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por
Zhandra Flores
22 Noviembre 2025
del Sitio Web
RTEsp

Imagen ilustrativa.
Imagen creada por
inteligencia artificial
Desde el siglo XIX,
Washington
ha considerado
que
le asiste el derecho de regir
el destino
de sus vecinos del sur...
"El 'patio trasero'."...
Entre los latinoamericanos, la frase tiene un
sentido inequívoco:
imperialismo estadounidense.
Más específicamente evoca,
intervenciones militares, bloqueos y
sanciones económicas, intentos de cambio de régimen, operaciones
de falsa bandera, complicidad con sangrientas dictaduras,
expolio de riquezas, chantajes y control político, económico y
diplomático.
En términos formales, alude al auto-arrogado
derecho de EE.UU. de decidir y controlar los destinos de sus
vecinos, desde el sur del río Bravo hasta la Patagonia, cuyo origen
se remonta a 1823, cuando el entonces presidente
James Monroe
declarara:
"América para los americanos
(estadounidenses)",
...frase que luego habría de ilustrar la así
llamada Doctrina Monroe.
El mensaje, dirigido a las potencias europeas de la época, era una
advertencia:
Washington no estaba dispuesto a tolerar más
colonizaciones ni gobiernos tutelados desde Europa en lo que ya
perfilaba como su área de influencia exclusiva.
Entonces Monroe no lo dijo, pero la historia
mostraría que eso que reclamaba, describiría a la postre su propio
proceder.
En los albores del siglo XX, el presidente
Theodore Roosevelt habría de
aportar la explicitud que le faltó
a su antecesor:
EE.UU. podría "ejercer el poder policial
internacional en casos flagrantes de tales irregularidades o
impotencia".
Esa política exterior, bautizada informalmente
como el 'gran garrote', es el conocido corolario Roosevelt a la
Doctrina Monroe.

Theodore Roosevelt,
presidente de EE.UU.
entre 1901 y 1909.
Corbis /
Gettyimages.ru
Durante el resto del siglo pasado, la Casa Blanca aplicó versiones
modificadas del 'gran garrote' y de la Doctrina Monroe bajo
distintos alegatos.
En tiempos de la Guerra Fría, el discurso se
centró en el anticomunismo, pero tras el desplome del bloque
socialista en Europa del Este y de la Unión Soviética, se apeló a
otros recursos como,
la lucha por la libertad y la democracia o el
combate al narcotráfico.
Empero, estas ideas imperialistas no solo son el
resultado de la consolidación de la nación estadounidense como
potencia regional, lo que ocurrió durante prácticamente todo el
siglo XIX a través de sucesivos procesos de expansión territorial
mediante la guerra, que luego dieron paso a otros
métodos coercitivos con el objetivo
terminal de imponer su dominio político, cultural y económico sobre
terceras naciones.
También ha jugado un papel la autopercepción de ese país como el
resultado de una excepción divina que les otorga superioridad
simbólica y material frente a sus pares, cuyo origen puede ubicarse
en la época colonial y que es el resultado de una amalgama de
creencias económicas, militares, raciales y
religiosas que aún persiste.

