
Se
trataba de los primeros comicios legislativos federales celebrados
desde el inicio de la Operación Militar-Especial, en febrero de
2022, y su resultado era observado como un indicador de la cohesión
interna.
Como para que no haya dudas, el 17 de septiembre, un día antes de
los comicios rusos, el Congreso estadounidense avaló aranceles de
hasta el 100% contra los principales compradores de energía rusa,
aprobando por 262 votos contra 159 el proyecto impulsado por el
fenecido senador
Lindsey Graham para ampliar las medidas
unilaterales coercitivas contra Rusia e Irán.
El Senado ya había
dado su visto bueno el 7 de agosto. El 18 de septiembre fue
promulgada por Trump.
El texto prevé restricciones contra dirigentes políticos y militares
rusos, empresas estatales y la denominada "flota en la sombra" y
habilita sanciones secundarias y aranceles de hasta el 100% contra
los cinco mayores socios que adquieran productos energéticos rusos.
Nótese como bombardeos contra los combustibles y sanciones siempre
van de la mano.
En ese contexto, entre el 18 y el 20 de septiembre de 2026, Rusia
celebró elecciones legislativas que arrojaron un resultado favorable
para el Kremlin.
El partido oficialista Rusia Unida (Единая Россия)
obtuvo 349 de los 450 escaños de la Duma Estatal, elevando su
representación parlamentaria respecto de los 326 escaños
precedentes.

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El cartel proselitista muestra una imagen del presidente ruso
Vladimir Putin en un estrado con el escudo nacional.
El texto dice:
"ЗАПАДУ НЕ НУЖНА РОССИЯ, РОССИЯ НУЖНА НАМ!", es decir,
"¡Occidente
no necesita a Rusia, nosotros necesitamos a Rusia!".
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El resultado constituyó un espaldarazo para Vladimir Putin en plena
guerra con Ucrania.
El oficialismo no solo conservó la mayoría
constitucional de dos tercios, ¡sino que amplió su capacidad de
impulsar su agenda legislativa!
Casi inmediatamente, los bálticos y Polonia empezaron sus amenazas a
Kaliningrado. Lituania instauró el servicio militar obligatorio y
terminó permitiendo la instalación de armamento nuclear en su
territorio, por poner un ejemplo
Previamente lo habían hecho
Letonia y Estonia.
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Tras las exitosas elecciones de
Rusia Unida en la Duma, el ministro de Relaciones
Exteriores estonio Margus Tsahkna se acordó
repentinamente de Kaliningrado. |
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Para justificar su postura de confrontación contra Rusia y apuntar a
Kaliningrado, el primer ministro polaco,
Donald Tusk, sostiene -
"como historiador" - que Moscú siempre ha invadido a sus vecinos.
¿Se habrá salteado los capítulos de la historia europea en los que
fueron otras potencias las que marcharon sobre territorio ruso?
¿Olvidó la invasión polaco-lituana de 1609-1618, que llegó a ocupar
Moscú?
¿La campaña del rey sueco Carlos XII, derrotado por Pedro El
Grande en Poltava en 1709?
¿La descomunal invasión napoleónica de
1812, cuyo ejército también llegó a un Moscú en llamas?
¿La guerra
de Crimea (1853-1856), en la que fuerzas británicas, francesas y
otomanas desalojaron al Imperio ruso del mar Negro?
¿Las ofensivas
de los imperios alemán y austrohúngaro durante la Primera Guerra
Mundial, que ocuparon extensas regiones del territorio zarista?
¿O,
la Operación Barbarroja de junio de 1941, cuando la Alemania nazi y
sus aliados desencadenaron contra la URSS uno de los mayores
exterminios de la historia? |
Por su parte, el hiper-guerrerista Friedrich Merz acusó a Moscú de
"manipular partidos extremistas" en Alemania y reclamó combatir la
"propaganda rusa".
Tales declaraciones impudorosas se produjeron
apenas un día después de su visita a Kiev, el 4 de octubre, donde
confirmó un nuevo paquete de asistencia que incluye € 1.000 millones
en ayuda militar y otros € 350 millones para reparar la
infraestructura energética ucraniana.
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Para Merz, Rusia no solo ejecuta operaciones híbridas - como el
ridículo bluff con drones en Leipzig, atribuido oficialmente por
Berlín a Moscú el 1 de septiembre - sino que también manipula con
propaganda a los partidos que se oponen a su gestión.
