por Christian Cirilli

21 Mayo 2026
del Sitio Web
ChCirilli

 

 

Christian Cirilli

es un analista político argentino, nacido el 20 de junio de 1972 en Buenos Aires. Licenciado en Administración (UBA), manifestó su interés en asuntos internacionales, economía, geopolítica y globalización, expresando sus opiniones en su "bitácora" personal:

LA VISIÓN.
Colabora con medios como KontraInfo y ha participado en programas de radio como Otras Voces (FM Crisol) y Radio Gráfica, además de numerosos canales de YouTube.

Sus artículos son replicados por muchos portales y periódicos del mundo, y suelen ser utilizados en la Licenciatura en Relaciones Internacionales de la Universidad del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNICEN).

 

 

 

 

 



Al igual que el entonces candidato Mauricio Macri, que construyó su campaña de 2014-2015 sobre la promesa de que,

"no vas a perder nada de lo que ya tenés", o Javier Milei, quien aseguró que "esta vez el costo lo paga la casta política",

...para luego avanzar ambos, aliados y coordinados, sobre la calidad de vida de los trabajadores, recortando derechos adquiridos, liquidando recursos públicos e hipotecando el futuro de la nación - el actual presidente boliviano, Rodrigo Paz, jamás explicitó durante la campaña que, a poco más de cien días de asumir, impulsaría un paquete de reformas ultra-neoliberales orientadas directamente a desmantelar el Estado Plurinacional.

Paro rápidamente la pelota aquí:

con total legitimidad me podrán decir que todo el arco político sabía que Rodrigo Paz era un hombre ligado al "libre mercado".

Sin embargo, es menester señalar que Paz cultivó deliberadamente ciertas vaguedades discursivas en su campaña electoral, evitando explicitar con claridad la profundidad y velocidad del programa que finalmente terminaría aplicando.

Los principales candidatos en las elecciones celebradas el 17 de agosto de 2025 fueron,

  • Rodrigo Paz Pereira, por el Partido Demócrata Cristiano (PDC), quien durante la campaña buscó correrse hacia el "centro" político

  • el ultraconservador Jorge Quiroga, de la Alianza Libre - quien finalmente disputó el balotaje contra Paz

  • el inefable Samuel Doria Medina, por Unidad Nacional

  • Andrónico Rodríguez, referente del ala masista alineada con Evo Morales

  • Eduardo del Castillo, vinculado al MAS renovador referenciado en Luis Arce

Al igual que con el "peronismo" argentino, las rencillas internas en el MAS [Movimiento al Socialismo] entre "puristas" y "pragmáticos" terminaron erosionando su cohesión política, lo cual privilegió el ascenso de la ultraderecha 1 más recalcitrante, caracterizada por su fuerte impronta regionalista, conservadora y empresarial, e históricamente ligada a las élites agroindustriales y financieras del oriente del país, especialmente del departamento de Santa Cruz.

Por supuesto, no sorprende que, en pleno resurgimiento del trumpismo, Bolivia haya vuelto a virar su rumbo político.

 

No debe olvidarse que la crisis boliviana de 2019 - que culminó con la abrupta salida de Evo Morales y la posterior asunción de Jeanine Áñez - se desarrolló durante la primera presidencia de Donald Trump.

 

El propio Evo logró evitar un destino trágico gracias a la asistencia brindada por el entonces recién asumido presidente argentino Alberto Fernández y por su par mexicano Andrés Manuel López Obrador, quienes facilitaron su salida y posterior asilo.

Diversas investigaciones periodísticas, documentos oficiales y causas judiciales afirman que el gobierno saliente de Mauricio Macri, aliado íntimo de Trump, brindó apoyo logístico y diplomático a los golpistas.

 

Incluso salió a la luz una carta oficial del entonces comandante de la Fuerza Aérea Boliviana (FAB), en la que agradecía al gobierno de Macri por el envío de material antidisturbios - municiones, gases lacrimógenos y otros pertrechos - poco después de la asunción de Jeanine Áñez.

 

El episodio derivó en una causa judicial por presunto contrabando agravado - una especialidad de la casa - que, como era previsible, terminó cajoneada ad aeternum...
 

 


La hasta entonces poco conocida Jeanine Áñez

es ungida como presidenta en La Paz.

