30 Diciembre 2022

del Sitio Web SputnikNews

 

 

 

 


El presidente de Rusia Vladímir Putin

y el presidente de EE.UU. Bill Clinton (archivo)
© Sputnik / Serguéi Velíchkin
 

 

 

Rusia advertía que la ampliación de la OTAN llevaría consecuencias graves a principios de la década de 2000, según los documentos desclasificados por el Archivo Nacional británico.


Rusia vivía la década de 1990 bajo las esperanzas de integrar la democracia impulsada por EE.UU., escuchando las promesas de su nuevo amigo en la arena mundial, incluso la de no ampliación de la OTAN y su no incorporación de los territorios de Europa de Este.


Entrando la nueva década de los 2000, Rusia se dio cuenta de que las promesas fueron inútiles y su seguridad con cada año se ponía más en peligro.

 

Desde aquel momento, Rusia contaba con,

Polonia, Hungría y la República Checa ya integrados en la OTAN que mientras tanto continuaba las negociaciones para su ampliación con Eslovaquia, Bulgaria, Rumania, Eslovenia y los países bálticos, lo que habría reducido a menos de 100 Km. el alcance estratégico del bloque hacia San Petersburgo, segunda ciudad de Rusia.

Al salir de esta ilusión, Rusia intentó, no obstante, preservar una paz cada vez más frágil y trató de advertir cautelosamente a sus homólogos de Occidente de las consecuencias de sus acciones.

 

De acuerdo con los documentos desclasificados, a principios de 2000 en Moscú, el presidente ruso, Vladímir Putin, afirmó al primer ministro británico, Tony Blair, que no quería ser visto como "anti-OTAN".

 

Sin embargo, el documento de seguridad afirmaba que las "constructivas" declaraciones de Putin quedaban "desmentidas" por los esfuerzos de espionaje rusos contra el Reino Unido, así como por los vínculos de Moscú con Irán e Irak.

 

El Ministerio de Defensa ruso se mantenía siempre atento a la evolución de los acontecimientos mundiales y era coherente en sus opiniones sobre la OTAN.

 

Los documentos indican que el ex-ministro de Defensa ruso Ígor Sergueyév, que ocupó el cargo de 1997 a 2001, alertaba a sus homólogos de la OTAN que una nueva ampliación de la alianza sería un grave error político, ante el que Moscú tomaría,

"las medidas adecuadas en respuesta"...

En 2000, Sergueyév advirtió de los riesgos de los planes de Washington de retirarse del Tratado sobre Misiles Anti-Balísticos de 1972, que describió como pilar de la estabilidad estratégica mundial.


Sergueyév instó a los europeos a abandonar la OTAN y crear un,

"sistema paneuropeo de seguridad colectiva" sin EE.UU.

El ministro también criticó el uso de fuerzas de la OTAN en Kosovo sin la aprobación de las Naciones Unidas y la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, afirmando que socavaba la arquitectura de seguridad mundial tras la Guerra Fría.


Para Rusia era importante conservar su lugar en el nuevo mundo y por eso el país buscó un terreno común con Occidente.

 

Una de las iniciativas fue la construcción de un gasoducto a través de Bielorrusia hasta el Reino Unido, que, como planeaba el presidente ruso, indican documentos, podría garantizar la seguridad energética del Reino Unido "durante las próximas décadas".

 

Esta propuesta nunca se llevó a cabo...


La desconfianza occidental sobre las intenciones de Rusia y el impulso de la OTAN para incorporar cada vez más miembros de Europa del Este al bloque subrayaron su hostilidad subyacente hacia Moscú, a pesar del supuesto final de la Guerra Fría.

 

Putin trató de poner a prueba la autenticidad de las intenciones occidentales en el año 2000, recordando que una vez propuso al presidente Bill Clinton que la propia Rusia se incorporara a la OTAN.

"Durante la reunión dije:

'Deberíamos considerar la opción de que Rusia se incorpore a la OTAN'.

Clinton respondió:

'¿Por qué no?'.

