IV. LOS TRIGRAMAS Y LOS HEXAGRAMAS

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Hemos tratado de delinear el sistema en el cual se basa el Libro de las Mutaciones. Vimos que todo el orden en que se mueven el mundo y la vida ha encontrado su reflejo en dos líneas cargadas de contenido espiritual, que representan la encarnación de la mutación en giro y de los dos polos que la determinan. Debemos concebir esta representación como algo muy concreto. Hoy tendemos a hablar de símbolos en este contexto, en que cada uno puede agrandar a voluntad, según su temperamento y sus sentimientos, la distancia entre los símbolos y lo simbolizado.

Pero la identidad entre el original y su imagen es inmediata en el mundo mágico que representan los primitivos estratos de nuestro libro. No necesitamos sorprendernos por el hecho de que estas imágenes hayan asumido una estructura tan racional, como lo es una línea dividida y sin dividir, y que no se presenten bajo una vestidura fantasiosa. La multiplicidad de los fenómenos, que es infinita ha sido expresada en una forma racional, accesible al intelecto y al poder de acción del hombre, para indicarle el aspecto de los fenómenos que es el sitio de la visión y de la acción.

Este mundo está contenido completamente en las imágenes de estas líneas y de los complejos lineales — que constituyen su corporización — construidos a partir de ellas, que según la tradición fueron estructurados por santos y sabios de tiempos remotos, que son los agentes más importantes en el mundo de los fenómenos.

En los estratos posteriores del Libro de las Mutaciones, se ha interpuesto un “como” en la concordancia entre lo que se representa y lo representado. Las imágenes ya no son más las cosas, son tan sólo como las cosas. Pero las explicaciones del Gran Comentario aún muestran recuerdos de la posición antigua:

“Por lo tanto, con respecto a las imágenes: los santos y los sabios pudieron dominar con la vista toda la confusa multiplicidad existente bajo el cielo. Observaron las formas y los fenómenos, y representaron las cosas y sus atributos. Se las llamó las imágenes. Los santos y los sabios pudieron dominar con la vista todos los movimientos que ocurren bajo el cielo. Contemplaron cómo se encuentran y se interrelacionan, para seguir su curso según sus ordenamientos eternos. Luego emitieron dictámenes para distinguir entre la suerte y la desgracia. Se los llamó los Dictámenes”.

“La presentación exhaustiva de la confusa multiplicidad existente bajo el cielo depende de los signos. El impulso de todos los movimientos que se producen bajo el cielo depende de los dictámenes”.

La abstracción creciente de la imagen con respecto a la cosa permite agotar plenamente el valor de la imagen. Indica el paso de la compenetración mágica con el fenómeno a su ordenado dominio. La imagen se transforma de un atributo de las cosas en un medio para comprenderlas y dominarlas, un medio que supera ya los vehículos efímeros como la escritura y el habla.

“El maestro dijo: «Lo escrito no puede expresar las palabras en forma completa. Las palabras no pueden expresar completamente los pensamientos»”.

“¿Somos luego incapaces de ver los pensamientos de los santos y los sabios?”.

“El maestro dijo: «Los santos y los sabios establecieron las imágenes para expresar completamente sus pensamientos: establecieron los signos para expresar completamente lo verdadero y lo falso. Luego agregaron los dictámenes, y así pudieron expresar completamente sus palabras»”.

No obstante, al ponernos a explicar las situaciones señaladas, haremos bien en tener presente la antigua fusión entre la cosa y la imagen. Sólo sobre esta base podremos comprender gran parte del texto, y gran parte de lo que se desprende de él.

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El sistema de complejos lineales de los hexagramas se desarrolla con naturalidad lógica a partir de las imágenes de las líneas divididas e indivisas. Agregando otra línea se obtienen cuatro configuraciones de líneas dobles:

La línea inferior, sobre la cual se levanta la construcción, es la que determina siempre el carácter de la combinación. Si se agrega otra línea a cada uno de estos cuatro complejos, se obtienen los ocho trigramas, de cuya superposición resultan los sesenta y cuatro hexagramas. Este es el proceso que el Tao Tê Ching describe en los siguientes términos: “El Tao engendró el uno, el uno engendró el dos, el dos engendró el tres, y el tres engendró todas las cosas”.

Saber si este orden lógico corresponde sin ninguna clase de dudas a la secuencia histórica, es una cuestión que dejo planteada. Hay muchas indicaciones de que los hexagramas fueron las imágenes primitivas, de las cuales se abstrajeron luego los trigramas, y que los signos de las líneas dobles se derivan de un análisis aún posterior. En favor de esto, en primer lugar, está el hecho de que los números dos y seis, sobre los cuales se basan los hexagramas, tienen una remota antigüedad en el sistema numérico como números destacados.

Aparentemente, el número seis es incluso anterior al período Hsia. En sustancia, parece ser uno de los números más naturales, como lo muestran una y otra vez las especulaciones posteriores. En cambio, el mérito de los números tres y ocho sólo comenzó a abrirse camino en una época posterior. Tampoco es fácil aceptar que la simple suma de uno más uno más uno haya sido el camino por el cual se formaron todos los fenómenos existentes bajo el cielo. El conocimiento de la formulación básica subyacente: uno más uno más uno, es sin duda inherente a las cosas, pero parece una sistematización posterior, ajena a la percepción del fenómeno. Se comprueba indudablemente la corrección de la visión primitiva a través de esta racionalización posterior.

Esto nos lleva a hablar de una cuestión que vuelve siempre, en relación con el Libro de las Mutaciones: ¿En qué estrato se encuentra el verdadero significado de este Libro?. ¿Se encuentra en el más antiguo acervo de palabras e ideas, que ocasionalmente brillan a lo largo de los estratos de los primeros Chou, y los posteriores?. ¿En la sistematización emprendida en los tiempos del rey Wên?. ¿En la incorporación de dichos y versos populares, que le dan al Libro una dimensión de tanta profundidad?. ¿O deriva del refinamiento intelectual que experimentó el libro a manos de la escuela confuciana, en el último tercio de la época Chou.?

Pues tampoco éste es el último estrato. Ha sido coronado por los comentarios y la literatura apócrifa de las postrimerías de la época Chou y de los períodos Ch'in y Han — alimentados en parte por las escuelas mágicas del taoísmo popular — para no hablar de las ideas especulativas posteriores, que se han vuelto decisivas para la exégesis del libro. Todos estos estratos son más o menos transparentes; lo antiguo brilla a través de lo nuevo, y sigue viviendo en él. Algunos estratos pueden aislarse con relativa seguridad, pero no es fácil, en absoluto, distinguir a qué grupo deben atribuirse ciertos rasgos.

No obstante, lo esencial es, en el marco del libro, percibir la armonía entre las intuiciones más antiguas, desde la alborada de los tiempos, y el ordenado espíritu reflexivo del confucianismo de la época Chou, y entre los medulosos dichos originados en lo profundo del pueblo y los pensamientos de los espíritus directivos de esa época, todo lo cual ha engendrado directamente esa estructura, cuyo verdadero valor se encuentra en la amplitud de su contenido y en su universalidad. Este es el aspecto bajo el cual el libro vive y es reverenciado en China, y si no deseamos omitir nada importante, no debemos descuidar tampoco los estratos posteriores.

En ellos llegan a la luz del día muchos de los tesoros de los más primitivos orígenes, tesoros que hasta entonces estaban ocultos en las profundidades del libro, más adivinados que reconocidos. Cuando se presente la ocasión, seguiremos las líneas que conducen de lo posterior a lo más antiguo, para tratar de esclarecer su sentido a través del desarrollo vivo del libro mismo.

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Queremos examinar de cerca, en primer término, los ocho trigramas, los signos que están insertados en el conjunto complejo de los hexagramas. Aquí está, ante todo, la pareja de opuestos Ch'ien y K'un, dos signos que consisten en tres líneas nítidas, iguales, en el primer caso indivisas, y en el segundo divididas, es decir, tres trazos superpuestos, Yang o Yin. Los nombres dados a estos signos no son fáciles de descifrar. Su significado más antiguo es probable y sencillamente “lo seco” y “lo húmedo”, la separación entre la tierra y el agua, que también para nosotros representa el comienzo de la creación.

