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por Wilhelm Reich
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Índice
-
El experimento ORANUR -
Observaciones introductorias
-
Los hechos en orden cronológico
-
La energía orgónica degenera (DOR)
- El "morbo oranúrico"
-
Reacciones biológicas específicas
-
La reacción oranúrica en cadena de
la atmósfera
-
Desarrollo de los hechos en Orgonon
a partir del 6-2-1951
-
Resultados del experimento Oranur
en los cobayas
-
Medidas sanitarias y evacuación de
los colaboradores enfermos
-
Uno de nuestros médicos al borde
de la muerte
-
Interrupción del experimento Oranur
-
Situación a finales de Marzo de 1951 (15 semanas después del
comienzo del experimento Oranur)
-
Morbo oranúrico y efectos de los
Rayos X
-
Del diario: 12 abril - 30 abril
1951
-
El problema había sido
sustancialmente resuelto
-
Prospectivas
-
Una sincera discusión
TEORÍA DEL ORGASMO Y OTROS ESCRITOS
ED. CERICI - MILAN.
EL EXPERIMENTO ORANUR
Nota: La traducción es bastante deficiente en algunos pasajes y
faltan tablas de datos.
Observaciones
introductivas
Quien quiera que posea alguna experiencia en el campo de la búsqueda
científica sabe bien que se puede emprender una actividad
investigadora con el intento de resolver un determinado problema y
encontrarse después empujado en une. dirección del todo distinta e
inesperada del desarrollo objetivo de la misma investigación. Un
control estricto no separado de un completo rechazo a las ideas
preconcebidas puede en estos casos conducir a resultados importantes
y también inesperados.
El descubrimiento de la radioactividad en la plebenda se hizo precisamente de este modo y lo mismo se puede decir
de muchos otros importantes descubrimientos. Este maravilloso
raciocinio típico de la investigación naturalística auténtica ha
sido también puesto en obra en la serie de experimentos ORANUR
iniciados hacia el final de 1950.
Como se indica en el primer informe Oranur (ver
Orgone Energy Emergency Boletín nº l, Diciembre
1950) el experimento preciso y auténtico tenía como objetivo
principal "la investigación de eventuales efecto" antinucleares de
la energía orgónica atmosférica (OR); en otras palabras los
experimentos Oranur fueron preparados en el intento de encontrar un
poderoso antídoto contra las radiopatías nucleares (NR), basándose
en años y mas años de experimentación y observación se había formado
la hipótesis de que potentes fuerzas........
El auténtico experimento Oranur ha dejado demasiados problemas
abiertos para que se pueda deducir un cuadro preciso de todos los
relativos procesos. Esto se deduce en la presentación del
experimento, que es menos sintética y sistemática que los tres
precedentes informes sobre experimentos preparatorios del proyecto
Oranur se espera que, con el tiempo el cuerpo central del
experimento Oranur pueda alcanzar el mismo grado de claridad y
coherencia. La dramática urgencia del argumento ha hecho
indispensable una publicación si no prematura menos elaborada.
Antes de enfrentarse con el tema fundamental quisiera manifestar la
más profunda estimación y el agradecimiento más profundo a mis
asistentes que han contribuido a llevar a cabo el peligroso trabajo
de cinco meses de experimentaciones con Oranur. Ellos demostraron
una plena dedicación a sus propias misiones.
Algunas veces han
aceptado críticas severas con la actitud de hombres y mujeres que
saben perfectamente lo que significa. desarrollar un trabajo
responsable se han expuesto sin dudas a peligros incluso mortales;
algunas veces han trabajado sin interrupción día y noche; en fin, lo
que quizás más cuenta, han llevado a término su trabajo como buenos
amigos, de un mismo equipo.
Les estoy muy agradecido y quisiera
expresar cuanto siento el haberles e expuesto, aunque sea
involuntariamente, a estos "experimentos" con el consiguiente
peligro para su salud y para su vida.
Premisas fundamentales del proyecto Oranur
El proyecto Oranur fue iniciado sobre la base de algunos asuntos
bien conocidos y comúnmente aceptados.
Estos son:
-
La energía atómica (es decir energía nuclear NR) es una energía
cósmica que se libera de la materia a través de la desintegración
del átomo, el cual a su vez es el elemento fundamental del universo
según la física clásica y cuántica. La energía atómica, en suma, es
la energía que permanece después de la materia. La energía orgónica
(OR) por el contrario, representa la energía cósmica anterior a la
materia, es decir la energía que no se ha transformado en materia
sólida o no ha sido "capturada" por esta última. Que está
universalmente presente, penetra en cada cosa, rodea, bajo forma de
la llamada envoltura de energía orgónica, nuestro planeta, y con
toda probabilidad, la de cualquier otro cuerpo celeste (piénsese:
por ejemplo en la corona solar, el anillo de Saturno, etc...).
La energía OR cósmica que se mueve libremente en el organismo
viviente ha sido bautizada bio-energía, o energía OR organísmica.
-
De innumerables observaciones desarrolladas a lo largo de un
período de quince años se dedujo que la energía OR y la energía NR
son antagonistas entre ellas. La energía NR según las opiniones
corrientes, perjudica la función vital bajo formas de "radiopatías",
con consecuencias que en los casos más graves son letales; en
términos orgonómicos, en cambio, la energía NR influencia en algún
modo a la biología volviéndola en mayor o menor medida incapaz de
funcionar".
Por otra parte, se supone que la energía OR adecuada por
concentración y potencia, serviría de antídoto contra la radiación
de la energía nuclear. Parecía muy probable que la curación
espontánea debiese ser atribuida a la victoria de la energía
orgónica del organismo libre la energía nuclear.
-
Con el fin de convertir esta interacción de la energía atómica y
de la energía orgónica más fácilmente comprensible para nosotros y
para los demás, muchos años atrás fue trazado un paralelo de
carácter psicológico, con las antiguas concepciones de la mente
humana, y en particular con las funciones antagonísticas del bien y
del mal, o bien lo que es lo mismo, de Dios y del demonio (véase a
propósito Ether, God and Devil,1949).
La energía vital física fue descubierta en un coherente estudio de
lo que se define "amor” en la totalidad del reino animal. La mente
humana ha pensado siempre sobre el amor como de una fuerza capaz de
contratar el odio y la destrucción. Ha estado siempre claro por otro
lado, que el odio puede también matar al amor y que el amor en su
lucha contra el mal puede ser transformado en odio por la pura y
simple frustración.
Para nosotros experimentadores del proyecto Oranur la antitesis
entre energía OR y energía NR se fundía ágilmente con nuestro
conocimiento psiquiátrico de las funciones emocionales que son, en
un sentido biofísico profundo, verdaderas y propias funciones
físicas.
La energía OR no había mostrado nunca la producción de efectos
dañinos de cualquier género sobre organismos vivientes; al
contrario, se demostró capaz de curar ciertas enfermedades, como
por ejemplo la degeneración de los tejidos y de la sangre,
convirtiendo al organismo a una alta carga bioenergética. Sobre la
base de estas experiencias médicas, se hipotizó que la energía OR, o
energía vital representase en términos estrechamente físicos lo que
para el profano se llama "Dios" o el "Bien".
Además, había sido
comprobado y afirmado como noción segura el hecho de que los biones,
es decir las burbujas de energía OR que constituyen la sustancia
viviente, se presentaban también de formas antagonistas: biones PA y
bacilos T, los primeros capaces de matar a los segundos, o bacilos
de la muerte. Pero es también verdad que los bacilos de la muerte o
bacilos T, en cantidades muy concentradas y activas en tejidos bio-enérgicamente
debilitados, destruyen los tejidos sanos; esto fue comprobado con el
estudio de la biopatía contractiva cancerosa. (Véase Reich, The
Cancer Biopathy, pp. II - 63).
Nuestro plan operativo pues, presentaba dos series de funciones
antagonistas entre ellas y ampliamente representadas en la ideología
humana, en las observaciones microscópicas y en las funciones
físicas.
He aquí una lista sinóptica:
|
Bien |
Mal |
Ética |
|
Dios |
Diablo |
Religión |
|
Vida |
Muerte |
Biología |
|
Biones PA |
Biones T |
Bio-energética |
|
Energía Orgónica
(OR) |
Energía nuclear (NR) |
Física |
|
Energía cósmica
anterior a la materia
|
Energía cósmica
después de la materia |
Astrofísica, Cosmología
|
|
Aun cuando solo constituya un útil esquema del pensamiento, esta
coordinación ofrecía una óptima base operativa y una dirección
segura para orientarse en las oscuras regiones de un mundo
desconocido y amenazador. La postura científica y humana en general
parecía suficientemente amplia y segura para poder ofrecer una
visión paciente por las cosas que el porvenir reservaba.