Esta fórmula
constituye una securitización del disenso:
cuestiones propias de la
controversia democrática - la política exterior, el gasto militar o
la seguridad energética - quedan así subsumidas bajo el prisma de la
seguridad nacional.
En otras palabras, la discrepancia deja de ser
una expresión legítima del pluralismo para convertirse en una
sospecha de deslealtad.
A ver, a ver...
¿Qué otro canciller
alemán utilizó este recurso para eliminar toda disidencia interna?
¡Quizás el "historiador" polaco Donald Tusk sepa decírnoslo! |
Obviamente, AfD, Die Linke y la Alianza Sahra Wagenknecht condenaron
la visita.
Alice Weidel señaló con muy buen tino que esos recursos
faltan para las pensiones y el seguro sanitario alemán, y que la
propia Alemania sufre una crisis energética.
Poco después, para no ser menos, Emmanuel Macron, con su imagen
política en caída libre y Francia sacudida por violentas revueltas
sociales, supervisó el primer lanzamiento de prueba de un misil
balístico estratégico
M51.3 desde el submarino nuclear
Le Vigilant.
"Para ser libre, hay que ser temido. Para ser temido, hay que ser
poderoso", sentenció el presidente galo.

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Emmanuel Macron contempla desde la fragata Auvergne cómo el misil
balístico francés M51.3 trepa desde el mar.
Ocurrió el 6 de octubre,
frente a la costa de Bretaña, en el Atlántico.
Todo un mensaje para
Moscú. |
Así las cosas, con el precedente soberanista iraní, los intentos de
asfixia energética del ariete ucraniano, las demostraciones de
fuerza europeas, las distorsionadas lecciones de historia polacas,
el espaldarazo electoral a Putin y las crecientes amenazas sobre
Kaliningrado como telón de fondo, Moscú llevó la escalada militar a
un nuevo umbral.
Rusia ya venía respondiendo con acciones militares más temerarias:
bloqueó los puertos de Ucrania, impidiéndole exportar sus productos
agrícolas (y el contrabando de armas), intensificó sus bombardeos
sobre centrales eléctricas, vías férreas, locomotoras y hasta
estaciones de servicio (gasolineras).
Pero en las últimas semanas subió como nunca el dial del dolor,
intensificando la presión sobre Ucrania mediante una ofensiva
multivectorial, concebida para erosionar su capacidad militar,
energética y logística.
Los ataques rusos no solo se multiplicaron, sino que Kiev pasó a
convertirse en un objetivo cada vez menos restringido.
Durante las
primeras etapas del conflicto, la capital ucraniana sufrió ataques,
pero conservó amplios espacios de funcionamiento civil y una
relativa continuidad de la vida cotidiana, pese a las alarmas
antiaéreas, los daños materiales y las interrupciones de servicios.
Sólo obsérvese la diferenciación con Gaza:
revela dos escenarios de
guerra radicalmente distintos.
Mientras que la Franja quedó reducida
a un
páramo inhabitable en virtud de un
esquema genocida, Kiev
mantuvo una actividad urbana considerable, con comercios, transporte
- ¡con sus puentes intactos! - y servicios en funcionamiento.
Pero
ahora los rusos empezaron a sacar el pie del freno.
Incluso eso se nota en la retórica pública de Moscú. El mismo Putin,
que siempre tuvo una extrema corrección en sus declaraciones, mostró
signos de hartazgo:
"Aquí tienes, fascista: una
granada de un soldado soviético", declaró Putin en Valdái.
No es un detalle menor que el presidente
ruso hable de un soldado soviético y no de uno ruso.
La elección es deliberada: inscribe la guerra actual
en la memoria histórica de la Gran Guerra Patria
(1941-1945).
El calificativo "fascista" presenta al
adversario como heredero del enemigo derrotado por
el Ejército Rojo, mientras que la referencia al
soldado soviético evoca, por extensión, a la
victoria de la URSS sobre la Alemania hitleriana y
sus aliados europeos. |
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En Valdái, Vladimir Putin dejó una advertencia: las armas nucleares
rusas no son un ornamento.
Señaló que, ante un ataque directo contra
Rusia - incluida la región de Kaliningrado - el empleo de todos los
medios militares disponibles entraría en consideración. |
Las acciones rusas también deben leerse a la luz del incumplimiento
por parte de Washington de los entendimientos alcanzados en la
cumbre de Anchorage.
