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por F. William Engdahl
Global Research
12-Diciembre-2007
Versión original
traducción de Germán Leyens
del Sitio Web
Rebelion
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F. William Engdahl, investigador asociado del Centro de
Investigación sobre la Globalización (Centre for Research on
Globalization (CRG)) es uno de los principales analistas del
Nuevo
Orden Mundial. Es autor de A Century of War: Anglo-American Oil
Politics and the New World Order, publicado por Pluto Press Ltd.
Su
nuevo libro,
Seeds of Destruction, The Hidden Agenda of Genetic
Manipulation, estará disponible en Global Research muy pronto. Sus
escritos pueden ser consultados en www.engdahl.oilgeopolitics.net y
en Global Research. |
Al fundador de Microsoft, Bill Gates, se
le puede acusar de todo, pero no de ser haragán.
Comenzó a programar
a los 14, fundó Microsoft a los 20, mientras todavía estudiaba en
Harvard.
En 1995 Forbes lo catalogó como el hombre más rico del
mundo por ser el mayor accionista de su Microsoft, una compañía que
su ímpetu incansable convirtió en un monopolio de facto de sistemas
de software para ordenadores personales.

En 2006, cuando la mayoría de las personas en una situación
semejante podrían pensar en retirarse a una tranquila isla en el
Pacífico, Bill Gates decidió dedicar sus energías a su Fundación
Bill y Melinda Gates, la mayor fundación privada ‘transparente’ del
mundo, como dice, con una dotación impresionante de 34.600 millones
de dólares, y la necesidad legal de gastar 1.500 millones de dólares
al año en proyectos benéficos en todo el mundo para mantener su
condición benéfica libre de impuestos.
En 2006, un regalo de unos
30.000 millones de dólares en acciones de Berkshire Hathaway de su
amigo y asociado empresarial, el mega inversionista, Warren Buffett,
colocó a la fundación de Gates en la liga en la que gasta casi el
monto total del presupuesto anual de la Organización Mundial de la
Salud de Naciones Unidas.
Así que cuando Bill Gates decide gastar, a través de la Fundación
Gates, unos 30 millones de dólares de su bien ganado dinero en un
proyecto, vale la pena considerarlo.

Ninguna empresa es más interesante en la actualidad que un curioso
proyecto en uno de los sitios más remotos del mundo, Svalbard.
Bill
Gates invierte millones en un banco de semillas en el Mar de Barents
cerca del Océano Ártico, a unos 1.100 kilómetros del Polo Norte.
Svalbard es un árido trozo de roca reivindicado por Noruega y cedido
en 1925 por un tratado internacional.
En esa isla dejada de la mano de Dios, Bill Gates invierte decenas
de sus millones junto con,
...en lo que llaman ‘el Banco Semillero del
Día del Juicio
Final.’
Oficialmente, el proyecto se llama la Cámara Semillera
Global Svalbard en la isla noruega de Spitsbergen, parte del grupo
de islas Svalbard.
La cámara de semillas del día del juicio final
El banco de semillas es construido dentro de una montaña en la isla
Spitsbergen cerca de la pequeña aldea Longyearbyen. Está casi listo
para entrar en acción, según sus comunicados de prensa. El banco
tendrá puertas dobles a prueba de explosiones con sensores de
movimiento, dos esclusas de aire, y paredes de hormigón reforzado
con acero, de un metro de grosor.
Contendrá hasta tres millones de
variedades diferentes de semillas de todo el mundo, ‘para que la
diversidad de cultivos pueda ser conservada para el futuro,’ según
el gobierno noruego. Las semillas serán especialmente envueltas para
excluir la humedad.
No habrá personal a tiempo completo, la relativa
inaccesibilidad de la bóveda facilitará el control de toda actividad
humana posible.

¿Pasamos algo por alto?
Su comunicado de prensa declaró:
‘para que
la diversidad de cultivos pueda ser conservada para el futuro’.
¿Qué
futuro prevén los patrocinadores del banco de semillas, que
amenazaría la disponibilidad global de las actuales semillas, casi
todas las cuales ya están bien protegidas por bancos de semillas en
todo el mundo?
Toda vez que Bill Gates, la Fundación Rockefeller, Monsanto y
Syngenta se juntan en un proyecto común, vale la pena escarbar un
poco más profundo, más allá de las rocas en Spitsbergen. Y
encontramos algunas cosas fascinantes.
El primer punto notable es quien auspicia la bóveda de semillas del
día del juicio final.
A los noruegos se suman, como hemos señalado,
-
la Fundación Bill & Melinda Gates
-
el gigante estadounidense del agronegocio DuPont/Pioneer Hi-Bred, uno de los mayores dueños del
mundo de semillas de plantas patentadas genéticamente modificadas (OGM)
y agroquímicos relacionados
-
Syngenta, la importante compañía de
semillas y agroquímicos basada en Suiza, a través de su Fundación
Syngenta
-
la Fundación Rockefeller, el grupo
privado que creó la “revolución genética” con más de 100
millones de dólares de capital semilla desde los años
setenta
-
CGIAR, la red global creada por la
Fundación Rockefeller para promover su ideal de pureza genética
mediante el cambio agrícola
CGIAR y ‘El Proyecto’
Como lo detallé en el libro “Seeds of Destruction” [Semillas de
destrucción] (1), en 1960, la Fundación Rockefeller, el Consejo de
Desarrollo de la Agricultura de John D. Rockefeller III y la
Fundación Ford unieron fuerzas para crear el Instituto Internacional
de Investigación del Arroz (IRRI) en Los Baños, en las Filipinas.