Como una poderosa simbología de la época,

la banda presidencial le es ajustada por un militar.

El golpe se llevó la vida de 36 personas,

en las localidades de Sacaba y Senkata.



Respecto a Estados Unidos, la administración de Donald Trump respaldó de inmediato a Jeanine Añez, hasta entonces una desconocida segunda vicepresidenta del Senado.

 

Trump llegó a calificar la salida de Evo Morales como un,

"momento significativo para la democracia en el hemisferio occidental",

...una paradoja difícil de soslayar, considerando que Morales abandonó el poder bajo amenaza militar cuando aún le restaban dos meses y doce días de mandato constitucional y había sido reelegido con el 47,08 % de los votos contra el 36,51 % de Carlos Mesa. 2

Debe recordarse, además, el papel decisivo desempeñado por la Organización de Estados Americanos (OEA) y su infame secretario general, Luis Almagro.

 

La auditoría electoral impulsada por el organismo denunció "irregularidades" en los comicios del 20 de octubre de 2019 - irregularidades cuya magnitud y carácter fraudulento nunca fueron comprobadas - pero que sirvieron como punto de partida para las denuncias de fraude, la escalada de la crisis política y el posterior colapso institucional boliviano.

Es importante señalar esto porque:

  1. Trump hoy ocupa la segunda presidencia y nuevamente en Bolivia aparece un oscuro periodo de neoliberalismo saqueador, esta vez, con un ejecutor legitimado por las urnas, pero con el antecedente del violento golpe cívico-militar.
     

  2. Evo Morales, líder natural del MAS y artífice del mayor proceso de soberanismo de la historia contemporánea boliviana, fue eyectado de la presidencia en medio de la crisis de 2019, logrando abandonar el país en circunstancias extremadamente dramáticas.

     

    Posteriormente, fue objeto de una intensa persecución judicial (Lawfare), atravesada por acusaciones de corrupción.
     

  3. Para evitar la "extrema polarización", el MAS buscó una formula menos confrontativa frente al electorado en las elecciones del 18 de octubre de 2020.

     

    Eligieron a Luis Arce, ex ministro de Economía durante el ciclo Morales, visto como el arquitecto del "milagro económico" boliviano de los años 2006-2019.

     

    La idea era que Evo liderara desde "la distancia" (el exilio).

Con un 55% de votos, Luis Arce terminó obteniendo la presidencia, pero lejos de seguir la línea del "evismo dogmático", intentó imponer una impronta propia alejada de las bases, con más centrismo y flexibilidad hacia los capitales internacionales.

 

Esto derivó en un inevitable enfrentamiento político con Evo Morales, fracturándose el MAS entre "evistas" y "arcistas", debilitando al oficialismo y facilitando el crecimiento de la oposición boliviana.

 

La división interna del MAS fue sin duda una de las claves que permitió el triunfo posterior de Rodrigo Paz en 2025.

Las coincidencias con el periplo final de la ex presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner son innegables, excepto, que en Argentina no hubo un golpe cívico-militar, sino una intensa campaña mediático-judicial.

Luego se dieron todas las coincidencias:

  • imposición de un agente del establishment local y extranjero (Áñez, Macri)

  • Lawfare sistemático con intento de asesinato

  • repetitivas operaciones mediáticas de desprestigio ("se robaron todo")

  • imposibilidad fáctica de presentarse como candidato para evitar la polarización fratricida

  • elección de un sustituto sin carisma personal y supuestamente maleable

  • triunfo de dicho sustituto y construcción propia de poder

  • "desobediencia" y crisis interna

Conclusión previsible:

vuelve un candidato del establishment, pero recargado.

 

En Bolivia se llamó Rodrigo Paz, en Argentina, Javier Milei.

 

Detrás, los mismos exactos apoyos que pusieron a Áñez y a Macri.

Como suele ocurrir en buena parte de América Latina - donde vastos sectores de la sociedad parecen condenados a la desmemoria política y a la dificultad para leer los intertextos del poder - la campaña electoral de Rodrigo Paz se sostuvo sobre formulaciones ambiguas, indefiniciones cuidadosamente calculadas y una retórica plagada de lugares comunes.

El eje discursivo apuntó, sobre todo, al desgaste provocado por las "rencillas internas" del oficialismo y la supuesta "desorganización" del Estado, construyendo así la imagen de una fuerza "nueva", "moderada" y "modernizadora".