Pero en China esta separación no es de superficies, pues Ch'ien no significa el continente, ni K'un el océano, ya que el acento está puesto en la fuerza activa de los elementos representados. De esta manera, Ch'ien quiere decir lo que engendra la tierra, y K'un lo que nutre a aquello que es engendrado. En estos significados primitivos de las palabras existe una tradición muy remota, que luego se transformó casi en su opuesta: que la tierra, o por lo menos su producto, es masculina. El cambio de significado del signo Ch'ien no ha ocultado nunca totalmente esta primera fase, y la ambivalencia de su sentido le confiere mayor fidelidad y una gran fuerza energética.

Aun en el primer período Chou, sin embargo, ya el signo Ch'ien había crecido mucho más allá de la tierra y se había elevado sobre ella, y la posición abandonada había sido ocupada en parte por el signo K'un. Entonces los encontramos como el cielo y la tierra. Pero también estas imágenes son dinámicas, y la cualidad de su acción es más importante que la índole de su ser. El cielo es el elemento creador: el gobernante, el príncipe y el padre. La tierra es lo receptivo, que se adapta abnegadamente a quien se ubica por encima de ella; es la madre, y la multitud del pueblo, dirigido desde arriba. Ch'ien es la cabeza y K'un, la cavidad abdominal. Ch'ien es redondo y expansivo, K'un es cuadrado y chato.

Ch'ien es el frío y el hielo, K'un es la tela que calienta y el caldero que contiene alimentos. Ch'ien es el metal que corta, el jade alisado, y K'un es un carro, que almacena y transporta las cosas aplaciblemente. Ch'ien es la potencia, y K'un, la forma; y reflejando una remembranza anterior, Ch'ien es el fruto, y K'un, el tronco de la planta. Ch'ien es un rojo vivo, y K'un, un, negro profundo. Ch´ien es el escenario en que los opuestos se enfrentan. Se dice que “Dios combate en el signo de lo creativo; lo oscuro y lo luminoso se suscitan el uno al otro”.

Demuestra una experiencia notable que se trasladara este escenario al noroeste, y su temporada a fines del otoño y comienzos del invierno o, en términos del día, al momento que precede la medianoche. Este es el momento del enfrentamiento de los opuestos, aquel en que se combaten las batallas decisivas, como lo sabe todo hombre que ha observado el ritmo de su psiquis. En cambio, K'un es el escenario del trabajo pacífico. “Dios hace que las cosas se sirvan entre sí en el signo de lo Receptivo”, se dice. Es el verano avanzado, que trae la madurez; es la media tarde, cálidamente iluminada por el sol.

Ya hemos encontrado los símbolos animales de ambos signos. Primitivamente, Ch´ien era el dragón, K´un, la yegua. Luego, el caballo representó a Ch´ien en muchas formas: un caballo flaco, uno viejo, otro salvaje; en cambio K´un es la vaca, o el ternero con la vaca. Tal vez esta transformación indique un desarrollo cultural. Originariamente, el dragón es una herencia mitológica del sur bien irrigado, del cual el pueblo Tai mantiene un recuerdo especial.

Por el contrario, el caballo parece haber venido del norte. De la antítesis entre el dragón y la yegua podríamos deducir la superposición a una cultura norteña de un empuje proveniente del sur. El ganado, por otra parte, pertenece al oeste, y de esta manera, quizás, a un pueblo prototibetano. Un período posterior muestra en apariencia a una cultura del caballo que se impone a una cultura ganaderil. De todos modos, el hecho de que tanto el dragón como el caballo hayan dejado rastro en el signo Ch´ien una vez más le da una notable ambivalencia dinámica.

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En los restantes trigramas se pueden encontrar, mezcladas, líneas enteras y divididas. Se los divide de nuevo en dos grupos, los signos luminosos o masculinos y los oscuros o femeninos, representando los signos luminosos los tres hijos, y los oscuros, las tres hijas. A primera vista, resulta algo sorprendente que los signos luminosos sean los que tienen más líneas oscuras, y los oscuros los que tienen más líneas luminosas, y de este modo que la línea que se diferencia de las otras sea la componente que determina el complejo. Se da como razón de esto que los signos luminosos son pares, y los oscuros, impares, una idea no desconocida para nuestra psicología moderna.

Para aclarar esta afirmación, debemos dirigirnos brevemente hacia el simbolismo numérico de las líneas, que representa una evolución desde el seis primitivo hasta el más complejo nueve, que llegó a primer plano a comienzos del período Chou. Una línea Yin se indicaba con seis y una línea Yang con nueve, que unía en sí mismo un cuatro femenino y un cinco masculino. Pero el seis y el nueve son sólo los extremos, y muestran el Yin y el Yang en continuo movimiento. En el medio quedan los estadios del siete y el ocho, el Yang y el Yin en reposo, en el cual el siete, impar, simboliza el Yang, y el ocho, par, el Yin. Así los signos luminosos consisten en cada caso en dos líneas pares (seis u ocho) y en una impar (nueve o siete), y por ende su suma es en todos los casos impar. Por su parte, los signos oscuros se componen de dos líneas impares y una par, y su suma es en cualquier caso par.

Los tres signos luminosos son Chen, K'an y K'en. En el primero la línea luminosa es la más baja, en el segundo la del medio, y en el tercero la más alta.

El primer signo, Chen, es el hijo mayor, y su atributo es lo suscitativo. Su imagen en la naturaleza es el trueno. “En el signo de lo Suscitativo, ella (K'un) busca por primera vez el poder masculino y recibe un hijo. Por eso el Suscitativo es llamado el hijo mayor”. Chen es el movimiento y la velocidad, es resuelto y fuerte, es el bambú más verde y más joven, la caña y el junco. Es el hijo fuerte que crece rápidamente, a quien están dedicados los primeros cuidados de la madre y la preocupación del padre. Ha tomado del padre, el símbolo del dragón y, entre los caballos, representa aquellos que se destacan por su velocidad, por marcas que saltan a la vista, o por alguna otra característica notable.

Chen es un caballo de patas traseras blancas, o con una estrella en la frente, un caballo que relincha y galopa. Entre las plantas, en forma digna de señalar, se le asignan las leguminosas. Su color es el amarillo oscuro; su parte del cuerpo es el pié, que sirve al movimiento; su campo de actividad es la ruta que conduce al objetivo. Indica la temporada del este, de la primavera, del florecimiento y del despliegue de las plantas, el comienzo de todo lo nuevo. “Todo lo existente avanza en el signo de lo Suscitativo”, según se dice; es la época en que Dios se manifiesta en el trueno.

El segundo signo es K'an, lo Abismal, el hijo del medio. Lo Abismal es el agua, y precisamente el agua agitada, que fluye a través de un despeñadero. Por eso el segundo hijo se parece en mayor medida a su madre que a su padre, y ha absorbido de él uno de sus más antiguos atributos. A causa de esta ambigüedad, el signo indica también el peligro. Los otros atributos destacan este carácter ambiguo. Deriva del agua su característica de penetración; pero también señala la fosa en que uno se esconde, y el ladrón escondido. Es la sangre, y su color es rojo sangre.

Es el melancólico, el enfermo mental, el hombre con dolor de oídos. Su animal es el cerdo, su parte del cuerpo es el oído, que escucha hacia el abismo. Entre los caballos, está relacionado por una parte con los enfermizos, con aquellos que llevan la cabeza colgando y tienen cascos delgados, los que tropiezan, y por otra parte, con aquellos que tienen hermosas ancas y un salvaje valor. Es un carro defectuoso, pero es también la rueda del carro; es todo lo curvo y lo encorvado, el arco, y por último la luna.