Marco Rubio (i), Donald Trump (c)
y Peter Hegseth.
Andrew Harnik /
Gettyimages.ru
Por ello no resulta del todo sorprendente que el secretario de
Guerra de EE.UU.,
Peter Hegseth,
declarara en una entrevista:
"El mensaje que se está transmitiendo es que
el presidente de EE.UU. se toma muy en serio la protección de
nuestra patria y del pueblo estadounidense, que durante
demasiado tiempo ignoró nuestro propio 'patio trasero'",
...con referencia a las operaciones militares que
mantiene Washington en el Caribe y el Pacífico con el alegato
declarado de combatir a los cárteles de la droga.
Del "Gran Garrote" a la Hegemonía
del Dólar
De Roosevelt en adelante y hasta el fin de la II Guerra Mundial,
EE.UU. aplicó sin rubores la política del 'gran garrote' en América
Latina.
Cuenta de ello dan las
intervenciones militares en,
...ocurridas todas durante el primer tercio del
siglo anterior.
Los pretextos variaron según la situación, pero destacan dos, que se
han mantenido casi sin variaciones desde aquella época:
la "protección de vidas estadounidenses" y el
control de situaciones calificadas como amenazas a su seguridad
nacional.
Una lista no exhaustiva incluye el
control del canal de Panamá,
asegurar el cobro de deudas, proteger los intereses de compañías
estadounidenses - destaca el caso de la United Fruit Company -
afianzarse el acceso privilegiado a recursos naturales estratégicos
y conseguir alineamiento político y diplomático, aunque ello
significara imponer un Gobierno tutelado o estrechamente vigilado
por la Casa Blanca.
Con el advenimiento de la Guerra Fría, el discurso cambió
superficialmente.
Ya no se trataba de la protección de los
intereses de EE.UU. abstractamente sino de la construcción de un
enemigo común: el comunismo.
Bajo esta premisa, y sin renunciar del todo a los
métodos del "gran garrote",
un golpe de Estado orquestado por la Agencia
Central de Inteligencia (CIA) en 1954,
expulsó del poder al presidente
guatemalteco Jacobo Árbenz.
Fue el primero, pero no el último.
En 1964, le tocaría el turno al brasileño
João Goulart y en 1973, al chileno
Salvador Allende.
También se ha vinculado a la inteligencia
estadounidense con los derrocamientos del dominicano Juan
Bosch (1963) y del guyanés
Cheddi Jagan (1964).
Tras Árbenz, la peor pesadilla de EE.UU. para la
época se hizo realidad:
en 1959, se instaló en Cuba un Gobierno
revolucionario liderado por
Fidel Castro.
Desde entonces, la Casa Blanca se ha valido
prácticamente de cualquier método - incluida una fallida
intervención militar en 1962 - para deponerlo, pues lo consideró una
suerte de mal ejemplo que debía ser eliminado.
Han pasado más de seis décadas y no ha tenido
éxito.
Asimismo, la experiencia cubana sirvió de ariete para que Washington
agrediera militarmente a
República Dominicana (1965) y a
Granada (1983), emprendiera guerras
de baja intensidad en Centroamérica y apoyara a sangrientas
dictaduras militares en América del Sur:
Argentina, Brasil, Bolivia, Chile y Uruguay,
...como parte de su doctrina de seguridad
nacional centrada en el anticomunismo, aún a
sabiendas de que esos regímenes fueron responsables del asesinato,
desaparición forzada, persecución política y violaciones sostenidas
de los derechos humanos de miles de personas, como luego hubo de
establecer la Justicia, más allá de toda duda razonable.