 

Detrás de esa estética conciliadora o "normalizadora", se ocultaba un programa de clara orientación neoliberal.
 

 


Este meme,

que aplica irónicamente

la lógica del VAR futbolístico

 a los "centrismos" de la política,

resulta tan gracioso como revelador.



Usualmente y como si salieran del mismo molde, los antisoberanismos 3 latinoamericanos - ¡hasta aquí mi clasificación como derechas! - llegan al poder prometiendo "orden" y "el fin del derroche", envolviéndose en las banderas del "rescate de la Patria" y las tradiciones.

 

Pero, en una paradoja casi orwelliana, terminan encarnando - y luego profundizando con sus propias medidas - el caos, la corrupción campante y la antipatria, saqueando los recursos naturales, enriqueciendo exorbitantemente a sus funcionarios y engrandeciendo la brecha entre pobres y ricos.

 

Aun así, increíblemente, no solo conservan intacta una notable habilidad para proyectarse como "salvadores" sino que logran afincarse fanáticamente como tales en la psiche de un cúmulo importante de perjudicados y marginados.

Por lo tanto, no es que Rodrigo Paz haya sido un camaleón político y engañado groseramente a todos sus votantes:

su camino advenedizo es más sutil.

Asumió en nombre de "un cambio", a priori, positivo - que siempre termina traduciéndose en un abrupto retroceso - repitiendo frases y haciendo alusiones a "los 20 años de atraso" previos, prometiendo un "capitalismo para todos" - auténtico oxímoron - una "Bolivia de regreso al mundo" y la necesidad de "eliminar el Estado tranca" (burocrático):

un repertorio de latiguillos clásicos del recetario neoliberal latinoamericano.

Cualquier ciudadano argentino, chileno o de cualquier rincón de América Latina mínimamente avispado sabe reconocer lo que se esconde detrás de esas palabras vacías, aunque, irónicamente, es el propio electorado el que suele llenarlas con sus propias expectativas y deseos.

 

En Argentina, por ejemplo, "un cambio", para buena parte de la clase media wannabe, suele reducirse a la expectativa de un tipo de cambio relativamente estable frente al dólar, aun cuando esa aparente calma cambiaria se sostenga sobre desequilibrios mucho más profundos y potencialmente más peligrosos:

  • endeudamiento creciente

  • desindustrialización

  • pérdida de soberanía económica

  • deterioro social

Usualmente, ese "sueño húmedo verde esmeralda" termina yéndose por la alcantarilla, con un salario real fuertemente decrementado, con inflación sobre bienes y servicios, con amenazas de desempleo y caída de la actividad.

 

Pero ellos tozudamente siguen aferrados "al cambio" a pesar de que su nivel de vida es destrozado paulatina y progresivamente.

Es evidente que Rodrigo Paz no llegó para encabezar una revolución, ni para desplegar un gobierno moderado, sino para aplicar una verdadera contracultura de la destrucción, eso sí, algo disfrazada.

 

Y lo hizo apelando a los eslóganes difusos y a los principios característicos de los antisoberanismos más recalcitrantes que proliferan en la región.

 

Bajo el juramento de "Dios, Patria y familia" y una ostentosa parafernalia cristiana - que ojalá ejercieran con autenticidad y no en clave farisaica - pronto dejaron entrever su objetivo de fondo:

que el Estado desaparezca...

 


Hablando de cristianismo…

"Dime con quien andas y te diré quien eres".



¿Y adivinen qué ocurrió después?

Pues el típico paso subsiguiente; algo que les resultará dolorosamente familiar, sobre todo a argentinos y chilenos.

 

Rodrigo Paz asumió sólo para "descubrir" que "se robaron más de 15.000 millones de dólares" - por supuesto, sin exhibir una sola prueba investigativa seria - y que "no había plata" porque "se gastaron los aportes jubilatorios".

 

El argumento de la "pesada herencia" utilizado, una vez más, para destruir el tejido social y económico...

En Argentina y en Bolivia, como si se tratara de un libreto repetido al detalle, el método fue similar - no pudiendo precisar si fue primero el huevo o la gallina - aunque con un grado de crueldad tan inusitado y celebrado públicamente que hasta se imprimieron camisetas con la consigna "no hay plata".