Allí, según trascendió, Estados Unidos habría
reconocido la necesidad de abordar las "causas fundamentales" del
conflicto ucraniano, admitiendo implícitamente que un alto el fuego
resultaría inviable sin resolver previamente las cuestiones
estratégicas que le dieron origen.
Pero luego lo desconoció...
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El canciller ruso, Serguéi Lavrov, atribuye el recrudecimiento de
las operaciones militares contra el régimen banderista de Kiev a la
falta de seriedad de Washington, que terminó desentendiéndose de los
puntos de acuerdo alcanzados en Alaska, durante la cumbre de agosto
de 2025.
Según Lavrov, Estados Unidos finalmente habría convergido
con las posiciones de sus aliados europeos, plegándose a sus
presiones en detrimento de la vía diplomática que Moscú esperaba
consolidar. |
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Durante años, el politólogo ruso Serguéi Karaganov cuestionó la
"blandura" y la excesiva prudencia de Putin, que a su juicio
alentaba la escalada occidental. |
Ahora, las advertencias "nucleares"
del presidente ruso en Valdái y el redoble de los bombardeos sobre
Kiev se acercan a la disuasión radical propuesta por Karaganov.
Por todo ello, el Kremlin desató como nunca antes sus bombardeos
contra blancos infraestructurales de Ucrania, haciéndole pagar
realmente un precio durísimo a todo nivel, ya no solamente militar.
Es más, el 3 de octubre, el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso
advirtió oficialmente a extranjeros y misiones diplomáticas sobre el
peligro de estar en Ucrania, y anunció que continuaría y/o
incrementaría sus represalias
O sea:
todas aquellas limitaciones
autoimpuestas se abandonaron por completo.
Probablemente, la "muerte
por una enfermedad repentina" de Lindsey Graham haya sido el
puntapié inicial. Por cierto, las embajadas occidentales están
considerando trasladarse a
Leópolis.
Ayer mismo el 70% de Kiev quedó
a oscuras.
La incorporación de los drones Geran-5, de mayor velocidad y carga
útil, plantea un nuevo desafío para las defensas antiaéreas
ucranianas y obliga a revisar los sistemas de interceptación
empleados hasta ahora.
Los Geran-2 - la versión rusa de los Shahed-136
iraníes - basaban buena parte de su eficacia en una combinación de
bajo costo, producción masiva y empleo en oleadas destinadas a
saturar las defensas y atacar objetivos con protección limitada.
Su
baja velocidad [180 km/h] y su perfil de vuelo permitían que incluso
aeronaves ligeras de pistón, como los Yak-52, o turbohélices como el
An-28, pudieran interceptarlos con ametralladoras o drones
antidrones P1-SUN. [1]
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Una avioneta de transporte ligero Antonov An-28 ucraniana armada con
una ametralladora M134 Minigun de 7,62mm en su fuselaje y hasta con
soportes para drones antidrones P1-SUN, muestra su efectividad
contra los lentos Geran-2 rusos. |
Con los Geran-5, sin embargo, el escenario cambia:
su mayor
velocidad [600 km/h] dificulta el empleo de los medios de
interceptación "económicos".
En consecuencia, Ucrania se ve ante un
dilema: adaptar sus defensas a una amenaza mucho más exigente.
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Un Geran-5 impacta a plena luz del día contra el puente Sur, en
medio de un tráfico fluido.
Kiev, atravesada por el río Dniéper, es
una ciudad cuya conectividad depende en gran medida de los puentes
que enlazan sus sectores oriental y occidental.
Atacar estas
infraestructuras supone mucho más que dañar una obra de ingeniería:
implica comprometer la movilidad urbana y generar trastornos
logísticos en la ciudad clave del Estado ucraniano.
La imagen del
impacto en plena jornada rutinaria subraya la vulnerabilidad de la
infraestructura crítica y la escasez de elementos de defensa
adecuados. |
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El primer ministro búlgaro, Rumen Radev, pronostica que el invierno
que se viene será crudísimo para Ucrania, que está siendo vulnerada
por cientos de misiles y miles de drones casi a diario.
