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por Juan Manuel de Prada
Hay en el ser humano una nostalgia de
divinidad, propia de quien ha sido creado "a imagen y semejanza
de Dios", que cuando enferma acaba creando monstruos..., y por el
camino el hombre acaba convirtiéndose a sí mismo en un monstruo
maligno, a veces patético, atrapado en sus desvaríos y limitaciones.
Visiones horrendas que ilustran la promesa diabólica que, augurando al hombre su metamorfosis en un dios, lo deja más bien convertido en un monstruo.
Todas las mitologías paganas burbujean de seres híbridos, a veces desdichados, a veces protervos, animales parcialmente humanos u hombres parcialmente animalescos, fruto de coitos aberrantes o maldiciones decretadas por dioses impíos.
Por ejemplo,
...a quien Watts dedicaría un
cuadro excepcional (que luego
inspiraría a Borges su cuento La casa de Asterión)
donde se ilustra a la perfección la condición trágica del monstruo.
Ambas son novelas de amargo tono pesimista que nos advierten sobre el 'peligro' de jugar a ser Dios.
Moreau y Frankenstein son epítomes del científico demente que, en su afán por 'mejorar' la humanidad (siempre la coartada humanitaria al fondo), termina creando peligrosos monstruos.
Y ambas pueden leerse hoy como una temprana crítica hacia la ingeniería biológica, que acabaría mostrando su rostro más protervo en la era de los totalitarismos (a todos nos han amedrentado con los experimentos del doctor Mengele) y que en esta era 'democrática' se nos presenta bajo una máscara risueña y progresista, desde las 'terapias de conversión' para el cambio de sexo (que a la postre exigen mutilaciones o injertos de quirófano) hasta el transhumanismo.
Por supuesto, esa máscara risueña y progresista
(humanitaria, en fin) siempre se nos presenta como un 'mejoramiento'
o divinización de lo humano..., pero en su alma se esconde el
horror de la deshumanización, la regresión al monstruo.
Pero sería Aldous Huxley quien nos ofrecería una visión más sobrecogedora y realista de lo 'posthumano'.
En 'Un Mundo Feliz',
La biotecnología, para Huxley, además de conducir
a una sociedad deshumanizada, consagra el totalitarismo.
'Mejoramientos' que se justifican con coartadas siempre "humanitarias":
Se trata, una vez más, de hacer realidad aquella promesa que la antigua serpiente deslizó a Eva en el Edén:
Una promesa que siempre se incumple para
que, a la postre, sólo seamos monstruos melancólicos,
como aquel Minotauro pintado por Watts...
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