Además, un extenso trabajo llevado por los problemas del cáncer
durante quince años nos había proporcionado una rica cosecha de
datos referentes a las funciones vitales y sus contrapartidas, es
decir las fuerzas del mal y de la destrucción. Una base segura había
sido establecida con la diagnosis de los del decaimiento y de la
degeneración de los sistemas vitales, con varios métodos como por
ejemplo los exámenes hematológicos Reich y el cultivo y la
observación microscópica de los señaladores de la muerte: los
bacilos T (véase The cáncer Biophaty).
Nuestro primer informe contiene las líneas generales del
experimento; ahora, por tanto, nos ocuparemos de los hechos reales
tal y como empezaron a desarrollarse aproximadamente entre la mitad
de Diciembre de 1950 y finales de Mayo de 1951. Estos hechos -en
honor a la verdad- constituyeron un duro golpe en muchos sentidos:
sea por las funciones físicas de nuestros organismos sea por la
esencial profundidad del experimento en concreto, sea en particular
por el proyecto Oranur.
Todos los participantes de estas primeras fases del proyecto Oranur
fueron atacados en varios grados por el morbo oranúrico; los cobayas
experimentales murieron, el edificio de los experimentos fue puesto
fuera de uso por muchos meses y quizás para siempre; todos los
planes que fueron cuidadosamente preparados para efectuar el
experimento debieron ser abandonados y reelaborados. Varios
conceptos fundamentales de la física vacilaron.
Sólo la mente
abierta, libre, verdaderamente científica llegara a seguir este
relato sin prejuicio ni temor.
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Los hechos en orden cronológico
El 30 Agosto de1930, durante la asamblea anual de la Dirección de la
"Fundación Wilhelm Reich" presenté un informe sobre las
posibilidades antinucleares de la energía orgónica (véase Orgone
Energy Bulletin, 3l Enero 1951, pp. 59-60). Durante la primera
semana de Diciembre de 1950 comenzamos a pasar a la acción concreta.
Los médicos orgonomistas de Nueva York fueron advertidos por nuestro
secretario didáctico, Dr. Elsworth F. Baker, para que estuvieran
preparados después de haber recibido la información del hecho sobre
nuestros planes. Aclaramos bien, sobre todo, que la medicina no
conoce actualmente ningún remedio contra la declinación de
funcionalidad del organismo, excepción hecha para la energía OR en
sus aplicaciones contra la biopatía cancerosa. Esto, obviamente,
constituía una grave responsabilidad que recaía enteramente sobre
nuestras espaldas.
Solo nosotros podíamos aceptar si la energía OR
ofrecía o no alguna esperanza para la cura de la radiopatía atómica.
Los Estados Unidos se encontraban en una situación peligrosa, en los
primeros días de Diciembre de 1950, a causa del desastre coreano:
-
el
cínico ataque de los comunistas chinos
-
los Estados Unidos con las
manos atadas por el empeño en no bombardear la retaguardia
necesitada
-
los aliados ingleses que insistían en traficar con los
dictadores rojos
-
la impotencia ante la táctica de los fascistas
rojos, tanto más hábiles en el empeño de todos los instrumentos más
refinados de la peste emocional
-
la horrible experiencia de los
agresores chinos que podían a sus anchas continuar su propaganda en
el corazón de los Estados Unidos mientras sus fuerzas marchaban
sobre Corea
Los Estados Unidos se quedaron solos, al descubierto.
Recuerdo estos sucesos mundiales para hacer comprender cómo yo me
había sentido en el deber de salir de mi reserva habitual y hacer
algo crucial. Era aquel el momento de correr en ayuda del país con
todos los medios a nuestra disposición. Era aquella, también, la
primera vez que empezábamos un experimento teniendo en mente un
objeto preciso y practico para realizar.
Fueron cumplidos los siguientes pasos:
-
El 15 de Diciembre fue expedida una petición para la concesión
de veinte de fósforo P-32 (un isótopo radiactivo del fósforo). En
una carta acompañatoria a la Sección de Isótopos de la Comisión
Americana Para la Energía Atómica (AEC) de Oak Ridge, venía
subrayado que no pretendíamos desarrollar ninguno de los
experimentos comúnmente efectuados con el material radiactivo (por
ejemplo, búsquedas sobre isótopos rastreados o sobre la terapia
radiactiva), pero si controlar los efectos de la energía orgónica
sobre ratones inyectados con P-32.
Un prospecto adjunto exponía con
detalles el plan de tratamiento de ochenta topos, La pregunta
principal por resolver era la siguiente: ¿Puede ser curada, o
prevenida, con la energía OR la radiopatía producida
artificialmente?
-
Se hicieron en Orgonon los preparativos para el depósito y la
utilización del material radiactivo P-32, en la medida de 4 cada dos
semanas. El material debía ser conservado en una pequeña cabina de
madera a una distancia de quince metros del edificio principal del
laboratorio Ya que Orgonon se encontraba a varias millas de
distancia de cualquier zona habitada (el pueblo mas cercano,
Ramgeley, distaba cuatro millas), no parecía haber ningún peligro de
contaminación de las zonas habitadas, de los recursos hídricos, etc.
Nos propusimos enterrar las jaulas de los animales usados en el
experimento a muchos pies de profundidad y a cerca de quinientos
metros de distancia del laboratorio y de los otros edificios de Orgonon. La inoculación y la disección de los ratones habría tenido
que ser cumplida en un pequeño edificio separado de los otros y
donde, salvo que en el momento de las operaciones susodichas, no
hubiese estado jamás nadie. Los aparatos protectores que habíamos
podido, los delantales de plomo de que disponíamos, los guantes de
plomo y el empleo de fuertes acumuladores de energía OH parecían en
aquel momento medidas suficientes para garantizar la seguridad del
personal.
Tal persuasión coincidía con todo aquello que se sabía en
aquella época sobre la protección de la radiación. No teníamos la
mínima idea de lo que nos esperaba. En Diciembre de 1950, antes del
inicio del experimento no hubiéramos podido suponer razonablemente
que todas estas medidas fueron inútiles. Por otro lado como
acertamos enseguida, ninguna defensa es posible en experimentos que
utilicen la energía OR contra la energía NR.
-
Uno de nuestros médicos de Nueva York ofreció un servicio para
entrar en contacto con las diversas instituciones competentes y
descubrir todo lo posible sobre los diversos materiales
radioactivos que poseíamos y sobre las normas de seguridad para su
tratamiento. Habíamos oído decir que leí Comisión Americana para la
Energía Atómica imponía normas de seguridad particularmente severas
en el tratamiento de. los isótopos, y esta severidad no era
compartida por muchos laboratorios comerciales y científicos.
De
una cierta organización, por ejemplo, aprendimos que no era
necesaria ninguna defensa con "delantales de plomo" para el
tratamiento de 1 ó dos de radioactividad. Hoy, después de muchos
años de trabajo en los confines entre la física orgónica y la
física clásica, hemos aprendido también que muchas cosas no son de
hecho exactas ni universalmente reconocidas como pretendían los
constructores de la certeza de las "Ciencias Exactas"; y que es
imposible encontrar respuestas en los conocidos manuales de física
a algunas de las interrogantes mas elementales: saber, por ejemplo,
cual es el conteo preciso al minuto (CPM) de la radiactividad de un
miligramo de radium puro.
Es importante precisar estos hechos;
aunque si bien entendido la precisión no se dirige de hecho a
criticar o devaluar los esfuerzos cumplidos por nuestros colegas en
otros sectores científicos.
-
mientras eran efectuados estos contactos y eran transmitidos
los módulos de preguntas, me dediqué a recapitular algunas viejas
observaciones realizadas por mi entre 7 y 12 años antes sobre la
relación entre la radiación NR y la energía OR. Comencé además a
predisponer mi base operativa. Antes que nada, necesitaba controlar
la radiactividad natural de todos los lugares donde debían
desenvolverse loe futuros experimentos y necesitaba preparar y
calibrar los instrumentos para aplicar en el experimento principal.
He aquí algunos resultados de aquellas revelaciones preliminares
desarrolladas del 15 al 27 de Diciembre de 1950:
Poner aquí cuadro pág. 423.