¡La demencia al poder, directamente...!

Por supuesto, esta "revelación" es toda una declaración de principios:

  • la antesala perfecta para justificar profundos programas de ajuste, licuar derechos sociales y redistribuir recursos hacia un pequeño círculo de beneficiarios locales y sus mandantes extranjeros

     

  • una dinámica que se ha repetido tantas veces en la historia boliviana - y latinoamericana en general - que ya parece formar parte de un eterno bucle político y económico, protagonizado por los mismos estafadores de siempre, sostenido por sectores sociales recurrentemente embaucados y ejecutado mediante idénticos programas de saqueo y expoliación, reproducidos casi al dedillo

Pero Rodrigo Paz no se presentó electoralmente como una derecha explícita o doctrinaria.

 

Más bien ensayó una retórica "de centro", combinando postulados promercado con promesas de fuerte contenido social, porque - según aseguraban - esta vez el capitalismo sería "para todos".
 

 


El presidente Rodrigo Paz

y su vicepresidente, Edman Lara,

quien asumió vistiendo uniforme policial

debido a su pasado como

ex-capitán de esa fuerza de seguridad.

Lara construyó buena parte de su perfil político

alrededor de un discurso de "mano dura"

contra la delincuencia y la inseguridad.



Prometieron,

  • estabilizar el tipo de cambio

  • garantizar el pleno abastecimiento de diésel y gasolina

  • otorgar un salario universal para todas las mujeres

  • elevar el Bono Dignidad desde 850 hasta 2.000 bolívares de manera progresiva

  • subsidiar a madres lactantes con 2.400 bolívares

  • entregar laptops a estudiantes junto con un bono escolar de 200 bolívares

  • ofrecer créditos al 3% anual para emprendedores y comerciantes

  • construir viviendas para quienes no las poseen

  • reducir impuestos y aranceles por debajo del 10%

Incluso llegaron a prometer una redistribución inmediata del 50/50 de los recursos para las regiones "aunque fuese por decreto" al día siguiente de asumir.

Sin embargo, también prometieron mayor liberalización económica, descentralización estatal, acercamiento a Occidente (e Israel, obviamente...) y endurecimiento en materia de seguridad, promesas que no solamente se está empeñando en cumplir, sino que parecen haber ocupado el núcleo fundamental de sus esfuerzos, olvidando las otras.

Así, la alternativa "centrista" y pragmática frente al desgaste del MAS y de la vieja derecha boliviana, en realidad no es más que un nuevo giro conservador (en lo político) y neoliberal (en lo económico), donde la liberalización económica es el centro, mientras las promesas distributivas masivas y el voluntarismo político son la periferia.

 

Rodrigo Paz, al igual que el argentino Javier Milei, encarna un programa de ajuste extremista revestido de un discurso de prosperidad generalizada,

que alterna entre apelaciones casi míticas de progreso efectivo inmediato, con promesas de bienestar muy a futuro - "en 30 años seremos Alemania" - y la constante culpabilización de una "otredad parasitaria" acusada de poner "palos en la rueda" del supuesto cambio histórico.

Aun peor:

bastó que Rodrigo Paz asumiera la presidencia para que su gobierno comenzara a poblarse de "asesores" y "ministros" provenientes del entorno del otro gran candidato de la contienda:

el conservador radical Jorge "Tuto" Quiroga (que fuera presidente interino tras la renuncia del dictador y luego presidente constitucional Hugo Banzer, para que sepamos de qué estamos hablando). 4

Por ejemplo, el economista José Luis Lupo, una verdadera "figurita repetida" vinculada a prácticamente todos los gobiernos neoliberales anteriores, fue designado ministro de la Presidencia - el equivalente boliviano a la Jefatura de Gabinete en Argentina.

 

Lupo además era compañero de fórmula de Samuel Doria Medina, otro candidato antisoberanista ("de derechas").

 

Se trata de una suerte de Federico Sturzenegger boliviano:

un técnico especializado en avanzar, una y otra vez, sobre procesos de achicamiento y desmantelamiento estatal, atravesando distintos gobiernos del mismo signo ideológico.

En la Argentina actual, Sturzenegger ocupa, como culminación de esa trayectoria, el cargo de ministro de Desregulación y Transformación del Estado, un mote extraordinariamente preciso para definir la naturaleza de su tarea.

