Francisco de Moxó ha logrado resumir el sincretismo cátaro o albigense en pocas palabras:

"El catarismo medieval hunde sus raíces en el dualismo oriental (mazdeísmo de Zoroastro en el s. VII a.C) que, con repercusiones en el mundo esenio, y a través de los gnósticos, neoplatónicos y maniqueos de los primeros siglos cristianos, llegan a los paulicianos de Armenia a fines del s.VII que dieron origen al bogomilismo en el s.IX, cuya relación con el catarismo occidental es hoy algo comprobado e indiscutible".

 

El castillo Cátaro de Montségur en Langedoc. Capituló a las Cruzadas francesas del norte en 1244. Fue un centro muy importante del Catarismo

 

Desde el mismo Montségur, último bastión Cátaro, escucho las palabras del historiador Michel Rocquebert:

"La idea de que hay dos creaciones y, por tanto, dos creadores, una creación buena y otras mala; la idea de que el alma que pertenece a la buena es una exiliada y prisionera del mundo, es decir, de la creación mala; la idea de que la salvación sólo se puede conseguir mediante el conocimiento iluminador: todo eso es gnóstico. Pero no hay que olvidar que el catarismo es una forma de cristianismo, y que siempre se ha presentado como tal, incluso como el auténtico cristianismo.

 

Por tanto, tenemos una forma innegablemente gnóstica del cristianismo, y esa es además la razón por la que estoy convencido de que el catarismo no apareció como un milagro precisamente en mitad de la Edad Media, en los siglos XI y XII, sino que, en realidad, sus orígenes se deben buscar en el cristianismo primitivo".

Para los Cátaros, Satanás es el demiurgo, el Rey del Mundo, y la Iglesia de Roma es de su misma naturaleza.

 

Creían en la abstinencia sexual y el vegetarianismo. Rechazaban la mentira y matar a hombres y animales. Cristo era un ser espiritual únicamente y, por tanto, no debería ser recordado por la eucaristía ni en crucifijos. El único sacramento que tenían era el "consolamentum", que transformaba a un creyente en un "perfecto", liberando al alma de la unión material con el demonio y uniéndolo al Espíritu Santo, posibilitando así el quedar libres de la rueda de las reencarnaciones (investigadores hay que han calificado a los Cátaros como los "budistas de occidente".). Los Cátaros no imponían sus creencias.


El catarismo se extendió por toda Europa y dejó su estela en ella durante mucho tiempo, incluida España. Un neocátaro fue Lord John Oldcastle, fuente de inspiración de Shakeaspeare para el personaje del gordinflón, tramposo y mujeriego de Lord Falstaff, en el drama "Enrique IV". Oldcasttle fue hereje bolardo y murió condenado a la hoguera y colgado a una cadena de hierro en 1435.

 

Orson Welles le interpretó en su mejor película, "Campanadas a Medianoche", rodada en 1966 en Calatañazor, Santa María de Huerta y Santo Tomé (Soria), que por entonces era más conocida como iglesia de Santo Domingo, el perseguidor de los cátaros.


He encontrado en los archivos de la Diputación dos obras en varios tomos sobre la historia de Francia cuya primera edición en castellano es de mitad del siglo pasado.

 

El tomo II de la "Historia de los Franceses", de M. Teófilo Lavalée, comienza resumiendo la crónica de la tragedia cátara, en la que los sorianos participaron de forma directa a través de Diego de Acebes, Domingo de Guzmán y otros canónigos de Osma, e indirectamente y de forma más cruel a través de las dos ordenes fundadas por Domingo de Guzmán, la Orden militar de los "Hermanos de la Milicia de Jesucristo" ("Militia Sanctae Mariae" o "Frates Gaudenti") y la Orden de Predicadores o Dominicos que fue la cabeza rectora de la Inquisición.