En
1971, el IRRI de la Fundación Rockefeller, junto con su Centro
Internacional de Mejora del Maíz y del Trigo basado en México, y
otros dos centros internacionales de investigación creados por
Rockefeller y la Fundación Ford, la IITA para la agricultura
tropical, en Nigeria, y el IRRI para el arroz, en las Filipinas, se
combinaron para formar un Grupo Consultivo global sobre la
Investigación Internacional de la Agricultura (CGIAR).
CGIAR fue formado en una serie de conferencias privadas realizadas
en el centro de conferencias de la Fundación Rockefeller en
Bellagio, Italia.
Los principales participantes en las
conversaciones de Bellagio fueron,
-
George Harrar de la Fundación
Rockefeller
-
Forrest Hill de la Fundación Ford
-
Robert McNamara del
Banco Mundial
-
Maurice Strong, el organizador medioambiental
internacional de la familia Rockefeller quien, como fideicomisario
de la Fundación Rockefeller, organizó la Conferencia de las Naciones
Unidas sobre el Medio Ambiente Humano en Estocolmo en 1972
Formó
parte del enfoque durante decenios de la fundación por convertir a
la ciencia al servicio de la eugenesia, una versión execrable de la
pureza racial, que ha sido llamada ‘El Proyecto.’
Para asegurar el máximo impacto, el CGIAR incorporó a la
Organización de
las Naciones Unidas para la agricultura y la
alimentación (FAO), el Programa de Desarrollo de la ONU y el
Banco
Mundial. Por lo tanto, a través de un apalancamiento cuidadosamente
planificado de sus fondos iniciales, la Fundación Rockefeller estuvo
en condiciones a comienzos de los años setenta de conformar la
política agrícola global. Y así lo hizo.
Financiado por generosas becas de estudio de Rockefeller y de la
Fundación Ford, CGIAR aseguró que destacados científicos agrícolas y
agrónomos del Tercer Mundo fueran llevados a EE.UU. para ‘dominar’
los conceptos de la producción de la producción del agro-negocio
moderno, a fin de llevarlos de vuelta a sus patrias.
Al hacerlo
crearon una invaluable red de influencia para la promoción del agro-negocio de EE.UU. en esos países, especialmente la promoción de
la “Revolución genética” OGM en los países en desarrollo, todo en
nombre de la ciencia y de la agricultura eficiente de libre mercado.
¿Ingeniería genética de una raza superior?
Ahora el Banco de Semillas Svalbard se pone interesante. Pero se
pone mejor. ‘El Proyecto’ al que me refería es el proyecto de la
Fundación Rockefeller y de poderosos intereses financieros desde los
años veinte para el uso de la eugenesia, rebautizada posteriormente
como genética, para justificar la creación de una Raza Superior
genéticamente modificada. Hitler y los nazis la llamaron la
Raza
Superior Aria.
La eugenesia de Hitler fue financiada considerablemente por la misma
Fundación Rockefeller
que actualmente construye una cámara acorazada
de semillas del día del juicio final para preservar muestras de cada
semilla de nuestro planeta. Ahora la cosa se vuelve verdaderamente
fascinante.
La misma Fundación Rockefeller creó la disciplina
pseudo-científica de la biología molecular en su inexorable búsqueda
de la reducción de la vida humana a “secuencias de genes definidoras”
que esperaban, podrían luego ser modificadas para cambiar a voluntad
las características humanas.
Los científicos eugenistas de Hitler,
muchos de los cuales fueron
silenciosamente llevados a EE.UU.
después de la Guerra para continuar su investigación eugénica,
crearon gran parte del trabajo en la que se basó la ingeniería
genética de varias formas de vida, en gran parte apoyada
abiertamente hasta bien avanzado el Tercer Reich por generosos
subsidios de la Fundación Rockefeller. (2)
La misma Fundación Rockefeller creó la así llamada Revolución Verde,
después de un viaje a México en 1946 de
Nelson Rockefeller y del
antiguo Secretario de Agricultura del Nuevo Trato y fundador de la
Pioneer Hi-Bred Seed Company, Henry Wallace.
La Revolución Verde pretendía solucionar considerablemente el
problema del hambre en el mundo en México, India y en otros países
seleccionados en los que trabajaba Rockefeller. El agrónomo de la
Fundación Rockefeller, Norman Borlaug, obtuvo un Premio Nobel de la
Paz por su trabajo, aunque no es algo de lo que alguien se pueda
enorgullecer si gente como Henry Kissinger también lo comparten.