Estas afirmaciones preliminares sobre la situación de partida pueden
bastar. La defensa con plomo no reducía apreciablemente la
actividad. Los cálculos de fondo subían cuando el material
radiactivo era puesto en un acumulador de energía OR. A este hecho
no se le presto ninguna atención en cuanto sabíamos que los efectos
de la energía orgónica sobre el contador Geiger son muy variables.
La radiactividad de fondo en los locales del laboratorio, donde el
experimento principal debería haber sido realizado seguidamente,
variaba de 40 a 60 CPM. Las medidas fueron hechas con un SU-5 Survey
Meter y un tubo tipo "Serial" Nº G-632, tipo 605, Tracerlab, Inc.
(espesor de la pared: 30 miligramos/cm2).
Estos ejemplos son suministrados para dar una idea de las funciones
fundamentales y no para presentar un recuento exhaustivo de la
investigación; el alto cálculo de fondo de 40-70 CPM fue observado
constantemente en la atmósfera y alta concentración de energía OR.
Pedimos a la "Tracerlab" una muestra de cobalto radiactivo (CO-60)
con el objetivo de calibrar los instrumentos. Los cálculos indicados
para este material son muy variables y habrían tenido que ser
precisados en nuestro laboratorio. Habíamos esperado siempre obtener
el cálculo por la "Tracerlab" en cuanto supiéramos que la
radiactividad hubiese cambiado y convertida en más variable, en
cuanto su fuente fuese puesta en contacto con la atmósfera
intensamente orgonizada de Orgonon. 2,2 6 x 105 milicurios de CO-60,
con un periodo fraccionado de 5,3 años, llegaron a Orgonon el 28
Diciembre de 1950.
Se evitó que la fuente radiactiva estuviese en
contacto con la atmósfera a elevada carga orgónica del laboratorio,
transportándola a toda prisa en un punto del observatorio de la
energía OR donde ningún efecto relevante OR era predecible
racionalmente por el breve periodo de exposición de solo pocos
minutos. A las ocho de la noche de aquel mismo día el cálculo de
fondo era aún de 40-50 CPM apenas, esto es normal para los
edificios de Orgonon. La fuente radiactiva fue dejada en su
recipiente de latón y presentó al "Survey-Meter SU-5 70 CPM y 0,016
MR/H (es decir miliroetgens a la hora).
El efecto ionizante sobre la
hoja de aluminio calibrado del electroscopio se manifestó
rápidamente en el giro de pocos segundos, sobre las diez divisiones
(determinando una flexión de 90°). La velocidad de descarga
"espontánea" calculada en tiempo ORG, fue durante todo aquel
periodo de cerca de 1 división cada ciento ochenta segundos. El
efecto ionizante, por tanto, se manifestó muy claramente.
Con el objeto de proteger la fuente radiactiva fue envuelta en
hojas de plomo del espesor de alrededor de 12mm. En este punto viene
la primera sorpresa: tres horas y media después, esto es a las
23’30, controlé de nuevo la fuente radiactiva. Esta vez, aun
encontrándose muy lejana de cualquier concentración de OR y fuera de
las paredes de cemento del observatorio, la fuente presento un
cálculo de 150 CPM, sin que el conteo de MR/H se quitase de 0,016.
El efecto ionizante sin embargo desapareció.
"La fuente radiactiva
no tenía ningún efecto sobre el electroscopio cargado que fuese más
allá de su tasa de descarga orgónica espontánea".
En vista de que la
fuente radiactiva no había sido expuesta a OR, más bien fue tenida cuidadosamente alejada de cualquier acumulador de OR, este
resultado sorprendente podía ser explicado sólo con,
"la actividad orgónica de las hojas protegidas con plomo: estas hojas, de hecho,
se encontraban en el laboratorio de energía orgónica hacía muchos
años, y, si bien no presentaron puntuaciones de especie, habían con
toda probabilidad eliminado el efecto ionizante".
El efecto
ionizante no se volvió a presentar durante las sucesivas tres
semanas ni siquiera cuando la fuente radiactiva fue extraída de su
recipiente de latón y puesta al desnudo sobre el plato del
electroscopio. Era esto, por tanto, un primer resultado relevante en
dirección del efecto previsto antinuclear de la energía orgónica.
El día después, 29 Dic., la velocidad de descarga electroscópica NR
era de hecho más lenta que la velocidad de descarga orgónica: 300
segundos por cada división frente a los 180 seg. por división de la
descarga orgónica. El 2 de Enero de 1951 el CPM de la fuente
radiactiva protegida por su cápsula de latón subió a 200, según el
"Survey Meter y el autoscaler" de la "Tracerlab". Esto presentaba
grandes variaciones de una medida a otra; oscilaba de 150 a 250 CPM
antes de quedarse estable, como al inicio, sobre 170 CPM. También la
puntuación de MR/H subió del inicial 0,016 a 0,02 y 0,04 al día
siguiente.
Esto permaneció a este nivel durante muchos días, habiendo más que
redoblado la propia producción de la energía. También las
puntuaciones de fondo subieron lentamente de 60 CPM en el segundo
día, a 100 en el tercero. Todo esto debe ser aún estudiado de manera
mas detallada.
El aumento de las puntuaciones de fondo no nos preocupó ya que hacía
cuatro años que yo trabajaba en una atmósfera que presentaba
puntuaciones de fondo de 40-70 CPM y en medio de una actividad de
OR que en algunos casos alcanzaba puntuaciones de 20.000 al segundo
en alto vacío; por otro lado, era perfectamente claro como, al
determinar el aumento del nivel energético de la atmósfera, no
fuese la minúscula y bien protegida cantidad de material
radiactivo, pero sí la reacción OR.
Si bien la fuente radiactiva fue tratada con las tenazas y con el uso de guantes y delantales de
plomo (precauciones superiores a las exigencias de seguridad
comúnmente aceptadas} ya en aquélla primera fase no había ningún
medio para protegerse de la evidente intensa actividad OR, dada,
"la
capacidad de la energía orgónica . de penetrar cada cosa: del plomo,
al cemento a los ladrillos, al metal de cualquier espesor".
Debía avanzar, esperando que las otras cargas de OR continuasen al
demostrarse inocuas.
El CO-60 fue puesto en el "pozo de descarga" e inserto en un
pequeño "cañón" orgónico a 5 múltiplos para irradiar ulteriormente
con OR la fuente radiactiva. El 4 de Enero de.1951 extraje la fuente
radiactiva de su recipiente y de su protección y la medí desnuda
con dos contadores Geiger.
El "autoscaler" presentó una puntuación
de 5-6 mil CPM y a un cm. de la ventana de mica. La puntuación "en
el interior" del recipiente era de 200-250 CPM y de 0,04 MR/H, según
el " Survey Meter SU5. Tales puntuaciones comenzaron a cambiar
notablemente con el pasar de los días. La radiactividad de la fuente
desnuda era de 7 mil CPM 1, 8 enero, de 3 mil CPM el 12 y de casi 5
mil CPM el 15.
Las puntuaciones por unidad de tiempo no eran por tanto constantes:
estas variaban por tanto en medida tan vistosa que se presentó el
problema de acertar en qué medida fuesen constantes las otras
radiactividades. El problema cuantitativo de la radiactividad
nuclear no había nunca ocupado mucho espacio en el cuadro de las
investigaciones orgonómicas (excepción hecha para las observaciones
mas elementales: resplandores, medidas de pequeños cuantitativos de
radiactividad para la calibración de los instrumentos, ionización,
etc.).
Pero, ahora que el problema de influenciar la energía nuclear
con la energía orgónica había saltado a un primer plano se hacía
vitalmente importante determinar la constancia de la radiactividad
nuclear. Desafortunadamente fue imposible encontrar una respuesta
precisa a esta interrogación en cualquier libro sobre la
radiactividad disponible entonces.
Una ampolla de materia luminiscente radiactiva (sulfato de zinc)
yacía desde hace muchos años en un pequeño acumulador OR. Esta
había perdido hacía mucho tiempo el propio efecto ionizante
producido por la influencia de la energía orgónica. Su luminosidad
aún era muy fuerte. Medí la radiactividad con el "autoscaler"
(escala 4096). Durante muchos días consecutivos el resultado fue una
puntuación casi constante de 245.760 CPM con subidas ocasionales a
307.200 CPM. Me pareció una puntuación elevada para un cuantitativo
de radium inferior al microgramo, en contraste a los 500 CPM de 2,26
microgramos de CO-60 (cobalto radiactivo).