Obsérvese que en este estrato cultural la luna es todavía masculina. Es el norte verdadero, el pleno invierno y la medianoche, el momento del esfuerzo. Este último aspecto, en realidad, contiene el lado positivo de este signo. Se dice: “Dios se esfuerza en el signo de lo Abismal, y todo lo existente le está sometido”. De esta manera, el éxito no se verá detenido sin derecho por la perseverancia en el peligro y el esfuerzo. Esta característica de persistencia es destacada por el hecho de que, en el mundo de las plantas, la madera dura y medulosa esta asociada con K´an.

El último de los signos luminosos es Ken, el Aquietamiento, lo que queda en pie, el hijo menor, cuya imagen es una montaña. Es el angosto sendero de montaña, lleno de piedrecitas, es el paso de montaña y la puerta, y al mismo tiempo el guardián de la puerta y del palacio; por eso, entre los animales es el perro. Ha asumido también un tributo del padre, el fruto, que significa la planta llegada a plena madurez, y al mismo tiempo la semilla a partir de lo cual se desarrolla lo nuevo. Es un árbol nudoso, un pájaro de pico negro.

La parte del cuerpo que le corresponde es la mano o el dedo; con el caballo no tiene nada que ver. Se ubica en el nordeste; con respecto al tiempo, es el recodo en que la noche se convierte en la alborada, en que llega a su plenitud lo que comenzó como una lucha a principios de la noche. Por eso se dice: “Dios lleva todas las cosas a la perfección en el signo del Aquietamiento”.

Las tres hojas son los signos Sun, Li, Tui, en que el trazo oscuro está primero arriba, luego en el medio y finalmente abajo.

La hija mayor es Sun, lo Suave. Su imagen es el viento, el que penetra por todas partes, y de él proviene el carácter de la penetración. Al mismo tiempo representa también la fuerza vegetativa de la madera “En el signo de lo Suave, lo masculino busca por primera vez el poder de lo femenino y recibe una hija. Por eso lo Suave recibe el nombre de la hija mayor”. Es significativo que la madre busque hijos en el padre, pero que éste busque hijas en la madre.

Lo Suave es el trabajo recto, firme lo largo y alto, el modelo. Es una persona con una amplia frente y mucho blanco en los ojos, cuyo talento económico le permite multiplicar por tres lo que obtiene en el mercado, y por ende es la que acrecienta los bienes de la casa. Es la que sopesa con calma, la que sabe cuándo conviene avanzar y cuando retroceder, pero esta ponderación también puede reflejar indecisión Su color es el blanco. La gran cantidad de blanco en sus ojos indica vehemencia y así, en esta doble característica, ella se encuentra especialmente cerca del hermano mayor.

Sin embargo, su vehemencia es sólo un arrebato momentáneo; en su conjunto, ella encarna la pureza y la plenitud. “Dios lleva todas las cosas a la perfección en el signo de la plenitud”. Su símbolo animal es el gallo, un primer ingrediente del fénix, que se desarrolló luego a partir de él. Las partes del cuerpo del cuerpo de este signo son los muslos. Su posición en el espacio es el sudeste, y su momento es el del rudo trabajo, la mañana.

Li, el signo siguiente, lleva la imagen del fuego y del sol. Aquí encontramos un sol femenino. Su característica es la adhesividad del fuego y el brillo del sol. Este brillo puede ser tan intenso que significa un relámpago. El fuego implica también la noción de dependencia respecto del material usado. Resulta evidente que su parte del cuerpo es el ojo claro. Esta hija ha heredado de su padre la sequedad, y también puede representar un árbol desecado. Transferidos al mundo humano, el fuego y el relámpago son herramientas peligrosas, y por eso la coraza y el yelmo, la lanza y las armas son los atributos de esta Palas Atenea. Es extraño que tenga una gran panza, lo cual proviene probablemente de la forma del signo, que por afuera es firme y por dentro es hueco.

Su animal es el faisán de nuevo próximo al fénix de tiempos posteriores. Sin embargo, su tensión proviene del hecho de que ha domesticado una serie de animales acuáticos: la tortuga de mar, el cangrejo, el caracol, la almeja y la tortuga. Su dirección es el sur, su época el verano y el mediodía, esplendoroso y abrasador. Es el escenario de la percepción. “Dios hace que las criaturas se perciban entre sí en el signo de lo Adherente”, y se observa, a manera de aclaración: “Que los santos y los sabios dirigieran su rostro hacia el sur, cuando percibían el sentido del universo, significaba que al gobernar se volvían hacia la luz”.

El último de los ocho trigramas es Tui, la hermana menor, que difunde el buen humor y la alegría a su alrededor. Su imagen es el mar sereno y reposado, el agua quieta y profunda. Este mar refleja lo que se espejea en él, y por eso Tui es lo reflejado. Está vinculado con lo que cae y con lo que se abre de golpe. La parte del cuerpo asociada con este signo es la boca. Esto no significa sólo la alegría de los placeres de Lúculo, sino también el habla. De las profundidades del mar, cuya superficie descansa tan calma, se abren paso muchas cosas ocultas e inquietantes.

Por eso Tui es también la maga, y la seductora agua del mar trae consigo también la destrucción. La forma del signo es interiormente dura, aun terca, pero exteriormente es dúctil. Así Tui puede ser también la concubina, y entre los animales, la oveja. El signo Tui se ubica en el oeste; su época es la de mediados de otoño y la tarde, que regocija a todos los seres. Por lo tanto se dice: “Dios alegra a las criaturas en el signo de lo Sereno”. Pero no debemos olvidar que un exceso de alegría encierra peligros. Está más cerca del hermano menor, la montaña, a cuya fuerza une la propia.

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Este es, aproximadamente, el contenido de los ocho signos. Al descomponer y analizar el conjunto total de los hexagramas, debemos tener en cuenta todos los distintos significados y situaciones que intervienen, llegando ora uno, ora otro a primer plano.

Estos hexagramas representan dos trigramas superpuestos. En todo caso, ya fueron encarados de esta manera a comienzos de la época Chou. Una combinación de los signos determina su imagen, que reúne el significado y la dinámica interna de ambos trigramas. Por ejemplo, una combinación de Ch'ien y K'un puede presentarse de dos maneras distintas. Supongamos que Ch'ien está abajo y K'un arriba: esto significa una unión particularmente estrecha de ambas potencias primigenias, pues el rielo tiende a subir y la tierra a hundirse. Se mueven uno hacia otro. Por ende la imagen del signo es totalmente favorable. Es el hexagrama 11, T'ai, la Paz, el comienzo de la unión y el desarrollo de todas las cosas. Pero si la combinación está invertida, la imagen no es de ninguna manera tan favorable. Aquí las dos mitades se esfuerzan en separarse, y el cielo tiende a alejarse de la tierra. Resulta el hexagrama 12, Pi, el Estancamiento, la época en que nada prospera.

Sin embargo, no es ésta la única forma en que se emplean los trigramas para explicar los hexagramas. Mientras que ambos semisignos representan las líneas 1, 2, 3.y.4, 5, 6 de los hexagramas, por otro lado, las líneas 2, 3, 4 y 3, 4, 5 constituyen nuevos trigramas, que son llamados los signos nucleares.

En el hexagrama T'ai, que muestra el cielo abajo y la tierra arriba, los dos signos nucleares son Tui , y Chen , y en el hexagrama invertido, el Estancamiento, son Ken , el Aquietamiento, y Sun , lo Suave, lo vacilante. Así los signos nucleares conducen a aclarar la situación en su conjunto.

El hexagrama se estudia desde abajo hacia arriba, y por regla general las diferentes líneas representan un progreso en la situación. Así, por ejemplo, una situación en sí favorable puede revelar un aspecto desfavorable al comienzo, cuando todavía no se ha desarrollado, o al final, cuando su acción se va extinguiendo. La línea del signo Paz muestra claramente la cesación de esa acción, cuando el orden cede nuevamente su lugar al caos. El texto respectivo expresa: “La muralla se desploma nuevamente en el foso. No emplees ejércitos ahora. Proclama tus órdenes en tu propia ciudad. La perseverancia trae humillación”. El texto para la línea superior del signo del Estancamiento, en cambio, dice: “El estancamiento llega a su fin; primero estancamiento, luego bienaventuranza”.