He aquí sintetizada la tragedia que aún hoy sigue conmoviendo el alma del sur de Francia, de lo que se ha venido a llamar "País Cátaro":

"Aunque existían bajo dominaciones diferentes la Provenza, el Delfinado, la Septimania, la Gascuña, la Aquitania y hasta Cataluña y Aragón, se consideraban entre sí como un mismo país, y todos los habitantes del Mediodía tenían el nombre de provenzales. Dos casas ejercían la supremacía sobre las demás familias soberanas de estas comarcas.

 

La primera era la de los reyes de Aragón, soberana del condado de Provenza, del Rosellón y la Cerdaña, señora feudal de Bearne, de Bigorra, del Armañac, Montpellier y Carcassona;casa que parecía destinada a tener en el Mediodía de Francia igual fortuna que los Capetos en el norte. La otra era la casa de San Gilles que, vasalla de los reyes de Francia y de los emperadores, poseía el condado de Tolosa, el ducado de Septimania y el marquesado de Provenza, y era señora feudal de Bezieres, de Foix y de Comminges.

 

Había adquirido el Agenois de los reyes de Inglaterra en 1196, y el Gevaudan de los reyes de Aragón en 1204, y reinaba directa o indirectamente en todo el país comprendido entre el Lot, las fuentes del Loira, el Ródano, el Isera, los Alpes, el Durance, el Mediterráneo, el Aude, el Ariège y el Garona.


El Mediodía de la Francia parecía destinado a formar un reino aparte. Sus ciudades eran grandes, libres e industriosas; sus habitantes hacían alarde de sus riquezas y su ilustración; sus costumbres caballerescas, sus espléndidas fiestas, sus relaciones comerciales con los árabes, sus Cortes de Amor y los atrevidos cantos de sus trovadores, hacían de este país un mundo distinto, querido de España, envidiado de Italia, aborrecido de Francia, y que inspiraba tanto entusiasmo a sus habitantes que lo llamaban comúnmente el paraíso terrenal.

 

Por otra parte el feudalismo no había echado muy profundas raíces en todas las comarcas de derecho romano: el régimen municipal estaba allí en todo su vigor y la aristocracia del pueblo se hallaba a igual altura que la señorial. Su lengua, la más rica y armoniosa que hayan jamás hablado los hombres, y admirado por todos los ingenios, casi llegó a ser el idioma nacional de la Italia".

Un pueblo tan extraño a la constitución temporal de la Europa debía naturalmente tender a alejarse de su constitución espiritual.

 

Efectivamente, se esparció por todo el Mediodía "desde Beziers hasta Burdeos" una nueva herejía. Era hija de la secta de los paulicienses, especie de maniqueos arrojados del Asia en el siglo sexto por los emperadores griegos, y que se había esparcido por el Occidente. Sus doctrinas se propagaron sorda y lentamente, principalmente en el Mediodía de la Galia donde había reinado mucho tiempo el arrianismo con los visigodos.

 

Estos herejes se llamaban patarinos o albigenses.

"Sus costumbres son irrepensibles", dice S. Bernardo. "No hacen mal a nadie, sus rostros están flacos y abatidos por los ayunos; no comen el pan de los perezosos y trabajan para sustentarse"... Los trovadores, "que tan influyentes eran en la opinión pública, ayudaban con sus cantos a que se propagase la herejía".

Inocencio III mandó una carta al conde de Tolosa Raimundo V cuando le excomulgó en 1207 que decía:

"Hombre pestilente, ¿hasta donde llega vuestra locura al desafiar las leyes divinas y uniros con los enemigos de la fe? ¿quién sois, pues que así os negáis a firmar la paz y osáis separaros de la unidad de la Iglesia? Impío, cruel y bárbaro tirano, ¡no os avergonzáis de favorecer a los herejes y de responder a los que os lo reprenden, que hallareis entre ellos un obispo que probará que su creencia es mejor que la de los católicos?