En realidad, como quedó en claro años más tarde, la Revolución Verde
fue un brillante ardid de la familia Rockefeller para desarrollar un
agro-negocio globalizado que luego podría monopolizar igual como lo
había hecho medio siglo antes con la industria petrolera mundial.
Como declarara Henry Kissinger en los años setenta:
“Si se controla
el petróleo, se controla el país; si se controlan los alimentos, se
controla a la población.”
El agro-negocio y la Revolución Verde de Rockefeller iban de la mano.
Formaban parte de una grandiosa estrategia que incluía el
financiamiento por la Fundación Rockefeller de la investigación para
el desarrollo de la ingeniería genética de plantas y animales unos
pocos años más tarde.
John H. Davis había sido Secretario de Agricultura Adjunto bajo el
presidente Dwight Eisenhower a comienzos de los años cincuenta.
Abandonó Washington en 1955 y fue a la Escuela de Postgrado de
Administración de Empresas de Harvard, un sitio poco usual para un
experto en agricultura en esos días. Tenía una estrategia bien
definida.
En 1956, Davis escribió un artículo en la
Harvard Business Review en el que declaró que,
“la única manera de resolver de una vez
por todas el así llamado problema agrícola, y de evitar engorrosos
programas gubernamentales, es pasar de la agricultura al agro-negocio.”
Sabía precisamente lo que se proponía, aunque pocos tenían la menor
idea en aquel entonces – una revolución en la producción agrícola
que concentrara el control de la cadena alimentaria en manos
corporativas multinacionales, lejos del agricultor familiar
tradicional. (3)
Un aspecto crucial que impulsaba el interés de la Fundación
Rockefeller y de las compañías de agro-negocios de EE.UU. era el
hecho de que la Revolución Verde se basaba en la proliferación de
nuevas semillas híbridas en los mercados en desarrollo.
Un aspecto
vital de las semillas híbridas era su falta de capacidad
reproductiva. Las híbridas incorporaban una protección contra la
multiplicación. A diferencia de especies normales polinizadas
abiertamente, cuyas semillas permitían rendimientos similares a los
de sus progenitores, el rendimiento de las semillas dadas por
plantas híbridas era significativamente inferior al de la primera
generación.
Esa característica de rendimiento disminuyente de las híbridas
significa que los agricultores deben normalmente comprar semillas
cada año a fin de obtener altos rendimientos. Además, el reducido
rendimiento de la segunda generación eliminó el comercio en semillas
que es a menudo realizado por productores de semillas sin la
autorización del cultivador. Impidió la redistribución de las
semillas del cultivo comercial por intermediarios.
Si las grandes
compañías semilleras multinacionales podían controlar las líneas
paternales de semillas en casa, ningún competidor o agricultor
podría producir la semilla híbrida. La concentración global de
patentes de semillas híbridas en un puñado de gigantescas compañías
semilleras, dirigidas por Pioneer Hi-Bred de
DuPont y
Dekalb de
Monsanto estableció la base para la ulterior revolución de la
semilla OGM. (4)
En efecto, la introducción de la tecnología agrícola moderna
estadounidense, de fertilizantes químicos y semillas híbridas
comerciales, contribuyeron en conjunto a hacer que los agricultores
locales en los países en desarrollo, particularmente los mayores,
más establecidos, dependieran del aporte del agro-negocio y de las
compañías petroquímicas, en su mayoría estadounidenses. Fue un
primer paso en lo que se convertiría en un proceso cuidadosamente
planificado, que duró décadas.
Bajo la Revolución Verde, el agro-negocio hizo importantes avances en
mercados que previamente ofrecían un acceso limitado a los
exportadores de EE.UU. La tendencia fue posteriormente apodada
“agricultura orientada al mercado.”
En realidad se trataba de
agricultura controlada por el agro-negocio.
Mediante la Revolución Verde, la Fundación Rockefeller y
posteriormente la Fundación Ford, trabajaron mano en mano
conformando y apoyando los objetivos de política exterior de la
Agencia por el Desarrollo Internacional de EE.UU. (USAID) y de la
CIA.
Un importante efecto de la Revolución fue la despoblación del campo
de campesinos que fueron obligados a huir a los barrios de chabolas
alrededor de las ciudades en una búsqueda desesperada de trabajo. No
fue por accidente. Formaba parte de un plan para crear reservas de
mano de obra barata para futuras manufacturas multinacionales de
EE.UU., la ‘globalización’ de los últimos años.
Cuando terminó el autobombo alrededor de la Revolución Verde, los
resultados fueron bastante diferentes de lo que se había prometido.
Surgieron problemas por el uso indiscriminado de los nuevos
pesticidas químicos, a menudo con serias consecuencias para la salud.
Con el pasar del tiempo el monocultivo de nuevas variedades de
semillas híbridas redujo la fertilidad del suelo y el rendimiento.
Los primeros resultados fueron impresionantes; rendimientos dobles o
incluso triples de algunos cultivos tales como el trigo y después el
maíz en México. Pero eso pronto se desvaneció.