El centro
del país colapsará y con ello, las líneas del frente. |
Poner el dedo en la llaga de los puentes de Kiev afectó el ánimo
belicista de Zelenski, y fiel su doble estándar, prometió una guerra
sin cuartel contra las refinerías rusas, pero también su disposición
a una reunión trilateral, con Trump como mediador.
Extraña actitud la del líder banderista:
el 30 de septiembre de
2022, mediante el decreto n.º 679/2022, Zelenski prohibió negociar
con Putin - aunque dejó abierta esa posibilidad "ante otro
liderazgo" - mientras aguardaba esperanzado ese ingreso exprés en la
OTAN que jamás ocurrió.
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El inflexible inquilino de Bankova muestra destellos de disposición
a negociar únicamente cuando los bombardeos rusos devastan su
infraestructura crítica. |
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Putin sostiene que Rusia se limitó a responder "con la misma moneda"
a los ataques ucranianos.
Y subraya:
mientras Kiev golpeaba
objetivos estratégicos rusos, Europa se relamía ante la perspectiva
de subirse al caballo vencedor.
Pero cuando Moscú comenzó a castigar
infraestructuras críticas para la economía ucraniana, el entusiasmo
belicista empezó a ceder terreno y las propuestas de negociación
cobraron nuevo impulso. |
Sin embargo, para los rusos Zelenski es apenas un escorpión, y los
escorpiones solo saben picar. Su régimen conoce una única manera de
subsistir: la de ser una Anti-Rusia ofrecida al mejor postor.
En tal
sentido, terminó redoblando sus ataques contra las refinerías rusas,
pese a las advertencias de Trump para que desistiera de esa
estrategia.
Obviamente, Trump no intervino por pacifismo, sino por un cálculo
prosaico: los ataques comprometen la producción y almacenamiento
ruso, agravando la escasez de diésel en los mercados
internacionales, con repercusiones directas sobre Estados Unidos en
su año electoral.
Según la Administración de Información Energética
de Estados Unidos (EIA, Energy Information Administration), el
precio minorista promedio nacional pasó de 3,71 dólares por galón a
comienzos de año ¡a un pico de 6,50 dólares en octubre!
Estados Unidos es un país de enormes distancias.
Un camión o un auto
Sedán que conduce unas 10.000 millas al año (~16.000 km) y gasta
9,38 litros de diésel cada 100 km (25 millas por galón), termina
consumiendo 1.500,8 litros (396,5 galones).
Suponiendo un promedio
de precios de 6,30 dólares los 100 km, el costo anual termina siendo
1.008 dólares. Si el promedio de precios fuera 3,70 dólares, el
costo total anual sería de 416 dólares, aproximadamente un 41,3%.
Vale decir, el aumento no es un asunto menor.
Duele en el bolsillo
de los trabajadores que viajan largas distancias y encarece el
precio de las mercancías. Es un coste variable que no puede
absorberse, sino trasladarse.
Y hete aquí el problema:
las cifras de aprobación de Trump caen a
medida que los precios del combustible trepan.
Es casi una relación
inversamente proporcional.
En septiembre, cuando el diésel
estableció su récord, la aprobación presidencial alcanzó el 32%, el
nivel más bajo de su carrera política.

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Un encuesta de Ipsos reveló el 20 de septiembre que el índice de
aprobación del presidente Donald Trump había caído al 32%, el nivel
más bajo de toda su carrera política.
El 3 de noviembre se renuevan
las cámaras. |
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Trump exigió a Zelenski y sus
adláteres europeos que no sigan
castigando el diésel ruso porque la escasez de oferta impactaba
severamente sobre los precios internacionales (e internos
estadounidenses).
El diésel es uno de los combustibles fundamentales
para el campo, la industria y el transporte de mercancías, o sea, la
base electoral de Trump. |
Considérese que Rusia es una potencia mundial en la producción y
exportación de diésel.

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Nótese que Estados Unidos exporta 1,26 millones de barriles (15,4%)
mientras que Rusia le sigue con 783.000 barriles (9,5%).
Detrás
aparece Arabia Saudita, con 678.000 barriles, e India, con 567.000
(8,3%). |
Como consecuencia de los ataques, Rusia había decidido restringir
sus exportaciones.
Europa, que desde febrero de 2023 prohíbe la
compra de diésel a Rusia, había recurrido a Estados Unidos. Pero la
decisión de Moscú tensionó el mercado porque la oferta global se
contrajo.