Pero la delegación estadounidense estaba muy nerviosa", reveló el mandatario ruso en 2017 en una entrevista con el director estadounidense Oliver Stone.

La expansión de la OTAN es una de las causas centrales de la actual crisis en las relaciones entre Rusia y Occidente, incluido el actual conflicto en Ucrania, en medio de los intentos del bloque por arrastrar a Kiev a la alianza.

 

Rusia ha expresado su preocupación de que las fuerzas militares convencionales de la alianza, más los sistemas de defensa antimisiles colocados en Polonia y Rumania, estén diseñados para apuntar a Rusia, amenazando al país y socavando la estabilidad estratégica mundial.


En diciembre de 2021, Rusia propuso a Estados Unidos y a la OTAN un doble conjunto de proyectos de tratados de seguridad.

 

Las propuestas estaban destinadas a reducir las tensiones entre Moscú y el bloque occidental e implicaban que,

  • los países de la OTAN debían comprometerse a contener la ampliación del bloque y excluir la adhesión de Ucrania

  • la creación por parte de Rusia y la Alianza Atlántica de líneas directas para mantener contactos de emergencia

  • el intercambio regular de información entre Rusia y el bloque militar sobre ejercicios y maniobras militares...

Los documentos, entre otras cosas, descartaban el despliegue de tropas y armamento adicionales fuera de los países en los que se encontraban en mayo de 1997 y establecían la renuncia a cualquier actividad militar de la OTAN en,

Ucrania, Europa Oriental, la Transcaucasia y Asia Central.

Moscú también afirmó que la decisión adoptada en la cumbre de la OTAN celebrada en Bucarest en 2008 de aceptar a Ucrania y Georgia como miembros de la OTAN debía desautorizarse formalmente por contradecir el compromiso de todos los líderes de la OSCE de no reforzar su seguridad a expensas de los demás.


Además, en el borrador del acuerdo con EE.UU., Moscú llamó a Washington a comprometerse recíprocamente a renunciar al despliegue de armas nucleares fuera de su territorio y devolver a su suelo las que se encuentran en otros lugares.

 

Los dos países también debían eliminar las infraestructuras existentes para desplegar armas nucleares fuera de sus respectivos territorios.


El proyecto estipula que ninguna de las dos partes emplazará su armamento o efectivos en regiones donde la otra lo podría considerar como una amenaza a su seguridad nacional,

"incluido en el marco de organizaciones internacionales, alianzas militares o coaliciones", a excepción del despliegue en su territorio nacional.

La primera ronda de las negociaciones sobre las garantías entre Rusia y EE.UU. se celebró los días 9 y 10 de enero (2022) en la ciudad suiza de Ginebra.

 

El pasado 21 de enero (2022), Ginebra acogió consultas entre Serguéi Lavrov y su par de EE.UU., Antony Blinken, también centradas en las iniciativas rusas sobre las garantías recíprocas.


El 26 de enero, EE.UU. y la OTAN entregaron a Moscú respuestas escritas a las propuestas rusas sobre garantías de seguridad.

 

Dijeron, entre otras cosas, que Washington y la OTAN no estaban dispuestos a renunciar a la ampliación de la OTAN, pero no querían la confrontación y aceptaron discutir algunos aspectos de seguridad con Moscú.


Washington estaba dispuesto a debatir con Moscú las siguientes cuestiones:

  • un mecanismo para el no despliegue de misiles de crucero Tomahawk en Rumania y Polonia

  • compromisos mutuos para limitar el despliegue de sistemas y fuerzas de misiles ofensivos en Ucrania

  • un nuevo START alternativo que abordara también las nuevas armas nucleares y el control de los misiles de medio y corto

  • medidas adicionales para prevenir incidentes en el mar y en el aire

Occidente también subrayó que se abstendría de desplegar armas nucleares en Europa del Este.


A principios de marzo de 2022, la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, María Zajárova, declaró que Rusia no había recibido garantías de seguridad de EE.UU. y la OTAN.

 

La vocera aclaró que Rusia había recibido una negativa sobre ,

 "no solo clave, sino importantes, esenciales, vitales, existenciales" para el país...