La Revolución Verde fue típicamente acompañada por grandes proyectos
de irrigación que a menudo incluían préstamos del Banco Mundial para
construir nuevas inmensas represas, y en la inundación de áreas
previamente habitadas y de tierras fértiles al hacerlo. El
súper-trigo también produjo mayores rendimientos saturando el suelo
con inmensas cantidades de fertilizante por hectárea, y el
fertilizante era producto de nitratos y de petróleo, materias primas
controladas por las
Siete Hermanas, importantes compañías petroleras
controladas por los Rockefeller.
También se utilizaron inmensas cantidades de herbicidas y pesticidas,
creando mercados adicionales para los gigantes del petróleo y de la
química. Como lo describió un analista, en efecto, la Revolución
Verde fue sólo una revolución química. En ningún momento podrían las
naciones en desarrollo pagar por las inmensas cantidades de
fertilizantes químicos y pesticidas. Obtendrían los créditos por
cortesía del Banco Mundial y préstamos especiales de Chase Bank y
otros grandes bancos de Nueva York, respaldados por garantías del
gobierno de EE.UU.
Aplicados en una gran cantidad de países en desarrollo, esos
préstamos fueron recibidos sobre todo por grandes terratenientes.
Para los pequeños campesinos la situación se desarrolló de otra
manera. Los pequeños agricultores campesinos no podían permitirse
los productos químicos y otros insumos modernos y tenían que pedir
prestado dinero.
Varios programas gubernamentales trataron inicialmente de
suministrar algunos préstamos a los agricultores para que pudieran
adquirir semillas y fertilizantes.
Los agricultores que no pudieron
participar en este tipo de programa tuvieron que pedir prestado
dinero del sector privado. Por las exorbitantes tasas de interés
para préstamos informarles, numerosos agricultores pequeños ni
siquiera obtuvieron los beneficios de los altos rendimientos
iniciales. Después de la cosecha, tuvieron que vender la mayor
parte, si no todos sus productos, para pagar préstamos e intereses.
Llegaron a depender de prestamistas y comerciantes y a menudo
perdieron sus tierras. Incluso con préstamos a condiciones
favorables de agencias gubernamentales, la plantación de cultivos de
subsistencia cedió ante la producción de cultivos comerciales. (5)
Desde decenios los mismos intereses, que incluyen a la Fundación
Rockefeller que respaldó la Revolución Verde inicial, han trabajado
para promover una segunda “Revolución Genética” como el presidente
de la Fundación Rockefeller, Gordon Conway, la llamó hace varios
años: la difusión de la agricultura industrial y de insumos
comerciales incluyendo las semillas patentadas OGM.
Gates, Rockefeller y una Revolución Verde en África
Si se tiene presente el verdadero antecedente de la Revolución Verde
de la Fundación Rockefeller en los años cincuenta, se hace
especialmente extraño que esa misma Fundación Rockefeller junto con
la Fundación Gates, que invierten millones de dólares para preservar
cada semilla contra un posible escenario “del día del juicio final,”
también estén invirtiendo millones en un proyecto llamado “Alianza
por una Revolución Verde en África.”
AGRA, como se llama, es una vez más una alianza con la misma
Fundación Rockefeller que creó la “Revolución Genética.” Una mirada
al Consejo Directivo de AGRA lo confirma.
Incluye nada menos que al ex Secretario General de la ONU, Kofi
Annan, como presidente.
En su discurso de aceptación en un evento
del Foro Económico Mundial en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, en junio
de 2007, Kofi Annan declaró:
“Acepto este desafío con gratitud a la
Fundación Rockefeller, a la Fundación Bill & Melinda Gates, y a
todos los demás que apoyan nuestra campaña africana.”
El consejo de AGRA cuenta además con un sudafricano,
Strive Masiyiwa,
quien es un Fideicomisario de la Fundación Rockefeller.
Incluye a,
-
Sylvia M. Mathews de la
Fundación Bill & Melinda Gates
-
Mamphela
Ramphele, ex directora gerente del Banco Mundial (2000 – 2006)
-
Rajiv J. Shah de la Fundación Gates Foundation
-
Nadya K. Shmavonian
de la Fundación Rockefeller
-
Roy Steiner de la Fundación Gates
Además, la Alianza para AGRA incluye a
Gary Toenniessen, director
gerente de la Fundación Rockefeller y a Akinwumi Adesina, director
asociado, de la Fundación Rockefeller.
Para completar la rueda, los Programas para AGRA incluyen a:
-
Peter Matlon, director gerente de la Fundación Rockefeller
-
Joseph De Vries, director del
Programa para Sistemas de Semillas de África y director
asociado de la Fundación Rockefeller
-
Akinwumi Adesina,
director asociado de la Fundación Rockefeller
Como la antigua
Revolución Verde fracasada en India y México, la nueva Revolución
Verde en África es evidentemente una importante prioridad de la
Fundación Rockefeller.
