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por Bea Talegon
02 Febrero 2026
del Sitio Web
BrownstoneEsp
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Bea Talegón
nació en Madrid el
5 de mayo de 1983. Es Licenciada en Derecho por la
Universidad Pública de Alcalá de Henares, Madrid.
Cursó estudios de
Economía del Desarrollo en la Universidad de Pekín,
China, por la London School of Economics.
Es profesora de
lenguaje musical y pianista.
Ha trabajado como
asesora en el Parlamento Europeo, fue Secretaria General
de la IUSY, asesora en Asuntos Europeos del Gobierno de
Castilla La Mancha.
Actualmente es
Directora de Opinión en Diario16plus.
Más de una década
como analista política y jurídica en medios de
comunicación como televisión (Las Mañanas de Cuatro,
FAQS, La Sexta Noche, Horizonte, entre otras) y prensa
escrita (Diario16plus, El Plural, El Nacional, El
Obrero, Las Repúblicas, The Objective, Público,
Eldiario.es, entre otros).
Ejerce como
periodista ciudadana y tiene un canal propio:
beatalegon.tv |

Recreación hecha a
partir de
David con la cabeza
de Goliat
de Tanzio da Varallo
El mayor peligro al que nos enfrentamos, sigue siendo una
sociedad que ha renunciado a pensar, una sociedad en la que
discernir se convierte en un acto de rebelión.
Cumplía un año hace pocos días un proyecto que, en el caos de estos
tiempos, se atreve a plantear algo radical:
¡que pensemos...!
Sí, así de simple. Que usemos la cabeza, que nos
hagamos preguntas incómodas, que no traguemos narrativas completas
sin masticar un poco.
Hace un año nacía con la misión de defender algo que se ha vuelto
casi revolucionario en 2026:
la capacidad de discernimiento, la dignidad
humana, y la libertad de conciencia.
En un mundo donde nos han acostumbrado a elegir
entre dos opciones que realmente no elegimos, donde el pensamiento
único se disfraza de pluralismo, donde se nos vende como "libertad"
aquello que es exactamente lo contrario, un proyecto así resulta
necesario. Urgente, incluso...
Verán, durante
la 'pandemia'
aprendimos quién piensa de verdad y quién simplemente ejecuta. Vimos
cómo las plataformas digitales silenciaban a científicos
acreditados.
Observamos cómo medios supuestamente
"independientes" se convertían en altavoces de narrativas que
carecían de fundamento, y descubrimos que la censura no viene
siempre con la estética del autoritarismo clásico:
a veces viene disfrazada de "desinformación",
de "fake news", de "protección" a la salud pública...
El Brownstone Institute, nació precisamente de
eso:
del caos pandémico y de la certeza de que
algo fundamental se había roto en nuestras sociedades.
No era solo un problema de políticas sanitarias
fallidas.
Era algo más hondo.
Era la capacidad misma de las personas (de
ustedes, de mí) de pensar por nosotras mismas...
¿Saben qué es lo más grave?
Que muchos hayan
normalizado la censura.
Que hayamos naturalizado la imposición de
narrativas únicas.
Que aceptemos que exista una verdad oficial
y, frente a ella, el resto son "negacionistas".
Eso, señoras y señores, no es ciencia.
Es
totalitarismo con bata
blanca...
Durante estos años hemos visto cómo se perseguía
a médicos, abogados, científicos que se atrevían a cuestionarse las
medidas impuestas.
Hemos visto cómo revistas científicas de
prestigio reconocían públicamente que se habían,
"alineado en exceso con recomendaciones
políticas en lugar de ceñirse a criterios estrictamente
científicos".
Hemos visto cómo información vital (como la
importancia de los niveles de vitamina D ante infecciones
respiratorias) era silenciada mientras se presionaba a la población
para medicamentos cuya seguridad no estaba garantizada.
Y lo peor:
hemos visto cómo la gente común, ustedes, yo
misma, nos hemos visto obligadas a elegir entre confiar en lo
que nos decían (y perder la dignidad de pensar) o rebelarnos
contra la corriente y ser tachadas de irresponsables, de
asesinas incluso.
Esa presión no era científica. Era control...
Por eso lo que representa Brownstone en estos momentos es tan
importante.
No porque tenga todas las respuestas.
No porque sea un partido político o una
ideología.
Sino porque simplemente se atreve a hacer lo
que debería ser obvio:
preguntarse si lo que nos cuentan tiene
sentido.
¡Punto...!
Thomas Harrington, Jordi Pigem, Carlos Sánchez,
David Souto...
Esta gente no son negacionistas.
Son personas que han roto con la
comodidad de la conformidad...
Harrington, catedrático que pasó veinticuatro
años en la universidad, escribió un libro demoledor llamado
The Treason of the Experts (La
traición de los expertos) porque vio cómo la élite
credencializada había abdicado de su responsabilidad. No es un
grito de irresponsabilidad: es un grito de consciencia.
David Souto, doctor por la Universidad de Nueva York, se atreve
a cuestionar los cimientos mismos de cómo pensamos.
Jordi Pigem hace que nos
preguntemos dónde quedó la vida en medio de toda esta
tecnocracia digital.
Carlos Sánchez analiza la geopolítica con un
rigor que en los medios hegemónicos brilla por su ausencia.
Y eso es lo que hace falta:
gente que piense, que investigue, que no
tenga miedo a equivocarse porque sabe que es preferible la
búsqueda honesta de la verdad a la comodidad de la mentira
oficial.
Durante estos últimos años,
hemos sufrido.
Hemos pasado miedo.
Hemos impuesto medidas a nuestros hijos que
ahora vemos que fueron innecesarias.
Hemos acatado restricciones de libertad que
nadie (nadie) ha puesto en cuestión adecuadamente.
Y cuando algunos lo intentaron, fueron
silenciados.
La pregunta que debería quitarnos el sueño es
esta:
¿Qué hemos aprendido?
¿De verdad creemos que eso no puede volver a
pasar?
¿Seguimos pensando que si nuestros "expertos"
nos lo dicen, debe ser verdad?
Porque miren,
el mayor peligro no es un virus.
El mayor peligro es una sociedad que ha
renunciado a pensar.
Una sociedad donde es más fácil repetir el
discurso autorizado que cuestionar.
Una sociedad donde discernir se ha convertido
en un acto de rebelión.
Lo que de verdad está en el centro del mensaje de
Brownstone es dejar claro que discernimiento no significa
negación...
Por el contrario,
significa preguntarse.
Significa leer lo que dicen los que piensan
diferente.
Significa estar dispuesto a cambiar de
opinión si los datos lo exigen.
Significa, fundamentalmente, respetar la
dignidad de otras personas que piensan distinto.
Porque esta es la verdad que nadie se atreve a
decir:
En una sociedad donde se censura a quien
piensa diferente, nadie está seguro.
Ni siquiera quienes hoy están en el poder.
Un año de Brownstone...
Un año defendiendo,
que es posible ser crítico sin ser
irresponsable.
Que es posible cuestionar sin negar.
Que es posible, incluso, informarse desde
fuentes distintas sin que eso te convierta en enemiga pública.
En tiempos de confusión impuesta,
eso es, sencillamente, necesario. Urgente.
Radical...
Porque la libertad de conciencia, el
discernimiento, la capacidad de pensar por nosotros mismos no son
lujos.
Son lo más esencial que tenemos.
Y cuando los perdemos, lo perdemos todo...
¿Hemos aprendido algo?
La verdadera pregunta no es si Brownstone tiene
razón.
La pregunta es si tenemos el coraje de seguir
pensando...
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