por Carlos Díaz-Rosillo
02 Febrero 2026
del Sitio Web
Infobae
Carlos Díaz-Rosillo
es empresario,
estratega político y de políticas públicas y ex alto
funcionario gubernamental.
Es el Director
Fundador del Centro Adam Smith para la Libertad
Económica de la Florida International University.
Carlos Díaz-Rosillo
diserta sobre
los cambios políticos
en el
continente
El regreso
de Washington
como actor
central en el hemisferio
y la
apuesta por el 'nearshoring'
dominan la
agenda y marcan el tono
de las
discusiones sobre el futuro regional...
El pasado 28 y 29 de enero en la Ciudad de Panamá, el Adam Smith
Center for Economic Freedom copatrocinó un importante encuentro
convocado por CAF, Banco de Desarrollo de América Latina y el
Caribe, que reunió a siete jefes de Estado, delegaciones de más de
40 países, y miles de empresarios y expertos en los temas de mayor
relevancia para nuestro hemisferio.
¿Cómo
Posicionar a la Región en el Escenario Global?
Allí tuve el honor de dar una ponencia keynote en la que
compartí algunas observaciones para tratar de responder esta
interrogante en torno a tres ejes fundamentales:
cuál es el contexto global actual
qué lugar ocupa América Latina y el
Caribe dentro de ese contexto
qué podemos esperar del actor decisivo en
este nuevo escenario
En este tercer punto no hay ambigüedades:
Estados Unidos es el jugador principal del
momento.
Estamos nuevamente ante un mundo bipolar.
Vivimos una era de rivalidad y competencia
estratégica entre dos superpotencias:
Sin embargo, este no es un conflicto como la
Guerra Fría que dominó al mundo por casi medio siglo.
Ya no es sólo el poder militar el factor
determinante. Se trata de una competencia de naturaleza distinta,
con factores económicos, tecnológicos, comerciales, financieros,
geopolíticos y culturales, entre otros, como elementos críticos.
El resto del mundo, incluida nuestra región, se
mueve inevitablemente en función de esa disputa, lo quiera o no.
Ponencia keynote con
Carlos Díaz-Rosillo
¿Cómo encaja América Latina y el
Caribe en este Nuevo Orden Global?
Las categorías tradicionales de derecha e
izquierda,
simplifican la realidad de una manera
artificial e imperfecta, pero siguen siendo útiles para
comprender ciertas dinámicas.
Si observamos el mapa político de la región a lo
largo de las dos décadas más recientes, vemos una característica
persistente: el péndulo político sigue funcionando.
En ese vaivén, la derecha está ganando terreno en
estos momentos, lo que refleja un cambio relevante en el liderazgo
de América Latina y hace que el panorama de la región esté en mejor
sintonía con el factor que ha redefinido el escenario internacional:
Su retorno no es solo un hecho político; es un
cambio estructural en la forma en que Estados Unidos se relaciona
con el mundo.
En ese contexto, surge una pregunta clave:
¿cómo afecta esto a la América Latina y qué
espacio le deja?
La respuesta es clara:
no pueden existir espacios vacíos...
El espacio que no se ocupa, se pierde.
A diferencia de la Guerra Fría, cuando algunos
países podían darse el lujo de no alinearse formalmente, hoy esa
opción ha desaparecido. Guardar silencio o no tomar posición ya no
es viable.
Para Trump, además, la lógica es simple:
"si no estás conmigo, estás contra mí".
Esto se refleja con claridad en la Estrategia
de Seguridad Nacional de Estados Unidos (National
Security Strategy), publicada en noviembre del año
pasado.
Allí se reconoce explícitamente que nuestro
hemisferio es una prioridad. Se admite que durante años, Estados
Unidos descuidó a la región, y que China aprovechó ese vacío para
ganar influencia.
La respuesta de la administración Trump es clara
y se resume en dos palabras:
"enlist" y "expand"...
Esto significa identificar aliados y trabajar con
ellos, y al mismo tiempo atraer a aquellos países que hoy se
encuentran más alejados, ampliando la esfera de influencia
estadounidense.
Este enfoque abre una ventana de oportunidad
histórica para la región.
¿Cuáles son los Intereses
Estratégicos de Estados Unidos en América Latina y el Caribe?
Son múltiples.
Primero, la región es parte central de
la competencia global con China. Es así como el interés de
Estados Unidos se puede entender, en gran parte, en este
contexto geopolítico.