Otro es José Gabriel Espinoza, hoy ministro de Economía, ex presidente del Banco Central de Bolivia durante la gestión Áñez y estrella reformista del equipo de Doria Medina.
 

 


De izquierda a derecha,

el ministro de Economía, José Gabriel Espinoza,

 y el ministro de la Presidencia, José Luis Lupo,

elementos claves del gobierno de Rodrigo Paz.



Es evidente la notable influencia del transversal empresario y economista Samuel Doria Medina, quien curiosamente se presenta como vicepresidente del Comité de la Internacional Socialista para América Latina y el Caribe, pese a haber sido uno de los principales responsables - como ministro de Planeamiento - del proceso neoliberal de privatizaciones impulsado durante el hambreador gobierno de Jaime Paz Zamora en los años noventa.

 

Como si eso fuera poco, en 2020 integró como candidato a vicepresidente la fórmula encabezada por la golpista Jeanine Áñez.

Resultará llamativo para el lector no familiarizado con estos procesos el elevado grado de interrelación existente entre los distintos actores vinculados al universo financiero y a las élites empresariales, quienes suelen competir electoralmente desde espacios (algo) diferenciados, aunque convergen posteriormente en la implementación de programas económicos y políticos de notable continuidad estructural.

 

Ya sea bajo regímenes dictatoriales de carácter militar, mediante interrupciones institucionales de naturaleza cívico-militar-policial o incluso a través de gobiernos surgidos de la legitimidad electoral, estos sectores han demostrado una persistente capacidad de adaptación, reproducción e incidencia sobre los resortes fundamentales del poder estatal.

Son omnipresentes...

Sí, Latinoamérica:

realismo mágico, reciclaje ideológico y amnesia selectiva. ¡Macondo puro...!

 


Samuel Doria Medina,

el economista que se presenta

como de la Internacional Socialista

pero que es el fiel representante

de las élites empresariales tradicionales,

haciendo el gesto del "pulgares arriba"

tan característico del afín Javier Milei.



Con este panorama de caras conocidas y recicladas, Rodrigo Paz intentó hacer creer a la población que existe un "capitalismo para todos", en el que unos - los trabajadores asalariados - deben sacrificar sus "privilegios" (es decir, sus derechos y salarios) en pos de un futuro mejor, mientras el presente se vuelve rápidamente promisorio para las élites empresariales locales y transnacionales.

Jaqueado por sus rigideces ideológicas y una situación económica delicada caracterizada por la escasez de dólares, la caída de reservas, inflación y problemas de combustible, todo lo cual se trasluce en un crecimiento débil y una alta dependencia del financiamiento externo, Paz decidió tomar algunas medidas sumamente impopulares, de las llamadas "austeras".

El presidente, sin embargo, era algo consciente de que las políticas de shock impulsadas por sus aliados más ortodoxos - y por sectores internos que algunos califican como "infiltrados" - corrían el riesgo de tensionar a una sociedad con una larga tradición de conflictividad y movilización, donde las protestas han escalado en múltiples ocasiones hacia formas de confrontación directa.

 

Pero finalmente, decidió actuar. Pudo más su esencia que sus precauciones...

Recordemos:

Bolivia ha sido escenario de episodios clave como la Guerra del Agua (2000) y la Guerra del Gas (2003), movilizaciones que frenaron proyectos de privatización y contribuyeron a la caída de gobiernos del ciclo neoliberal.

En ese marco regional de alta conflictividad social, estos procesos formaron parte de un clima político más amplio de cuestionamiento al modelo económico dominante, que también se expresó en crisis como la argentina de 2001 y, posteriormente, en el rechazo al ALCA en 2005, aunque en este último caso con liderazgos políticos consolidados.

Podría focalizarme en las medidas específicas de Rodrigo Paz, que son extensas pero que pueden resumirse en impuestos regresivos a medida que se eliminan aranceles a las importaciones, recortes abruptos sobre presupuestos de salud y educación, y una baja agresiva del salario real, pero no lo creo tan necesario, básicamente, porque son recetas universales del neoliberalismo que cualquier ciudadano responsable conoce.