Las líneas individuales se corresponden en forma especialmente favorable con ciertos lugares especiales. Una línea firme, indivisa, es correcta en el primero, tercero y quinto lugar, y una línea blandea lo es en el segundo, cuarto y sexto. Naturalmente, la corrección de la posición también tiene su significado. Así, en el Estancamiento, el seis en el segundo lugar está en una posición correcta, y su texto contiene las palabras: “Al gran hombre, incluso el Estancamiento le sirve para el éxito”. Y el nueve en el cuarto lugar y el nueve en el, sexto lugar de este hexagrama no son tampoco líneas totalmente desfavorables. Sin embargo, una posición correcta no es siempre una ventaja. Un trazo firme en un lugar firme puede indicar demasiada firmeza, del mismo modo que un trozo blando en un lugar blando señala la ausencia de una requerida firmeza.

Por el contrario, es favorable, en general, una posición central de la línea, en el medio de un signo parcial, es decir en el segundo y en el quinto lugares. El quinto es el lugar gobernante, el lugar en que una situación produce todos sus frutos, pero en que los signos de la decadencia no se manifiestan todavía. El segundo es el lugar del funcionamiento en las provincias, que obtiene poco progreso para sí mismo, y se ocupa de pequeños detalles. El cuarto lugar, cerca del gobernante, es designado como el lugar del ministro.

Así, por ejemplo, se dice del seis en el quinto lugar del hexagrama T'ai: “El soberano I da su hija en matrimonio. Esto trae bendición y elevada fortuna”. Esta hija se convirtió en la madre del rey Wên. Y acerca del nueve en el segundo lugar, se dice: “Soportar a los incultos en forma gentil, atravesar el río resueltamente, no descuidar lo lejano, no tener en cuenta a los compañeros: así se logra recorrer tal vez el camino del medio”. De esta manera, también en tiempos de paz el destino del funcionario está lleno de responsabilidades y de espinas.

Evidentemente, algunas líneas de los signos se encuentran en relación más íntima entre sí. Así, se corresponden la primera y la cuarta, la segunda y la quinta, y la tercera y la sexta, especialmente cuando ambas líneas difieren en carácter. Es especialmente fuerte la correspondencia entre las dos líneas centrales, y por lo general es favorable cuando a un soberano débil le corresponde un funcionario más fuerte. La situación inversa no es de ninguna manera tan favorable. Naturalmente, también es íntima la relación entre el soberano y el ministro, la quinta y la cuarta líneas. Es favorable, por lo general, cuando un soberano más fuerte tiene un ministro dócil y adaptable, mientras que un ministro más enérgico produce con demasiada facilidad inconvenientes a soberano débil. También otros trazos vecinos pueden tener sus relaciones, como por ejemplo los dos de arriba, que simbolizan a un gobernante que se guía por el consejo de un sabio.

Al margen de estas peculiaridades de carácter de las líneas y de los lugares individuales, cada signo tiene su regente. Los regentes son de dos tipos: los constituyentes, y los gobernantes. El regente constituyente de un signo es siempre aquella línea que expresa en la forma más clara lo característico de la situación. En el Estancamiento, por ejemplo, es el seis en el segundo lugar, cuyo texto es: “Ellos soportan y toleran”. El regente que gobierna coincide en la mayoría de los casos con el lugar del soberano del signo, y por ende se encuentra casi siempre en el quinto lugar. No obstante, de vez en cuando hay dos líneas de igual fuerza, que entonces son consideradas ambas como gobernantes.

Estas son las bases del sistema, en las cuales se encuentran resueltas las situaciones de los hexagramas. Con la ayuda de estos hexagramas se puede conocer la posición propia en el tiempo y las potencialidades que esta posición trae consigo. Pero el sentido de este conocimiento es única y exclusivamente proporcionar la base correcta para la acción.

Por eso se dice:

“Los cambios y las transformaciones se refieren a la acción. Los actos benéficos encierran buenos augurios. Por eso las imágenes nos sirven para conocer las cosas, y el oráculo nos sirve para conocer el futuro”.

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V. LOS HEXAGRAMAS CH'IEN Y K'UN

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Cuando queremos comenzar a vincular los sentidos sustanciales de la familia de los ocho trigramas con las reglas estructurales del hexagrama, nos vemos llevados con toda legitimidad al campo de las mutaciones. El sistema de los sesenta y cuatro hexagramas, que jalona la extensión y la forma del mundo en transformación, como si fuera una ruta, tiene en su conjunto, desde el comienzo, el más alto interés. La cantidad y la estructura de los hexagramas individuales quedan fijadas por medio de reglas simples de carácter matemático.

No es posible agregar ni quitar nada. Se han extendido igualmente estas reglas matemáticas simples de las figuras individuales al sistema en su conjunto, y así se ha alcanzado una representación cabal, que se presenta ante la imaginación creadora de una mente con formación matemática como el resultado exhaustivo de una exposición abstracta. Una representación gráfica de la forma de este sistema, sin duda alguna, debe ser insuficiente, pues tres dimensiones no alcanzan.

En otras palabras si la línea individual es reflejable en una dimensión, la línea doble se extiende al plano, y para el trigrama es necesario un cuerpo sólido — la representación de los ocho trigramas en los ocho vértices del cubo brinda una figura de sobresaliente armonía de conjunto ―, luego, naturalmente, cuando se llega al complejo de un hexagrama, no se puede prescindir de la ayuda de una cuarta dimensión, que por cierto es concebible para la mente matemática, pero ya no es representable en forma figurativa.

La estructura matemática perfecta del hexagrama individual y la construcción absolutamente lógica del sistema en su conjunto brindan, de esta manera, una norma formal, altamente impresionante por su rigor, para las situaciones vivientes, en lo individual, y para enmarcar perfectamente la representación de la vida en su totalidad. No se debe ver en el encuadre de la vida en este marco una violencia; la coincidencia de las situaciones de la vida con los puntos de intersección matemáticos, dados por el sistema, no es en absoluto arbitraria. A primera vista, puede parecemos extraño que la totalidad de los fenómenos mutantes estén sujetos a una ley formal tan lógica. Sin embargo, el hecho de que la naturaleza se preste mejor a tal sistematización que la mente humana es atestiguado — si se permite una única comparación

— por el ordenamiento, tan rígido como natural, del sistema de los elementos químicos, en la serie ininterrumpida de sus números atómicos, cuyas lagunas ocasionales, según se hizo evidente, debían atribuirse al estado de las investigaciones químicas y no a fallas en el sistema. Lo mismo ocurre con el sistema de los hexagramas y con las imágenes que se representan a través de ellos.

La búsqueda espiritual realizada durante los tiempos antiguos de China había comprobado estas coordinaciones, y los investigadores posteriores no tuvieron más remedio que aceptarlas, una vez que fueron establecidas en su secuencia, del mismo modo que debemos aceptar que el número atómico del hierro es 26, y que el del oro es 79. Un estudio más minucioso, sin embargo, demostrará que las coordinaciones no son arbitrarias, sino que llegan realmente siempre al núcleo de la situación.

El segundo elemento al cual se opone en cierta medida una mente de formación europea son los textos que acompañan los hexagramas individuales. ¿Qué podemos hacer con sentencias como “cerdos y peces” o “él pisa la cola del tigre”?. También esto debemos aceptarlo a primera vista, como aceptamos, poco más o menos, una composición musical, en la cual siempre no es evidente en forma inmediata por qué una modulación o una armonía está en una determinada posición o en otra, y sin embargo el conjunto convence. Y para continuar la comparación: la estructura del hexagrama y su posición en el sistema determinan, por así decirlo, la forma musical, mientras que la imagen de la situación proporciona el tema.

Tampoco se impone ninguna limitación absoluta a la libre imaginación musical en el desarrollo del tema, en el marco de una forma definida. Pero sólo podemos llegar a disfrutar la música cuando seguimos esta imaginación, a cuyo efecto el enlace más estrecho posible entre el tema y la forma favorece de manera natural la perfección de la expresión. Un análisis preciso de los textos que acompañan los hexagramas puede enseñarnos mucho sobre su composición; sin embargo, el hecho de que en la mayoría de los casos subsiste un elemento irracional, que elude un análisis lógico, debemos atribuirlo a la imaginación artística de los autores.