Así, Bruselas se encontró con que sus propios aliados
transatlánticos no necesariamente estaban dispuestos a sacrificar el
abastecimiento interno para garantizar el suministro europeo.
En un
contexto de competencia, el Viejo Continente comenzó a enfrentarse
al riesgo de una sequía de diésel, con sus consiguientes
efectos
inflacionarios, mientras cobraba fuerza la necesidad de recurrir a
sus reservas estratégicas para amortiguar el impacto.

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El 2 de octubre, Trump publicó:
"Europa acaba de aceptar liberar una
cantidad masiva de sus abundantes reservas de diésel.
El proceso
comenzará de inmediato".
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Y ocurrió la reunión de emergencia del G7 del 2 de octubre.
Según se
filtró, el acuerdo contempló liberar hasta 100 millones de barriles
de petróleo y combustibles durante cuatro meses, con una parte
importante del diésel puesta en circulación durante los primeros 20
días.
Pero los entendidos sabían que esta medida era insuficiente.
La crisis de abastecimiento de diésel - un combustible esencial e
insustituible en el corto plazo para el campo, la industria y el
transporte de mercancías - terminó entonces propiciando un acuerdo
que pocos habrían imaginado posible.
La urgencia de contener la
escalada de los precios y evitar mayores perturbaciones en las
cadenas de suministro llevó a gobiernos enfrentados en otros
terrenos a coordinar medidas para volcar combustible al mercado.
Este viernes 9 de octubre de 2026, Trump anunció un acuerdo con
Putin por el cual Rusia volvería a colocar grandes volúmenes de
gasoil en los mercados internacionales - ¡incluido el
estadounidense! - para aliviar la crisis de abastecimiento y
contener los precios, disparados en el contexto de la guerra en
Ucrania y, evidentemente, con Irán.
Washington flexibilizará
temporalmente las sanciones que obstaculizaban esas operaciones.
¿En qué quedó entonces la Ley Graham promulgada el 18 de septiembre?
Como reza el viejo refrán,
la necesidad tiene cara de hereje...
¡Revuélquese en su tumba don Lindsey!
Vamos a los números:
Rusia volcará al mercado unas 300 mil toneladas
"de inmediato", otras 500 mil en noviembre, un millón poco después,
y luego hasta tres millones adicionales.
De esta manera, Estados
Unidos incorporará diésel ruso para aliviar la presión sobre (sus
propios) precios, que habían alcanzado niveles récord.
Y Rusia podrá
vender sin restricciones, apuntalando su economía.

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Donald Trump anunció en Truth Social el acuerdo alcanzado con
Putin
para liberar diésel ruso en los mercados estadounidense y mundial.
Pero hay un detalle que merece especial atención.
El mandatario
estadounidense escribió que, gracias a "nuestro CONTROL TOTAL del
estrecho de Ormuz" y al acuerdo energético con Rusia, los precios
del diésel caerían rápidamente y en proporciones récord. |
El anuncio sorprende porque contradice el acuerdo del G7, y la misma
Ley estadounidense promulgada hace menos de un mes.
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El 9 de octubre, una vez cerrado el acuerdo sobre el diésel con
Moscú, Donald Trump elevó la presión sobre Volodimir Zelenski.
Afirmó que ya le había advertido a su homólogo ucraniano que no
atacara las refinerías rusas, pero que este había desoído sus
advertencias.
Acto seguido, endureció su discurso hasta cuestionar
la continuidad de Zelenski en el poder:
Ucrania, sostuvo, debería
tener otro presidente para poder poner fin definitivamente al
conflicto.
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Por supuesto, nadie ignora que esta constituye una forma de presión
de Washington sobre Kiev.
Trump no reconoce al cierre de Ormuz o Bab
El-Mandeb como causas de la contracción global de la oferta de
diésel.
Solo apunta al indispensable suministro ruso.
El mensaje
político es inequívoco:
si Zelenski y la Coalición de los Dispuestos
europea insisten en atacar las refinerías rusas, sus acciones
dejarán de ser consideradas únicamente como un problema de Moscú y
pasarán a comprometer los propios intereses energéticos de Estados
Unidos.
Para colmos, el anunció se hizo cuando una delegación ucraniana
estaba reunida en Miami con Marco Rubio, Steve Witkoff y Jared
Kushner, para sondear vías de negociación para poner fin a la guerra
con Rusia.