El cuadrante radiactivo de mi reloj de pulsera, que desde muchos
años absorbía energía orgónica, presentó una puntuación casi
constante de 40.000-45.000 CPM. Llevaba este reloj durante años sin
haber jamás observado efectos dañinos sobre mi pulso. De todas
maneras la puntuación parecía enorme por los cuantitativos mínimos
de radium presentes en un cuadrante de reloj.
Fue muy pronto
adivinado que la influencia de la energía orgónica era
verdaderamente sustancial. Los cuadrantes radiactivos de los relojes
que fueron comprados hacía poco y no habían estado en contacto
durante un tiempo apreciable con la atmósfera orgonizada presentaban
una puntuación de 3-5 mil CPM solamente. Debíamos presumir, por no
poder asegurarlo, que los cuantitativos de radium presentes en los
cuadrantes del reloj fuesen más o menos iguales. A pesar de esto el
cuadrante de mi reloj presentaba una puntuación décuplo de aquella
de un reloj comprado recientemente. Esto era sorprendente.
El cuadrante del reloj de pulsera de otro científico del
laboratorio, que había estado en contacto bastante menor con altas
concentraciones de OR, señalaba de 5.500 a 8.000 CPM.
Todas las medidas fueron cumplidas con el mismo "autoscaler" 4096,
con el mismo contador Geiger y a la misma distancia, esto es un cm.
En tanto extraños, también estos resultados revelaban una fuerte
influencia de la energía orgónica sobre la radiactividad nuclear.
Como en tantas otras ocasiones debimos darnos cuenta que debíamos
estudiar el fenómeno desde un principio, partiendo de cero,
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La energía orgónica degenera (DOR): el "morbo oranúrico"
Para ahorrar tiempo, decidimos pedir 2 miligramos de
radium puro e
irradiar algunos de nuestros ratones con el radium en vez de
inyectarlos con radioisótopos fluidos.
El radium, en 2 unidades de 1 miligramo (teniendo cada una una
actividad de 8,3 R/H) protegidas en dos distintos recipientes de
plomo de un espesor de 13 mm, llegaron el 5 de Enero de 1951. Las
fuentes radiactivas fueron medidas inmediatamente, y desnudas y a un
centímetro de distancia presentaron una puntuación de 245.766. CPM
(1). Se decidió no tratar uno de los dos miligramos de radium
reservándolo a los controles; el otro fue tratado con energía
orgónica.
(1) Al comienzo de la primavera de 1951 hicimos medir en
Nueva York un
tercer miligramo de radium antes de transportarlo a Orgonon. La
puntuación del radium desnudo en Nueva York resultó de 16.000 CPM y de
7.000 CPM en el interior de una protección de 13 milímetros.
Obviamente esto no lo sabíamos en Enero de 1951.
Aquí figura Pág. 429.
La primera muestra, que llamaremos nº 1, fue puesto en el
garaje, situado sobre la colina cercana al observatorio; el otro,
que llamaremos nº 2 fue puesto en un pequeño acumulador de energía
orgónica el 5 Enero de 1951, a las 11,30 de la mañana. El acumulador
fue puesto a su vez en un acumulador de energía orgónica a 20
múltiplos, situado en una sala acumuladora de OR que mide 6 metros
de lado y esta forrada de láminas de acero. El muro del laboratorio,
que mide cerca de 21 metros de largo por 18 de ancho, circundaba a
su vez, como se indica en el dibujo, la sala acumuladora de energía
OR donde estaba contenida la fuente radiactiva.
La puntuación de fondo, inmediatamente antes de la introducción de
la aguja de radium en el acumulador era siempre de 40-50 CPM, es
decir normal para aquel edificio.
En este punto cometimos nuestro primer grave error, al cual, a pesar
de todo, se debió los inmensos resultados que obtuvimos en aquel
mismo día: “no medí personalmente la puntuación de fondo después de
la introducción de la aguja de radium en el acumulador”. Si lo
hubiese hecho habría percibido en la sala del laboratorio una
puntuación altísima; hubiera entonces extraído inmediatamente la
aguja de radium del acumulador y la habría alejado de la sala,
perdiendo la ocasión de observar el efecto completo Oranur.
No medí
personalmente la puntuación de fondo inmediatamente después del
inicio del experimento porque había medido un poco antes la
actividad del radium con el "autoscaler" y el contador (con ventana
en mica de un espesor de 2,3 miligramos por cm2), dando una
puntuación de apenas 2457 CPM para la aguja desnuda a un metro de
distancia. El acumulador a 20 múltiplos en el que pusimos el
pequeño acumulador que contenía la aguja de radium en una base de
cerca de 1,5 m2. La distancia entre las paredes exteriores del
acumulador a 20 múltiplos y las paredes recubiertas en metal de la
sala acumuladora de energía orgónica aportaba otros 180-210 cm de
cada lado.
Esto significa que la aguja de radium se encontraba
entre dos lados a una distancia de 3m y entre un tercer lado a una
distancia de cerca de 5 m de las paredes de la sala de acumulación
orgónica. Pensábamos, además, que la cubierta metálica de la misma
sala habría asegurado .una cierta protección ulterior. Fuera de
ésta, a una distancia de al menos l0 m de la aguja de radium
protegido se encontraban trabajando algunos de mis colaboradores.
Sintiéndonos tranquilos por la distancia del radium de la pared
externa del laboratorio cometimos un segundo error: dejamos la aguja
de radium en el acumulador hasta las 16,30 del mediodía del 5 de
Enero. Por otro lado, pretendíamos tener "continuamente" el radium
en un receptáculo protegido. No teníamos la mínima sospecha de los
sucesos que narraré.
La puntuación de fondo había sido medida a las 13 horas por un
asistente técnico; resultó alta (de 70 a 80 CPM en la sala externa
del laboratorio) pero el asistente omitió este hecho. A las 16.30
cuando entré en el laboratorio, el aire era denso y pesado; la
puntuación de fondo subía a 80 CPM, a 15m de distancia de la aguja
de radium y saltaba a muchas centenas de CPM sobre las paredes
externas de la sala de acumulación orgónica. Se dio inmediatamente
orden a todo el personal de dejar el laboratorio.
El interior de la
sala de acumulación orgónica estaba cargado de manera insoportable.
A una distancia de 3-5 m de la aguja de radium las paredes parecían
"radiantes". El contador Geiger portátil se "gripó" cuando me
acerqué al acumulador a 20 múltiplos; parecía absurdo, por tanto,
continuar observando el CPM. Lo primero que había que hacer era
extraer la aguja de radium del acumulador con el fin de calmar la
reacción OR.
Una avería en su batería no podía ser lo que había
provocado el "agripamiento". Me acordaba de haber constatado
fenómenos análogos trabajando con contadores Geiger intensamente
cargados, durante los primeros experimentos con el Geiger, aún en
1947. Si el contador Geiger hubiese funcionado de nuevo después de
haber estado expuesto durante un cierto tiempo al aire libre, su "agripamiento"
habría sido atribuido sin duda al bloqueo derivado de una
intensísima actividad de la energía orgónica.
El contador Geiger volvió efectivamente a funcionar sin necesidad de
reparación alguna después de pocos minutos de exposición al aire
libre, donde registro la puntuación normal de fondo de 30-50 CPM. El
radium, encerrado en el pequeño acumulador orgónico, fue depositado
en el garaje que distaba alrededor de 50m de la habitación metálica
de acumulación orgónica. Dimos rápidamente aire al edificio
esperando que esto hubiese eliminado rápidamente la alta carga
orgónica, pero no dio resultado. Esto es hoy (Mayo de 1951)
“activo”.
El radium mismo no produjo ninguno de los efectos descritos
anteriormente cuando fue llevado fuera del edificio y depositado en
el garaje. Mientras que en el interior del edificio de acumulación orgónica cada uno de nosotros advertía enseguida la pesadez del
aire, una sensación de opresión, náusea, dolor de cabeza, y dolores
difusos en todo el cuerpo, ninguna sensación parecida se
experimentaba en el exterior del edificio, ni siquiera a 30 cm de
distancia del radium. Es más, con gran estupor, la ventilación no
parecía que eliminase el pesado aire del edificio del laboratorio.
Después de una hora de ventilación aún era imposible entrar en la
sala de acumulación orgónica, si bien el radium no había sido
cambiado hacía mucho tiempo. Esto era un hecho nuevo. Normalmente,
el aire fresco bastaba para eliminar cualquier sobrecarga orgonótica.