La composición de estos textos colaterales no se realiza de acuerdo con un esquema fijo. Haciendo las simplificaciones necesarias, podemos distinguir dos tipos fundamentales. El primer tipo, de carácter claro, evoca la forma de las variaciones musicales. El tema tocado se mantiene como tal a través de los seis niveles, y se presenta en sus diversos aspectos. La segunda forma ya es más fácil de analizar. Falta un verdadero motivo conductor recurrente, y en cambio se unen entre sí, como un mosaico, seis imágenes distintas, correspondientes a los respectivos niveles, cuya vinculación es más interna. Pero en ambos tipos el así llamado Dictamen indica la actitud que se mantiene a través de todas las mutaciones.

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Los dos hexagramas, Ch'ien y K'un, con los cuales se inicia el Libro de las Mutaciones, son los mejores ejemplos de estos dos tipos de composición. Mediante un estudio más detallado de ambos podremos familiarizarnos con su construcción formal y con su esfera de ideas.

El primer hexagrama, Ch'ien, que se encuentra al principio del libro desde el comienzo de la época Chou, consiste únicamente en nítidas líneas sin dividir. Todos los trigramas contenidos en él, tanto los primarios como los nucleares, son así el trigrama Ch'ien. Una inveterada costumbre del Libro consiste en dar a los hexagramas que contienen los signos primarios doblados el mismo nombre que al trigrama. De esta manera, Ch'ien es la corporización ilimitada del poder fuerte, luminoso, activo, creativo, cuya imagen es el cielo.

Transferido al mundo del hombre, responde a una personalidad creativa en una posición de conducción, el soberano sagrado. En el ciclo del año, está coordenado con el cuarto mes chino, aproximadamente nuestro mes de mayo, es decir la época en que culmina el proceso de desarrollo y florecimiento, antes que el movimiento contrario que lo sustituye haya hecho sentir de nuevo la influencia de la fuerza Yin. Es característico del modo de ver chino que la época de la luz más abundante no coincide con el mes que contiene el día más largo, sino con el anterior, antes que la culminación dé origen al comienzo de la reacción.

Como ocurre en todos los hexagramas, esta imagen está provista de un comentario, que deduce las máximas para la acción de la situación representada. Este texto dice:

“El movimiento del Cielo es pleno de fuerza.

Así el hombre superior se hace fuerte, sin cansarse”.

De este modo Ch'ien es la época de la construcción, de la acción perdurable e incesante, que sólo puede cumplirse por medio de una fuerza unívoca y sin compromisos. La imagen del cielo redoblado representa la productividad recurrente e incesante que extrae poder de sí misma, el momento de la actividad multilateral y autofertilizante.

Por lo tanto el texto Tuan, el Dictamen, consiste también en sentencias positivas, que indican los cuatro atributos del tiempo en su movimiento cíclico. El primero es yüan, el sublime comienzo; el segundo es héng, el empuje hacia el éxito; el tercero es li, la inutilidad que promueve; y el último es chên, la firme perseverancia. En estos cuatro atributos se da el ciclo de la actividad creativa. También se pueden descubrir en ellos las imágenes de las cuatro estaciones. No obstante, es más importante su coordinación con la actividad cósmica y humana. En los estratos posteriores se amplía esto en forma detallada:

“Por cierto es grande la Elevación de lo Creativo, a la cual todas las cosas deben su comienzo, y a la que penetra todo el Cielo”.

Aquí vemos los dos primeros atributos recogidos en un único concepto, el “éxito sublime”, y el ordenamiento apareado de las cuatro sentencias se mantiene en los comentarios posteriores. El efecto del segundo par de sentencias, “la perseverancia que promueve”, es caracterizado con estas palabras:

“Pasan las nubes y la lluvia actúa, y todos los seres fluyen, introduciéndose en sus formas”.

En el Comentario a las palabras del texto (Wên Yen), un comentario primitivo que sólo se ha conservado para los dos primeros hexagramas, encontramos estas frases:

“La Elevación es de todo lo bueno, lo supremo. El Éxito es la coincidencia de todo lo bello. Lo Propicio es la concordancia de todo lo recto. La Perseverancia es la línea fundamental de todos los actos”.

“A la Elevación le corresponde el amor. Al Éxito le corresponde la totalidad. A lo Propicio le corresponde lo recto. A la Perseverancia le corresponde la sabiduría”.

“Al encarar el amor, el hombre superior es capaz de gobernar a los hombres. Al promover la cooperación de todo lo bello, es capaz de llevarlos mediante la justicia a la armonía. Al ser perseverante y firme, es capaz de llevar a cabo todos los actos”.

Y más adelante:

“Lo Creativo, en virtud del comienzo que ha establecido, es capaz de propiciar al mundo entero con la belleza. En el hecho de que no se manifieste por medio de qué resulta propicio, radica su verdadera grandeza”.

La última sentencia es particularmente importante. El modo de la acción creativa no está atado a ninguna forma; no tiene un carácter fijo ni una limitación individual. El Cielo actúa a través de su propio ser, no a través de las manifestaciones de ese ser.

Los textos que acompañan las seis líneas están construidos de acuerdo con el primer tipo, el de las variaciones. El motivo conductor es el dragón, atribuido al cielo, que aparece siempre de nuevo y en formas siempre diferentes.

La primera línea tiene como texto: “Dragón cubierto. No actúes”. Aquí la fuerza luminosa está todavía abajo, el dragón está oculto bajo el agua. El Yang está ya presente, pero no se ha manifestado todavía. Esta es una situación de no escasa dificultad. Sentir en sí mismo la fuerza de la luz, el carácter del dragón, y sin embargo permanecer abajo, es la tarea impuesta aquí. Confucio ha observado, con respecto a esta línea:

“Esto señala a alguien que posee el carácter de un dragón, pero que permanece oculto. En su conducta no se atiene a lo que hace el mundo, no procura hacerse un nombre. Se retira del mundo, pero ello no le causa tristeza. No es reconocido, pero ello no le causa tristeza. Si tiene suerte, cumple sus principios; si tiene mala suerte, se retira llevándolos consigo. Verdaderamente: ¡No es posible desarraigarlo!. Es un dragón oculto, cubierto”.

El mismo Confucio, en sus últimos años, tuvo que sustentar las máximas de esta situación en las circunstancias más abrumadoras. Percibía en sí mismo las cualidades para la acción, pero le estaba negada la influencia sobre el mundo exterior. Sabemos que el acatamiento al precepto “no actúes” llevó finalmente al éxito, pues impidió una aparición prematura en público, que sólo habría expuesto las semillas de su influencia a las tendencias destructivas de las fuerzas de su época. El éxito fue póstumo. Los frutos ya no recayeron sobre su persona, sino sobre sus enseñanzas.

Pero no le causó tristeza. Esta actitud de retiro al mundo de la noche, cuando nadie puede actuar en forma efectiva, ha caracterizado siempre a las grandes personalidades de China en las situaciones de decadencia política, y de esta manera protegieron al sustrato cultural de su tradición de un derroche nocivo, de tal modo que cuando amaneció el día de la actividad creativa, pudieron colocarse al servicio de la renovación sin estar debilitados.

La situación se vuelve aún más clara si cumplimos la posibilidad de mutación inherente en el nueve del comienzo, y lo reemplazamos por un seis. Obtenemos entonces el hexagrama 44, Kon, el Ir al Encuentro, una imagen totalmente humillante, la de una doncella que se ofrece a los hombres. El Dictamen dice: “No debe uno casarse con semejante doncella”. Esto evidencia cuan importante es, en nuestra actual situación, retraernos completamente y evitar ofrecernos en forma carente de carácter, tan sólo para obtener influencia.