Los ucranianos la interpretaron como una "puñalada por la
espalda"...

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El 9 de octubre, mientras una delegación ucraniana se reunía en
Miami con Steve Witkoff y Jared Kushner para abordar las
perspectivas de negociación, Washington sorprendió a Kiev con el
anuncio de un acuerdo energético con Moscú.
El episodio debería
servir de advertencia a las autoridades ucranianas sobre el carácter
instrumental y potencialmente descartable de su papel en la
estrategia estadounidense:
cuando los intereses de Washington lo
exigen, las prioridades de Kiev pueden quedar relegadas a un segundo
plano.
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Y atentos a este detalle:
Putin sostuvo que los ataques ucranianos
contra Moscú, otras ciudades y objetivos vinculados con las
elecciones legislativas no permitían ninguna posibilidad de
negociación trilateral.
En consistencia con ello, no anunció
suspensiones de las operaciones militares rusas.
Vale decir,
este
acuerdo energético no equivale a un acuerdo de paz, ni a una tregua,
ni garantiza una desescalada.
Es simplemente, y por ahora, un
negocio...
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¡Maravilloso mundo!
Scott Bessent, el cruzado de las sanciones, el
profeta del colapso económico ajeno, descubre las virtudes de la
tregua del diésel con Rusia acusando a sus más fieles alumnos, los
europeos. |
Según reconociera el vice primer ministro Alexander Novak, Rusia
produce ~80% más diésel del que consume. Si no lo exporta, debe
almacenarlo - lo que lo expone a ataques y a altos costos - o
reducir la producción.
Si lo exporta, monetiza sus excedentes.
¡Washington le está haciendo un gran favor a Moscú...!
Sin embargo, es menester señalar que las cifras comprometidas por
Rusia son bastante humildes y no alcanzan para descontracturar el
mercado.
Chequeen este dato:
¡Estados Unidos consume aproximadamente
3,8 millones de barriles de diésel diarios! [el equivalente a
491.000 toneladas métricas]
La prometida provisión rusa equivale en total a 4,8 millones de
toneladas (36 millones de barriles aproximadamente), sin fechas de
entrega precisas.
Como dije arriba, Estados Unidos quema 3,8
millones de barriles diarios. Vale decir: el paquete ruso equivale a
unos 9,5 días de demanda estadounidense.
La nada misma...
El escenario incluso puede agravarse:
si
Ansar Alá continúa batiendo
con sus drones las refinerías saudíes - tercer exportador global -
el mercado deberá afrontar una nueva suba.
Es más:
el panorama
adquiriría una dimensión mucho más peligrosa si un Irán atacado por
Estados Unidos se defendiera golpeando la infraestructura energética
de Arabia Saudita, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait o Bahréin.
Entonces cabe la pregunta:
¿Acaso el acuerdo de Trump con Putin
tiene en vista inyectar diésel al mercado mundial para hacer
"control de daños" sobre el alza inevitable de precios que supondría
un futuro ataque contra Irán?
¿Desea Trump amortiguar el impacto?
Es
una hipótesis geopolítica plausible. Nótese que en su mensaje de Truth Social Trump desliza,
"adicionalmente, esto debe ser
comprendido, Irán nunca tendrá un arma nuclear".
¡Suena a Carthago
delenda est! [2]
La urgencia energética y la presión política de las elecciones
legislativa existen. También la insistencia extorsiva israelí, que
"juega" con lanzar un dispositivo nuclear sobre Teherán.
El acuerdo
con Moscú busca añadir oferta al mercado pero todos advierten que
esos volúmenes no bastan para reducir los precios.
Entonces la
teoría de la amortiguación del alza se despliega ante nuestros ojos,
con el plus de "mantener a los rusos contentos" (¿y calladitos?) con
su flujo de rublos contante y sonante para liquidar el asunto
ucraniano.
Pero también podría haber otra interpretación: como sostuve en mi
artículo anterior ["En los albores de una guerra mundial"], Europa
podría
desencadenar una guerra a fines de 2026 o 2027, por ejemplo,
atacando o generando un incidente provocativo en
Kaliningrado.
Ello generaría, como advirtió Putin,
una respuesta nuclear.
Cuántos
europeos aceptarían vaporizarse en aras de la agresividad báltica,
no lo sé...