Sin embargo la alta puntuación de fondo en el atrio del edificio
había bajado casi a lo normal después de la remoción de la aguja de
radium: después de media hora de ventilación esta había bajado a 60
CPM.
Es indispensable familiarizar de manera más completa al lector con
las sensaciones subjetivas que todos nosotros experimentamos durante
mucho tiempo después de la remoción del radium; tales sensaciones
reafloraron intensamente y específicamente, es más hasta más
intensamente con el pasar de los días, siempre que nos acercábamos
al laboratorio de energía orgónica, y sobre todo a la sala de
acumulación orgónica, que de hecho no contenía ya ningún material
activo.
Un indispensable requisito profesional del investigador orgónico es que
sus percepciones estén libres de bloqueos. Él confía
en gran medida en sus impresiones y reacciones sensoriales
considerándolas puntos de orientación para la exploración de cada
nuevo territorio, sin por otro lado omitir, obviamente, controlar
con métodos objetivos todo lo que se consigue descubrir con tal
método, sea la experiencia objetiva sea la subjetiva. De todos
modos, son indispensables y deben de proceder en concierto.
Un investigador emocionalmente bloqueado o "muerto" hubiera sido
absolutamente inutilizable para las investigaciones orgónicas. El,
por otro lado, no hubiese hecho más que ponerse en peligro a sí
mismo y a los demás.
Un penetrante sabor salado, que tendía ligeramente al amargo y al
ácido, si la lengua se exponía al aire, fue sentido por todas las
personas presentes en el edificio, y hasta el exterior de él a una
distancia de alrededor de 15m. Con el proceder de los experimentos,
esta sensación desagradable se hizo más intensa y fue vuelta a
sentir en mayor medida aún en el exterior del edificio del
laboratorio, al aire abierto.
Todos los participantes en las observaciones desarrollaron una
forma más o menos grave de conjuntivitis después de pocos minutos de
permanecer en el edificio.
Además todos los observadores lamentaron, el uno independientemente
del otro, un fuerte sordo dolor en el hueso cigomático y
precisamente en el punto en el que del mismo hueso florece el
segundo hato del nervio trigémino.
La mayor parte de los investigadores experimentaron nauseas
crónicas, perdieron el apetito y se volvieron débiles, algunos hasta
el punto de perder el control y el equilibrio.
Muchos observadores se lamentaron casi de inmediato de un círculo
oprimente en la cabeza, alrededor de la frente y en la región
occipital.
El segmento diafragmático parecía particularmente sensible:
opresión, dolor o una fuerte sensación de tracción notaron en la
zona del epigastrio.
Algunos participantes palidecieron después de haber estado aunque
sólo pocos minutos en la sala del laboratorio. Escalofríos se
alternaban con olas de calor, indicando una grave perturbación del
equilibrio vago-simpático.
En algunos casos, la piel se magulló, sobre todo sobre la palma de
la mano. Estas señas sintomatológicas podrán bastar hasta no se
tengan mayores informaciones sobre los sucesos siguientes.
"La energía orgónica misma parecía haberse transformado en una
fuerza peligrosa, letal”.
Terminamos por llamar “DOR” (Iniciales de
la palabra inglesa Deadly Orgone: orgón letal - N.d.T.) el
resultado de esta transformación.
Cada actividad debió ser inmediatamente interrumpida en el edificio.
No se autorizó a entrar a nadie. Aunque los que debían desarrollar
alguna labor, corno por ejemplo limpiar los locales, rellenar la
caldera con nafta o cuidar a los ratones que habían sido dejados en
la sala de los experimentos, tuvieron la orden de trabajar en el
edificio sólo durante dos o tres minutos por vez como máximo,
saliendo después a tomar aire por al menos 10 minutos.
A los
investigadores que habían presentado una particular sensibilidad a
la tempestuosa reacción de la energía orgónica se les recomendó
mantenerse lejos del edificio. Exámenes hematológicos Reich se
realizaban cada semana sobre todos los investigadores, excepción
hecha para los dos agregados a la manutención que, por particulares
motivos personales, rechazaron el examen de sangre. A uno de los
dos le fue prohibido trabajar en la sala de experimentación y al
otro le fue ordenado no entretenerse más de dos o tres minutos a la
vez.
Los resultados de los exámenes hematológicos serán reportados
separadamente. Ellos han estado cargados de gran valor teórico y
práctico y han abierto nuevos horizontes sobre la naturaleza de las
funciones comunes al "morbo oranúrico" y a la leucemia.
Entre el 5 y el 12 de. Enero repetimos diariamente, durante una hora
el mismo experimento. El viernes 12 de Enero iniciamos el último de
esta serie de experimentos Oranur cotidianos. "El miligramo de
radium experimental nº 1" fue introducido en el acumulador orgónico
a 20 múltiplos y fue dejado solamente media hora. Los resultados de
este último experimento fueran tan dramáticos que merecen ser
referidos detalladamente.
Tres participantes en el experimento se quedaron fuera del edificio
del laboratorio a una distancia de cerca de 100 m. Uno de los
asistentes transportó corriendo el cuantitativo experimental de
radium en la sala de acumulación orgónica y lo introdujo en el
acumulador a 20 múltiplos. Renunciamos a las medidas con el contador
Geiger, esta vez, para evitar una inútil y ulterior exposición a las
radiaciones. Pocos minutos después vimos claramente a través de los
grandes cristales del laboratorio, que la atmósfera de la sala de
los experimentos se había "anieblado" ésta se movía visiblemente y
brillaba en un color variante entre el azul y el violeta.
Mientras
caminaba arriba y abajo a una distancia de 30-70 m del edificio del
laboratorio los tres observadores, entre los que yo estaba, tuvimos
la misma experiencia, aunque ninguno, en un primer momento, osó
decírselo a los otros. Yo experimenté una fuerte náusea, una ligera
sensación de falta, de pérdida del equilibrio y de obnubilación de
la conciencia y debí hacer un esfuerzo para seguir en pie. Vi al
profesor S. Tropp, que se encontraba conmigo volverse muy pálido. No
me había dicho nada y no la había dicho lo que yo experimentaba.
Le
pregunte entonces cómo se sentía, para ver si también él
experimentaba lo que yo. Admitió enseguida sentirse muy mal y estar
a punto de desmayarse, con una sensación de debilidad extrema, de
cerco en la cabeza de náusea y de calambre en el estómago. Confirmé
entonces sus impresiones, mencionando mis idénticas reacciones.
Habíamos entre ambos dudado de comunicarnos aquellas sensaciones,
dado que nos encontrábamos a gran distancia de la. sala de los
experimentos y además al aire libre, claro y seco de una tarde de
invierno.
Interrumpimos inmediatamente el experimento y repusimos nuevamente
la aguja de radium a una distancia de 800 m del laboratorio, en una
zona deshabitada de 130 hectáreas.
De todo cuanto hablamos experimentado se deducía claramente que el
campo de energía orgónica del laboratorio se había extendido
bastante, excitándose en una medida peligrosa aunque a gran
distancia de las paredes externas del edificio. Ya que no existe en
ningún lugar ningún limite neto al funcionamiento de la energía
orgónica, la reacción Oranur parecía no solo persistir aun cuando
ningún cuantitativo de radium era repuesto en el acumulador, sino
además extenderse rápidamente. Comenzamos a preguntarnos con
preocupación hasta dónde esta difusión de la reacción Oranur habría
llegado y al sentirnos responsables de todo lo que hubiera podido
suceder a la población situada a 7km de distancia. El edificio
habitado más próximo se encontraba a 2 Km. y medio.
Nos preguntamos además qué habría podido pasar si hubiésemos
continuado el experimento Oranur; si se hubiese desvanecido toda
esperanza de descubrir los efectos anti-nucleares de la energía
orgónica, si se podía producir una explosión cada vez que una alta
concentración de energía orgónica se hubiese encontrado operando
sobre un cuantitativo aun indeterminable de material radiactivo si
no nos habríamos recuperado nunca del malestar que sufríamos y si
este último habría dejado en nosotros efectos de algún tipo.
Los ojos nos quemaban y la conjuntivitis estaba muy inflamada.
Fuimos rápidamente en un automóvil al edificio del observatorio,
situado a 500 m de distancia sobre la colina, bebimos algo fuerte y
comenzamos, cada uno por su cuenta, a escribir nuestras experiencias
físicas y emocionales. Estos apuntes fueron firmados, protocolados,
y depositados en los archivos.