La situación cambia con la segunda línea. El texto al respecto dice: “El dragón aparece en el campo. Es conveniente ver al hombre superior”. Aquí el dragón ya está ascendiendo; pero todavía está en el campo llano; comienza la posibilidad de la influencia, pero sólo entre sus pares. Aún no tiene una posición superior. La personalidad creativa todavía no está vinculada con la época, pero tiene la oportunidad de ejercer influencia a distancia. Aún debe ir a la audiencia con el gran hombre, el amo y señor, pero ya no se ve impedido de introducir en su ambiente la claridad y la belleza. Sobre esta línea Confucio dijo:

“Esto significa un hombre que tiene el carácter del dragón y es moderado y correcto. Aun en sus palabras ordinarias es confiable. Aun en las acciones ordinarias es cuidadoso. Hace a un lado lo que es falso, y preserva su integridad. Mejora su época y no se jacta de ello. Su carácter es influyente y transforma a los hombres”.

Por lo tanto en esta esfera una acción efectiva es totalmente posible y adecuada. Aquí también la imagen se hace más clara si transformamos esta línea en un seis. Obtenemos entonces el hexagrama 13, T'ung Jên, la Comunidad con los Hombres, una llama que está adherida bajo el cielo. El Dictamen en este hexagrama anuncia el éxito, y dice: “La perseverancia del hombre superior es propicia”. Tampoco este hexagrama carece de dificultades, y puede también traer humillación, si no sabemos mantenernos dentro de ciertos límites o si, por el contrario, sólo permanecemos en el seno de la familia.

Pero en su conjunto es una imagen hermosa y fuerte, una imagen de camaradería y de comunidad en la acción, sobre la cual Confucio dice:

“La vida conduce al hombre serio por sendas abigarradas y tortuosas. A menudo su curso se ve trabado, su fuerza, frenada; luego avanza otra vez en forma directa”.

“A veces un ánimo locuaz puede encauzarse libremente en palabras; a veces la pesada carga del saber debe encerrarse en el silencio”.

“Pero cuando dos seres humanos concuerdan en su íntimo corazón, quiebran la fortaleza aun del hierro o del bronce”.

“Y cuando dos seres humanos se entienden plenamente en lo íntimo del corazón, sus palabras son dulces y fuertes como aroma de orquídeas”.

El nueve en el tercer lugar muestra también el comienzo de la influencia del mundo exterior. La personalidad creativa empieza a encontrar resonancia. El éxito comienza. Esta es una situación que contiene en sí misma ciertos peligros, el peligro de verse traicionado por el éxito, y de verse empujado por la masa de los partidarios a cursos que son fáciles pero desastrosos. Pues no estamos todavía en las elevadas regiones, y tampoco estamos ya abajo en el campo, en la comunidad de la gente que piensa como nosotros.

Y por eso el texto dice:

“Durante todo el día el hombre superior es creativamente activo. Al caer la noche su mente está todavía cargada de preocupaciones. Peligro, no hay fallas”.

Esto significa que sólo a través de una incesante actividad podemos evitar desviarnos de nuestro curso. Al comenzar a tener éxito es necesario el mayor cuidado.

El comentario de Confucio sobre esta línea es:

“El hombre superior fomenta su carácter y trabaja en su obra. La fe y la fidelidad son los elementos mediante los cuales fomenta su carácter. Trabaja en las palabras, de manera que se basen firmemente en la verdad; es la tarea mediante la cual confiere duración a su obra. El sabe cómo se debe llegar a ello, y ciertamente llega; en consecuencia es capaz de generar la semilla adecuada. Sabe cómo se debe consumar esa obra, y así la consuma en efecto; de este modo es capaz de darle la duración correcta. Por lo tanto no siente orgullo en su alta posición, ni desengaño cuando se halla en una posición baja”.

Con respecto a la posición de este hexagrama, es interesante observar que el motivo conductor del dragón está ausente en esta línea y en las siguientes.

Cuando la tercera línea sufre un cambio obtenemos el hexagrama 10, Lü, el Porte o la Pisada, el lago bajo el cielo, una situación peligrosa pero que incluye la posibilidad de un sublime progreso. El coraje y la previsión, una conducta firme y la perseverancia, juntamente con la noción del peligro son necesarios.

Por eso el Dictamen dice:

“Pisar la cola del tigre. No muerde al hombre. ¡Éxito!”.

Pero a veces debe hacerse un sacrificio, y debe sufrirse el mordisco del tigre. Por eso se dice del seis en el tercer lugar de este hexagrama: “Pisa la cola del tigre. El tigre muerde al hombre. ¡Desventura!. Un guerrero actúa así en bien de su gran príncipe”.

El nueve en el cuarto lugar del hexagrama Ch'ien muestra la puerta de entrada a las regiones superiores. Aquí debe tomarse una decisión. La fuerza creativa está por establecerse y por tomar forma. Aquí hay dos caminos posibles para hacer efectiva la fuerza: el camino del sabio, que influye a través del ejemplo dado por la integridad de su personalidad, y el camino del héroe, que establece una pauta en la vida de los hombres. El avance en la vida pública, para probar allí sus fuerzas, es tan posible como lo es el desarrollo ulterior de la propia naturaleza. Tenemos libertad de elección, pero debe tomarse una decisión.

Y por eso el texto de la línea dice:

“Un vuelo oscilante sobre las profundidades. No hay fallas”.

Estos primeros esfuerzos, que lo elevan a uno por encima del nivel medio de la humanidad, son necesariamente oscilantes. Confucio dice al respecto:

“Para el ascenso o el descenso no hay ninguna regla fija; sólo que no se haga nada malo; en cuanto al progreso o al retroceso, no rige la persistente perseverancia; sólo que no debe uno apartarse de su propia índole. El hombre superior estimula su carácter y trabaja en su obra, con el fin de acertar el tiempo justo en todo lo que hace. Por eso no comete falta alguna”.

Como ambas posibilidades están abiertas, la fidelidad a la propia índole y a la propia obra y la verdad interior se convierten en la pauta de las decisiones.

Es el momento de la así llamada pausa creativa. Cuando esta línea cambia tenemos el noveno hexagrama, Hsiao Ch´u, la Fuerza Domesticadora de lo Pequeño. (En los textos apócrifos el nombre de este hexagrama es: “La Superación del Pequeño Veneno”). Aquí el viento sopla sobre el cielo, imagen del cultivo refinado del carácter y de la forma. Y el Dictamen es: “Densas nubes, ninguna lluvia proveniente de nuestra región del oeste”.

La región del oeste es el hogar ancestral de los Chou, la región del origen. La lluvia no ha llegado todavía, la decisión no se ha tomado todavía. Pero el seis en el cuarto lugar declara: “Si eres veraz, desaparece la sangre y retrocede la angustia. Ninguna falla”.

La última ruptura en Ch´ien se cumple con el nueve en el quinto lugar. Aquí el dragón, ausente en las dos últimas líneas, reaparece, y lo que es más, en toda su majestad. El texto que acompaña dice: “Dragón que vuela en el cielo. Es propicio ver al gran hombre”.

Aquí el gran carácter está en el lugar adecuado, el gran hombre está realizando su trabajo. No hay más oposición. El cielo y los hombres, los dioses y los espíritus, están en armonía. Esta forma armoniosa de actuar, de acuerdo con la época y con la humanidad, muestra lo que puede lograr el gobernante. Vuela como un dragón por los cielos. Pero aun así le resulta favorable buscar consejo del gran hombre, el cual en este caso es naturalmente un sabio. A través de esta última armonía, todo el cosmos es llevado al unísono, cada cosa puede desarrollarse de acuerdo con su propia naturaleza.

Acerca de esta línea Confucio dice:

“Lo que está acorde en el tono, vibra conjuntamente. Lo que señala una afinidad electiva en su ser íntimo, se busca mutuamente. El agua fluye hacia lo húmedo. El fuego se dirige hacia lo seco. Las nubes siguen al dragón, y el viento sigue al tigre. Así el sabio se eleva, y todos los seres miran hacia él. Lo que tiene su origen en el cielo siente afinidad con aquello que se encuentra en lo alto. Lo que tiene su origen en la tierra siente afinidad con aquello que se encuentra abajo. Cada cual sigue fiel a su propia índole”.