Mientras hasta la fecha tratan de no llamar la atención, se
considera que Monsanto y los principales gigantes del negocio de los
OGM están en medio del uso de la AGRA de Kofi Annan para difundir
sus semillas OGM patentadas por toda África bajo la engañosa
etiqueta de ‘biotecnología,’ el nuevo eufemismo para semillas
patentadas genéticamente modificadas.
Hasta la fecha, Sudáfrica es
el único país africano que permite la plantación legal de cultivos
de OGM. En 2003 Burkina Faso autorizó pruebas con OGM. En 2005
Ghana, de Kofi Annan, preparó legislación de bioseguridad y
responsables clave expresaron sus intenciones de continuar la
investigación de cultivos OGM.
África es el próximo objetivo de la campaña del gobierno de EE.UU.
por extender los OGM a todo el mundo. Sus ricos suelos la convierten
en un candidato ideal. No sorprende que numerosos gobiernos
africanos sospechen lo peor de los padrinos de los OGM ya que una
multitud de proyectos de modificación genética y de bioseguridad han
sido iniciados en África, con el objetivo de introducir los OGM en
los sistemas agrícolas africanos.
Estos incluyen patrocinios
ofrecidos por el gobierno de EE.UU. para capacitar en EE.UU. a
científicos africanos en ingeniería genética, proyectos de
bioseguridad financiados por la Agencia de Desarrollo Internacional
de EE.UU. (USAID) y el
Banco Mundial; la investigación en OGM
involucrando cultivos alimentarios indígenas africanos.
La Fundación Rockefeller ha estado trabajando durante años para
promover, en gran parte infructuosamente, proyectos por introducir
los OGM en los campos de África. Ha respaldado investigación que
apoya la aplicabilidad del algodón OGM en las llanuras de Makhathini
en Sudáfrica.
Monsanto, que tiene un punto de apoyo sólido en la industria semillera de Sudáfrica, tanto en OGM como en híbridas, ha concebido
un ingenioso programa para minifundistas conocido como la Campaña de
las ‘Semillas de la Esperanza,’ que está introduciendo un paquete
‘revolución verde’ a agricultores pobres en pequeña escala, seguido,
por cierto, por semillas OGM patentadas de Monsanto. (6)
Syngenta AG de Suiza, uno de los “Cuatro Jinetes del día del juicio
final OGM” está lanzando millones de dólares a una nueva instalación
de invernaderos en Nairobi, para desarrollar maíz OGM resistente a
los insectos.
Syngenta también forma parte de CGIAR.
(7)
Pasamos a Svalbard
-
¿Se trata simplemente de un descuido filosófico?
-
¿Qué lleva a las
fundaciones Gates y Rockefeller a respaldar al mismo tiempo la
proliferación en toda África de semillas Terminator patentadas y a
punto de ser patentadas, un proceso que, como ha sucedido en todos
los demás sitios en el planeta, destruye las variedades de semillas
de plantas al introducir el agro-negocio del monocultivo
industrializado?
Al mismo tiempo, invierten decenas de millones de
dólares para preservar toda variedad de semillas conocida en una
cámara del día del juicio final a prueba de bombas cerca del remoto
Círculo Ártico ‘para que la diversidad de cultivos pueda ser
conservada para el futuro’ para citar su comunicado oficial.
No es por accidente que las fundaciones Rockefeller y Gates se unan
para impulsar una Revolución Verde al estilo OGM en África al mismo
tiempo que financian silenciosamente la ‘cámara de semillas del Día
del juicio final’ en Svalbard. Los gigantes del agro-negocio están
metidos hasta el cuello en el proyecto Svalbard.
Por cierto, toda la operación Svalbard y la gente involucrada
recuerdan las peores imágenes catastróficas del éxito de ventas de
Michael Crichton
“La Amenaza De Andromeda,” una película de
suspenso de ciencia ficción en la que una enfermedad letal de origen
extraterrestre causa una coagulación rápida y fatal de la sangre que
amenaza a toda la especie humana.
  
En Svalbard, el depósito más
seguro de semillas del mundo del futuro será guardado por los
policías de la Revolución Verde OGM – las fundaciones Rockefeller y
Gates, Syngenta, DuPont y CGIAR.
El proyecto Svalbard será operado por una organización llamada
Fundación mundial por la diversidad de los cultivos (GCDT). ¿Quiénes
son para poseer una responsabilidad tan impresionante sobre todas
las variedades de semillas del planeta? La GCDT fue fundada por la
FAO y Bioversity International (anteriormente el Instituto
Internacional de Investigación Genética de Plantas), un vástago de
la CGIAR.
La Fundación mundial por la diversidad de los cultivos (GCDT) está
basada en Roma. Su consejo es presidido por Margaret Catley-Carlson,
canadiense, quien también está en el consejo consultivo de Group
Suez Lyonnaise des Eaux, una de las mayores
compañías privadas de
aguas del mundo.
Catley-Carlson también fue presidente hasta 1998
del Population Council, basado en Nueva York, la organización de
reducción de la población de
John D. Rockefeller, establecida en
1952, para hacer progresar el programa de eugenesia de la familia
Rockefeller bajo la cobertura de promover la “planificación
familiar,” dispositivos de contracepción, esterilización y “control
de la población” en los países en desarrollo.