Estados Unidos ya no puede darse el lujo de
ignorar a su propio vecindario; lo hizo por mucho tiempo y el
resultado fue que China se convirtió en el principal socio
comercial de gran parte del continente y el segundo de la región
en general (y el de mayor crecimiento).
La administración Trump va a hacer todo lo
que esté a su alcance para cambiar esta dinámica.
Segundo, Estados Unidos por fin se ha dado cuenta de una
vulnerabilidad crítica: la excesiva dependencia de cadenas de
suministro en países lejanos y, en muchos casos, adversarios.
Esto presenta un gran peligro para nuestra
seguridad nacional y, por lo tanto, tiene que ser revertido.
América Latina y el Caribe puede ser parte de la solución.
De allí la apuesta por el nearshoring,
friendshoring, allyshoring, o como quieran
llamarlo, para traer inversión y producción al hemisferio. Ésta
es una oportunidad de proporciones históricas para la región y
los países que sepan aprovecharla se beneficiarán enormemente.
Tercero, el combate al narcotráfico y al crimen
organizado, un factor clave en la decisión de extraer al
dictador en Venezuela.
El gobierno de Estados Unidos va a ir con
todo en la lucha contra ese mal que afecta a nuestros pueblos y
no va a parar hasta lograr una reducción dramática en esas
actividades ilícitas.
Esto beneficiará no solo a Estados Unidos
sino también a todos los países del hemisferio, muchos de los
cuales han cedido el control de parte de su territorio y
soberanía a organizaciones y redes criminales transnacionales.
Cuarto, la migración ilegal, un tema de enorme relevancia
política, económica y social para el gobierno del Presidente
Trump.
Aquellos gobiernos que colaboren con Estados
Unidos en frenar los flujos migratorios ilegales hacia nuestro
país serán recompensados.
Quinto, el acceso a recursos naturales críticos:
energía, minerales estratégicos,
alimentos y mucho más,
...no solo para ser utilizados en Estados
Unidos, sino también para evitar que beneficien a sus
adversarios.
Basta recordar que casi el 80% del petróleo
de Venezuela se exportaba a China.
Finalmente, están las enormes oportunidades de inversión
y negocios para la empresa e industria estadounidense.
El Presidente Trump, como empresario, ve las
inmensas oportunidades que existen en la región y quiere que los
Estados Unidos sea parte de esas oportunidades.
Este Nuevo Orden Global no es ideológico,
es pragmático.
Así lo afirma sin ambigüedades la Estrategia
de Seguridad Nacional de Estados Unidos:
"Recompensaremos y alentaremos a los
gobiernos, partidos políticos y movimientos de la región que
estén ampliamente alineados con nuestros principios y
estrategia.
Pero no debemos pasar por alto a aquellos
gobiernos con visiones distintas con los que, aun así,
compartimos intereses y que desean trabajar con nosotros."
En otras palabras,
Estados Unidos está dispuesto a trabajar con
cualquier gobierno, independientemente de su ideología, si ello
resulta conveniente para sus intereses nacionales.
El nivel de atención que Estados Unidos le está
prestando a la América Latina y el Caribe puede significar una gran
oportunidad para todos.
Durante décadas, líderes y expertos regionales
criticaron - con razón - el descuido del vecino del norte. Ese ciclo
terminó. La atención ya está puesta en el hemisferio.
La pregunta es:
¿cómo va a responder la región?
Este nuevo escenario global presenta grandes
desafíos, pero también enormes oportunidades.
Es el momento de que la región tome decisiones
acertadas sobre quién ha de ser su socio estratégico preferencial:
en todos los sentidos: militar, político,
comercial y cultural,
...y que hable con una voz clara, contundente y
coherente a favor de esas decisiones. Solo así podrá explotar su
inmenso potencial.
La opción es clara, y en este mundo, la claridad
estratégica es una ventaja competitiva.
Los gobiernos que escojan correctamente y puedan ofrecer condiciones
básicas para la inversión:
estado de derecho, seguridad jurídica y
ciudadana, estabilidad macroeconómica y política, reglas
transparentes y razonables, infraestructura sólida, incentivos
fiscales y visión a futuro,
...estarán en condiciones de aprovechar esta
ventana de oportunidad histórica.
Solo así, los líderes de la región le podrán dar
a sus pueblos la posibilidad de no ser condenados a otros "cien años
de soledad."