Lo fundamental es saber que,

estamos ante un nuevo capítulo de un prolongado proceso de crisis política e institucional que arranca mínimamente del año 2020, cuando se gestó el golpe cívico-militar-policial bajo los "efluvios" de Donald Trump y Mauricio Macri, grandes colaboradores de la jornada.

Por eso hice alusión a esos acontecimientos históricos (aunque no pretéritos).

Entre 2006 y 2018, con los gobiernos de Evo Morales, Bolivia había gozado de un proceso de transformación económica y social muy importante, con una reducción masiva de la pobreza extrema (del 38,2% al 15,2%) y grandes conquistas de amplio espectro.

 

Pero el golpe de 2019 detuvo el proceso y lo revirtió con la velocidad de un rayo.

La importante resistencia política y social del pueblo boliviano le volvió a dar legitimidad al MAS.

Pero a partir de allí, los desaciertos del eterno candidato a presidente de la izquierda boliviana, el carismático Evo Morales, no pararon de sucederse.

 

Encaramado en su gesta soberanista previa, y como típico karma de todo gran líder que se siente fundador, dueño y señor de su propio movimiento, no supo o no pudo dar alas a una línea sucesoria digna, convirtiéndose finalmente en un férreo opositor al gobierno del propio MAS, encabezado por Luis Arce y David Choquehuanca (ex ministro de Economía y de Relaciones Exteriores, respectivamente, bajo su presidencia), a los que llegó a tildar de traidores.
 

 


Luis Arce y Evo Morales,

cuando entre ellos reinaba la concordia.



El encono entre ambas facciones llegó a puntos tan álgidos que hasta la propia bancada parlamentaria del MAS quedó dividida entre "arcistas" y "evistas" (votando estos últimos muchas veces conjuntamente con la derecha en contra de proyectos del gobierno).

 

Finalmente, en las elecciones, Evo promovió el voto nulo, lo que facilitó el triunfo de Rodrigo Paz.

El momento tan esperado por la runfla de antisoberanistas fue perfectamente aprovechado, y desplegaron (esta vez) "con el aval de las urnas" un programa característico de estrecheces y destrucción del tejido social: aumentos del costo de vida, flexibilización laboral, impuestos al consumo y al pequeño productor, eliminación de subsidios, privatizaciones, etc.

 

El gran vehículo fue el Decreto 5503...

El acelerado deterioro de las condiciones sociales y económicas, sumado a la ausencia de canales efectivos de diálogo por parte del gobierno, derivó en una creciente conflictividad social.

 

En ese contexto, distintos sindicatos y sectores sociales se movilizaron en defensa de sus demandas, recurriendo inicialmente a medidas de presión como el bloqueo de los accesos a las ciudades de El Alto y La Paz y luego a protestas violentas.

 

Directamente exigen la renuncia del primer mandatario...

La respuesta del gobierno, hasta el momento, ha incluido el despliegue de fuerzas de seguridad y acciones de control del orden público frente a las movilizaciones, mientras algunos manifestantes lograron llegar a la Plaza Murillo, sede del gobierno.

Para colmos de males, también transversaliza el ajuste y la movilización el resquebrajamiento institucional: el vicepresidente Edman Lara se manifestó muy crítico a las decisiones del presidente, fundamentalmente, respecto de las órdenes de captura sobre Mario Argollo, dirigente de la Central Obrera Boliviana (COB).

 

Otros dirigentes, como,

  • David Quispe, de la Confederación Sindical Única de Trabajadores de Bolivia (CSUTCB)

  • Justino Apaza, vicepresidente de la Confederación Nacional de Juntas Vecinales de Bolivia (CONALJUVE)

  • el líder de los "ponchos rojos" de El Alto, Winston Genio,

...también están con pedidos de captura.
 

 


Los Ponchos Rojos,

la milicia aymara que se planta

como la "retaguardia" de Bolivia.

Como una reminiscencia de la "Santa Federación"

de la primigenia Argentina,

los ponchos rojos se hacen eco en el Altiplano.



Lo que se está viviendo en Bolivia en estos momentos, aun con final abierto, es un nuevo proceso insurreccional frente a las políticas neoliberales, que procura ser detenido por los "aliados de siempre":

  • la OEA

  • Estados

  • Israel

  • el gobierno de ocupación argentino, para que no cunda el ejemplo

No sorprende, tampoco, la invisibilización mediática.