Otros miembros del consejo de GCDT incluyen al antiguo ejecutivo del
Bank of America y actualmente jefe de Animación de Hollywood
DreamWorks, Lewis Coleman. Coleman es también jefe del consejo
director de Northrup Grumman Corporation, uno de los principales
contratistas del Pentágono en la industria militar de EE.UU.
Jorio Dauster (Brasil) es también presidente del consejo de
Brasil Ecodiesel. Es ex embajador de Brasil en la Unión Europea, y
negociador jefe de la deuda externa de Brasil para el Ministerio de
Finanzas. Dauster también ha servido como presidente del Instituto
Brasileño del Café y como coordinador del Proyecto por la
Modernización del sistema de patentes de Brasil, que involucra la
legalización de patentes sobre semillas genéticamente modificadas,
algo que hasta hace poco estaba prohibido por las leyes brasileñas.
Cary Fowler es director ejecutivo de la Fundación. Fowler fue
profesor y director de investigación en el Departamento de Estudios
del Medioambiente Internacional y de Desarrollo en la Universidad
Noruega de Ciencias de la Vida. También fue consejero senior del
director general de Bioversity International. Allí representó a los
Future Harvest Centres del CGIAR en negociaciones sobre el Tratado
Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación
y la Agricultura.
En los años noventa, dirigió el Instituto
Internacional de Recursos Fitogenéticos (IPGRI -
ahora la
Biodiversity International), en la FAO. Redactó
y supervisó las negociaciones del Plan de acción mundial para la
conservación y la utilización sostenible de los recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura de la FAO,
adoptado por 150 países en 1996.
Es ex miembro del Consejo Nacional de Recursos Fitogenéticos de
EE.UU. y del Consejo de Administración del Centro Internacional de
Mejora del Maíz y del Trigo en México, otro proyecto de la Fundación
Rockefeller y del CGIAR.
El miembro del consejo del GCDT, Dr. Mangala Rai de India, es
secretario del Departamento de Investigación y Educación Agrícola de
India (DARE), y director general del Consejo Indio de Investigación
Agrícola (ICAR). También es miembro del consejo del Instituto
Internacional de Investigación del Arroz (IRRI) de la Fundación
Rockefeller, que promovió el primer experimento de importancia con OGM del mundo, el tan exageradamente promocionado ‘Arroz de oro’ que
resultó ser un fracaso. Rai ha servido como miembro del consejo de
CIMMYT (Centro Internacional de Mejoramiento del Maíz y el Trigo), y
miembro del Consejo Ejecutivo del CGIAR.
Los donantes o ángeles financistas de la Fundación Global de
Diversidad de los Cultivos incluyen también, para utilizar las
palabras clásicas de Humphrey Bogart en Casablanca:
“a todos los
sospechosos usuales.”
Junto a las fundaciones Rockefeller y Gates,
los donantes incluyen a los gigantes de los OGM DuPont-Pioneer
Hi-Bred, Syngenta of Basle Switzerland, CGIAR y a la Agencia,
favorable a los OGM, por la Ayuda al Desarrollo (USAID)
enérgicamente promovida por el Departamento de Estado.
Parece, por
cierto, que tenemos a los zorros de las OGM y de la reducción de la
población protegiendo al gallinero de la humanidad, el almacén de la
diversidad global de semillas en Svalbard. (8)
¿Por qué Svalbard justo ahora?
Podemos legítimamente preguntar por qué Bill Gates y la
Fundación
Rockefeller junto con los principales genéticos del agro-negocio de
la modificación genética como
DuPont y Syngenta, junto con el
CGIAR,
están construyendo la cámara de semillas del día del juicio final en
el Ártico.
En primer lugar, ¿quién utiliza un banco de semillas semejante?
Los
cultivadores e investigadores de plantas son los principales
utilizadores de bancos de genes. Los principales cultivadores de
plantas de la actualidad son Monsanto, DuPont, Syngenta y Dow
Chemical, los gigantes globales de las patentes de plantas OGM.
Desde comienzos de 2007 Monsanto tiene derechos de patentes
mundiales junto con el gobierno de EE.UU. para la planta así llamada
“Terminator” o GURT (acrónimo inglés de Grupo de Tecnologías de
Restricción de Uso).
Terminator es una siniestra tecnología mediante
la cual una semilla comercial patentada se ‘suicida’ después de una
cosecha. El control por las compañías semilleras privadas es total.
Un tal control y poder sobre la cadena alimentaria nunca ha existido
previamente en la historia de la humanidad.
Esta variedad Terminator astutamente modificada genéticamente obliga
a los agricultores a volver cada año a Monsanto o a otros
proveedores de semillas OGM para conseguir nuevas semillas para
arroz, soya, maíz, trigo, cualquier cultivo que necesiten para
alimentar a su población. Si fuera ampliamente introducida en todo
el mundo, posiblemente podría convertir en una década o algo así a
la mayor parte de los productores de alimentos del mundo en nuevos
siervos feudales esclavizados por tres o cuatro compañías semilleras
gigantes como Monsanto, DuPont o Dow Chemical.