Todas nuestras descripciones tenían
en común los siguientes síntomas:
-
gran debilidad
-
náusea
-
sensación
de presión en la zona nasal y en los bulbos oculares
-
cambios
alternativos de oleadas de calor a escalofríos
-
parestesia
-
sensación de pérdida del equilibrio
-
dolores en las piernas
-
debilidad en los brazos y sobre todo en la región del cúbito
-
cefalea
-
tensión en la faringe
A la mañana de este mismo día habíamos diseccionado dos ratones del
experimento Oranur, y precisamente, dos ratones sanos que habían
sido expuestos a la atmósfera oranurizada, ambos estaban muy
enfermos, moribundos. Ambos presentaban hemorragias evidentes y
difusas en el tejido subcutáneo, una transpiración de tipo fibroso
en la pleura, modificaciones de forma y de carga en los eritrocitos
en sentido leucémico (como será ilustrado en un informe particular),
además de un aumento de glóbulos blancos.
Los cultivos hematológicos
de ambos ratones fueron al día siguiente T-positivo. Habíamos
encontrado la unión entre el morbo oranúrico y la leucemia, sea en
el cuadro hematológico general sea en la situación particular de los
corpúsculos T.
Mis colaboradores dejaron el edificio del observatorio después de un
reposo de cerca de dos horas. Me fui a la cama temprano, cansado y
agotado y me dormí inmediatamente, aún tenia náuseas.
Habíamos sido afectados por "el morbo oranúrico". Dormí alrededor de
5 horas de sueño pesado y sano. A media noche me desperté
sintiéndome mejor. Experimentaba una sensación singular: una
perfecta, cristalina claridad de visión y un nítido conocimiento de
las cosas que me circundaban como si mi campo de energía orgónica se
hubiese convertido particularmente amplio y activo. Mis ojos eran
claros y brillantes; las conjuntivas, por otro lado, estaban aún
ligeramente inyectadas.
Las cosas me parecían ahora un poco mas rosas. Había pasado por una
experiencia similar, pero menos intensa, 12 años antes en Enero de
1939, cuando por primera vea me había encontrado casualmente en la
radiación orgónica de los biones SAPA en mi laboratorio de Oslo.
También entonces había tenido en un primer momento miedo, náusea e
inflamación en los ojos, también entonces había intentado
inútilmente "protegerme", había telefoneado a un físico de
Amsterdam pidiendo ayuda, y me pregunto, espantado, que me podría
pasar.
También entonces, sin embargo, después de pocos días las
cosas habían comenzado a parecer menos peligrosas. Había
experimentado una cristalina claridad mental, me descubrí bronceado
todo el cuerpo (si bien siempre había ido vestido y estábamos en el
corazón del invierno nórdico) y, también entonces, había perdido
todo temor hacia los riesgos de mis investigaciones comenzando a
confiar en la protección que me aseguraba mi bioenergía.
Estas experiencias fueron expuestas con bastante detalle en mi libro
"The Cáncer Biopathy" (la biopatía cancerosa) esta vez sin embargo
todas las reacciones parecían centuplicadas. La energía orgónica
parecía estar enloquecida, quizás hasta el punto de producir una
reacción en cadena en la atmósfera aunque a gran distancia del
edificio o del laboratorio. Era imperativo ser cauteloso al máximo.
En 1939, trabajé solo. Esta vez una docena de colaboradores
trabajaban en Orgonon y muchos otros estaban en contacto con
nosotros, en la zona de Nueva York.
A la una de la noche encendí la radio de mi biblioteca, no se oía
transmisión alguna salvo un sonido de distorsión parecido al emitido
por el contador Geiger cuando señala una intensa actividad orgónica
atmosférica. Pensé que se habría creado algún contacto en el
aparato. Moví por tanto el enchufe en la toma del muro, pero el
rumor seguía. Encendí otro aparato de radio, y después un tercero,
pero siempre con el mismo resultado. No podía tratarse de una
coincidencia insignificante. Me acordé entonces de haber
transferido dos microgramos de cobalto radiactivo en la torre que
dominaba el techo del edificio del observatorio.
Dicha torre se
apoya en una base de cemento de un espesor de 15 cm. Parecía por
tanto improbable que el cobalto radiactivo pudiera operar a través
del estrato cementoso que, además, se encontraba a una distancia de
18 m del tercer aparato "interferido". De repente la reacción me
pareció comprensible: la torre donde estaba situado el cobalto
radiactivo (puesto en un pequeño acumulador orgónico a 10 múltiplos)
hospedaba también a la antena de todo el edificio, de la cual
salían dos hilos que, bajo pista, alcanzaban las tomas del muro del
observatorio.
La "interferencia" de los aparatos de radio parecía
ahora explicable del modo siguiente. Si la energía orgónica
atmosférica es excitada por la actividad nuclear y "enloquece" se
producen innumerables descargas que provocan un rumor análogo al de
la electricidad "estática" de un temporal o de una bobina secundaria
en función.
Me propuse transferir a la mañana siguiente el cobalto
radiactivo, y el acumulador orgónico que lo contenía, de la torre
del observatorio al garaje distante unos 30 m de las paredes norte
del edificio. Si la interferencia del aparato de radio entonces,
fuese cesada, la interpretación habría podido considerarse justa.
Lo era, de hecho; el ruido cesó a la mañana siguiente y las tres
radios se pusieron a funcionar regularmente. Como era indispensable,
si procedéis, a modo de control, a la repetición de la observación.
Los efectos Oranur se revelaron también en el modo siguiente.
El edificio del observatorio alberga muchos contadores Geiger uno de
los cuales esta destinado a registrar la actividad orgónica
atmosférica y organísmica. Esta última es transmitida mediante una
bobina de l,80 m de largo y de diámetro de 7,5 cm, al interruptor
del amplificador del aparato Geiger. Esta puede ser excluida o
incluida a placer, mediante una simple manivela. La reacción
orgónica organísmica aparece bajo forma de una secuencia continua de
impulsos y de parpadeos de luz sobre el indicador al neon apenas
alguien toca la bobina con la mano.
Los organismos bio-energéticamente
vigorosos provocan la reacción sobre el indicador, si la jornada es
soleada y seca, acercando la palma de la mano a la bobina de
transmisión también sin tocarla a una distancia de 2,5 o como máximo
de 5 cm. Sin embargo, esta reacción a distancia sin tocar la bobina
es muy rara y, como ha sido dicho, se produce solo en días muy secos
y soleados. Las palmas de mis manos la provocan sólo cuando me
siento particularmente bien. Aquel día me acerqué al aparato Geiger
con el fin de controlar el campo orgónico de mis manos.
Me quedé
estupefacto cuando la reacción sobre el indicador se verificó hasta
cuando mis manos se encontraban a una distancia de 60 cm de la
bobina de transmisión. Controlé y volví a controlar, no había ninguna duda el campo orgónico de mis palmas se había extendido
considerablemente en la medida de 70 cm. Estaba, por tanto, muy
sobrecargado, o por lo menos me encontraba en un estado de actividad
bio-energética anormalmente alta.
Refiero estos hechos como se produjeron durante aquellas jornadas
dramáticas, sin pretender entender ni explicar nada. Muchos de
estos hechos concordaban con cuanto yo sabia en base a la
experiencia de cerca de 15 años de estudio y tratamiento de la
energía orgónica. Otros, como la peste de los ratones (v.p 480), no
eran aún explicables; no podía haber ninguna duda de que aquella
reacción letal fuese debida, como ya he sostenido, a los efectos
de la energía orgónica y no a aquellos de las radiaciones
nucleares. Sin embargo, si bien teníamos aún mínimas dudas en este
argumento, éstas fueron completamente eliminadas por lo que sucedió
al día siguiente.
El pequeño cuantitativo de cobalto radiactivo (2,2 micro-curias) que
a través de la antena de radio habían provocado los susodichos
difusos disturbios atmosféricos, había sido depositado cerrado en un
pequeño acumulador, en el garaje del observatorio, situado a 50m de
distancia del observador mismo.
Aquel día, tres médicos habían venido de Nueva York para participar en
una reunión de estudio en Orgonon. Para ilustrar a los recién
llegados sobre el efecto Oranur, pedí a un asistente que trajera a
la habitación el pequeño acumulador después de haber extraído el
cobalto radiactivo.
