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por Juan Landaburu
Durante mucho tiempo se dudó si Donald Trump solo estaba lanzando amenazas al aire o si realmente se atrevería a cruzar la línea de una intervención directa en Venezuela.
Con su anuncio desde Mar-a-Lago, confirmó que en
este segundo (y ¿último?) mandato está dispuesto a ir por todo y se
anotó un importante logro político.
Lo que empezó apenas como una campaña militar contra el narcotráfico, con un despliegue desproporcionado de arsenal - incluido el portaaviones USS Gerald Ford - ahora derivó en lo que el presidente norteamericano calificó como una "operación brillante":
Se trata del golpe más impactante desde el bombardeo sobre las instalaciones nucleares de Irán del año pasado, pero en esa ocasión el régimen islámico logró sobrevivir.
Ahora, Trump se embarcó en el incierto camino de instalar un nuevo gobierno en un país agotado tras más de dos décadas de chavismo. Dio pocas pistas sobre cómo imagina la transición.
En lugar de un traspaso inmediato de mando a las figuras civiles de la oposición, declaró que,
Según sus propias palabras, no habrá un vacío de poder, porque un "grupo" de sus asesores más cercanos - entre ellos el secretario de Estado, Marco Rubio, emblema de la campaña de presión contra el chavismo, y el secretario de Defensa, Pete Hegseth - supervisará la transición junto a dirigentes venezolanos.
Ante el coro de periodistas que buscaban más precisiones, Trump dijo que esta apuesta no le costará "nada" a los contribuyentes norteamericanos.
Y que su plan es que las empresas petroleras estadounidenses reconstruyan la infraestructura energética y que el petróleo venezolano, las reservas más grandes del mundo, pague la factura de la operación.
Las señales más reveladoras de lo que puede estar por venir se encuentran en los comentarios de Trump sobre las figuras clave del régimen y de la oposición.
Por un lado, el presidente reveló que Marco Rubio ha estado en contacto con la vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez.
Según Trump, Rodríguez se ha mostrado,
Esta posible colaboración sugiere que Washington
podría estar buscando una transición basada en el pragmatismo,
con elementos del antiguo régimen que garanticen la operatividad del
país, especialmente en el sector petrolero.
Tampoco está claro cómo reaccionarán los venezolanos a cualquier tipo de acuerdo político con figuras del chavismo tras 20 años de opresión y en un país empobrecido.
¿Habrá una demanda urgente de elecciones
presidenciales?
A pesar de que Machado celebró la captura de Maduro como la llegada de la "hora de la libertad" y ha pedido que Edmundo González Urrutia asuma el mandato constitucional, Trump fue tajante...
La operación se enmarca también en un giro agresivo de la política exterior norteamericana, bajo la visión de Trump de que el mundo está dividido en esferas de influencia.
Para el magnate republicano, el hemisferio occidental es su área de dominio exclusivo, lo que muchos analistas ven como una recuperación y radicalización de la Doctrina Monroe del siglo XIX, que establecía el lema "América para los americanos".
Bajo lo que se ha empezado a llamar la "Doctrina
Monroe", un juego de palabras con su nombre, y en un
contexto de declive relativo y ante el ascenso de China hacia el rol
de superpotencia, el mensaje es que Estados Unidos será el único que
mande en su patio trasero.
Al actuar bajo la lógica pura de las esferas de influencia y no bajo el derecho internacional, Trump está validando un precedente que beneficia a sus rivales.
Al normalizar el uso de la fuerza dentro de su propia esfera, Trump proyecta poder, pero también, en cierta manera, debilita los argumentos en contra de la expansión militar de sus adversarios en otras partes del mundo.
Dirigentes de la oposición demócrata ya empezaron
a alzar la voz contra la operación, después de que el propio Rubio
dijo que no le avisó con anticipación al Congreso.
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