No resulta casual, tampoco, que el subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental de Estados Unidos, Brian A. Nichols, así como el Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel, hayan emitido comunicados de respaldo al presidente boliviano, mientras que el presidente Javier Milei - al igual que Macri en su momento - dispuso el envío de dos aeronaves C-130H Hércules de la Fuerza Aérea Argentina con "asistencia humanitaria" e "insumos de primera necesidad".

A no olvidarlo:

Bolivia tiene la primera reserva mundial de litio, del orden de unas 23 millones de toneladas, detalle que se encargó de puntualizar la ex comandante del Comando Sur estadounidense, Laura Richardson.

 

El sector minero en materia de estaño, cobre, materia aurífera y tierras raras es importantísimo.

 

Estas reservas de minerales críticos son altamente codiciadas por Washington.

El Triángulo del Litio incluye a Argentina, Chile y Bolivia, hoy con tres gobiernos furibundamente pro-colonialistas y alineados a Trump in extremis.

En síntesis:

El proceso político abierto tras las elecciones de 2025 en Bolivia no puede comprenderse como un fenómeno aislado, sino como la continuación de una crisis estructural que se remonta al menos a 2019-2020 y que ha reconfigurado el sistema político en ciclos de alta inestabilidad.

 

En ese marco, la llegada de Rodrigo Paz al poder expresa no solo un recambio electoral fuertemente influido por las desavenencias internas del MAS, sino la consolidación de un programa de transformación económica de orientación neoliberal que se implementa con notable profundidad y una velocidad particularmente acelerada, caracterizada por reformas simultáneas en materia fiscal, laboral, social y estatal.

 

Esta combinación de amplitud estructural y rapidez en su ejecución tiende a intensificar los efectos distributivos del ajuste, al tiempo que amplifica la conflictividad social y la fragilidad institucional preexistente.

Bajo esa capa de disputas ideológicas locales, subyace un entramado más amplio de intereses geopolíticos, actualmente articulados en torno a una versión contemporánea de la Doctrina Monroe - una suerte de "Monroe 2.0" - que redefine las dinámicas de influencia y proyección de poder en la región.

 

Outside is America...!

¿Será este "lamento boliviano" un estertor de una Latinoamérica resignada o será, por el contrario, una luz de rebeldía interna que empieza a encenderse...?

 

 

 

Referencias

  1. En realidad, desconfío profundamente de las categorías tradicionales de "derecha", "centro" e "izquierda", porque muchas veces funcionan más como etiquetas estéticas que como verdaderos proyectos históricos.

     

    La división de fondo pasa, más bien, entre fuerzas que buscan construir soberanía nacional - económica, política, tecnológica y cultural - y fuerzas subordinadas a intereses externos; entre proyectos orientados al desarrollo, la industrialización y la protección del trabajo, y programas de saqueo, financiarización y dependencia.
     

     

  2. Evo Morales había asumido su cuarto mandato el 22 de enero de 2015, por lo que debía gobernar hasta el 22 de enero de 2020.

     

    Fue obligado a renunciar a punta de pistola el 10 de noviembre de 2019, en medio de la crisis política y militar que sus partidarios - y varios gobiernos y analistas internacionales - caracterizaron como un golpe de Estado.


     

  3. De hecho, el nombre completo del MAS es Movimiento al Socialismo - Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (MAS-IPSP).


     

  4. Al igual que Evo Morales, figura altamente disruptiva en la vida política boliviana, Hugo Banzer fue un militar que tuvo un papel muy importante - y también muy polémico - en la historia del país durante la segunda mitad del siglo XX.

     

    Fue presidente del país en dos etapas distintas: En primer lugar, gobernó entre 1971 y 1978 tras un golpe de Estado. Durante este periodo encabezó una dictadura militar.

     

    Su gobierno se caracterizó por la represión política contra opositores, sindicatos, estudiantes e indígenas, y por la persecución de grupos de izquierda en el contexto de las dictaduras del Cono Sur.

     

    Más tarde, ya en democracia, volvió al poder por vía electoral y fue presidente nuevamente entre 1997 y 2001. En esta segunda etapa gobernó como presidente constitucional, aunque su gestión también fue criticada por conflictos sociales y medidas controvertidas.

     

    Renunció en 2001 por motivos de salud (cáncer), y fue sucedido por su vicepresidente, Jorge Quiroga.