Si permutamos esta línea a un seis, se muestra el éxito de esta actividad creativa. Obtenemos entonces el hexagrama 14, Ta Yu, la Posesión de lo Grande, en el cual el fuego arde luminoso en el cielo. Es uno de los signos más hermosos de todo el libro; el Dictamen dice simplemente: “Elevado éxito”. Ese seis en el quinto lugar, correspondiente a nuestra quinta línea en Ch´ien, aclara una vez más lo que se presupone en esta situación: “Aquel cuya verdad es accesible, y sin embargo digna, tendrá ventura”.

Pero con esto se alcanza también el punto elevado de lo posible. La persona que pierde su vinculación con sus partidarios, y que a la manera de un titán sigue luchando cuando ya se ha alcanzado el máximo de la influencia, y que sólo sabe presionar hacia delante y no sabe retirarse, se aísla del círculo del mundo, y pierde su éxito. Pues lo que es completo, no puede perdurar, y lo que llega hasta los límites exteriores, termina en la desventura. Por eso el texto de la última línea dice: “El dragón arrogante tendrá motivo de arrepentimiento”.

Con respecto a lo cual observa Confucio:

“Aquel que es noble sin poseer la posición para ello; el que es elevado sin el apoyo del pueblo; el que mantiene a las personas capaces en puestos subordinados sin que encuentren apoyo, ese hombre tendrá motivos para arrepentirse, no bien se ponga en movimiento”.

El cambio de esta línea de un nueve a un seis nos da entonces el hexagrama 43, Kuai, el Desbordamiento (la Resolución), es decir la catástrofe que sigue a un aumento de tensión, una lluvia torrencial o la ruptura de un dique. “El lago ha subido al Cielo: el hombre superior... recela cobijarse en su virtud”. El Dictamen, con respecto a este hexagrama, expresa agitación:

“Debe darse a conocer resueltamente el asunto en la corte del rey. Debe proclamarse conforme a la verdad. ¡Peligro!. Hay

que dar aviso a la propia ciudad. No es propicio tomar las

armas. Es propicio emprender algo”.

Se trata de una situación altamente peligrosa, que a duras penas puede ser resuelta a través de una firme resolución.

Y de este modo hemos completado el ciclo de este hexagrama. Debe señalarse que se da un texto especial para las raras ocasiones en que las seis líneas se transforman todas, y el hexagrama Ch'ien se convierte en el hexagrama K'un, cuyo texto especial dice: “Aparece un tropel de dragones sin cabeza. ¡Buenaventura!”. Pues es la manera de ser del cielo el no aparecer como la cabeza o sea el líder. La ley del cielo es percibida en una mutación completa, y el mundo se dispone en orden.

3

El segundo hexagrama, K'un, contiene muchas de las imágenes e ideas más antiguas que han llegado hasta nosotros. El carácter del signo es más típico y oscuro que el de Ch'ien; su interpretación es mucho más dificultosa, entre otros motivos porque representa el segundo tipo de composición, el mosaico. Por ende, al analizarlo deberemos conformarnos con sugerencias y conjeturas.

K'un consiste en líneas divididas, y los trigramas contenidos en él son todos representativos de la tierra, el elemento oscuro, receptivo, maternal. Acerca de esta imagen se dice: “El estado de la tierra es la entrega receptiva”. Aquí no hay señales de actividad, como en el cielo, sino una manifestación en la realidad, la existencia pasiva. La máxima que se deriva de esto dice: “Así el hombre superior, de naturaleza amplia, sostiene al mundo exterior”. De esta manera, está en primer término no el trabajo sobre sí mismo, sino la relación con el mundo que nos rodea.

El Dictamen correspondiente a este hexagrama comienza con las mismas cuatro palabras que en Ch'ien. También este hexagrama habla de un logro elevado y de la perseverancia que propicia, pero con una diferencia altamente significativa: la perseverancia es caracterizada como la de una yegua, la forma animal en la cual se imaginaba la diosa de la tierra. La perseverancia que propicia es definida así en forma decidida e inequívoca, y no en forma multilateral como la del cielo. La yegua presta servicios, es fuerte y rápida, gentil y abnegada.

El Dictamen, en su totalidad, dice:

“Lo Receptivo obra elevado éxito, propicia a través de la perseverancia de una yegua. Cuando el hombre superior debe emprender algo y quiere avanzar, se extravía; pero si va en seguimiento, encuentra conducción. Es propicio encontrar amigos al Oeste y al Sur, y evitar los amigos al Este y al Norte. ¡Una perseverancia tranquila trae ventura!”.

Una subordinación calma, que se amolda, son las cualidades requeridas por este hexagrama. Asume en sí mismo el cielo y trabaja para su época. El Oeste y el Sur son el verano y el otoño, la época de la madurez y de la cosecha; son los puntos cardinales a los cuales se asignan los diagramas femeninos, la madre y las hijas. El Este y el Norte son las regiones masculinas, los lugares en que cada uno está solo ante su amo, del cual se perciben órdenes y al cual se entregan informes. El signo es el décimo mes, aproximadamente nuestro mes de noviembre, el comienzo del invierno, en el cual la energía creativa se ha retirado completamente.

Este carácter temporal se desprende de la imagen que acompaña a la primera línea: “Cuando se pisa escarcha, se aproxima el hielo firme”. Se inicia el congelamiento de los seres vivientes. El frío y la muerte del invierno siguen las escarchas de fines de otoño.

Esta imagen lleva en sí una advertencia de tener en cuenta los presagios; el comentario al respecto dice:

“Una casa que amontona bienes sobre bienes tiene la seguridad de una abundancia de bendiciones. Una casa que acumula daños sobre daños está segura de tener una abundancia de desgracias. Cuando un sirviente mata a su amo, cuando un hijo mata a su padre, la causa no se encuentra entre la mañana y la tarde de un mismo día. Toma mucho tiempo llegar tan lejos. Esto se produjo porque las cosas que debieron haber sido detenidas, no fueron detenidas suficientemente y a tiempo”.

En el Libro de las Mutaciones se dice: “Cuando hay escarcha bajo la planta de los pies, el hielo sólido está cerca. Esto muestra hasta dónde llegan las cosas cuando el hombre las deja correr”.

Una acción realizada de acuerdo con esta previsión prepara para el viraje. La mutación de esta línea nos da el hexagrama 24, Fu, el Retorno. La segunda línea constituye el núcleo verdadero del signo K'un, y

representa su naturaleza en la situación adecuada. El texto que lo acompaña dice: “Derecho, cuadrado, grande. Permanece sin propósito, y sin embargo, nada queda sin ser propiciado”. Lo derecho, lo cuadrado y lo vasto son atributos de la tierra, que es simbolizada por el cuadrado. Un serio cumplimiento del deber, no influido, que mantiene su recto camino, porque no está en duda acerca de lo que hay que hacer, es lo que requiere esta línea, y su resultado es el fomento de todos los seres, que para ser puro no debe ser nunca intencional. Es la forma de actuar espontánea de la naturaleza. La mutación de esta línea en un nueve nos da el hexagrama 7, Shih, el Ejército, y la imagen de su inalterable disciplina.

La tercera línea muestra el elemento de devoción en ascenso. El texto dice: “Líneas ocultas; se puede permanecer perseverante. Si estuvieras acaso al servicio de un rey, no busques realizar obras, sino llegar a la perfección”.

Toda vanidad es ajena a la persona abnegada; no permite que su luz resplandezca, sino que oculta sus líneas. El comentario al respecto es:

“Lo oscuro posee belleza, pero la vela. Así se debe ser cuando se entra al servicio de un rey. Debe evitar atribuirse el mérito de la obra completada. Este es el camino de la tierra, el camino de la esposa, el camino de aquel que sirve. Es el camino de la tierra no mostrar la obra completada, sino más bien llevar todo a su fin, como un sustituto”.

