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recuerdan las
etapas que han vivido anteriormente. demuestra que los organoides cerebrales pueden seguir madurando durante más de cinco años y conservar una especie de "memoria temporal"...
Para resolver esto, investigadores de Harvard han conseguido algo que abre una ventana inédita a esos años prácticamente invisibles:
El estudio (Human Brain Organoids record the Passage of Time over Multiple Years) publicado en Nature no es sorprendente solo por la longevidad de estos tejidos.
Lo verdaderamente extraordinario es que sus células parecen saber cuánto tiempo ha pasado. Incluso aisladas del cuerpo humano, continúan modificando sus genes y su epigenoma siguiendo un calendario parecido al del cerebro real.
El resultado demuestra que los organoides no solo sobreviven:
Pero no son cerebros humanos diminutos.
Para el estudio, el equipo combinó información de 110 organoides y 424.720 células, desde los 15 días de edad hasta los cinco años.
Los organoides continúan cambiando, desarrollándose y madurando durante periodos que
nunca antes se habían alcanzado
La pista más potente ha aparecido al analizar la metilación del ADN, unas modificaciones químicas que cambian a lo largo del desarrollo y pueden funcionar como una especie de reloj biológico.
La edad calculada a partir de esos patrones avanzaba prácticamente en paralelo al tiempo real que los organoides llevaban en cultivo.
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Los investigadores mezclaron progenitores neuronales "viejos", procedentes de organoides de nueve a doce meses, con células de apenas 15 días.
Aunque las colocaron en un nuevo entorno, saltaron etapas que aparentemente "recordaban" haber superado y generaron en unas dos semanas neuronas tardías que normalmente tardarían meses en aparecer.
etapas que han vivido antes.
Hasta ahora sabíamos que podía inferirse la edad
de una célula observando su estado molecular; el nuevo estudio
indica que la propia célula puede utilizar esa historia para decidir
qué hará después.
Muchos trastornos neurológicos y psiquiátricos aparecen o se consolidan durante etapas del desarrollo cerebral que los organoides tradicionales apenas podían reproducir.
Cultivarlos durante años permitiría observar
procesos posnatales, probar medicamentos y estudiar cómo
determinadas mutaciones alteran la maduración.
El objetivo ya no es batir récords, reconoce Arlotta, sino,
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