El tenaz 'Hongo Ingeniero'
...que superó el Intelecto Humano
por Beth Daley
Editor and General Manager
02 Febrero 2026
del Sitio Web
TheConversation

Physarum polycephalum,
también
conocido como "blob"
por su
aspecto gelatinoso
y su
comportamiento asombroso
a la hora
de buscar
las mejores
rutas para avanzar.
Lebrac /
Wikimedia Commons, CC BY
En el subsuelo húmedo de los bosques y en la materia en
descomposición, existe un organismo que, pese a no tener cerebro
ni sistema nervioso, actúa con lógica y meticulosidad.
Se llama
Physarum polycephalum y es una
especie de hongo capaz de resolver laberintos, diseñar y seguir
rutas óptimas.
Sus logros, a veces, superan a trabajos
hechos por ingenieros, urbanistas y programadores de software.
¿Cómo es posible que algo aparentemente
tan simple tenga una capacidad tan compleja?
¿Cómo puede este "hongo ingeniero"
inspirar nuevas formas de computación o diseño urbano?
Un Cerebro sin Cerebro
Physarum polycephalum actualmente está incluido en el
reino protista, donde se
categorizan los hongos mucilaginosos o
Myxomiycetos.
Vive en ambientes húmedos y sombreados, alimentándose de
bacterias y materia orgánica en descomposición.
Su apariencia amarillenta y su
textura
viscosa lo hacen poco atractivo a simple vista, pero su
comportamiento es asombroso.

Aspecto de
Physarum
polycephalum
Wikipedia
No es de extrañar que comúnmente se le llame blob, en alusión a
la película de terror de los años 1950,
The Blob.
La biología de Physarum ha captado la atención de
neurocientíficos, ingenieros y filósofos, ya que cuestiona la
idea de que la inteligencia requiere de neuronas...
A pesar de carecer de sistema nervioso, es capaz de recordar
rutas, evitar obstáculos previamente recorridos y adaptar sus
movimientos según las condiciones del entorno.
Esto es posible gracias a un sistema de movimiento interno.
Su
protoplasma - material interior
de la célula - es capaz de oscilar con vaivenes de
aproximadamente dos minutos entre la ida y la vuelta, generando
patrones de movimiento coordinados.
Cómo resuelve Laberintos
En el año 2000, investigadores japoneses realizaron experimentos
donde colocaron a Physarum en un
laberinto con comida al inicio
y al final.
En apenas unas horas, el organismo había
encontrado la ruta que lo resolvía con el mínimo recorrido
posible.
Otro experimento llevado a cabo en la
Universidad de Toulouse puso al
hongo en contacto con sustancias amargas como la cafeína y la
quinina.
Los investigadores observaron que, al cabo de
pocos días, el hongo evitaba e ignoraba dichas sustancias con
las que se iba encontrando y conocía como frecuentes.
El Experimento de Tokio
Con todas estas funciones "inteligentes" y complejas derivadas
de Physarum, no es de extrañar que su sorprendente
comportamiento haya sido estudiado para tratar de mejorar la
sociedad humana.
En 2010, otros investigadores japoneses llevaron a cabo un
experimento tan simple como brillante.
Prepararon un gel con la forma del mapa de la
región de Tokio y colocaron copos de avena (a modo de alimento)
en las posiciones correspondientes a las principales estaciones
del metro.
Luego introdujeron Physarum polycephalum
en el centro del mapa y lo dejaron actuar.
En cuestión de horas, el hongo comenzó a
extenderse, conectando los puntos de alimento mediante redes
de tubos.
Lo sorprendente fue que, al cabo de unos
días, la red creada por el hongo coincidía en gran parte con la
red real del metro de Tokio.
Pero había una diferencia:
era más eficiente...
El organismo había eliminado algunas
conexiones redundantes y estableció rutas más cortas o
económicas.

Rutas trazadas por
Physarum
polycephalum
en el
experimento de Tokio, 2010.
Wikimedia
Commons., CC BY
El estudio demostró que Physarum utiliza principios
similares a los del diseño humano:
coste mínimo, cobertura máxima y
adaptación al entorno.
Todo ello sin cálculos, sin planos y sin
ordenadores.
La naturaleza estaba poniendo en práctica la
optimización urbana.
Biocomputación y Robótica
Blanda
También se han llevado a cabo experimentos simulando autopistas
americanas y
británicas. En
España, se han hecho
simulaciones parecidas con la red de carreteras de Madrid.
Tras todos estos casos de estudio, Physarum se ha
convertido en un organismo modelo para la investigación en otros
campos.
En
biocomputación, se estudia cómo
este moho puede resolver problemas complejos como encontrar
rutas mínimas entre nodos o adaptarse dinámicamente a cambios en
el entorno.
Todo esto sin necesidad de procesadores ni
software:
su cuerpo es el sistema de cálculo.
Así, se explora su uso en robótica blanda y
sistemas bio-cibernéticos,
donde la lógica de movimiento pulsátil y adaptable podría
aplicarse al diseño de robots que se autorregulan o reparan e,
incluso, prótesis, polímeros y
recubrimientos bioeléctricos.
El hongo ingeniero está empezando a tomar
protagonismo en nuestra sociedad actual, permitiendo al ser
humano adquirir estructuras más eficientes y comprender procesos
que, de otra manera, tardaríamos años en desarrollar por
nosotros mismos.
Interrogantes Filosóficos
En términos
filosóficos, Physarum
está ayudando a redefinir lo que entendemos por
inteligencia y decisión:
no como procesos conscientes, sino como
respuestas emergentes a la información del entorno.
Blob es una prueba viviente de que,
la
inteligencia no siempre necesita neuronas, ni circuitos, ni
algoritmos artificiales...
Su cuerpo blando, sin órganos ni estructura
aparente, ha demostrado ser capaz de resolver problemas
complejos que nosotros resolvemos con planos, cálculos y
simulaciones.
En un momento en que la humanidad busca inspiración para diseñar
sistemas más sostenibles, adaptativos y eficientes, quizás no
tengamos que mirar hacia Marte o Silicon Valley.
Muy posiblemente, la solución esté oculta
bajo nuestros pies, desplazándose con calma, pero con claridad y
objetivo.