EL acumulador vacío había quedado sobre la mesa
poco más de un minuto, cuando todos nosotros empezamos a sentirnos
mal, como si tuviéramos el mal de mar. Sentíamos náuseas, una
opresión en la cabeza y en los ojos, calambres en varias partes del
cuerpo. El acumulador fue inmediatamente quitado, pero los efectos
relativos permanecieron, si bien procedimos a una amplia
ventilación del local y bebimos todos algo fuerte.
Los médicos de Nueva York se convencieron de la seriedad de nuestro primer
experimento Oranur. Propuse, además que quien, por cualquier razón,
rechaza reconocer la validez de las bien mediadas funciones
orgonómicas se exponga a la atmósfera que emana de un acumulador
vacío de este género durante 20 minutos, o a aquella atmósfera de
una sala de acumulación orgónica, donde esté presente una pequeña
cantidad de radiación nuclear.
Similares y eficaces métodos de discusión científica son plenamente
justificables ante las objeciones irracionales movidas contra la
orgonomía. En la ciencia no las opiniones, pero sí sobre las
experiencias deciden realmente un debate en un sentido u otro.
La
única manera de hacerse una opinión válida sobre la energía orgonómica es el
TUBO de un acumulador orgónico de manera regular y
por un periodo notable de tiempo.
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Reacciones
biológicas específicas
Se hace cada vez mas evidente que los investigadores que tuvieron
contacto con los efectos Oranur reaccionaban de una manera
extremadamente específica. Parecía que la altísima carga de la
atmósfera agredía a cada persona en SU punto mas débil.
Un colaborador que había sufrido de una inflamación al hígado hacía
muchos años, experimentando hinchazón y tensión en la cavidad
abdominal, lamentó de hecho durante el experimento hinchazones en el
vientre y dolores en el hígado.
Un segundo colaborador había padecido durante muchos años de
hipersensibilidad epidérmica. Cualquier forma de irritación le
producía una eritodermia. Durante el experimento Oranur, volvió a
sufrir inflamaciones cutáneas después de haber sido inmune durante
muchos años.
Una tercera colaboradora había padecido en un pasado, en estados de
tensión emocional, tendencia a hacerse obesa y a tener un aspecto
"tumefacto". Durante el experimento Oranur ésta tuvo un aspecto
enfermo, tumefacto y obeso como si sufriera de alguna disfunción
glandular.
Una cuarta colaboradora a menudo sufría de sinusitis y de síntomas
de basedown, con esporádicas protuberancias en los bulbos oculares.
Durante todo el periodo del experimento Oranur, ella sufría
gravemente de estos mismos síntomas, hasta el punto que tuvo que
guardar cama.
Una quinta colaboradora había sufrido durante un tiempo de problemas
en la cistifelea. Y también ésta durante el experimento sintió
dolores y problemas en la región cistifelar.
Un sexto colaborador había sufrido varios años antes de ligeros
dolores en la región superior del epigastrio. Aquel síntoma se le
agravó durante el experimento Oranur.
Un séptimo colaborador, que conocía bastante y al que había tratado
orgonómicamente, había sufrido de cansancio biopático. En el
experimento reaccionó con graves malestares, estados de debilidad y
hasta cuadros hematológicos correspondientes. Tuvo que ser, por
tanto, completamente excluido de toda participación en el
experimento Oranur.
Todos los otros investigadores reaccionaron a la acción oranúrica
sólo de manera genérica: es decir con malestar, cefaleas, y estados
pasajeros de debilidad,
Todos estos síntomas, de todos modos, no tenían ninguna relación
aparente con la pequeña cantidad de material radiactivo (un
miligramo) con el que los sujetos habían tenido contacto.
En
ausencia de cualquier notable fuente Radiactiva, estos debían ser
por tanto atribuidos a la presencia de una actividad orgónica que
había entrado en contacto con cuantitativos aunque minúsculos
materiales radiactivos. Habíamos aprendido, de muchos años de
familiaridad con la energía orgónica, que, en los casos de cáncer,
la energía orgónica es usual para influenciar la zona o el órgano
enfermo. Esto constituye por sí mismo una cuestión bio-energética de
primera importancia, al contrario que de fácil respuesta.
La importancia de estas observaciones, de todas formas, es obvia.
Esta excluyen la prospectiva de posibles empleos terapéuticos
futuros de la energía orgónica: La energía orgónica podría de hecho
ser de hecho empujada a intensas actividades por radiaciones
nucleares suministradas en cantidades regulables según el tipo y la
gravedad de los síntomas a tratar. Ha resultado ésta, una directriz
fundamental con la que proceder en los ulteriores experimentos con
Oranur. La elaboración de las dosis oportunas as el problema
principal.
Pocas dudas de todas maneras, se pueden sostener sobre
las promesas terapéuticas de Oranur, a pesar de las graves
reacciones por todos nosotros lamentadas. Todos los científicos, de
hecho, no solo volvieron a la salud después de pocas semanas, sino
que después de la interrupción del experimento Oranur, se sintieron
todos particularmente bien, activos y vigorosos. Teníamos todos la
misma impresión de que aquellos que habían participado más de cerca
en el experimento habían desarrollado una cierta inmunidad, por así
decirlo, a los efectos oranúricos.
Estos, de hecho, no presentaban ya las graves reacciones de la
primera vez, si el miligramo de radium era llevado a la atmósfera
sobrecargada del laboratorio para ser medido con el contador
Geiger.
Ahora conseguíamos eliminar el malestar "tomando aire en el
exterior". Sus reacciones eran menos graves y no persistían como
habían hecho en un principio.
Durante las dos semanas inmediatamente sucesivas al 5 de Enero de
1951 se hicieron comunes entre casi todos nosotros reacciones del
tipo "de shock" con repetidos cambios de la palidez a los
"escalofríos calientes" y viceversa, mientras que inmediatamente
después adquiríamos todos un buen aspecto; las personas que de común
tendían a la palidez se volvieron rosáceas o bronceadas; los ojos
que normalmente estaban apagados se volvieron lucientes y
brillantes.
Por mi parte, yo que había atravesado una análoga
tempestad bioenergética en 1939 cuando fueron descubiertas las
radiaciones de biones SAPA y estaba por tanto más familiarizado con
las particularidades de actitud y de aspecto de estos procesos bio-energéticos,
me sentía más vigoroso; tenia necesidad de menos sueño, trabajaba
mucho, sin esfuerzo y con mayor provecho y sentía un singular
placer al mover los miembros.
Comencé además a desarrollar la
capacidad de trabajar con material radiactivo en una atmósfera a
una alta carga orgónica sin de hecho advertir reacciones
particularmente desagradables, mientras apenas dos semanas antes el
mismo minúsculo cuantitativo de material radiactivo puesto en una
atmósfera a alta carga orgónica consiguió volverme un trapo y
provocarme graves disturbios.
Por tanto, la idea de una inmunización (por así decirlo) hacia los
efectos de la radiación nuclear no era tan extraña ni en contraste
con nuestra experiencia real; parecía que nuestros organismos no
sólo se hubiesen adaptado a las violentas reacciones de la energía
orgónica, sino que se hubiesen convertido en grado de soportar mucho
mejor que antes pruebas tanto mas duras.
La gran diferencia creada después de nuestro estado bio-energético
al inicio del experimento y aquel de después de tres semanas fue
claramente demostrado, por contraste, cuando algunos médicos
llegados poco antes de Nueva York reaccionaron con un grave malestar y
también, en un caso, con la pérdida del equilibrio, a la presencia
de un minúsculo cuantitativo (un microgramo) de material radiactivo
en una atmósfera de alta carga orgónica. Nosotros que, sin embargo,
nos habíamos ya adaptado al efecto Oranúrico, trabajamos con
facilidad y eficiencia mientras los nuevos llegados casi se
desvanecían.
Estos médicos entendieron inmediatamente de qué cosa estábamos
hablando; éstos sugirieron exponer a la misma experiencia a quien
por sistema dudase de la fundada objetividad de la orgonomía.
Estuvimos todos de acuerdo en que, si fuese posible, esta sería una
óptima demostración.
Los experimentos de super-irradiación están todavía en curso con los
ratones y se continuarán hasta que no se alcance la misma claridad
acerca de los posibles efectos inmunizantes y los peligros
relativos.
Sobre la base de cuanto ha sido expuesto hace poco, propongo que se
examine cuidadosamente la siguiente posibilidad.
Cuando los experimentos ulteriores corroboren mis observaciones
acerca de lo que he definido "inmunización de Oranur" contra los
efectos de las radiaciones nucleares, habremos obtenido así un arma
potentísima contra las radiopatías. Llevando el concepto a sus
últimas consecuencias, sería quizás posible inmunizar a la
población entera contra los efectos de las radiaciones nucleares del
modo siguiente.
