por Pau Roldan Mataró
30 Agosto 2026
del Sitio Web LaVanguardia






Harvard descubre que las células cerebrales

recuerdan las etapas que han vivido anteriormente.
Getty Images



Un experimento publicado

demuestra que

los organoides cerebrales

pueden seguir madurando

durante más de cinco años

y conservar una especie de

"memoria temporal"...




Un cerebro humano necesita cerca de dos décadas para completar su desarrollo, así que el problema para la ciencia es evidente:

observar directamente ese proceso resulta extremadamente difícil.

Para resolver esto, investigadores de Harvard han conseguido algo que abre una ventana inédita a esos años prácticamente invisibles:

mantener organoides de corteza cerebral humana desarrollándose en el laboratorio durante más de cinco años.

El estudio (Human Brain Organoids record the Passage of Time over Multiple Years) publicado en Nature no es sorprendente solo por la longevidad de estos tejidos.

 

Lo verdaderamente extraordinario es que sus células parecen saber cuánto tiempo ha pasado. Incluso aisladas del cuerpo humano, continúan modificando sus genes y su epigenoma siguiendo un calendario parecido al del cerebro real.

"No sabíamos hasta dónde podía llegar el desarrollo y maduración del tejido cerebral humano fuera del contexto del cerebro normal", explica Paola Arlotta, profesora de Biología Regenerativa y Células Madre de Harvard y autora principal del estudio.

El resultado demuestra que los organoides no solo sobreviven:

"continúan cambiando, desarrollándose y madurando durante periodos que nunca antes se habían alcanzado".

Pero no son cerebros humanos diminutos.

Son pequeñas estructuras tridimensionales, aproximadamente del tamaño de un grano de pimienta, formadas a partir de células madre y diseñadas para reproducir determinados componentes de la corteza cerebral.

 

Cada una contiene más de un millón de células.

Para el estudio, el equipo combinó información de 110 organoides y 424.720 células, desde los 15 días de edad hasta los cinco años.


 

Los organoides continúan cambiando,

desarrollándose y madurando

durante periodos que

nunca antes se habían alcanzado
Paola Arlotta,
Profesora de Biología Regenerativa y Células Madre de Harvard



Y apareció un calendario sorprendentemente coherente.

Los organoides de entre 15 días y dos meses mostraban patrones de expresión genética parecidos a los del cerebro durante el primer trimestre de gestación.

 

Entre tres y seis meses se aproximaban al segundo trimestre y, después de alrededor de un año, empezaban a aparecer firmas moleculares propias de etapas posnatales.

La pista más potente ha aparecido al analizar la metilación del ADN, unas modificaciones químicas que cambian a lo largo del desarrollo y pueden funcionar como una especie de reloj biológico.

 

La edad calculada a partir de esos patrones avanzaba prácticamente en paralelo al tiempo real que los organoides llevaban en cultivo.

"El reloj de metilación nos decía que estos organoides estaban haciendo básicamente lo que haría el cerebro dentro del organismo", resume Arlotta.

 

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Después llegó el experimento más llamativo.

 

Los investigadores mezclaron progenitores neuronales "viejos", procedentes de organoides de nueve a doce meses, con células de apenas 15 días.

Las células jóvenes comenzaron su desarrollo desde el principio.

 

Las viejas no.

Aunque las colocaron en un nuevo entorno, saltaron etapas que aparentemente "recordaban" haber superado y generaron en unas dos semanas neuronas tardías que normalmente tardarían meses en aparecer.

"Nos sorprendieron un poco los resultados", reconoce Arlotta, que describe el fenómeno como "una distorsión temporal del desarrollo:

saltan hacia delante"...


Las células cerebrales recuerdan

etapas que han vivido antes.



Para la neurocientífica independiente Maria Di Biase, de la Universidad de Melbourne, mantener estos tejidos durante tanto tiempo es ya "una hazaña increíble", pero la memoria celular resulta todavía más interesante.

 

Hasta ahora sabíamos que podía inferirse la edad de una célula observando su estado molecular; el nuevo estudio indica que la propia célula puede utilizar esa historia para decidir qué hará después.

La consecuencia puede ser enorme.

 

Muchos trastornos neurológicos y psiquiátricos aparecen o se consolidan durante etapas del desarrollo cerebral que los organoides tradicionales apenas podían reproducir.

 

Cultivarlos durante años permitiría observar procesos posnatales, probar medicamentos y estudiar cómo determinadas mutaciones alteran la maduración.

De hecho, Harvard asegura que el laboratorio conserva actualmente algunos organoides que ya han cumplido siete años, aunque el estudio publicado analiza los primeros cinco.

 

El objetivo ya no es batir récords, reconoce Arlotta, sino,

aprender a acelerar ese reloj sin perder su fidelidad...