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por Ivone Alves García
06 Abril 2026
del Sitio Web
KontraInfo
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Ivone Alves
García
Productora general y gestora cultural especializada
en cooperación internacional y comunicación geopolítica.
Cofundadora y productora general de AsiaTV, plataforma
dedicada al análisis geopolítico y la cooperación
internacional. Ha coordinado encuentros académicos,
culturales y diplomáticos con embajadas, universidades y
organizaciones internacionales. Cofundadora de la
Alianza para el Desarrollo Auténtico y la Cooperación
Ruso-Iberoamericana (ADACRI). |

En Marzo de 2026, mientras los titulares se llenan de tensiones
comerciales, anuncios de aranceles y movimientos diplomáticos, es
fácil quedarse en la superficie de los hechos.
Sin embargo, debajo de ese movimiento cotidiano
se está configurando un cambio más profundo en la arquitectura del
poder global.
La presidencia India de
los BRICS este año ofrece una
ventana clara para observar cómo operan esos mecanismos
estructurales.
India lanzó oficialmente su presidencia con el lema "Building for
Resilience, Innovation, Cooperation and Sustainability".
Este marco responde a las lecciones aprendidas en
las últimas décadas:
-
la fragilidad de las cadenas de
suministro expuestas durante crisis sanitarias y conflictos
-
la concentración excesiva de decisiones
financieras en pocos centros
-
la necesidad de construir capacidades
internas que permitan a los países absorber shocks sin
perder rumbo propio
Los cuatro ejes,
-
resiliencia
-
innovación
-
cooperación
-
sostenibilidad,
...buscan articular respuestas prácticas en
salud, alimentación, tecnología y reforma de instituciones
multilaterales, con un enfoque que coloca a las personas y al
desarrollo inclusivo en primer plano.
El bloque que India preside ya cuenta con once miembros plenos.
A los cinco fundadores, Brasil, Rusia, India,
China y Sudáfrica, se sumaron Egipto, Etiopía, Irán, Emiratos Árabes
Unidos e Indonesia como miembro reciente.
Además, opera con un círculo de socios que
incluyen naciones de diversas regiones.
Esta ampliación no transforma al grupo en un
actor monolítico, sino en un espacio más heterogéneo donde conviven
intereses distintos.
Las tensiones entre China e India, por
ejemplo, son conocidas y limitan cualquier lectura simplista de
"bloque contra bloque"...
Lo relevante desde la perspectiva estructural no
es el tamaño numérico, sino la modificación gradual de relaciones de
fuerza y dependencias.
Durante mucho tiempo, el orden predominante
concentró el control de flujos financieros, estándares tecnológicos
y acceso a mercados en instituciones que, aunque se presentaban como
neutrales, reflejaban equilibrios de poder específicos.
Los BRICS exploran alternativas:
-
mayor uso de monedas locales para reducir
exposición al dólar en transacciones bilaterales
-
fortalecimiento del
Nuevo Banco de
Desarrollo como fuente de financiamiento con menos
condicionalidades políticas
-
coordinación en sectores estratégicos
como minerales críticos, energía y capacidades digitales
India enfatiza,
-
la resiliencia en sistemas de salud y
seguridad alimentaria
-
la innovación que impulse startups y
soluciones tecnológicas accesibles
-
la cooperación para actualizar organismos
como el FMI, el Banco Mundial o la OMC
-
la sostenibilidad entendida no solo como
ambiental, sino como equilibrio entre crecimiento y
bienestar social
Este enfoque "humanidad primero" busca construir
redes que permitan a los participantes ganar margen sin aislarse.
Para Latinoamerica, este proceso abre un abanico
de posibilidades diferenciadas.
Brasil, con su peso económico y su tradición
de diplomacia activa, encuentra en los BRICS un espacio para
equilibrar sus vínculos históricos con Occidente y sus
necesidades de diversificación.
Países con reservas importantes de litio,
petróleo o tierras agrícolas ven oportunidades de acceso a
nuevos mercados y financiamiento para proyectos de
infraestructura.
Sin embargo, estas aperturas no son automáticas
ni gratuitas.
La región enfrenta simultáneamente presiones de
un enfoque transaccional que prioriza el acceso preferencial a
recursos estratégicos y el control de rutas comerciales.
El mecanismo de poder que opera aquí es sutil pero efectivo:
no siempre se trata de imposiciones directas,
sino de condicionar las opciones disponibles.
Un país que depende excesivamente de un solo
mercado de exportación o de una única fuente de financiamiento
pierde capacidad de negociación.
Cuando se abren nuevos canales - ya sea hacia
Asia, el Medio Oriente o África - el desafío consiste en evitar
reemplazar una dependencia por otra.
La autonomía real se mide en la capacidad de
definir prioridades internas sin que las relaciones externas
terminen dictando el ritmo de las políticas domésticas.
Este cambio también afecta los marcos de
percepción.
Narrativas que presentan la multipolaridad como
un "declive inevitable" de ciertos centros o como una "victoria
automática" del Sur Global simplifican un proceso mucho más
complejo.
En la práctica, estamos ante una reconfiguración
donde las asimetrías persisten y donde la ganancia de margen para
unos puede significar mayor condicionamiento para otros si no se
gestiona con visión de largo plazo.
En las
sociedades latinoamericanas esto se
traduce en efectos concretos.
Sectores productivos vinculados a
exportaciones sienten la presión de aranceles variables o de
competencia en cadenas de valor.
Comunidades que dependen de industrias
extractivas enfrentan dilemas sobre qué socios priorizar para la
explotación y procesamiento de recursos.
Al mismo tiempo, espacios de cooperación
Sur-Sur permiten explorar modelos de desarrollo que
incorporen más componentes locales de valor agregado, en lugar de
limitarse a la exportación de materias primas.
El verdadero desafío para nuestra región no es alinearse rápidamente
con uno u otro polo, sino desarrollar la capacidad de leer estas
dinámicas estructurales con claridad.
Eso implica,
evaluar cada acuerdo no solo por sus
beneficios inmediatos, sino por cómo modifica el nivel de
autonomía en decisiones clave:
inversión en infraestructura, regulación
tecnológica, seguridad energética y políticas sociales.
Entender el rol de la presidencia India de
los BRICS en 2026 no consiste en
celebrar o temer un "nuevo orden".
Consiste en observar cómo se están
redefiniendo los mecanismos que condicionan las opciones reales
de las sociedades.
En un mundo donde los flujos de capital,
tecnología y recursos estratégicos definen cada vez más el margen de
acción, la capacidad de análisis estructural se convierte en una
herramienta de soberanía práctica.
No se trata de rechazar la cooperación internacional, sino de
participar en ella desde una posición que preserve espacio para
definir rumbos propios.
Las sociedades que logren combinar apertura
selectiva con fortalecimiento interno serán las que mejor
naveguen esta transición.
Las que se dejen llevar por narrativas
polarizadas o por la urgencia de soluciones rápidas corren el
riesgo de ceder autonomía sin ganar estabilidad duradera.
En última instancia, el
Nuevo Orden Mundial no es un
destino fijo, sino un proceso en curso moldeado por relaciones de
fuerza, dependencias cambiantes y la construcción cotidiana de
legitimidad.
Observarlo con atención, sin sesgos o
simplificaciones, es el primer paso para que las sociedades del Sur
Global - y particularmente las de Latinoamérica - dejen de ser
objetos pasivos de estos cambios y empiecen a influir en ellos con
mayor claridad de propósito.
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