Pero,
¿cuántos estadounidenses morirían para salvar a un
letón?
¡Aún no se animan a desembarcar en Irán por sus
aliados
israelíes...!
Quizás haya una valoración realista-pesimista de la
situación - incluso el
jefe de la CIA lo pudo corroborar en Moscú -
y Washington haya articulado una "salida honorable" (un negocio,
¡qué mejor!) para evitar un Armagedón.
¡No olvidemos que Trump acusó a Zelenski de querer provocar una
Tercera Guerra Mundial!
Parecería que nos situamos, mágicamente, en
un bucle temporal que nos leva a ese "momento cero" nuevamente.
|
El 28 de febrero de 2025, Trump acusó a
Zelenski de jugar con fuego
y llevarlos a todos a la Tercera Guerra Mundial.
Ironías del
destino, exactamente un año después, Trump desataría su "Tercera
Guerra" contra Irán de la mano del israelí Benjamin Netanyahu.
Claro, Irán no es una potencia nuclear... |
Como era de prever, el acuerdo conmocionó a Kiev y a sus respaldos
europeos.
Zelenski calificó la decisión estadounidense de "injusta y
deshonesta" y hasta dijo que "Trump era débil".
También sostuvo
desvergonzadamente que "con todo respeto al presidente Trump,
corresponde a nuestra sociedad elegir a tal o cual dirigente",
obviando el pequeño detalle que desde mayo de 2024 es presidente sin
votos.
Lo cierto, es que partir de ahora, el costo de atacar las
refinerías rusas es mucho mayor: ya no solo implica una segura
retaliación rusa, sino la erosión en la relación con Washington.
Azotar las instalaciones petroleras rusas para doblegar a Moscú se
ha convertido en un argumento obsoleto de la noche a la mañana.
Pero si Zelenski decidiera "cortarse solo" en contra de la voluntad
de Washington, podría exponerse a la restricción o suspensión del
intercambio de inteligencia estadounidense, un recurso decisivo para
las operaciones ucranianas.
De hecho, esto ya ocurrió durante la
"primavera de sintonías" ruso-estadounidense a inicios de marzo de
2025, cuando la interrupción temporal de determinados apoyos en
Kursk dejó en evidencia hasta qué punto Kiev depende casi totalmente
de esa cooperación.
Existe, además, otra vía de presión:
la reactivación de los
mecanismos anticorrupción ucranianos, en particular la SAPO
(Fiscalía Especializada Anticorrupción) y la
NABU (Oficina Nacional
Anticorrupción de Ucrania), organismos que se han convertido en el
terror de Zelenski y su corrupto entorno.
Para la Unión Europea la medida es desconcertante:
hace apenas una
semana, los países del G7 acordaron medidas contra la crisis del
diésel, rechazando la idea de reducir las sanciones contra Rusia.
Ahora, pasa todo lo contrario.
Falta que Úrsula von der Leyen diga
"creí que éramos amigos"...
Desde 2022 en adelante, la burocracia bruselense sacrificó su
competitividad industrial, soportó la inflación y aplicó
rigurosamente diversas rondas de sanciones para "derrotar
estratégicamente" a Rusia.
Ahora, las huestes de Washington hacen un
acuerdo excepcional con el enemigo importándole un bledo los
compromisos y las quejas europeas.
¿Y si todo esto fuera un mensaje
a la UE y Reino Unido para que no sume a Canadá como socio? No
olvidemos ese detalle...
Frustrado, apenas unas horas después del anuncio de Trump, Zelenski
ordenó el lanzamiento de drones contra la terminal rusa de
exportación de petróleo situada en
Rostov del Don.
La instalación,
estaba dedicada al almacenamiento y exportación de productos
petrolíferos refinados.
Demás está decir que dicha operación es un desafío directo a la
autoridad de Trump. Si Trump pretende ser tomado en serio deberá
respaldar con hechos y responder (especialmente contra la
colaboración subrepticia entre CIA-AFU-MI6).
Una cosa es que el
perro cambie de correa (por ejemplo, entregándose a la Coalición de
los Dispuestos) y otra, muy distinta, que muerda la mano que le da
de comer.
Pero Europa sí está cortándose sola.