Imagen ilustrativa
Francis Joseph
Dean/Dean Pictures
Legion-Media
Empero, la consolidación del poderío estadounidense tras el fin de
la II Guerra Mundial no ocurrió solo en el plano militar.
La Guerra Fría tuvo también una vertiente
económica que Washington supo aprovechar muy bien, ora por medio de
mecanismos como la Alianza para el Progreso, ora por medio del
control financiero a través de entidades gubernamentales como la
extinta Agencia de los EE.UU. para el Desarrollo Internacional (USAID)
o entidades multilaterales como el Fondo Monetario Internacional (FMI),
el Banco Mundial (BM)
o el Banco Interamericano de Desarrollo.
Asimismo, el control sobre las materias primas latinoamericanas le
permitía manipular a su antojo los precios de mercancías
estratégicas como el petróleo - esto dio lugar al surgimiento de la
Organización de Países Exportadores de Petróleo - o el cobre,
que fue usado como herramienta de ataque contra la
economía chilena en tiempos de
Salvador Allende.
A ello se suma que en 1971, el presidente estadounidense Richard
Nixon puso fin unilateralmente a la convertibilidad del dólar en
oro, lo que un par de años más tarde enterró de facto los Acuerdos
de Bretton-Woods, que habían definido la arquitectura financiera
internacional de la posguerra y le abrió paso a la hegemonía del
dólar, convertida en adelante en otro mecanismo de presión contra
países estimados hostiles por Washington.
En paralelo, la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990)
sirvió como marco privilegiado de experimentación de las políticas
monetaristas neoliberales, que en la década siguiente se erigieron
como el único mecanismo mediante el cual los países del Sur Global,
incluidos los latinoamericanos, podían acceder a créditos
internacionales en medio de una crisis de deuda que afectó a
prácticamente toda la región.
De conformidad con los intereses financieros estadounidenses tras el
fin de la Guerra Fría, a los gobiernos se les condicionó el acceso a
los fondos a la implementación de duras medidas de ajuste
estructural que se tradujeron en,
-
olas de privatizaciones de compañías
públicas
-
desregulaciones
-
caída de las tasas impositivas para los
grandes capitales
-
apertura económica a trasnacionales del
Norte Global
-
empobrecimiento masivo de las poblaciones
-
destrucción de la industria local
-
un creciente malestar social
Las Resistencias y el Presente
No obstante, pese al evidente poderío estadounidense sobre América
Latina, la idea del "patio trasero" ha sido históricamente
contestada.
Desde el siglo XIX, con personajes como Simón
Bolívar o
José Martí, pasando por el
siglo XX, de la mano de figuras como,
Augusto César Sandino, Fidel Castro,
Omar Torrijos o Juan Domingo Perón,
...Washington ha encontrado resistencias
nacionales a sus pretensiones de dominar los destinos de los países
latinoamericanos.
Sobre este asiento histórico y habiendo podido capitalizar el enorme
descontento que dejó tras de sí la década de abierto neoliberalismo,
en la década de 2000, países como Venezuela, Brasil, Argentina,
Bolivia y Ecuador eligieron gobiernos que se opusieron abiertamente
a la hegemonía estadounidense, promovieron activamente la
integración regional a través de mecanismos como la Comunidad de
Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) y diversificaron
sus alianzas con otras potencias emergentes, particularmente con
China, Rusia e India.
En 2005, el Gobierno de George W. Bush acusó acaso el mayor
revés geopolítico para su país en varias décadas, al ver naufragar
sin remedio el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA),
una iniciativa que le aseguraría a EE.UU. el control de la economía
regional durante tiempo prolongado.
Inmersa en otros frentes - Afganistán e Irak - la
administración estadounidense no fue capaz de responder al golpe
sino muy a posteriori y ya sin la fuerza con la que inicialmente
pretendía.
Empero, este incidente dejó una importante lección:
la hegemonía estadounidense no solo estaba
siendo contestada por sus vecinos, sino que en adelante tendría
competir con Pekín y Moscú en un terreno que consideraba suyo
por derecho casi divino.

Laura Richardson,
jefa del
Comando Sur de EE.UU.
entre 2021 y
2024.U.S.
Southern
Command
"Si hablo de mi segundo adversario en la región, Rusia, me
refiero, por supuesto, a Cuba, Venezuela y Nicaragua, países que
mantienen relaciones con Rusia.
Pero, ¿por qué es importante esta región?
Con todos sus ricos recursos y tierras raras,
[ella] radica en el Triángulo del Litio, necesario para la
tecnología actual.
El 60 % del litio del mundo se encuentra en
este Triángulo:
Argentina, Bolivia y Chile.
Además, cuentan con las mayores reservas de
petróleo: crudo ligero dulce descubierto en Guyana hace más de
un año.
También están los recursos de Venezuela:
petróleo, cobre y oro",
...sostuvo
en 2023 la para entonces jefa del Comando Sur de EE.UU.,
Laura Richardson.
A esta lista agregó, empleando el verbo "tenemos"
en controvertido plural,
"la Amazonía", a la que denominó "el pulmón
del mundo", así como "31% del agua dulce del mundo", que está
presente en esta región.
"Es simplemente extraordinario. Tenemos
mucho por hacer. Esta región importa. Tiene mucho que ver con la
seguridad nacional, y necesitamos intensificar nuestra labor",
apuntó la alta funcionaria.
El objetivo luce claro:
EE.UU. asume que debe recuperar su supremacía
en la región, aunque ello entrañe el regreso a metodologías que
se creían superadas como las amenazas militares, que hoy se
sostienen en el discurso del combate contra el trasiego
internacional de drogas, presentado ante la opinión pública
como un asunto de seguridad nacional.
La narrativa ha sido ampliamente cuestionada
porque no hay evidencia que la respalde.
Además, la Casa Blanca ha tachado, sin pruebas, a
los presidentes de Venezuela y Colombia, Nicolás Maduro y
Gustavo Petro, de dirigir cárteles del narcotráfico.
Así, en el actual contexto, Caracas y Bogotá
figuran como blancos de la política exterior estadounidense...
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