Cuando esta línea cambia, obtenemos el hexagrama 15, Ch'ien, la Modestia, cuyo dictamen dice: “La modestia va creando el éxito. El hombre superior lleva todo a su fin”. Esta es la ejecución integral, el servicio prestado a la obra.

La línea siguiente, que es una línea blanda en un lugar blando, pero a la entrada de esferas más elevadas, hace necesarias una reticencia y una reserva estrictas. El texto dice: “Una bolsa cerrada. No hay falla, no hay elogio”. Hay que enrollarse en sí mismo como si se estuviera en una bolsa cerrada. Cada movimiento hacia adelante afronta el peligro de que un hombre decidido a servir pueda permitirse a causa de su ascenso, el entusiasmo consigo mismo. En el hexagrama 16, Yü, el Entusiasmo, que obtenemos cuando cambia esta línea, se dice: “Entusiasmo que se exterioriza trae desventura”.

La belleza interior, que ya había sido señalada por el seis en el tercer lugar en K'un, está en su posición perfecta, con el seis en el quinto lugar. Aquí la línea blanda está en una posición central y fuerte, en medio del trigrama superior. El texto que lo acompaña dice: “Una ropa interior amarilla trae elevada ventura”. El amarillo es el color de la tierra, y significa el centro. Aun en un lugar prominente, resulta indicada la espontaneidad de la belleza interior, y no los adornos exteriores.

El comentario dice:

“El hombre superior es amarillo y moderado, y de este modo hace sentir su influencia en el mundo exterior. Busca para sí mismo el lugar correcto, y se ocupa de lo esencial. Su belleza es interior, pero da libertad a sus miembros, y se exterioriza en sus obras. Esta es la belleza más elevada”.

El efecto espontáneo de esta belleza es la Solidaridad, el nombre del hexagrama 8, Pi, que resulta cuando se cambia esta línea. Simboliza el agua sobre la tierra y, con referencia al Estado, es el i símbolo de la organización social bien ordenada, en la cual se manifiesta la solidaridad. El Dictamen habla en este caso de sublimidad, constancia y perseverancia, cualidades a través de las cuales aun los inseguros son atraídos.

La última línea, que muestra el camino por el cual la fuerza yin llega a su fin, tiene en sí algo intranquilizador. Es el principio femenino, que llega a sentir que su tiempo ha pasado, y en vez de conformarse, reúne sus últimas fuerzas y se pervierte, convirtiéndose en un dragón. Naturalmente, esta actitud encuentra oposición en el verdadero dragón, y por eso el texto que la acompaña dice:

“Dragones luchan en la pradera. Su sangre es negra y amarilla”.

Negro es el color del dragón del cielo, y amarillo es el color de la tierra. Ambas potencias sufren en esta lucha insensata, que lleva a la desintegración. Po, el hexagrama 23, la Desintegración, es el resultado cuando el seis en el trazo superior se transforma en un nueve. Esta mala situación, en la cual no es propicio ir a ninguna parte, sólo puede ser atemperada a través de generosas donaciones.

No obstante, no debemos permitir que esta última imagen influya sobre nosotros con respecto al hexagrama en su conjunto, pues se encuentra entre los más fructíferos del libro. Cuando todas las líneas cambian, es decir, cuando K'un se transforma nuevamente en Ch'ien, se agrega la máxima: “La perseverancia incesante es propicia”. Es la constancia perdurable, que desemboca en la grandeza.

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VI. LAS DIEZ ALAS

1

Hemos hecho una reseña del tesoro de imágenes que contienen los signos y los hexagramas. Hemos llegado a comprender que estas imágenes y sus designaciones pertenecen a un estrato muy antiguo de la vida cultural, y que en parte son aún anteriores a la época de compilación del Libro de las Mutaciones. Corresponden a una etapa del ser humano en que los mitos y los símbolos daban forma de una manera inmediata a sus concepciones y a sus experiencias; revelan un mundo en el cual el lenguaje de la psiquis y el compromiso comunitario del grupo y del pueblo aún no había sido suprimido por una individuación lógica.

La vitalidad de los mitos y de los símbolos es aún primigenia: aún son la expresión primaria de las visiones y meditaciones religiosas, y no un surgimiento secundario de un submundo reprimido, en el cual a menudo se sumergen de nuevo los pueblos después de un agotador período de pensamiento analítico y lógico, que expulsa elementos turbios de las profundidades del alma individual, juntamente con antiquísimas y adormecidas expresiones del patrimonio colectivo. También en China se han presentado repetidas veces tales períodos mitológicos secundarios.

Los siglos inmediatamente anteriores a la Era Cristiana, al agotarse el minucioso pensamiento lógico-filosófico del último tercio de la época Chou, representan un período de esta naturaleza, en el cual el vigor intelectual se reduce, y la existencia social” vuelve a sumergirse desde las luminosas cumbres de la intelectualidad en las profundidades psíquicas del seno materno. Y China tuvo que agradecer a esa época, además de los recuerdos mitológicos que volvían a la vida, poemas e imágenes que surgían una vez más de la región de las Madres, y un enfoque de los acontecimientos políticos que, a pesar de todos sus aspectos sombríos, tenía una gran desinhibición y una fuerte pujanza.

Sin embargo el período mitológico del cual provienen las imágenes del I Ching es de otro tipo. Es primario e inmediato, y aún no está perturbado por los sedimentos que dejan atrás los períodos de más elevada intelectualidad en la psiquis del individuo. Por eso las imágenes acuñadas son tan esclarecedoras y de tanta validez general. Y lo que tuvo que hacer el rey Wên para dejar establecidas estas imágenes del Libro de las Mutaciones no fue más que formularlas y disponerlas en un sistema ordenado en armonía con el rumbo del cosmos. Para eso no tuvo que ir muy lejos.

El cosmos aún no le era extraño, no era el tema de una ciencia especializada; Wên vivía en contacto con su ley de mutación, y las imágenes estaban a mano, eran el patrimonio de ideas ofrecidas por la época y la tradición viviente.

La reacción que desencadenó este sistema armónico de imágenes y símbolos, cuando chocó con el mundo de Confucio, más intelectual y más lúcido, revela tanto su validez como el carácter amplio e inquisidor de este hombre. Aun para él las imágenes y las designaciones que lo enfrentaban en el libro ya no le resultaban todas familiares. Declaraciones del mismo Confucio y de su escuela atestiguan que su multiplicidad y su irracionalidad aparente causaron cierta perplejidad, y que ya en su época había personas para las cuales estas imágenes y designaciones ya nada querían decir. Sin embargo el mismo Confucio era suficientemente amplio y carente de prejuicios para no dejar de lado, con un gesto de desdén, la creación del maestro que tanto veneraba; por el contrario, se sumergió en ella hasta descubrir su sentido.

Repetidas veces destacó la importancia de ocuparse de este libro, y una sentencia que ha sido transmitida por su escuela nos muestra cómo tendría que ser enfocado:

“Primero recoge las palabras,

Medita sobre qué significan;

Entonces las reglas fijas se revelarán.

Pero si tú no eres el hombre adecuado.

Su sentido no se te manifestará”.

En consecuencia, Confucio no reelaboró ni redactó el Libro de las Mutaciones, como lo había hecho con otros escritos transmitidos por la antigüedad, sino que lo dejó como estaba, y sólo proyectó la luz de su claro entendimiento sobre su contenido, en comentarios agregados.

2

El producto de las investigaciones de Confucio y de su escuela acerca del Libro de las Mutaciones son las así llamadas Diez Alas, que representaban los siete escritos o conjuntos de escritos sobre el I Ching. Tres de ellas están divididas en dos partes, lo cual explica el número diez. Infortunadamente, estos escritos sólo han llegado hasta nosotros en condiciones fragmentarias y desvirtuadas.

Temas importantes y otros carentes de importancia están entremezclados. Hay repeticiones, pero también muchas lamentables lagunas, con frecuencia los títulos no corresponden ya al contenido, y en resumen, forman un conglomerado, elaborado en forma no muy hábil hacia el final de la era Chou, a partir de restos todavía existentes, que luego fueron agregados al libro como apéndices.