Se viene preparando para una
guerra total y armándose hasta los dientes para ello. El 28 de
septiembre, el Consejo Europeo aprobó oficialmente los primeros
cinco
Proyectos Europeos de Defensa de Interés Común.
A Ucrania se
le permite participar. El problema no será rearmarse sino convencer
a los pueblos para que combatan contra los rusos.
La propaganda
deberá hacer un gran trabajo de zombificación.
Por lo pronto, la jefa de la diplomacia de la UE, Kaja Kallas, y el
primer ministro británico, Andrew Burnham, expresaron su
"solidaridad absoluta" con Zelenski.
Merz y Macron no tardarán en
sumarse.
Por supuesto, el acuerdo del diésel con Moscú no implica en absoluto
una alianza estratégica entre Washington y el Kremlin.
Se trata, más
bien, de una tregua transaccional en la que ambas partes obtienen
réditos inmediatos, ante todo económicos, aunque sus consecuencias
también podrían proyectarse sobre el terreno geopolítico.
Mientras Europa y Ucrania se organicen para sostener la
confrontación con Rusia bajo el manto de una supuesta neutralidad
estadounidense, la dinámica resulta funcional a Washington, que gana
dinero y desgasta a Moscú y Bruselas por igual.
Pero cuando ambas
desafían una distensión, aunque sea limitada y transaccional,
impulsada por la Casa Blanca en función de sus propios intereses, el
escenario cambia radicalmente.
En ese caso, la fractura
transatlántica podría profundizarse y empujar a Europa a acelerar el
fortalecimiento de su autonomía, aunque ello implique una
confrontación más abierta con Estados Unidos.
Y aquí podría incluso aventurarse un parte-aguas:
¿Estamos ante una
próxima puñalada estadounidense contra los rusos o acaso ante el
despertar de una liquidación de Europa (como supraestado)?
Ojo,
porque existe un antecedente que vuelve especialmente pertinente
esta última posibilidad...
Contra todo pronóstico, dos potencias ideológicamente antagónicas,
Estados Unidos y la Unión Soviética, terminaron convergiendo
temporalmente en una alianza para derrotar a la Alemania nazi,
entonces la principal potencia militar del continente europeo.
Esa
confluencia surgió en junio de 1941, apenas las tropas fascistas
pan-europeas penetraron en territorio soviético.
Una Alemania que se
había convertido en un imán de admiración pan-europeo hubiese
alterado radicalmente el tablero geopolítico de entonces.
Los
anglosajones no lo podían permitir.
Los soviéticos menos.
Y allí se
dio la paradójica alianza...
¿Puede que se esté configurando un escenario que invita a considerar
aquel precedente histórico?
Los tímidos acercamientos entre la
burocracia de la UE a la Commonwealth británica - con Canadá como
estrella fulgurante - están reconfigurando el mapa europeo.
Sus
ansias de guerrear contra Moscú quizás terminen produciendo
realineamientos que sus promotores iniciales jamás habían previsto.
La Historia no se repite 'mecánicamente',
pero sus advertencias
merecen atención...
Referencias
-
Entre las paradojas de la guerra moderna,
los entrenadores a pistón Yakovlev Yak-52, heredados de la
era soviética, han sido empleados con éxito por las fuerzas
ucranianas para interceptar drones rusos.
Mediante la identificación visual del
blanco y con un tirador ubicado en el segundo asiento, en
configuración tándem, estas aeronaves recurren a un método
de combate que evoca los albores de la aviación militar:
disparar contra el enemigo "al estilo de la Primera Guerra
Mundial".
Una imagen que condensa las
contradicciones del campo de batalla contemporáneo, donde
tecnologías no tripuladas de bajo costo pueden ser
enfrentadas con procedimientos rudimentarios y plataformas
concebidas décadas atrás.
-
"Carthago delenda est" - "Cartago debe
ser destruida" - es una célebre sentencia latina atribuida a
Catón el Viejo (234-149 a.C.), dicha repetidamente en el
Senado romano.
Tras la segunda guerra púnica (218-201
a.C.), Cartago había perdido su poder militar y gran parte de
su influencia, pero conservaba su capacidad comercial y
económica.
Catón consideraba que esa supervivencia
constituía una amenaza para Roma y convirtió la destrucción
de la ciudad en una consigna política persistente.
En 149 a.C. comenzó la tercera guerra púnica.
Tres años después, en 146 a.C., Roma
destruyó Cartago.
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