 

Si dudáis de las llamas eternas, ¿no teméis los castigos temporales que habéis merecido con vuestros crímenes?. Sabed, si no os arrepentís, que os quitaremos los dominios que tenéis en la Iglesia universal, y que mandaremos a todos los príncipes que se alcen contra vos como enemigo de Cristo y perseguidor de la Iglesia. La mano del Señor se extenderá sobre vos para aniquilaros"

El legado Castelnau le recordaría esta carta al seguir Raimundo en sus trece, y al alejarse de Saint Gilles un servidor del conde le mataría en una posada. Esto provocaría la Cruzada, convocada por Inocencio III el 6 de marzo de 1208 y que dio a conocer al rey, obispos y barones de Francia en estos términos:

"Sabed que cargamos de anatemas al conde de Tolosa, desatamos a todos los que estén con él ligados, permitimos a todos los católicos que acometan su persona y se apoderen de sus bienes y los conserven. Si quieren enmendarse, no ceséis por eso de hacer pesar sobre él el castigo que ha merecido, y arrojadle a él y sus secuaces, arrebatándoles sus tierras.

 

Concedemos el perdón de todos los pecados a los que se armen contra estos apestados provenzales, raza perversa y maldita. ¡Sus, pues, soldados de Cristo! ¡Alzaos, pues, novicios de la milicia cristiana! Muévaos el gemido universal de la Iglesia! Desaparezcan los herejes, y establézcanse en su lugar colonias de católicos. ¡Esforzaos por pacificar esas poblaciones en nombre del Dios de paz y amor! ¡Aplicaos a destruir la herejía por todos los medios que Dios os inspire".

 

 

Hall inferior de la torre de la fortaleza real de Montségur. En el nivel superior la puerta de acceso desde el cortil externo

 

 

 

 

 

 

La cima de Montségur. En el centro, la planicie de acceso, lugar de los primeros combates de primavera y verano 1243

 

 

 

Algunos de los tantos misiles de piedra encontrados en el lugar. Pesan entre 60 y 80 kilos y son prueba que se usaron catapultas, una gran maquina de asedio usada por los Cruzados

Catapulta francesa de la época usada por los Cruzados.

 

 

 

 

 

Y finalmente esto es lo que aconteció:

"Los hijos del norte reemplazaron a los del Mediodía en las sillas episcopales... Se ordenó en un parlamento, habido en Pamiers para arreglar la administración del país conquistado, que no pudieran casarse con los franceses las viudas e hijas de los señores de Languedoc; fueron desterradas las mujeres de los que peleaban contra los cruzados y se confiscaron sus bienes...

 

Estas medidas, la guerra y los suplicios hicieron desaparecer la mitad de la población libre que se gloriaba de descender de los romanos y los godos, reemplazándola con gentes del norte que trajeron leyes y la lengua de su país. Desde entonces el Mediodía se sometió enteramente al régimen del feudalismo, quedaron para siempre destruidas sus tentativas democráticas, y su aristocracia de ciudadanos quedó ahogada bajo la aristocracia feudal".

 

(...) "Todas las fuerzas, todas las pasiones, todo el poder de la nación estaban amontonados contra el desgraciado país de los albigenses, y la Europa, a quien se le ordenaba la inmovilidad y el silencio, era espectadora de este terrible drama, en que todo un pueblo puesto fuera de la ley común era condenado al exterminio por haber intentado sustraerse a la confederación cristiana"


(...) "La religión, la civilización, la lengua y la independencia de la Galia meridional fueron extinguidas con sangre, y solo a este precio salvaron los prelados los principios de la unidad cristiana y de la nacionalidad francesa "


(...) "De este modo fueron destruidos, en beneficio del trono y del reino de Francia, los más poderosos señoríos del Mediodía y el núcleo de la nación provenzal. El Languedoc no pudo ya rehacerse de su derrota; sorda y lentamente fueron atacadas sus libertades, se entorpeció su civilización, declinó su lengua hasta perderse en informes jergas, degeneraron su comercio y su industria; y aunque empezaban a prevalecer en el país las leyes y usos del norte, tardó tres siglos a recibir el nombre de Francia.

 

El espíritu de independencia del mediodía se conservó y manifestó en todas las épocas, algunas veces por rebeliones, muchas por quejas, y siempre por su repugnancia a admitir las ideas del norte".