Eso, desde luego, podría también abrir la puerta para que esas
compañías privadas, tal vez bajo órdenes de su gobierno anfitrión,
Washington, nieguen las semillas a uno u otro país en desarrollo
cuya política se pueda volver contra la de Washington. Los que dicen:
“No puede pasar aquí” harían bien en estudiar más de cerca lo que
pasa actualmente en el mundo. La simple existencia de esa
concentración de poder en tres o cuatro gigantes del agronegocio
privado basados en EE.UU. es motivo suficiente para prohibir
legalmente todos los cultivos OGM, incluso si sus ventajas en la
cosecha fueran reales, lo que manifiestamente no es el caso.
No se puede decir que esas compañías privadas: Monsanto, DuPont, Dow
Chemical tengan antecedentes inmaculados en términos de manejo de la
vida humana.
Desarrollaron y proliferaron invenciones como la
dioxina, los PCB, el Agente Naranja. Encubrieron durante décadas
evidencia obvia de consecuencias carcinogénicas u otras severas para
la salud humana del uso de productos químicos tóxicos. Han enterrado
informes científicos serios de que el herbicida más generalizado del
mundo,
glifosato, el ingrediente esencial en el
herbicida Roundup de
Monsanto vinculado a la compra de la mayoría de las semillas
genéticamente modificadas de Monsanto, es tóxico cuando se escurre
al agua potable. (9)
Dinamarca prohibió el glifosato en 2003 cuando
confirmó que ha contaminado el agua subterránea del país. (10)
La diversidad almacenada en bancos genéticos de semillas es la
materia prima para el cultivo de plantas y para una gran parte de la
investigación biológica básica.
Varios cientos de miles de muestras
son distribuidas cada año con esos propósitos. La FAO de la ONU
enumera unos 1.400 bancos de semillas en todo el mundo, el mayor es
el del gobierno de EE.UU. Otros grandes bancos son mantenidos por
China, Rusia, Japón, India, Corea del Sur, Alemania y Canadá en
orden de tamaño descendiente. Además, CGIAR opera una cadena de
bancos de semillas en centros seleccionados en todo el mundo.
CGIAR, establecido en 1972 por la Fundación Rockefeller y la
Fundación Ford para propagar su modelo del agro-negocio de la
Revolución Verde, controla la mayor parte de los bancos de semillas
privados desde las Filipinas a Siria, a Kenia. En total esos bancos
de semillas actuales tienen más de seis millones y medio de
variedades de semillas, casi dos millones de las cuales son ‘diferentes.’
La cámara del día del juicio final de Svalbard tendrá capacidad para
albergar cuatro millones y medio semillas diferentes.
¿Los OGM como arma de la guerra biológica?
Ahora llegamos al centro del peligro y al potencial para abuso
inherentes en el proyecto Svalbard de Bill Gates y de la Fundación
Rockefeller.
¿Puede el desarrollo de semillas patentadas para la
mayoría de los principales cultivos de subsistencia del mundo como
ser arroz, maíz, trigo, y granos alimenticios como la soya, ser
utilizado en última instancia en una forma horrible de guerra
biológica?
El objetivo explícito del lobby de la eugenesia financiado desde los
años veinte por acaudaladas familias de la elite como los
Rockefeller, Carnegie, Harriman y otros, ha encarnado lo que
llamaron ‘eugenesia negativa:’ acabar sistemáticamente con linajes
indeseables.
Margaret Sanger, una eugenicista diligente, fundadora
de la Federación Internacional para la Planificación Familiar e
íntima de la familia Rockefeller, creó en 1939 algo llamado el
“Proyecto negro,” basado en Harlem, que, como confió en una carta a
un amigo, todo lo que se proponía era, como dijera, ‘que queremos
exterminar a la población negra.’ [11]
Una pequeña compañía de biotecnología de California, Epicyte,
anunció en 2001 el desarrollo de maíz genéticamente modificado que
contenía un espermicida que esterilizaba el semen de los hombres que
lo comían. En esa época, Epicyte tenía un acuerdo de sociedad
conjunta para propagar su tecnología con DuPont y Syngenta, dos de
los patrocinadores de la cámara de Semillas del día del juicio final
en Svalbard.
Posteriormente, Epicyte fue adquirida por una compañía
de biotecnología de Carolina del Norte. Fue sorprendente saber que
Epicyte había desarrollado su maíz OGM espermicida con fondos de
investigación del Departamento de Agricultura de EE.UU. [USDA], el
mismo que, a pesar de la oposición mundial, siguió financiando el
desarrollo de la tecnología Terminator, ahora en manos de
Monsanto.
En los años noventa, la Organización Mundial de la Salud de la ONU
lanzó una campaña para vacunar a millones de mujeres en Nicaragua,
México y las Filipinas entre las edades de 15 y 45 años,
supuestamente contra el tétano, una enfermedad que resulta de cosas
como pisar un clavo oxidado. La vacuna no fue suministrada a hombres
o muchachos, a pesar de que presumiblemente es tan probable que
pisen sobre clavos oxidados como las mujeres.