Con un proceso cauto y gradual sería posible desarrollar y
generalizar la inmunización Oranúrica dejando que la gente use
acumuladores orgónicos que hayan sido llevados a altos niveles
energéticos por pequeños cuantitativos (pocos microgramos) de
cualquier tipo de material radiactivo: radium, uranio,
radioisótopos, etc.
Mediante una cauta y dosificada progresión de las bajas a las altas
cargas oranúricas se podría alcanzar un nivel bastante más elevado
de funcionalidad bioenergética y una explosión atómica podría quizás
no tener sobre la población aquellos efectos nocivos que
actualmente amenazan tener.
Naturalmente era ésta, entonces, sólo una hipótesis basada en pocas
observaciones, que hubiese podido ser irrealizable. Nosotros no nos
dábamos aún cuenta de las propiedades letales de Oranur, es decir,
de los efectos que hoy llamamos DOR, y que de todo cuanto hemos
aprendido de nuestros cobayas, parecen operar hacia la
desintegración hemática a través de la , la deformación de los
glóbulos rojos.
Aún queda por estudiar y por precisar sobre bases amplias y seguras
casi todo esto. Este informe indica sólo algunas directrices de
investigación; no pretenden presentar resultados definitivos. Sin
embargo, no debe ser olvidada la mínima esperanza de un progreso
positivo. Ésta de hecho puede conseguir algún remedio a la amenaza
de la guerra atómica. Porque si se permanece dispuestos y
preparados a controlar rigurosamente nuestros actos y nuestras
opiniones, nada podrá ser dañino.
En este punto, se pueden sacar con certeza las siguientes
conclusiones sumarias:
-
Las radiaciones nucleares excitan la energía OR a una intensísima
actividad. Esto concuerda con cuanto habíamos podido observar en el
curso de muchos años: es decir que toda energía electromagnética es
diferente de la energía orgónica y es antagonista a ésta.
-
Los sistemas bio-energéticos (es decir orgonóticos) de los
investigadores que habían tenido estrecho contacto con el área de
los experimentos fueron gravemente influenciados por la intensa
excitación orgonótica de la atmósfera.
-
La super-irradiación con Oranur puede provocar graves disturbios
en el sistema nervioso autónomo y del sistema sanguíneo hasta
resultados mortales.
-
La medida en que la radiación nuclear, en medidas mínimas, irrita
a la energía orgónica, aparece de manera exorbitante. La energía
orgónica, por así decirlo, enloquece. El efecto ejercido por las
radiaciones nucleares sobre la energía orgónica tiene los estigmas
de la muerte entre sus aspectos subjetivos. La energía orgónica del
organismo se revela ante las radiaciones nucleares como harían las
radiaciones: es decir en forma letal. Parece que la energía orgónica,
generalmente benigna, desate de sí misma una rama letal (DOR), así
como el esplendor orgonótico de una jornada de sol puede desarrollar
un rayo en cielo sereno.
-
Ya que es el proceso oranúrico de la atmósfera y no la radiación
nuclear lo que determina el "morbo oranúrico", es imposible
defenderse de este último porque, ya sea la energía orgónica o la
oranúrica, penetran todas las cosas y no son desviadas por ninguna
masa de ladrillos de plomo, de camisas o de máscaras.
-
Los efectos mortales de la energía orgónica (DOR) operan en una
forma que es observable también en la leucemia: destrucción de los
sistemas productores de los glóbulos rojos, del tejido óseo y del
medular.
-
El, proyecto Oranur en toda su complejidad parecía destinado al
fracaso si en la reacción del encuentro entre las radiaciones
nucleares y la energía orgónica (NR+OR) no se hubiese formado otra
cosa que una transformación letal de la energía orgónica.
Viceversa
en la formula NR+OR están recogidas otras posibilidades de gran
importancia:
-
Las propiedades saludables de Oranur se pueden obtener solo
mediante una dosis cuidadosa. Quien descubriese el agua, por primera
vez en su vida, mientras se encontrara expuesto a una sed mortal en
el desierto, se llenaría el estomago inmediatamente de litros y
litros de agua, y moriría ciertamente en manos del elemento que, en
otras circunstancias le hubiese salvado la vida. De ahora en
adelante la energía orgónica podría ser estimulada a cualquier grado
deseable de benéfica actividad oranúrica sólo regulando
cuidadosamente la dosis de radiación nuclear puesta en el
acumulador orgónico durante el tiempo suficiente para estimular a
la energía orgónica hasta su reacción oranúrica.
-
Debe existir para cada organismo una línea fronteriza entre el
estado benéfico y el estado nocivo de excitación de la energía
orgónica.
-
La hipótesis teórica que en la explosión atómica la energía orgónica atmosférica desarrolle una función importante, no puede ser
del todo descartada. La "pila" atómica, construida como es en
material metálico (plutonio) y no metálico (grafito), representa
probablemente un tipo especial de acumulación orgónica. La reacción
en cadena podría ser así debida, al menos en parte, a la actividad
orgónica provocada por la influencia del uranio. Éstas quieren ser
solamente interrogaciones teóricas para ulteriores experimentos,
simples hipótesis dotadas de una cierta probabilidad.
-
La cuidadosa clarificación de todas las funciones observadas
hasta ahora han demostrado nítidamente cómo la forma mortal en que
se ha revelado drásticamente la energía orgónica atolondrando a los
investigadores de la fundación Wilhelm Reich, se ajustan a muchos
fenómenos bioenergéticos, notados hace tiempo:
-
Los saludables biones PA resultaban excitados y asumían una
fuerte luminiscencia cuando entraban en contacto con los mortales
bacilos T. Los biones PA conseguían matar a los bacilos T, pero en
el curso de tales procesos algunos de los biones PA perdían el
propio poder sanador y degeneraban en patógenos corpúsculos T.
-
Los glóbulos rojos muy cargados son capaces de agredir al tejido
canceroso, de inmovilizar las células cancerosas y de provocar su
desintegración en corpúsculos T. En el curso de este proceso, sin
embargo, los mismos glóbulos rojos sanadores pierden su propia
carga bio-energética y se desintegran en corpúsculos T.
-
Es un hecho común y bien notorio que un hombre sano, recto y
honesto, combatiendo el mal y la muerte, puede transformarse él
mismo y desarrollar la propiedad de aquel mal que esta combatiendo
con todas sus fuerzas. Y es también notorio que el amor, seguido de
la frustración, se transforma fácilmente en su opuesto, esto es en
el odio mas descarnado.
Hay algo muy conmovedor en estas identidades funcionales de esferas
tan diversas y distantes de la naturaleza. Es imposible no ser
alcanzado por esta fundamental unidad que rige como única ley toda
la realidad: combatiendo el odio, el amor degenera en odio, propio
como los biones PA, combatiendo a los bacilos T, degeneran ellos
mismos en corpúsculos T, como la vitalizarte energía orgónica de la
atmósfera se transforma en el fulgor exterminador y como, en fin, la
misma energía orgónica se transforma en DOR combatiendo a las
radiaciones nucleares.
Las potencialidades creativas de estas funciones antitéticas son
infinitas. Estas merecen toda la atención de una humanidad que
quiera aprender los medios más apropiados para empeñar al bien
contra el mal sin transformar el mal al bien mismo.
Aunque las
implicaciones morales y sociales del primer experimento Oranur son
bastante importantes para justificar los graves riesgos asumidos
por la actuación del experimento mismo.
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La reacción oranúrica en cadena de la atmósfera
La necesidad de adoptar las consabidas y completas medidas
protectivas del tratamiento de los radioisótopos líquidos eran por
fin superadas: no había de hecho ningún medio para defenderse de una
energía atmosférica empujada al “amok" por la irritación ejercitada
sobre ésta por la energía nuclear. Habíamos presentado ya a los
laboratorios de Oak Ridge la petición de admitir a uno de nuestros
médicos a un curso sobre las técnicas de protección de las
radiaciones nucleares.
La petición fue retirada y una segunda
petición, ya preparada para ser expedida fue también retirada.
Mientras se desarrollaban estos advenimientos no sabíamos nada de
las explosiones atómicas experimentales que habrían de haber sido
efectuadas en Nevada hacia algún tiempo. Ni habría podido
humanamente prever un aumento de la puntuación de fondo en todos los
Estados Unidos orientales y en el Canadá, U |