Por esta curiosa anomalía, el Comité Pro Vida de México, una
organización católica laica entró en sospechas e hizo que se
realizaran pruebas con muestras de la vacuna. Los ensayos revelaron
que la vacuna contra el tétano propagada por la OMS sólo para las
mujeres de edad de procrear contenían Gonadotropina Coriónica o hCG,
una hormona natural que cuando es combinada con un portador de
anatoxina tetánica estimula anticuerpos que hacen que una mujer sea
incapaz de sustentar un embarazo.
No se informó a ninguna de las
mujeres vacunadas.
Más adelante se supo que la Fundación Rockefeller junto con el
Consejo de la Población de Rockefeller, el Banco Mundial (casa del
CGIAR), y el Instituto Nacional de Salud de EE.UU. habían estado
involucrados en un proyecto de 20 años de duración iniciado en 1972
para desarrollar la encubierta vacuna abortiva con un portador de
tétano para la OMS.
Además, el gobierno de Noruega, anfitrión de la
cámara de Semillas del día del juicio final de Svalbard, donó 41
millones de dólares para desarrollar la vacuna abortiva especial
contra el tétano. (12)
¿Será coincidencia que esas mismas organizaciones, desde Noruega, a
la Fundación Rockefeller, al Banco Mundial, estén también
involucradas con el proyecto del banco de semillas en Svalbard?
Según el profesor Francis Boyle, quien redactó la
Ley Antiterrorista
de Armas Biológicas de 1989 promulgada por el Congreso de EE.UU.:
“el Pentágono se prepara ahora para librar y ganar la guerra
biológica” como parte de dos directivas de estrategia nacional de
Bush adoptadas, señala, “sin conocimiento y estudio público” en
2002.
Boyle agrega que sólo en 2001-2004 el gobierno federal de
EE.UU. gastó 14.500 millones de dólares en trabajo civil relacionado
con la guerra biológica, una suma asombrosa.
El biólogo de la Universidad Rutgers, Richard Ebright, estima que
más de 300 instituciones científicas y unos 12.000 individuos en
EE.UU. tienen actualmente acceso a patógenos adecuados para la
guerra biológica. Hay 497 subsidios de los NIH (Institutos
Nacionales de la Salud) de EE.UU. sólo para investigación de
enfermedades infecciosas con potencial para la guerra biológica.
Por
cierto esto es justificado bajo la rúbrica de la defensa contra
posibles ataques terroristas como tantas cosas en la actualidad.
Muchos de los dólares del gobierno de EE.UU. gastados en la
investigación para la guerra biológica tienen que ver con la
ingeniería genética. El profesor de biología del MIT, Jonathan King,
dice que:
“los crecientes programas de bioterror representan un
importante peligro emergente para nuestra propia población.”
King
agrega: “mientras tales programas son siempre llamados defensivos,
con armas biológicas, los programas defensivos y ofensivos se
entrecruzan casi por completo.” (13)
El tiempo dirá si, Dios no lo quiera, el
banco de semillas del día
del juicio final de Svalvard de Bill Gates y la Fundación
Rockefeller forma parte de otra Solución Final, involucrando la
extinción del difunto, gran planeta Tierra.
NOTES
-
F. William Engdahl, Seeds of
Destruction, Montreal, (Global Research, 2007).
-
Ibid, pp.72-90.
-
John H. Davis, Harvard Business
Review, 1956, cited in Geoffrey Lawrence, Agribusiness,
Capitalism and the Countryside, Pluto Press, Sydney, 1987.
See also Harvard Business School, The Evolution of an
Industry and a Seminar: Agribusiness Seminar,
http://www.exed.hbs.edu/programs/agb/seminar.html.
-
Engdahl, op cit., p. 130.
-
Ibid. P. 123-30
-
Myriam Mayet, The New Green
Revolution in Africa: Trojan Horse for GMOs?, May, 2007,
African Centre for Biosafety, www.biosafetyafrica.net
-
ETC Group, Green Revolution 2.0
for Africa?, Communique Issue #94, March/April 2007
-
Global Crop Diversity Trust
website, in http://www.croptrust.org/main/donors.php
-
Engdahl, op. cit., pp.227-236
-
Anders Legarth Smith, Denmark
Bans Glyphosates, the Active Ingredient in Roundup,
Politiken, September 15, 2003, in organic.com.au/news/2003.09.15
-
Tanya L. Green, The Negro
Project: Margaret Sanger’s Genocide Project for Black
American’s, in www.blackgenocide.org/negro.html
-
Engdahl, op. cit., pp. 273-275;
J.A. Miller, Are New Vaccines Laced With Birth-Control Drugs?,
HLI Reports, Human Life International, Gaithersburg,
Maryland; June/July 1995, Volume 13, Number 8
-
Sherwood Ross, Bush Developing
Illegal Bioterror Weapons for Offensive Use,’ December 20,
2006, in www.truthout.org.
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